Varios años antes de ir a la guerra, de ver morir amigos y descubrir que “la vida no vale nada”, Hermes Ramírez se convertía en subcampeón olímpico con solo 20 años. Entonces, era uno de los mejores velocistas del mundo, pertenecía al equipo nacional cubano y “volaba” sobre las pistas, rumbo a la gloria.

Con los años y después de las victorias, vendrían, inevitablemente, el declive, el retiro. Más tarde, la guerra.

“Aquella experiencia me sirvió para conocer mejor al hombre, en todas sus manifestaciones”, cuenta, en su residencia del reparto Cerro, en la capital cubana.

Tiene ya 75 y ha dedicado toda su vida al atletismo, dentro y fuera de su país. Ya no es aquel atleta nacido para correr, pero los recuerdos llegan veloces, en estampida.

Hermes Ramírez es feliz, pero hay cosas que le duelen. Esta es su historia.

Antes de practicar deportes y soñar con ser medallista olímpico, Hermes Ramírez fue maestro.

Al triunfo de la Revolución Cubana, se hizo un llamado a adolescentes y jóvenes para participar en la Campaña de Alfabetización, cuando yo tenía como 11 o 12 años, solamente. Llevamos la educación a las zonas más intrincadas del país. Lo primero, fue la gran preparación física que hicimos, pues recorríamos hasta 20 kilómetros diarios en las lomas. La ida la hacíamos con el farol vacío, pero regresábamos con este lleno. Entrabamos en aquellas lomas con nuestros faroles, la cartilla y buscábamos un pedazo de madera para que sirviera como pizarra. Fue una experiencia inolvidable y años después, siendo atleta del equipo nacional, fui a visitar a varios de mis alumnos y muchos me reconocieron y me dieron una gran acogida.

¿Cómo llega al deporte? ¿Fue el atletismo el primero?

Después de culminar la Campaña de Alfabetización se realizaron muchas competencias deportivas en las cuales participé. En Cuba había mucha masividad en cuanto al deporte, se jugaba en cada barrio, en cada esquina, era una pasión. Primero, estuve en fútbol, pero era muy rápido y se me iba la pelota; entonces, los profesores me cambiaron para atletismo.

Exatleta cubano Hermes Ramírez
Exvelocista cubano Hermes Ramírez, medallista de plata en los Juegos Olímpicos de 1968, con el relevo de 4×100. Foto: Marcel Villa

Cuando apenas tenía 16 años, integró la selección Nacional.

Tras mi cambio de deportes me hicieron varias pruebas y participé en los Juegos Nacionales Escolares, en los cuales rompí el récord nacional en varias ocasiones. Por mi actuación, me invitaron a correr con atletas del equipo nacional y con solo 16 años estaba a su nivel. Así fue como integré el equipo.

Incluso, con esa edad, clasificó a los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, pero factores extradeportivos le impidieron participar. ¿Cómo se sintió en aquel entonces el joven Hermes Ramírez?

Al llegar al equipo nacional me dediqué, mayormente a correr los 100 metros planos, y en la competencia clasificatoria hice un tiempo 10.04 y clasifiqué a los Juegos Olímpicos. Mi resultado fue todo un suceso y se comentó incluso en las más altas esferas del país.

En el deporte todo de consultaba con Fidel y en el INDER existían unos ideólogos y asesores que le recomendaron que no fuera yo, porque era muy joven. Esos compañeros me frustraron el sueño de ir a los Juegos Olímpicos. Me cortaron las alas en pleno inicio de mi vuelo, pero aquello me hizo ser más fuerte.

Dos años después, formó parte de la delegación que asistió a los Juegos Centroamericanos que se desarrollaron en Puerto Rico. ¿Qué recuerda de aquellos sucesos?

Nosotros conocíamos que no nos querían dar la visa para entrar a Puerto Rico y después de varias reuniones nos informaron que nos íbamos en avión. Cuando abordamos el avión, pensé que íbamos directo a la competencia, pero lo cierto fue que nos llevaron a Camagüey, de allí a Santiago y abordamos en barco Cerro Pelado.

A mí los barcos me liquidan y no podía comer. Me daban ganas de vomitar, las habitaciones se prepararon en las bodegas, pero al final, siempre estaba arriba porque necesitaba oxígeno. En mi estancia allí no pude entrenar mucho, era una superficie de hierro y eso podía lastimarme. Para bajar fue una odisea, nos llevaron unas lanchas y veíamos los tiburones de cerca. Durante toda la travesía tuvimos el asedio de aviones norteamericanos que nos mandaban mensajes intimidándonos. Al llegar, empecé a entrenar y dos días antes de la competencia me lesiono y no pude correr. Fue una experiencia difícil, pero solo pensábamos en cumplir con la patria.

Sus mejores resultados llegaron gracias a un entrenador foráneo. ¿Cuanto aportó él mismo para atletismo cubano?

La llegada del entrenador polaco Edmund Volchovoski fue fundamental para el atletismo cubano, en especial para mí. Con él, realizábamos preparaciones en Europa de 6 meses y eso nos daba roce internacional y mucho conocimiento de nuevas estrategias a la hora de correr.  En mi caso, fui medallista Centroamericano, Panamericano y Olímpico y estuve en el primer lugar del ranking mundial en 100 metros en varios años. Tampoco se me olvida que en unas de esas giras europeas gané 20 carreras de 20 posibles.

La medalla de plata en los Juegos Olímpicos de México 1968 fue uno de los picos más altos de tu carrera. ¿Cómo recuerda Hermes Ramírez aquel momento?

Esa fue una medalla de plata con sabor a oro. Nosotros, antes de correr, sabíamos que te teníamos posibilidades de estar entre los tres primeros y nos enfocamos en hacerlo bien. Nunca más un relevo cubano se ha acercado a ese resultado.

Para nadie es secreto que Enrique Figuerola es uno de los mejores corredores de todos los tiempos en Cuba y un hombre insignia en la velocidad cubana, pero en esa competencia no estaba en forma, incluso él no iba a correr el relevo. Teníamos pensado que su tramo en la final lo corriera Bárbaro Bandón, que el suplente, pero tenía tremenda fuerza y podía ayudar más al equipo.

Pero, como decía, todo se consultaba con Fidel y al llegarle la propuesta de que Figuerola corriera, él lo aceptó. De hecho, se puede decir que fue el promotor de la idea. Fidel pensó más en lo humano que en lo deportivo, pues, aunque sabía que no estaba bien lo vio como un gesto de reconocimiento a su carrera y a lo que había dado por el país porque eran sus últimos Juegos. Una vez que el Comandante dio la orden, no había más nada que opinar.

Nosotros nos comprometimos a llegar primero al último cambio y así fue. Abrí el relevo, me siguió Juan Morales y posteriormente Pablo Monte, y dejamos a Figuerola para el cierre. Lo cierto es que la tercera posta le entregó con buena ventaja respecto al segundo lugar, pero Figuerola no pudo mantenerla y lo remataron en el final. Para nosotros fue un gran resultado, estuvimos contentos con la medalla de plata, aunque saboreamos el oro.

Después de los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976, decidiste retirarte del deporte activo. ¿Qué vino después para Hermes Ramírez?

No llegué en mi mejor forma deportiva, venía arrastrando varias lesiones y mi actuación no fue buena. Después de eso, decidí retirarme. Cuando estaba en la selección nacional era plantilla del Instituto Técnico Militar (ITM) y al retirarme, continué allí como profesor de Educación Física.

El salario no sobrepasaba los 300 pesos, pero con eso me daba para vivir, no era tener una vida de rico, pero sí para mantener a mi familia. Allí salí varias veces como el mejor profesor de educación física en la provincia por mis resultados.

Dos años después de tu retiro, te convocaron para ir a combatir, algo completamente distinto a lo que habías vivido hasta entonces. ¿Cómo lo marcó la guerra?

Nunca se me olvida que el día 7 de enero me llamaron para cumplir misión internacionalista y marché hacía allá: era el día de mi cumpleaños. Nosotros fuimos criados para estar listos para lo que hiciera falta por el país, pues nuestra generación solo pensaba en cumplir con la revolución. En la guerra, vi morir a compañeros queridos y me di cuenta de que la vida no valía nada. Eran personas que veías y a los dos minutos, ya no estaban. Aquella experiencia me sirvió para conocer mejor al hombre, en todas sus manifestaciones.

Tiempo después, estuviste prestando servicios como entrenador en otros países. Incluso, en Panamá fue uno de los artífices de los resultados del corredor Alonso Edward.

En 2006, viajé a Panamá a brindar mis conocimientos y lo primero que hice fue observar varias carreras y seleccioné a varios corredores, entre ellos, Alonso Edward. En aquel entonces, él tenía 17 o 18 años, pero en poco tiempo de trabajo logró buenos resultados y ganó eventos. Estas actuaciones le hicieron ganarse una beca en Estados Unidos y desde allí fue medallista en competencias al más alto nivel.

Alonso y su familia siempre me hablaron claro, me agradecieron por lo que había hecho por él, pero esa oportunidad era muy importante. Me alegré mucho cuando se fue a Estados Unidos a cumplir sus sueños.

¿Qué cree del momento actual por el que atraviesa el atletismo cubano?

La situación del atletismo no es de ahora, sino desde hace varios años. En un período de 8 años, el atletismo se ha venido abajo. Te cuento desde mi experiencia, porque estuve dentro de ese sistema y se cómo funciona.

Nunca quise entrenar en Cuba, no compartía el sistema de trabajo. En el mundo entero se realizan contratos por trabajos, si tienes resultados. En el mundo no hay ni Comisión Nacional, todo se dirige por federaciones y se agrupan para la competencia. Aquí, en Cuba, van los que digan ellos y no existe autonomía. Los entrenadores y atletas están obligados y regulados por la Comisión y por el Inder. Tras mis resultados en Panamá, me llamaron y vine a trabajar al equipo nacional por ese amor por mi país.

Fui jefe de la cátedra del área de la velocidad del equipo nacional. Vi por dentro y sufrí con mis propias manos los problemas internos. Vi irresponsabilidades, personas que trabajan para obtener beneficios de este deporte, que lo utilizan con fines de lucro. Se ha perdido la integridad del atleta, la vida ha convertido a nuestros atletas en algo que metálicamente resuelve el problema. Me empecé a dar cuenta de que el dinero movía el mundo, tanto a entrenadores, como a atletas y funcionarios.

Una de las cosas que más me disgustó ocurrió en el año 2011. Como jefe de área, preparé un equipo completo de velocidad en 100 metros, 200 metros, 400 metros con y sin vallas y relevo, tanto masculino como femenino. Exigí que llevaran a cada atleta con su entrenador, como debe ser, pero aquí en Cuba me dijeron que no, y solo llevaron dos o 3 entrenadores. Tuve atletas que llegaron al estadio y no sabían lo que tenían que hacer. Todo eso fue debido a que pusieron de comisionado a alguien que no sabía nada de atletismo, Eurelio Romero. Era de triatlón y lo pusieron a tapar ese hueco. Tras esa desilusión y otras barbaridades que cometieron, decidí salir del equipo nacional.

El declive del atletismo está condicionado por el abandono de muchos deportistas cubanos. ¿Era de esperarse el abandonó de tantos atletas?

Creo que sí, era de esperarse el abandono de todas estas figuras. El mundo se mueve de manera profesional. En Cuba nos abrimos a este mundo y les dimos atletas a los clubes para que volvieran a la selección después, pero les pusimos muchas trabas. Empezaron a no pagarles a los atletas y eso, como es de esperarse, los molesta.

No sé qué pasa que cuesta trabajo pagarlo: ese dinero llega a Cuba y aquí se pierde. Te pongo un ejemplo. Tenemos atletas campeones de liga del diamante. El premio es 80 000 mil dólares y les toca el 80 por ciento para ellos. ¿Dónde está ese dinero? No se lo han pagado aún, por eso se van. Es una injusticia que no les paguen un dinero que se ganaron con su trabajo.

¿Cómo es la atención a las Glorias Deportivas en Cuba? ¿Se siente atendido Hermes Ramírez?

Las glorias del deporte que tanta alegría le dieron a nuestro país no son atendidas debidamente. Solo atienden a quienes caen bien o que son sus prioridades. No tengo gavetas para almacenar las medallas y reconocimientos, pero es triste que no te atiendan. Después de que falleció Fidel, los dirigentes del deporte lo dejaron caer, no se ocuparon de deporte ni de atletas y ni de glorias. Han pasado tres presidentes del Inder y continúo en el número uno de la lista para la entrega del carro. Desde el mandato de Cristian Jiménez estoy en esa lista y nada. Pasó Becalli y ahora se encuentra Osvaldo Vento y nada. No quiero que me lo regales, sino que me lo vendan y me lo descuentas mediante una mensualidad en moneda nacional, que es en la moneda en la que cobro. Otro de los problemas que tenemos las glorias deportivas es con las medallas: a muchos no les habían pagado por estas y, en mi caso, fue un gran papeleo hasta que por fin se logró.

Hermes Ramírez exvelocista cubano
Exvelocista cubano Hermes Ramírez, medallista de plata en los Juegos Olímpicos de 1968, con el relevo de 4×100.

¿Qué se puede hacer para mejorar el atletismo cubano?

Lo primero, es que todas las personas no pueden ser dirigentes: hay personas que dirigen a dedo y eso daña a este deporte. Existen glorias de este deporte a quienes tienen olvidados en sus casas cuando aún tienen mucho que dar. Los otros días me puse a analizar a los últimos dirigentes del INDER y ninguno tuvo resultados como atleta y como directivos, han dejado mucho que desear. Lo último y muy importante, es que les paguen a los atletas, pues de esa manera no abandonarán el país y mejorará el deporte.

¿Cómo es el día a día de Hermes Ramírez?

El retiro que nos pagan no es tan alto, pero gracias a Dios me empezarán a pagar las medallas y eso será un complemento importante. Por otro lado, soy practicante de la religión yoruba y junto a mi esposa me va bien, muchos ahijados nos ayudan y se preocupan mucho por nosotros, incluso, más que las personas del deporte encargado de esto.

¿Es feliz con la vida que lleva?

En la vida soy feliz, he creado una familia y siento que ellos me reconocen como su padre, desde mis hijos hasta las últimas generaciones que vienen creciendo. Siempre viviré con la satisfacción y el orgullo de haber sido atleta y de haber representado a Cuba.

Con el deporte estoy inconforme, entre lágrimas te digo que la destrucción del deporte en mi país es lo que más me duele. Me causa profundo dolor que el deporte en Cuba no sea lo que era hace años. Antes aplaudían cuando ganaba un atleta, ahora se aplaude cuando un atleta se queda en otro país. Fui criado bajo una doctrina pura y cumplir con el pueblo y la patria era lo más importante: ver tanta ineficiencia y malas decisiones solo me hace más triste.

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Imagen cortesía de Marcel Villa