El niño Blas siempre quiso ser pelotero. Descalzo junto a sus ocho hermanos se le podía ver en cualquier placer de su pueblo Manajanabo en Santa Clara, bateando y lanzando pelotas en la ya lejana década del 70 del pasado siglo, mientras soñaba ser algún día como aquellos héroes que llenaban los estadios en las primeras Series Nacionales.

Un día, cuando tenía 16 años, se escapó de la beca donde estudiaba para ver un partido nocturno en el estadio Augusto César Sandino entre los locales y Camagüey y fue sorprendido al llegar de madrugada y expulsado del centro escolar. Corría el año 1982 y nadie pudo imaginar que su vida estaba a punto de dar un giro que lo marcaría para siempre.

“Cuando llegué a mi pueblo me encontré un periódico Vanguardia donde anunciaban un examen de picheo que se iba a realizar en el Sandino y decidí presentarme con otros muchachos del barrio. Sólo dos fuimos escogidos”, le cuenta Blas Guillén a Play-Off Magazine.

“Siempre me gustó jugar a la ‘dura’ y yo tenía buen control y había aprendido a tirar una buena curva”, agrega.

Así comenzó aquel joven a jugar béisbol organizado hasta que logró integrar la nómina de Villa Clara, equipo donde militó durante siete Series Nacionales, y con el cual dejó números aceptables desde el montículo.

“En el año 1992 tuve una ruptura en el supraespinoso que requirió intervención quirúrgica y luego de la operación y la rehabilitación, nunca pude recuperarme del todo y eso imposibilitó mi regreso a los terrenos”, cuenta.

árbitro cubano Blas Guillén
Foto: facilitada por el entrevistado El árbitro cubano Blas Guillén. Foto: facilitada por el entrevistado

Tenía en su currículo 125 partidos lanzados (118 de ellos en funciones de relevo) con cinco salvamentos y una forja positiva de 18 ganados con 13 derrotas, además de 145 carreras limpias en 324 entradas, para una efectividad de 4.02 con 149 ponches y 100 boletos otorgados; pero después de su retiro prematuro, aún la historia de Blas Guillén estaba por escribirse.

“A partir de ese momento, comencé a trabajar en la academia de picheo en donde conocí a Orlando Chinea y él me comentó que veía en mí las cualidades necesarias para convertirme en árbitro y me habló de que por esos días comenzaba un curso en la provincia. Días después me presenté y fui escogido para trabajar ya en el campeonato provincial de primera categoría”, comenta.

Así fueron los comienzos de este árbitro exitoso que durante más de 20 temporadas ejerció en nuestros campeonatos domésticos con una sabiduría y profesionalidad que lo llevó a destacarse como uno de los imparciales mejores de su tiempo, al punto de ser convocado a varios torneos internacionales, entre ellos una Serie del Caribe.

“Para ser un buen árbitro hay que tener valor para entrar a un terreno de pelota con dos equipos y con las gradas llenas de personas. Tienes que ser justo, honesto, y comportarte como lo que eres: un juez dentro y fuera del terreno”, dice.

Para Blas Guillén, el mayor problema del arbitraje en Cuba está en la zona de strike y en el salario que perciben esos imparciales, quienes muy pocas veces quedan bien con todos y casi siempre son víctimas de los ataques de los fieles en los partidos, que en ocasiones llegan a la falta de respeto.

“Toda una vida se ha venido manejando este problema del salario y hay una gran insatisfacción al respecto, pero al menos en los últimos tiempos se ha mejorado con respecto a los uniformes y a las prendas para el arbitraje”, explica.

“Los imparciales cubanos se han ganado una reputación en el mundo. Donde quiera que va un árbitro cubano decide los partidos claves si Cuba no está involucrada. Hay muchos de calidad a través de la historia”, agrega.

“Esto se ha convertido en una cacería de brujas, directores que mandan cartas a la Comisión Nacional porque no quieren a determinado árbitro en sus partidos, porque no le gustó cualquier jugada que cantó en su contra, etc. Pero nosotros estamos en el aire sin un Sindicato que nos defienda independiente de la Comisión, donde estén las personas que realmente saben de arbitraje y puedan tomar las medidas justas”.

Lea más de esta historia en Luis Felipe Casañas: “Todo esto es por el paternalismo que existe con Industriales”

Según opina, ahora mismo hay una gran cantera, pero les pide paciencia a los jóvenes que han decidido tomar este difícil camino.

“Un árbitro no se forma ni en cinco ni en ocho años, hay que esperar mucho más. Es un trabajo ingrato y hay que tener paciencia para que llegue el turno de uno. Se puede decir que yo hice un doctorado en tercera base, sólo me ponían ahí los primeros años. Es un trabajo serio: eres un juez en toda la extensión de la palabra y como tal, tienes que comportarte”, expresa.

De carácter fuerte, Blas Guillén no solo entró a la historia del béisbol cubano por su acierto a la hora de cantar strikes y tomar decisiones positivas en jugadas apretadas. Este encargado de impartir justicia fue protagonista de dos situaciones de juego inéditas a lo largo de 60 campañas, por las cuales será recordado por varias generaciones de aficionados.

La primera de ellas ocurrió en un partido entre Industriales y Ciego de Ávila en los predios del José Ramón Cepero en el año 2015, cuando en el segundo duelo entre ambos conjuntos y fungiendo como árbitro detrás del home plate, expulsó a los directores Lázaro Vargas y Roger Machado antes de que se lanzara la primera bola del partido, hecho que nunca había ocurrido en otras ediciones.  

“Desde el juego anterior, existían problemas entre ambos equipos y habían sido expulsados algunos peloteros. Entonces, ellos llegaron al home a entregarme los lineup y comenzaron a faltarse el respeto y a decirse palabras obscenas y no me quedó más remedio que expulsarlos a los dos para evitar que se agravara aún más la situación”, explica.

La otra de estas increíbles marcas ocurrió un año después en un desafío entre Villa Clara y Holguín en el marco de la 56 Serie Nacional, cuando cumpliendo sus funciones detrás del plato, su hijo Pablo fue llamado de relevo por el mentor de los naranjas, situación que nunca había ocurrido en la historia de nuestro béisbol.

El muchacho estaba entonces en su campaña de novato y regaló un boleto al peligroso bateador Yunior Paumier antes de abandonar el box.

“Sentí mucho orgullo, pero yo soy un profesional. Entendí que él tenía que hacer su trabajo y yo el mío. Lo juzgué como a cualquier otro jugador”, apunta Blas Guillén.  

Su hijo es ahora una estrella en ascenso y con sólo 22 años, ya ha integrado la selección nacional. Su buen desempeño en esta última contienda al quedar como líder en efectividad con 2.52 carreras limpias permitidas cada nueve entradas en medio de un campeonato donde domina la ofensiva, le ha abierto las puertas también a contratos en ligas profesionales del área.

“Influí mucho en él y en su desarrollo como pelotero desde que tenía 4 años de edad, creó que lo heredó todo. Él es chistoso, carismático, muy disciplinado en el entrenamiento y tiene una gran nobleza en su corazón”, confiesa emocionado sobre su muchacho.

“Una de las mayores alegrías de mi vida fue cuando viajé junto a él a un Panamericano juvenil en México. Yo iba representando a los árbitros cubanos y él como miembro del equipo Cuba. Mi sueño es verlo integrar el equipo nacional para los Juegos Olímpicos”, confiesa.

Pero ahora Blas Guillén sigue su carrera desde la distancia, pero con atención. Desde hace casi tres años, el otrora árbitro de nuestras Series Nacionales vive en los Estados Unidos, lejos de su tierra natal.

Allí, en su nuevo país, el imparcial alterna su trabajo como security en una escuela privada, con la de árbitro, pero en las ligas infantiles de Miami, aunque afirma que no pierde ni un detalle de la Serie Nacional. Además, recuerda muy bien los últimos momentos en los campeonatos cubanos, antes de tomar la decisión que cambió su vida para siempre.

“Yo estaba activo cuando tomé la decisión de emigrar. Mi último partido fue en Camagüey donde vivía desde hacía 7 años y fue televisado, se enfrentaban los locales contra Industriales. Me fui de Cuba por amor a mi esposa. Ella fue reclamada por sus familiares y me fui con ella”, manifiesta sobre las razones que lo llevaron a tomar este trascendental paso.

“La verdad que extraño mucho mi labor en Series Nacionales. Yo me gané un puesto en el arbitraje cubano y tuve el honor de estar en juegos finales de campeonatos nacionales. Mi anhelo es poder trabajar en un juego de pelota del equipo Cuba en cualquier parte del mundo”, concluye uno de los imparciales más recordados de los últimos tiempos en nuestro pasatiempo nacional.

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