Ariel Martínez no estaba seguro de qué tan grave había sido su lesión cuando se golpeó la rodilla intentando atrapar un foul fly en el Juego 3 de la Final ante los Toros de Camagüey en enero del año pasado.

En ese momento, según recuerda, “la unión del impacto y el dolor nunca fueron más frustrantes que haber dejado la receptoría por el resto del playoff con los Cocodrilos de Matanzas”, quienes tres juegos después de aquella fatídica tarde se coronaron campeones del béisbol cubano por vez primera en la historia.

Por supuesto, ocurrió algo típico en Ariel, incluso antes de abandonar sus muletas, y es que prefirió mantenerse junto a sus compañeros de equipo y vivir el momento histórico del título lo más cerca posible. Ahora, más de un año después, el atlético y siempre activo cácher matancero no recuerda exactamente el día que terminó su dolor, pero puede recordarnos con lujo de detalles cómo disfrutó el out final y cada grito de campeones.

“Fue increíble”, confesó el ya clásico número ‘40’ de los Cocodrilos de Matanzas, para describir lo que sintió al saber que contribuyó con toda dedicación para ganar el ansiado título que llegó casi después de tres décadas. De hecho, para Ariel Martínez la noticia no pudo ser más alentadora: ya formaba parte de los Dragones de Chunichi de la Liga Profesional Japonesa de béisbol y, a pesar de la lesión, pudo cumplir con su contrato.

Martínez, quien firmó un contrato de liga menor, disfrutó el sueño de ser subido al róster principal y debutar en NPB.

Sobre los logros personales en su carrera, las perspectivas actuales con los Cocodrilos de Matanzas en esta postemporada, y el fuerte trabajo para seguir explotando sus habilidades al nivel más alto del béisbol nipón, Ariel Martínez conversó con Play-Off Magazine.

En pocos años, el salto de calidad y madurez que has tenido ha sido significativo si tenemos en cuenta la difícil posición de ser cácher. De hecho, ya lograste debutar como pelotero profesional en la Liga Japonesa y estás buscando consagrarte: ¿a qué le debes tantas mejorías y perspectivas futuras?

No creo todavía que tenga mucho éxito aún, pero el lugar en el que estoy ahora, se lo debo a mi amor por el béisbol, que empecé a practicarlo desde muy chico y tuve buenos entrenadores durante todas las categorías.

Fuiste un pelotero que fue aumentando de nivel desde la categoría sub-23, donde pudiste desarrollarte bastante, ¿crees que ese eslabón sigue siendo fundamental para cualquier pelotero cubano que aspire a subir de nivel?

Los peloteros se desarrollan en verdad con trabajo y, sobre todo, jugando todos los días. Yo me establecí primero en la Serie Nacional, porque apenas fui tres veces al bate en la I Serie Nacional Sub-23, pero es muy necesario porque es un torneo muy bueno para enlazar a los peloteros de otras categorías menores.

O sea que, si analizamos, es un buen eslabón para los jugadores que vienen de la categoría juvenil y otros jóvenes que no juegan mucho en el gran evento, que es la Serie Nacional. Al final, en dichos torneos los peloteros alcanzan un volumen de juego mayor para su desarrollo.

¿Cómo fue la sensación de debutar en playoffs cuando Víctor Mesa te dio la oportunidad con los Cocodrilos en la Semifinal de la 54 Serie Nacional?

En mi último año del sub-18, integré el equipo Cuba juvenil y de ahí ya nos dan un cupo directo en el equipo de la Serie Nacional. Al regresar del evento, pasé la previa del Servicio Militar y después me incorporé al equipo de Matanzas.

Desde el primer día, el profesor Víctor Mesa siempre me dio chance. Y, al igual que al grupo de jóvenes talentosos que había en el equipo, nos trató de enseñar mucho. En los pocos juegos que estuve disponible, fui 30 veces al bate. De aquella serie guardo muy buenos recuerdos, y en momentos definitorios de partidos.

¿Con qué sueños creciste en el béisbol antes de llegar a la Serie Nacional?

De niño, veía al equipo Cuba ganar y ser campeón olímpico, y crecí con el sueño de algún día poder ponerme el uniforme de (Cuba) las “cuatro letras” y ganar con ese equipo. También quería representar a mi provincia (Matanzas) y llevarla a planos estelares. Víctor Mesa y los muchachos lo lograron antes que debutara, pero bueno, estando ya en el equipo fuimos campeones el año pasado, y eso fue un sueño hecho realidad.

¿Qué perspectivas tienes ahora mismo, luego de tantos logros personales en tu carrera?

Ahora que juego en Japón, quiero trabajar para convertirme en una superestrella de esa liga y también en la Serie Nacional.

En tu posición, ¿consideras fundamental la conexión y confianza de los mánagers que te han dirigido? ¿Quién fue tu mejor guía?

Sí, sin dudas. Sobre todo, Víctor Mesa era muy exigente, porque para él yo era un novato desconocido, y siempre buscó la manera de darme juego y mucha confianza. En otros equipos donde jugué, los directores sí me conocían o tuvieron tiempo para ello. Con Víctor, aprendí mucho y se los agradezco, pero con el profesor Luis Cuba disfrutaba mucho jugando, por su manera de hablarnos, sus frases y también por la manera en que nos enseñaba a nosotros que en este tiempo aún éramos muchachos de escuela.

El año pasado antes de lesionarte, habías bateado de 19-11 (un astronómico .579) en 23 comparecencia al plato. Estabas teniendo una imparable producción con tu swing en la postemporada después de un rápido ajuste, ¿cuál fue la clave para que lograras tantos buenos turnos tras un mal inicio?

El rendimiento en los playoffs se debió a que tuve buena participación durante la temporada regular. Con el juego diario, logré los ajustes necesarios para estar en forma óptima.

Como todos los cácheres, debes tener un ídolo: ¿cuál es el tuyo y por qué?

Siempre he dicho que mis ídolos, o los peloteros que yo admiro o por los que empecé a jugar pelota, ninguno fue cácher. Pero sí respeto y admiro la carrera y logros de los buenos cácheres de Cuba y del mundo, desde Ariel Pestano y el lamentablemente fallecido Juan Castro, hasta Yadier Molina, Salvador Pérez y Buster Posey.

¿Qué tan influyente es la gran cohesión que se respira en el dugout de los Cocodrilos de Matanzas?

El año pasado cuando el equipo ganó fue muy importante esa cohesión porque el equipo fue todo unión, una sola alma buscando ese campeonato. Hasta nosotros mismos hacíamos los análisis y reuniones sin necesidad de ningún entrenador y todos acatábamos las críticas con un positivismo tremendo. Esa cohesión fue fundamental para tener buenos resultados individuales y colectivos.

¿Cuál es la diferencia más notable que ves entre la pelota cubana y el nivel que se juega en Japón?

Sinceramente, en nivel no veo mucha diferencia. La diferencia está en otros aspectos, como la seriedad, disciplina, capacidad para trabajar y ser mejor. Bueno, todo eso se resume en que allá la liga es “profesional” y los peloteros y dirigentes actúan como tal. La liga y el béisbol son cosas serias, es una forma y cultura de vida. Aquí estamos lejos de ello. Y es preocupante.

¿Qué suceso ha sido el más difícil que has vivido desde que juegas con los Dragones de Chunichi?

Lo más difícil de llegar a Japón es ser receptor, la incredulidad con la que me miraron los peloteros, entrenadores de mi equipo y de otros, como preguntándose qué hacía un receptor extranjero ahí. Eso fue lo más difícil, porque tuve que trabajar duro y adaptarme a muchas cosas que otros extranjeros no tienen que hacer, para poder ganarme el respeto de todos y demostrar que podía jugar ahí.

¿Cuáles han sido hasta ahora los tres momentos inolvidables de tu carrera?

El primero fue cuando me di a conocer en Matanzas, dejando en el terreno a Industriales en un juego de 10 innings en el estadio Victoria de Girón. Eso fue en un partido de noche, transmitido por la televisión, cuando era un novato y apenas tenía unas pocas apariciones en home. El segundo, cuando fui campeón con Matanzas el año pasado. Y, el tercero, cuando debuté con los Dragones de Chunichi en el Tokyo Dome contra los Gigantes de Yomiuri este año en la NPB.

Siempre se aprecia tu atención a la fanaticada, y se ve claramente que has logrado una gran comunidad de seguidores. ¿Qué tan importante ves esa relación por ambas partes?

Los fanáticos son una parte superimportante en el deporte, ellos son los que hacen que el béisbol sea algo tan importante. Generan motivación y a la vez exigencia, y al ser deportistas siempre queremos que ellos hablen de nosotros, y si es bueno, ¡mucho mejor! —sonríe—. Sinceramente, no me dedicara al béisbol si no fuera seguido por miles y miles de personas aquí en la Isla. Antes de ser pelotero, también fui un fanático… ¡o lo soy! Sé lo que es sentir amor por un equipo o admirar a un deportista. Que coreen tu nombre es lo más maravilloso que se puede sentir cuando estás en un terreno de béisbol.

Según hemos podido ver tus seguidores, pronto vas a ser papá: ¿qué tan importante ha sido la vida y el amor? ¿Cómo logras mentalizarte, aunque estés lejos de la familia cuando vas a jugar en la Tierra del Sol Naciente?

La familia siempre es importante, detrás de un deportista siempre hay una familia que luchó, lo levantó y lo ayudó a dar cada paso. El amor que sientes por cada uno de ellos y por tus amigos siempre es un empujón tremendo para no rendirte y seguir adelante a pesar de las dificultades.

El amor de mi mujer y de esa criatura que viene en camino está como que recargando la energía que llevo dentro para sobreponerme a todos los obstáculos posibles en el camino. Al igual que sé que mi padre y mi tía como mis hermanos siempre me tienen en todos sus pensamientos, eso se siente siempre cuando estoy lejos en Japón.

¿Estás esperando la oportunidad de poder establecerte como el cácher titular del team Cuba?

Es un sueño de niño estar en el equipo Cuba y siempre se trabaja duro para llegar ahí. Ya lo he integrado en varias ocasiones, cada día trabajo para ser mejor y poder ayudar a ganar eventos con esas “cuatro letras” en el pecho.

¿Repiten el título los Cocodrilos de Matanzas? ¿Podrás estar hasta el final?

Los Cocodrilos tenemos todo para repetir el título y, no sólo este año, sino el que viene y hasta tres o cuatro más. Creo que este año me va a pasar lo que me sucedió el año pasado, que por la lesión no pude estar en la final. Esta vez, probablemente será porque tengo que cumplir con mi contrato en Japón, pero me entregaré para luchar por ganar el campeonato.

Foto: @DragonsOfficial.

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