Un duro golpe para el béisbol cubano ha sido la eliminación temprana en el Preolímpico de las Américas, quizás el golpe más duro de todos.

El único país presente en todas las finales anteriores de este deporte en los Juegos Olímpicos, tres veces campeón, dice adiós a la cita bajo los cinco aros. Y es que, en esta caída libre en la que estamos hace muchos años, hemos tocado fondo y es hora de evolucionar o morir.

Mucho se ha hablado de la situación actual de nuestro deporte nacional, pero nadie toma cartas en el asunto y nuestro país, otrora superpotencia y dominador mundial, no es campeón mundial en ninguna categoría. Nos alejamos de los puestos cimeros cada vez más y para colmo de males, desgraciadamente, ya se nos ha perdido el respeto en cualquier nivel en que participamos.

Del Preolímpico no abundaré, es una relación causa-efecto de las que vivimos a diario. Cualquiera diría que perdimos dos juegos por marcador cerrado y noqueamos en el tercer juego y habrá incluso, quienes digan que fue una buena actuación y no es así. No hay justificaciones extras, no hay a quien echarle la culpa, más allá de insuficiencias y deficiencias propias. Es hora de tomar el catalejo y mirarnos hacia adentro. Tenemos que, de una vez, reconocer que el mundo va a un ritmo y nosotros nos quedamos en otro, estancados en dogmatismos, por intereses o porque a nadie le importa o tienen miedo a cambiar lo que tiene que ser cambiado.

Selección del mánager

Mientras el director del equipo Cuba sea un director de un equipo provincial, vamos a seguir sufriendo de regionalismos, favoritismos, egocentrismos y caprichos. Debemos estar a tono con lo que sucede a nivel mundial. La Federación Cubana en conjunto con su Comisión Nacional debe contratar a un mánager para la selección nacional por el período que considere, a mi juicio, por un ciclo olímpico.

Esa persona es la responsable de armar su equipo, tanto de dirección como sus jugadores, basado en sus filosofías de juego o en lo que tenga a mano para escoger. Se dedica a trabajar en la comisión y a ver todos los partidos de béisbol donde intervengan jugadores que se considere puedan ser convocados, tanto en Cuba, como en el exterior.

Revisa y supervisa a los contrarios, hace trabajo de mesa sobre los rivales y pone todo en función del equipo grande. Si tiene resultados puede renovar, si no, adiós y a volver a empezar. Un director de equipo provincial tiene demasiados compromisos, además confía más en los que dirige a diario y más importante, tiene trabajo asegurado, pues gane o pierda con el equipo Cuba, regresa a su provincia. Ser director del Cuba debe ser la aspiración de todo técnico provincial y será elegible de acuerdo con su palmarés alcanzado. Solo así tendremos más pureza y compromiso en un mánager para con sus resultados.

Selección de los jugadores

El béisbol cubano tiene una fuente inagotable de talento, eso es un hecho. Soy contrario a los que pregonan del mal trabajo en la base y en la cantera. Lo hay, con miles y miles de dificultades, pero cada día el talento brota y una muestra es el número de jugadores que se desempeñan en ligas en todo el mundo, incluso en MLB. Además, del número de jóvenes promesas que vemos en categorías a todos los niveles.

Todos tienen que ser elegibles, no importa donde jueguen, no importa si son o no contratados por la Federación Cubana: todos los que quieran y puedan defender el uniforme del equipo Cuba deben estar en la convocatoria, porque no podemos llevar eso de sustituir importaciones también al deporte.

Los equipos de todos los países tratan de llamar a todos los jugadores que estén disponibles e intentar armar la mejor nómina posible, nosotros no. Nos mata el chovinismo, el miedo, el orgullo, la burocracia y otros problemas de fondo.

¿Por qué no se llamó finalmente a Henry Urrutia? Dijo Armando Ferrer que no sabía de su condición física. ¿En serio? La de Alfredo Despaigne sí se sabía y fue no solo convocado, sino intocable hasta su inoportuna lesión. Hay que desterrar de una vez el qué dirán, las presiones internas de directivos, dirigentes: esto es deporte y lo estamos matando.

Condiciones y sustento de los jugadores

El término “profesional” es más allá de que te paguen por hacer algo. Si nos fijamos bien, todos los jugadores de serie nacional no hacen otra cosa que jugar béisbol y reciben un salario por eso, aunque estén inscritos en centros de trabajo con licencias deportivas para ausentarse. De la primera Serie a las de ahora las condiciones de los deportistas han mejorado indudablemente, pero no es suficiente. No podemos ir en contra de la corriente: el talento se paga y no solo en el área del deporte.

¿Dónde están las academias para talentos? Nos preguntamos dónde está la Escuela Nacional de Béisbol, un lugar para que los grandes talentos en todas las edades competitivas se reúnan y puedan entrenar con todos los adelantos de la ciencia y la técnica puestas en función del deporte e incluso con jugadores de otros países que muy seguro pondrían su talento en manos de técnicos cubanos por el prestigio alcanzado en este deporte, incluso financiándose becas.

Necesitamos que haya salarios dignos, diferenciados, que los atletas con resultados puedan tener un verdadero estímulo en valores y en especie. El dinero que ingresa la Federación por sus peloteros y técnicos contratados da para todo eso: démosle un esquema cerrado al deporte, donde sea autosostenible, pues condiciones tiene y recursos le sobra. Pero, además, si a cada provincia le da su estadio como una empresa estatal, para no decir cooperativa, mejorarán sus ingresos por conceptos de entradas, imagen, souvenirs, marketing, y eso se verá reflejado en el desarrollo del deporte en cada provincia y en estímulo para sus jugadores. Por eso el deporte no dejará de ser del pueblo.

Invertir en el béisbol cubano

No hay de otra. El mundo actual es una carrera por obtener ventajas competitivas. Hay que invertir en infraestructura, en mejora de estadios, en campos de entrenamientos (el preolímpico se jugó en campos de entrenamiento y los terrenos eran mejores que todos los estadios de Cuba). Hay que invertir en utensilios, software, implementos deportivos que permitan entrenar con verdaderas herramientas para medir resultados.

Hay que invertir en capital humano. Nuestros técnicos de todas las categorías deben superarse en el uso de las nuevas tecnologías y en el béisbol moderno, término que he escuchado mucho en los últimos años, pero que es solo palabrería. Cuba respira béisbol, pero nos hemos quedado con el manual polaco de 1980.

El mundo ha cambiado y nosotros o giramos con él o decimos adiós a la competitividad. No podemos seguir en el béisbol cubano solo con estadísticas obsoletas de AVE, PCL, pues esas cosas ya no dicen nada. La sabermetría va más allá de las estadísticas tradicionales y por eso existen el BABIP (promedio de pelotas en juego); UZR (carreras ahorradas a la defensiva); RC (carreras creadas), RAR (carreras sobre el reemplazo); FIP (picheo independiente del fildeo), aceleración del swing, etc etc. Existen planificaciones, dosificaciones, métodos de trabajo, simulaciones de juegos, mucho en que trabajar, pero el deporte cuesta, como todo, y debe existir voluntad de sufragar estos gastos que son más bien una inversión.

Contratación de jugadores

El sistema de contratación debe ser más ágil, pues aún se rige por criterios prejuiciados. Hay excesiva burocracia, demasiadas objeciones y temor a que los deportistas ganen dinero. Está más que probado que el techo del béisbol cubano no está en la Serie Nacional: hay demasiadas carencias, la masividad no es sinónimo de calidad, sí de participación y como fuente de visualizar a más jugadores.

La verdadera superación está en competir donde están los mejores y eso, desgraciadamente, ahora mismo se logra jugando en ligas foráneas. Se rompió el acuerdo CUBA –MLB, pero, ¿y el resto de las ligas?

La Federación tiene que estar más abierta a solicitudes de jugadores y no mostrar solo lo que les conviene, porque después los jugadores salen por cuenta propia y ya los tildamos de traidores o no los tomamos en cuenta para poder convocarlos.

Llegó el momento, no se puede esperar más porque se nos muere el deporte nacional y no estamos reaccionando a tiempo para salvarlo: es tiempo de más verbo y menos sustantivo. Despojémonos de todo tipo de prejuicios; pensemos, por una vez, que esto es deporte y que el olimpismo, al cual no hemos podido acceder por esta vez, tiene como valores la excelencia, la amistad y el respeto. Esa es la base sobre la cual el movimiento olímpico une deporte, cultura y educación en beneficio de los seres humanos. En ninguna parte dice intereses ni presiones políticas internas ni externas. Confío en que volveremos a planos estelares. Hay mucho en que trabajar, pero nunca estaremos en contra del béisbol cubano.

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