Ariel Martínez tenía los sueños, desde pequeño, de llegar al equipo Cuba e integrar las filas de sus Cocodrilos de Matanzas. Jugador destacado como fue en las categorías inferiores, escaló con premura y su calidad notable en una difícil posición como la receptoría lo llevó mucho más allá con el tiempo, tras ser contratado en un béisbol de gran nivel como el que se juega en Japón.

Martínez, quien firmó un contrato de liga menor, disfrutó el sueño de ser subido al róster principal y debutar en NPB, una estabilidad que le costó mucho sacrificio y horas de entrenamiento para poder ganarse el respeto de sus compañeros de equipo en un torneo en donde los extranjeros lo tienen más complicado para asentarse.

Sobre su paso por la pelota cubana; su tiempo bajo las órdenes de Víctor Mesa; su complicado proceso de adaptación a la Tierra del Sol Naciente; el equipo Cuba unificado y sus deseos de jugar en MLB; así como su vida familiar, conversó el máscara Ariel Martínez con Play-Off Magazine.

¿Cómo va este inicio de temporada en Japón?

Estoy bien, pero ha sido un inicio de temporada un poco loco. Llegamos tarde y estuvimos 15 días de cuarentena en la casa. Empezamos a entrenar y sufrí una pequeña lesión en el hombro ahí, pero pude incorporarme rápido y ponerme bien. Después no pude jugar por un dolor que tenía en la mano por un esguince accidental. Eso tiene que ver con todo ese tiempo de cuarenta y que también estuve en Cuba sin jugar, porque jugábamos tres juegos y después se paraba la Serie Nacional por Covid.

¿Cómo te sientes al ser un pelotero contratado en el extranjero y volver a representar a tu provincia?

Por un lado, sientes lo bonito, lo grande que es jugar por tu provincia el lugar en donde naciste, por la gente te quiere ver con ese uniforme. Siempre quiero jugar con Matanzas, el equipo del alma, del corazón, y darlo todo, pero también tengo el compromiso de jugar aquí en Japón, de tener buenos resultados y no estar por estar. Es difícil cuando terminas una temporada tan larga, tan accidentada como la que se dio el año pasado, y llegas a Cuba sin poder preparar tu cuerpo para la otra temporada que viene en Japón, que es larguísima, porque tienes que participar también allá. Es bien difícil porque tienes que llevar tu preparación junto con la Serie Nacional y para colmo, estar también parando y no puedes entrenar bien.

¿Cómo es que los Dragones de Chunichi se interesaran por Ariel Martínez?

 Los Dragones tenían aquí a Raidel Martínez junto con Leonardo Urgellés. El director que estaba en ese momento los trajo a todos ellos, como a Linares de entrenador. Parece que se le ocurrió tener un cácher que sea bateador y cubano.  

En ese tiempo ellos vinieron a Cuba al poco tiempo del contrato de Raidel y dio la casualidad de que estábamos entrenando en La Habana e íbamos al primer torneo sub-23 que fue un desastre. Estaban en el Latino con el asunto de Raidel y fueron al entrenamiento y parece que les gustó lo que vieron y me preguntaron que si yo estaba interesado. No le hice mucho caso a eso entonces, pero aquí estamos.

Cuéntanos sobre el proceso de adaptación en Japón

Yo tenía muchas esperanzas en mi desarrollo personal como atleta. Tenía muchas ganas de llegar aquí, pues me iban a enseñar mucho, en una liga profesional. Todos conocen los equipos de Japón cuando juegan en el Clásico.

Me dije: cuando vaya a Japón voy a mejorar muchísimo y me voy a convertir en un excelente pelotero, en tremendo cácher. Pero cuando llegue aquí fue duro porque, primeramente, vas al equipo de granja a desarrollarte. Tuve la presentación, saludé al señor que me había traído y a partir de ahí, más nunca vi a Omar Linares.

Llegué a ligas menores y prácticamente nadie sabía que yo iba para el equipo. No me habían esperado y ni sabían qué hacía allí. Entonces conocí al traductor que iba a trabajar conmigo, un señor mayor a quien el español no se le daba muy bien, y quien me presentó al entrenador de receptores. Él se interesó en mí, era quien más hablaba conmigo y, a partir de ahí, empezamos a entrenar. Ocurrió otra cosa mala: en Cuba no sabían a quién iban a contratar y desde enero, uno tiene que estar preparándose para el spring training.  

Pero llegué cuando ellos estaban enfocados en la temporada y los entrenamientos no eran para conocerse. Tenía que esperar a que se acabara el juego y ponerme entrenar por la tarde con los muchachos. Así fui poco a poco conociendo a todo el mundo y me fueron conociendo a mí. Me fue difícil en esos primeros meses, hasta que pude jugar.

Creo que el primer juego lo vine a tener en mayo. Fueron chocantes esas primeras experiencias, pero gracias al entrenador y ese traductor fue mejor la estadía, porque me dieron un poquito de confianza. Cuando llegué y vi cómo eran las cosas, me tiré por el piso. Pero poquito a poquito me fui adaptando al entrenamiento, a la cultura, la disciplina. Me di cuenta de que tenía que destacar más que los japoneses para que me dieran las responsabilidades y la forma de hacerlo era entrenando más que todo el mundo. Eso fue lo que hice: entrenar, entrenar y entrenar.

Me pude sobreponer y lograr el objetivo, que era poder cachear en el equipo grande, aunque ellos son incrédulos por el tema del idioma. Ellos siempre miden los resultados de los pícheres por los receptores. Gracias a Dios, cada vez que cacheaba, los lanzadores tenían excelentes labores, y eso les fue abriendo los ojos, y fui ganando prestigio en el equipo. Muchos pedían que yo les cacheara. Eso ayudó a que pudiera cachear en el primero equipo, en conjunto con el bateo, porque a los extranjeros se les pide batear también.

En tu caso, por la posición de receptor, era una tarea complicada

Sabía que la tarea mía era la más complicada, era hasta algo novedoso, desde el año 91 aquí no cacheaba un extranjero. El año pasado, actué en cuarenta y pico de juegos. Tenía que romper ese tabú, de que si el extranjero puede o no puede, de si el idioma, además de luchar por el cupo de los 4 extranjeros, otra cosa que la gente no mide.

La gente dice “es un bulto, está en ligas menores”, pero ese no es el problema. Soy mejor, sinceramente, que todos los japoneses que están aquí, pero no compito contra ellos, sino contra los cuatro extranjeros que están en el primer equipo. Gracias a Dios ya no tengo que competir porque ya mi cupo entre los 4 está garantizado, ahora creo que son hasta 5. También era más difícil para subir al primer equipo porque cuando tenía 20 o 21 años, cuando llegué, los extranjeros que estaban en el primer equipo eran Viciedo y otros bateadores que estaban superprobados en esta liga. La pelea estaba dura, porque competías no solo contra los cácheres, sino contra esos “caballos” también.

Con la cercanía del preolímpico es probable la incorporación al equipo de peloteros no contratados mediante la federación cubana. ¿Qué crees al respecto?

Son muy necesarios. Pueden aportar mucho, quizá no tanto deportivamente porque creo que la calidad de esos peloteros no está muy por encima de la nuestra, pero sí mentalmente. Por ejemplo, Yadir Drake, que jugó con nosotros en Matanzas y compite en otra liga, cree que es el mejor del mundo, que no tiene rival. Esos peloteros tienen mucha experiencia, vienen con esa mentalidad que es la que falta al equipo Cuba. Esas son las cosas que pueden aportar, pues con ellos aquí se puede hacer un grupo bastante competitivo y se puede soñar con la clasificación.

¿Cómo es compartir con Dayán Viciedo? ¿Han conversado sobre si quisiera volver a competir por Cuba?

Nosotros estamos “jodiendo” siempre, y le hemos dicho que lo vamos a convocar al equipo Cuba. Él ha dicho que sí quiere, siempre ha dicho que sí. Delante de mí nunca me ha negado eso. Lo que si ha dicho es que no le digan que tiene que repatriarse, ni jugar en la serie nacional.

¿Cómo fue jugar muy joven con Víctor Mesa en el equipo de Matanzas?

Me siento bendecido desde chiquitico porque tenía dos sueños. Uno era estar en el equipo Cuba, por eso quisiera ganar. El otro era llegar al equipo Matanzas. Siempre se decía que el equipo no servía, que era sotanero y cuando iba creciendo, yo decía que iba a hacer a Matanzas grande otra vez. Víctor logró eso antes que nosotros. Cuando él llegó a Matanzas, en el 2011, todavía nosotros estábamos en edad de cadete.

Cuando vino, aglutinó a ese equipo y empezó a tener resultados. En la provincia se respiraba pelota por todos lados y yo quería crecer, porque estaba loco por llegar al equipo.

Pero fue todo fue un proceso. Fui destacándome en esas categorías de 15-16 y en el último año juvenil tuve la dicha de ser el equipo Cuba juvenil. Tuve un buen año a la ofensiva, que fue lo que me llevó al equipo nacional. También me ayudó que el director del equipo Cuba era de Matanzas y que tenía mucha confianza en mí. En Matanzas está la regla de que cuando eres pelotero juvenil y haces el equipo Cuba, prácticamente, eso te lleva al equipo. Así fue con todos los muchachos que estuvimos en el equipo nacional, que a los 18 años ya estábamos con el equipo Matanzas.

Pasé la previa del Servicio Militar y cuando me incorporé, la serie nacional estaba a la mitad. Desde el primer día, Víctor nos dijo que nos pusiéramos bien que nos iba a dar juego rápido y eso tengo que agradecérselo.

Él utiliza el róster completo de peloteros, a casi los 25 peloteros, diariamente. Eso es una ventaja para los muchachos jóvenes porque tienes que estar listo. Desde que llegué, con 18 años, Víctor fue dándome chances. Me dio mucha confianza y fueron años de mucho aprendizaje, porque con su forma enseñaba muchas cosas del juego y de picardías de las que solo él se daba cuenta.

¿Te gustaría jugar en MLB algún día?

Es mi sueño. Desde niño soñaba con hacer el equipo Cuba y ganar, y estar con Matanzas. Pero uno va creciendo, y los sueños y las metas se van ampliando, y claro que todo pelotero sueña con MLB. Cuando juegas ahí puedes decir que juegas en la mejor liga del mundo y estás entre los mejores del mundo. Claro que quiero jugar en MLB. Ojalá que el acuerdo se vuelva a abrir y se vuelva todo más fácil para jugar por esa vía. Yo estaba en la lista. Pasa el tiempo y sabes que el béisbol no es para siempre: hace falta que sea lo más pronto posible para ver si tenemos la posibilidad. El objetivo de un pelotero siempre es estar en lo más grande, mejorar siempre cada día, ser mejor pelotero y llegar a la MLB es un ejemplo de que eres un buen pelotero y estás entre los mejores.

¿Qué puedes decirnos de la familia que has formado en Matanzas?

La familia es lo más grande. Mi esposa está a casi un mes de dar a luz y la familia está muy emocionada por eso. Estamos muy contentos porque llevábamos muchos años de noviazgo, y el año pasado nos casamos, y esa era una de las metas: tener un hijo, y queremos tener muchos. Es difícil ahora porque estamos lejos por el tema de la COVID-19 y el gobierno japonés no le dio visa a ella, solo entregaron visas a los deportistas, y vamos a estar un año lejos. No voy a ver a mi hija nacer, pero esas son fuerzas que te ayudan más todavía a crecer ante las adversidades.

El apoyo de la familia es fundamental y tener personas que te quieran, que todos los días se preocupen por ti y que deseen lo mejor para ti. También está mi padre que me sigue desde chiquitico y que me llama 4 o 5 veces al día. Ahora está preocupado por la lesión que me salió en la mano y tengo que hacerle 10 o 15 llamadas diarias.

Están mi tía, mi hermana y la gente del barrio, que son como mi familia y que todos los días me escriben, se preocupan y se ponen contentos con cada logro mío. Les agradezco muchísimo por lo que han hecho por mí y por el apoyo, porque la familia es muy importante. Una persona que tenga buenos objetivos, resultados siempre tiene detrás un batallón que te va empujando.

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