Con la presencia de Randy Arozarena y Yandy Díaz por Tampa Bay crece el idilio cubano con el escenario en el que todos ansían jugar béisbol, la Serie Mundial de las Grandes Ligas, y se prolonga una relación con más de un siglo de historia desde que el gran Adolfo Luque disputara la primera para alguien de la Mayor de Las Antillas, en 1919.

Con Randy, flamante MVP de la Serie de Campeonato de la Liga Americana y Yandy, se elevan a 36 los cubanos que, de una forma u otra, tienen relación con la Serie Mundial, si contamos aquellos que han jugado, otros que estuvieron, pero no vieron acción, y también el caso de Roenis Elías, quien no fue incluido en el róster, pero igualmente recibió el anhelado anillo.

El camino hace más de una centuria lo inauguró Luque, apodado como “The Pride of Havana”, de quien escribió magníficas palabras uno de los mejores escritores de la Isla.

“Así, como durante la Primera Guerra Mundial decíamos, me siento francés, o me siento alemán, comenzábamos a decir: Soy del HABANA o soy del ALMENDARES. Luego llegó una novena de Pittsburg a dar exhibiciones en La Habana. Luego fue el triunfo de Adolfo Luque. Pero ¿Es un científico, es un poeta, es un filósofo para que lo reciban así? Preguntaba mi padre atónito a un limpiabotas de la acera del Louvre. Mire señor, respondió el aludido: usted no entiende nada de la cultura de la pelota…”, escribía Alejo Carpentier en un artículo en Bohemia, del 11 de julio de 1969.

El destacado lanzador triunfó en dos Series Mundiales, con los Rojos de Cincinnati en 1919, y su primer anillo como tal lo alcanzó con los Gigantes de Nueva York en 1933, porque estos se comenzaron a entregar en 1922.

En el recorrido hasta la actualidad se han labrado leyendas con las actuaciones en el Clásico de Otoño, pues además de debutar, dar el primer jonrón o ganar el primer juego como lanzador, quizás nada como triunfar al final del campeonato y marcharse a casa con esta joya que indica, que efectivamente, eres campeón.

Un nombre destaca por encima de todos: Orlando El Duque Hernández, el mítico lanzador de Industriales, del equipo Cuba y Grandes Ligas, a donde llegó quizás pasado en edad, pero sobrado de talento.

El Duque Hernández tenía talismán, como se dice por ahí, para el éxito. No por gusto ostenta cuatro anillos y es el cubano que comanda ese departamento. Incluso, es uno de los latinos con mayor cantidad, ubicado solo detrás de un pequeño pelotón con cinco, compuesto por Mariano Rivera, Jorge Posada, Luis Sojo y Ramiro Mendoza.

Sin dudas, su momento estelar fue con el mejor equipo de béisbol del mundo. Con los Yankees de New York, se llevó tres anillos de Serie Mundial de forma consecutiva al conquistar los Clásicos de Otoño de 1998, 1999 y 2000. Su historia crece más si recordamos que en la Serie de 1999 abrió el primer desafío frente a los Bravos de Atlanta.

Orlando ganó su cuarto y último anillo con los Medias Blancas de Chicago en 2005, pero para más datos, es el cubano con más participaciones en esas instancias -cinco, igualado con Tany Pérez-, porque también perdió una con los Bombarderos del Bronx en 2001, ante los Diamondbacks de Arizona.

Otra estrella que emuló a El Duque con tres coronas consecutivas fue, de 1972 a 1974, Dagoberto Campaneris, quien dejó una huella imperecedera para los Atléticos, de Kansas primero y de Oakland después-, durante más de una década.

Cuando se habla de Anillos y Series Mundiales, es inevitable que aflore el nombre de Atanasio “Tany” Pérez, quien sufrió varias veces el sabor de la derrota en los Clásicos de Otoño, pues junto a El Duque Hernández, es el antillano con más comparecencias en esas instancias.

Tany dejó números más que reconocidos en MLB, con 2.732 hits, 505 dobles, 379 jonrones y 1.272 anotadas en 23 temporadas. En su cuenta muestra dos Anillos, pero hasta cinco incursiones en esos momentos decisivos, ya que triunfó en 1975 y 1976 con los Rojos Cincinnati, con quienes cayó en la Serie Mundial también en 1970 y 1972. Además, participó con los Filis Filadelfia en 1983.

En esos momentos trascendentales se han vivido récords notables de precocidad. Uno de los mayores talentos cubanos de la actualidad también se convirtió en el nacido en la Isla más joven en jugar una Serie Mundial: Yordan Álvarez, quien con los Astros participó en 2019 con 22 años y 117 días. Mientras, el conocido Liván Hernández, con apenas 22 años y 248 días, en 1997, fue el más joven en ganarla, en su caso con los Marlins.

La presencia después del debut de Luque no ha sido constante, sino más bien sometida a altibajos, con épocas de abundancia, constancia y otras de sequía.

Desde Miguel Ángel González en 1929 hubo que esperar hasta la década de los 50 para ver a otro de los nuestros. Después vinieron tiempos de abundante presencia en los 60 y los 70, marcada esta última por la etapa dorada de Tany Pérez y Bert Campaneris.

A estas le siguieron, entre otras, las habituales asistencias a Serie Mundial de Canseco (1988, 1989, 1990, 2000) y El Duque con los Yankees (1998, 1999, 2000, 2001, 2005), con momentos brillantes de Liván, o de José Ariel Contreras con Chicago, en 2005.

Entonces llegó un bache prolongado que habría de romperse con el ascenso de una nueva generación de cubanos en MLB, cuando en 2015 estuvieron Kendrys Morales por Kansas City y Yoenis Céspedes por los Mets.

Desde entonces, se hizo habitual tener peloteros nuestros luchando por el Anillo, algunos de los cuales se llevaron la joya a casa. Así Kendrys lo alcanzó en 2015, Aroldis Chapman y Jorge Soler en 2016, Yuli Gurriel en 2017, y aunque ninguno ganó en 2018, lo pelearon también ese año Yasiel Puig y Yasmany Grandal. En 2019, Reonis Elías fue merecedor del Anillo con los Nacionales, pese a que no jugó y no estuvo incluido en el róster.

Así llegamos a 2020, con un hilo conductor desde Luque hasta Elías, que muestra a 17 antillanos con Anillos en sus manos, y a las puertas de una nueva posibilidad, con Yandy y el maravilloso Cohete Arozarena que pelearán contra los poderosos Dodgers de Los Ángeles.

Toda Cuba estará pendiente de lo que suceda -por más que se ignore sus nombres en el discurso oficial y no sean alabados como campeones por el hecho de haber escogido su propio camino- porque dos de sus hijos pelearan por encumbrarse hasta lo más alto del béisbol de Grandes Ligas.   

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