Una de las historias más poderosas del béisbol cubano es la de Armando Capiró, porque tiene todos los elementos dignos del mejor guion o de un best seller de ficción.

El niño pobre y huérfano de madre que comenzó a jugar béisbol en su pueblo natal con los años se convirtió en ídolo de masas, más tarde cayó en desgracia por una injusticia, para después ser reivindicado por la vida y su actitud.

“Mi vida en la actualidad es relativamente tranquila. Recibo mi tratamiento médico, cumplo con las medidas para combatir el coronavirus, me dedico a sembrar calabaza y yuca en el patio de mi casa, veo televisión y en especial recibo todos los días muestras de cariño por parte de mis seres queridos. Solo me gustaría que se nos tuviera más en cuenta a los veteranos a la hora de colaborar con el desarrollo de los muchachos de hoy. A pesar de los años, todavía nos queda mucho que aportar”, contó está leyenda de la pelota cubana.

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