Cuando se habla de brazo de hierro en la pelota cubana, pocos nombres se ajustan mejor a la definición que Carlos Yanes, un lanzador histórico que por casi tres décadas pisó los terrenos con enormes resultados.

¿Cuánta sabiduría, especialización, responsabilidades y mañas se adquieren en 28 temporadas como primer lanzador de un equipo? ¿Cuántos sacrificios caben en 714 juegos lanzados y 235 victorias?

Conversar con Carlos Alberto Yanes Artiles por unas horas es estar más cerca de desentrañar los secretos del box.

No por gusto, es el único beisbolista con 28 series en sus espaldas y, además, fue líder en varios departamentos en Series Nacionales, gracias a ese total de juegos lanzados, sus 504 desafíos iniciados y sus 3 836.1 innings lanzados.

Es un hombre con quien el béisbol nacional tiene muchas deudas, pero a quien aún se le ilumina el rostro cuando le hablan de pelota. Merece un monumento en la Isla y que su experticia sea aprovechada en función de una disciplina que agoniza.

¿Cómo llegas al deporte?

Como a cualquier niño me gustaba la pelota, pero hubo entrenadores que hicieron que me gustara un poco más: José Velázquez y Rodolfo Crash. Empecé con ellos en la ESBEC 15 de acá de la Isla, que fue donde di mis primeros pasos más organizados, más serios en el deporte.

¿En qué condiciones materiales y espirituales transcurrió tu carrera deportiva?

Con muchas carencias, como casi todos los deportistas cubanos. Y eso es algo que ha desangrado y continuará desangrando al béisbol en Cuba, porque los peloteros jóvenes no vienen con la misma crianza de nosotros y sí piensan en lo material y en cómo realizarse en lo deportivo y lo personal.

¿Cuáles consideras tus resultados más sobresalientes?

Más allá de lo que te puedan decir los números, considero que mi mejor resultado fue la serie del año 99, cuando el equipo de la Isla cogió el tercer lugar. Gané 20 y perdí cinco, fuimos a los playoffs por primera vez y en la Isla la afición lo vivió con una alegría difícil de explicar, creo que fue algo único. En ese entonces ya había estado en preselecciones de equipos Cuba, había ido a Japón a cumplir misión, pero creo que ese fue el momento más importante.

Tuviste una temporada de 20 victorias, cifra a la que pocos llegan en cualquier béisbol, incluso en Grandes Ligas. ¿Te hubiera gustado probarte en ese nivel?

Me siento muy contento de haber hecho toda mi carrera en Cuba y de mis resultados, pero sí me hubiera gustado: ese es el nivel mayor que hay en la pelota.

¿Cómo hacías para lidiar con la responsabilidad de ser líder de un staff, de siempre tener que lanzarle al equipo más fuerte?  

Era una responsabilidad muy grande a la que me fui acostumbrado y hasta sacándole partido con los años. Recuerdo con especial cariño los inicios de temporadas cuando, después de tanto tiempo sin béisbol, salías al campo y la gente te aplaudía, te sentías el héroe y, si ganabas, más, porque si bien el béisbol es un deporte colectivo todos sabemos el rol imprescindible de los lanzadores.

¿Cómo se recupera un pícher de una salida mala? Una salida, por ejemplo, en la que tus lanzamientos fuertes no te caen… 

Es difícil porque uno se prepara y, a veces, tienes juegos tan malos que parece que no lo hiciste y te toca recibir palos de todo el mundo: el rival, los entrenadores, los compañeros de equipo y, sobre todo, del público. La afición enseguida se olvida de quién tú fuiste, de los tres o dos juegos que ganaste en las salidas anteriores, ese día que sales mal es el único que les interesa a ellos. Es muy difícil lidiar con todo eso y más con uno mismo exigiéndose como lo hacía yo.

En lo personal, me iba para mi casa y me trancaba, solo oía a mi esposa o a algunos amigos cercanos que venían. Trataba de mentalizarme en que la otra salida tenía que ser mejor.

Recuerdo una serie en que me tocaron cuatro entradas a palos seguidas y estaba muy descolocado con eso y un niño fue quien me sacó del slump. Yo no sé cómo sucedió, pero vino y me dijo que yo no ganaba porque no hacía un x ejercicio que ya ni me acuerdo, pues me puse a hacerlo y volví recuperado. Ese año gané 12 y perdí seis.

¿Cuánto presiona lanzar a Latino lleno en un playoff contra los Industriales?

El Latino presiona un poco, sobre todo porque es el medidor del béisbol cubano. Ahí está la Comisión, están los que valoran si puedes ir, si no puedes ir, si estás en la preselección, si te pueden incluir en este o aquel equipo.

También el Latino está como en un hueco, hay otro tipo de ambiente que no es el de un estadio normal [en Cuba], todo es como un silbido ensordecedor y es muy incómodo. Por eso el atleta, el pícher o el jugador que lo pueda hacer bien ahí, lo hace bien en cualquier lugar.

En los inicios de tu carrera, La Isla era un equipo perdedor. ¿Crees que en un equipo de primera tuvieras más victorias hoy?

Recuerdo que cuando empecé en la serie 23, en el año 83, ganamos nueve partidos nada más y de los nueve, gané seis y estuve discutiendo el novato del año con Rolando Arrojo. Al año siguiente, ganamos siete, de los cuales yo gané cuatro.

A partir de ahí, ya sí empecé a perder un poco más. El terreno era más corto y muy incómodo para pichear y el equipo siempre estaba discutiendo el puesto 16 o 15. Ambas cosas influyeron negativamente.

Mucha gente dice que, si hubiese lanzado con Industriales o con Santiago sería otra la historia, pero bueno, yo me alegro mucho de haber picheado con el equipo de la Isla mis 28 temporadas. Lo que sí hubiese querido es que los años en que estuvieron Alexander Ramos, Orlis Díaz, Raúl Ajete, ese grupo de muchachos que conformamos un equipo muy dinámico, hubiesen sido más. Creo que solo con eso, ya los números fueran un poco mejores.

Realmente, duré bastante picheando. De mis 28 temporadas, en la última fue en la que no trabajé tanto porque me dediqué a buscar dos juegos que me faltaban para lograr las 235 victorias y ya no me sentía con fuerzas. Ahí creo que equivoqué un poco la estrategia porque tenía que haberme dedicado a relevar.

Pese a los buenos resultados durante tus temporadas en activo te fue esquivo integrar el equipo Cuba. ¿Crees que se fue injusto contigo?

Creo que sí pues quien busca mis números puede darse cuenta: 28 temporadas, el segundo más ganador, el cuarto en ponchados, el primero en bateadores enfrentados, el primero en entradas lanzadas. Tuve dos temporadas muy buenas, esa misma de los 20 partidos en el año 99-2000, creo que en Cuba hay solamente cuatro lanzadores que lo han logrado…Ibar y Lázaro de la Torre son dos de ellos.

Entonces, es frustrante ver que tu sacrifico, tu esfuerzo, tu preparación y tus resultados no son recompensados. Salir del país sí salí muchas veces en equipos B, preselecciones de A, pero no solo se trata de eso. Quería hacer el equipo grande y no lo logré, creo que fue una gran injusticia y una de las deudas del béisbol cubano conmigo.

¿Qué importancia le concedes al entrenador?

El entrenador es el todo, es un padre a quien, al menos los peloteros, vemos mucho más que al padre real, porque este es un deporte de pasarte el día entero en el terreno.

Cuando logras tener un entrenador que te da consejos, no solo como atleta, sino como un hijo, como persona, tienes buena parte del éxito garantizado.

Ahí tenemos a muchos que nos han obligado a estudiar, por ejemplo, a mí que no me gustaba y creía que solo con el deporte bastaba.

¿Cómo hacías para entrenar en tus días de atleta?

Entrenaba todos los días, aunque no era de los que hacían cosas extra: hacía lo que me tocaba y ya. Eso sí, le puse siempre mucho interés a las carreras que, para mí, es lo que mejores resultados me dio.

No fui un lanzador de hacer tantas pesas, no me gustaba, había algún que otro ejercicio que hacía con ellas, pero me centraba en correr. Eso lo aprendí de los lanzadores y entrenadores de épocas pasadas: Vinent, Rogelio García, con los que compartí y aprendí mucho.

¿Qué importancia tiene la familia en una carrera deportiva de 28 años?

El que conoce nuestro deporte sabe que es prácticamente imposible triunfar sin el apoyo de la familia. Te pasas la mayoría del tiempo en otras provincias y cuando regresas, tienes solo un día con ellos porque al siguiente vas para el hotel.

Imagínate, en una carrera de 28 temporadas cuántas horas de cariño, de atender a la familia, de acompañarla en momentos importantes uno se pierde y a salir de cuántos baches te ayudan ellos.

El deporte para mí es la vida, como he dicho en otras oportunidades me ha hecho persona, me ha hecho estudiar, superarme, que la gente me conozca y sin mi familia hubiese sido imposible. Por eso digo que el béisbol y mi familia son lo más sagrado para mí.

Carlos Yanes pelotero cubano
Autor: Juan Moreno Autor: Juan Moreno

¿Cuáles fueron los principales problemas para ejercer tu carrera?

El déficit de implementos que hubo siempre, aunque ahora estamos graves, jugando provincial con pelotas que tienen un cuero de vinil: así no hay béisbol que mejore.

En la época en que yo empecé, en el 83, era un poco más brutal porque no había tanta técnica y hacíamos menos cosas, ahora hay mucha técnica y pocos implementos y entonces todo se dificulta más.

¿Cuáles fueron los momentos más felices y tristes de tu carrera?

Mucha tristeza me dio todas esas temporadas buenas que tuve y en las que no me incluían en los equipos Cuba, pero el más triste fue cuando tuve que retirarme porque para mí el Cristóbal Labra era mi casa y mis compañeros mi familia.

Tuve dos momentos agradables: en el año 94 cuando hice la preselección del equipo Cuba por primera vez y en el año 95 cuando me incluyeron en un grupo que fue a Japón a jugar por seis meses.

Pero mi mayor alegría fue en la temporada 99-2000 cuando alcanzamos el tercer lugar, que fue lo más grande porque lo que vivió la afición en las calles es indescriptible: una alegría que desbordó cada lugar de la Isla.

¿Y tus peores decepciones?

Casi todas tienen que ver con lo que ya te he contado de que rendía mucho y no me incluían en los equipos nacionales. Recuerdo una vez que tenía 97 juegos ganados y me hicieron una mala acción en la Comisión Nacional y me molesté tanto que decidí que no iba a jugar más. Entonces, el entrenador Charles Díaz me habló fuerte y me dijo: “cuando ganes tres juegos más y estés, al menos, en el grupito de los 100, usted se retira, mientras tanto, de aquí no se va”. Se me pasó.

Por suerte, soy una persona que se recupera rápido de esas acciones y agradezco a todos los que siempre estuvieron cerca para ayudarme a salir de situaciones así.

¿Qué opinas de la política de contratación del INDER? ¿Te hubiera gustado vivir estos años?

Sí, eso te da más nivel. Yo recuerdo que en el año 95, cuando me incluyeron en el grupo que se fue para Japón de contrato, vine mucho más maduro, con más ideas, conocimientos, técnica. Creo que, si esto lo hubiésemos hecho desde mucho antes, el béisbol estuviera mejor.

¿En algún momento pensaste en emigrar?

No, nunca. Tengo amistades en México y Canadá que me lo propusieron, pero siempre pensé en mi familia y en la Isla. Aquí en Cuba, por ejemplo, me dieron oportunidad de jugar con Industriales, Cienfuegos —que soy nativo de allí—, Matanzas, Pinar del Río, provincia Habana cuando el famoso Agropecuario y no acepté: siempre quise jugar con la Isla.

¿Por qué te retiraste?

Ya eran 28 temporadas, yo tenía la idea de jugar 30 y podía porque me fui con mi brazo tirando 85 y 86 millas, lo que, como te dije, equivoqué la estrategia. A lo mejor me hubiese dedicado dos o tres años a relevitos cortos, a acomodar el equipo en el séptimo u octavo inning y lo hubiese conseguido. Lo que pasa es que eso se dice más fácil de lo que se hace. Es complicado después de tanto tiempo siendo el primer pícher, tener que ir para atrás.

Una de las cosas que me golpeó es que atletas que habían jugado conmigo se fueron antes de tiempo del béisbol y ya me quedé solo con un grupo de muchachos nuevos, con los cuales tuve contradicciones porque mi forma de entrenar y de pensar era bien distinta a la de ellos.

Foto: Alexis Rúa Carlos Yanes, el brazo de hierro de la pelota cubana. Foto: Alexis Rúa

¿Qué pasó con tu vida después del retiro?

Pertenezco aquí en la Isla al combinado deportivo número uno Arturo Lince y entreno a un grupo de niños de 12, 13 y 14 años. Ahora, con la COVID, estamos parados, pero ya llevo dos años ahí ayudando al béisbol en esas categorías.

Estuve cuatro años en la dirección del equipo de la Isla y me fue bastante bien, pero ya después hubo cambios en la dirección, así que sigo con los niños.

¿Te sientes feliz, atendido, recompensado por tantos años dedicados al béisbol?

Eso de la atención a los deportistas es un gran problema que tenemos aquí en la Isla, creo que nos hemos quedado por detrás de muchas provincias de Cuba.

Yo, Carlos Yanes, con 28 series nacionales, y 235 victorias, puedo decir que a mí no se me da ninguna atención y uno se molesta con eso. Al otro compañero mío, Gervasio Miguel, tampoco.

Es como si al jubilarte olvidaran todo lo que hiciste. Creo que la experiencia que uno acumula deberían de recogerla, tiene que haber alguien dedicado eso porque no es solamente un diplomita, hay miles de situaciones que vive uno a través de los años y necesita una mano.

Aquí hay muchos deportistas, no solo en el béisbol, tirados al abandono. A lo mejor, un día, te citan para una reunión o un acto, pero eso no puede ser todo.

¿Tu experiencia de 28 temporadas sobre el box ha sido aprovechada por las nuevas generaciones aquí en la Isla?

Estuve un año apoyando y cuatro en la dirección del equipo de la Isla, creo que di lo mejor de mí, muchos muchachos que hoy integran los Piratas exprimieron al máximo mis conocimientos y mis experiencias.

Actualmente, vienen varios a mi casa, no todos como yo quisiera, a preguntarme qué hacía o qué no hacía en tal situación, me piden planes de entrenamiento o consejos para resolver algún defecto y eso me hace sentir útil y orgulloso de que lo vivido en el béisbol pueda ahora transmitírselo a ellos.

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