El niño Juan tenía nueve años de edad cuando su familia se mudó desde Pinar del Río a La Habana en 1958, y entró por primera vez a un terreno de béisbol.

Allí, en el reparto “Martí”, comenzó a conocer los fundamentos de este deporte al integrarse a un grupo de muchachos que estaban organizados por un activista, y llegó a jugar con destaque relevante en los Cubanitos, una liga infantil muy bien organizada que existía por aquellos tiempos.

“Ahí comencé a enamorarme de esta novia y nunca le he sido infiel”, cuenta Juan “Charles” Díaz a Play-Off Magazine.

Ese activista, según nos cuenta, era un fanático al béisbol de las Grandes Ligas y bautizaba a sus discípulos con nombres de jugadores de aquella liga de acuerdo con sus cualidades. A Juan, le tocó el de Charles Neal, un defensor de la segunda almohadilla, sin saber que ese nombre lo acompañaría para toda la vida.

Sin dudas, el niño “Charles” había nacido para jugar béisbol. En su etapa juvenil vistió el uniforme de La Habana en tres campeonatos nacionales y llegó a integrar un equipo Cuba como torpedero titular para un campeonato mundial que nunca llegó a efectuarse.

“Después, participé con el Fajardo en las series provinciales en la capital, donde me destaqué y conformé la preselección de Industriales”, dice.

“Un entrenador que trabajaba en Pinar del Río se me acercó y me hizo la propuesta de irme para allá, en donde tendría más oportunidades, y acepté. Este hombre ya fallecido era Asdrúbal Baró, al cual siempre le estaré agradecido”, agrega.

Sin embargo, no era como jugador el puesto en el que el destino le tenía guardado un lugar para la eternidad en el templo sagrado del béisbol cubano. Después de desempeñarse con el equipo Vegueros en cuatro campañas nacionales y jugar la serie especial de los 10 millones, Charles tuvo que colgar los spikes.

“Me lastimé el brazo de lanzar, en aquellos momentos no existían los adelantos que existen hoy y no pude recuperarme”, recuerda con dolor.

Después de su retiro y de su graduación como profesor en el Fajardo, Juan “Charles” Díaz comenzó a trabajar en Pinar del Río, formando las bases de lo que llegaría a ser uno de los mejores técnicos en la historia del béisbol cubano.

“Así comenzó mi pasión por enseñar. Más tarde completé mis estudios de licenciado y me bebí todo lo que encontré de béisbol. Fui fortaleciendo mis conocimientos, entre más leía y comprobaba en la práctica más me gustaba esta nueva función; además, me acerqué a muchos entrenadores como Juan Ealo y Ramón Carneado, y preguntaba mucho sobre entrenamientos, reglas, y todo lo que tenía que ver con este deporte”, recuerda.

“Estimo que el tiempo que estuve como jugador me sirvió de mucho, pues podía llevar a la práctica todo lo que iba adquiriendo. También, el trabajo como scout en la academia, pues íbamos a los municipios a captar talentos, pienso que todo esto me dio la vista para desarrollar la captación”, apunta.

Todo ese archivo de conocimientos que fue adquiriendo en poco tiempo, su sapiencia innata, su instinto natural, y su visión de juego, lo llevó siendo muy joven a formar parte del colectivo de dirección del equipo Vegueros en la XII Serie Nacional, y a tomar el timón de mando del elenco de Pinar del Río en la primera Serie Selectiva en el año 1975, con apenas 26 años de edad.

Charles Díaz tiene en extenso palmarés de 14 campeonatos dirigidos en Cuba al frente de equipos como Forestales (148-119), la Isla de la Juventud (58-134), y Pinar del Río en 2005 (48-42), y colaboró con el béisbol italiano durante más de una década en la ciudad de Florencia.

Fue uno de los pocos visionarios que aseguró que Alexei Ramírez era un torpedero natural y que Alexander Ramos debería desempeñarse en la segunda base, posiciones que luego los llevaron a la fama, al primero en las Grandes Ligas, y al segundo en nuestros campeonatos domésticos. Además, fue el de la idea de incluir en el equipo Vegueros al “niño” Omar Linares, solo para que jugara los partidos de home club y para que no perdiera las clases en el preuniversitario, tema que le impedía integrar el equipo.

Ahora, a sus 73 años, Juan Charles Díaz continúa ligado a este deporte del que no puede prescindir jamás, y está trabajando con los muchachos del sub-23 de su provincia, preparándolos para el campeonato que comenzará en el mes de junio de este año, junto a otros entrenadores con gran prestigio y resultados en su carrera deportiva.

“Con esta edad me mantengo activo y todas las mañanas voy al estadio, trabajo con el sub-23, y cuando termino, si hay juego de la serie, pues me quedo a verlo. Cuando no hay, regreso a mi apartamento y doy una mano en los trabajos que estoy haciendo en el mismo, vivo solo y tengo que ocuparme. Otras veces, visito a mi hijo y nietos, y esas tardes veo los juegos por TV en compañía de mi hermano José Manuel Cortina y continuamos hablando de béisbol”, cuenta.

Padre de tres hijos (dos hembras y un varón), ha sido abuelo en cuatro ocasiones y vive orgulloso de haber transmitido sus genes deportivos a parte de su familia.

“Mi hijo Juan Carlos jugó varias series nacionales, fue campeón dos veces con Pinar del Río como regular en su posición, y conformó un equipo nacional universitario para una competencia en México y también en Cuba. Mi hija, Mirta, se inclinó por la natación y en la actualidad está considerada como una de las mejores entrenadoras de Cuba”, explica.

La oportunidad de conocer a este entrenador, uno de los “culpables” del desarrollo vertiginoso que tuvo la provincia de Pinar del Río a partir de la década de los 70 del pasado siglo no podía desperdiciarse, y aprovechamos para hacerle varias preguntas relacionadas con esta pasión que nos une.

Llama la atención la cantidad de buenos entrenadores que se graduaron en el Fajardo en aquellos primeros años de la década del 70. ¿Eso fue una coincidencia histórica o aquellos profesores que tenían eran insuperables?

En ese curso, verdaderamente, surgieron muchos entrenadores de prestigio de casi todas las provincias, pienso que un gran peso fue de los profesores, como Ealo, Masi, Nelson, y otros que fueron sumándose. También hay que agregar a esto la creación de aquel equipo histórico del Fajardo para participar en los torneos provinciales de La Habana. Estos torneos eran muy fuertes, equipos como MININT, transporte, la pesca etc., todos con jugadores de nombre que participaban en series nacionales. Los estadios estaban llenos, y nosotros muy jóvenes con nuevos conceptos del béisbol.

Toda esa participación le dio mucha promoción a la escuela y a su béisbol, y muchos alumnos optaron por este deporte como especialidad. Este equipo tenía atletas ya conocidos en series nacionales, como Rodolfo Puentes, Boricua Jiménez, Ernesto Sotolongo, Ricardo Niño, Luís Hernández, entre otros.

¿Qué piensa un entrenador de la vieja escuela como tú de la sabermetría?

Mi criterio es que es necesaria y ayuda al béisbol, siempre y cuando vaya más allá de lo que se ve, no solo la colocación de la defensa, pues debe ayudar a lanzadores y bateadores en el conocimiento del contrario: pienso que te puede dar más información.

Los lanzadores nuestros, aparte de los problemas técnicos que tienen, no conocen a los bateadores y viceversa, en esto puede ayudar mucho esta ciencia.

¿Cuáles son las características fundamentales que debe tener un buen director de béisbol?

Una pregunta interesante. Lo primero es ser ejemplo y después su preparación en lo técnico, lo físico, y lo psicológico. En este aspecto debe profundizar y saber, conocer para dar un tratamiento diferenciado, pues cada ser humano es distinto.

Pienso que dirigir un equipo es más complicado que una empresa, agrego los tiempos que corren en cuanto a la economía de cada atleta. Otro aspecto importante es escoger su colectivo técnico, buscando los más capaces y no por amistad u otra cosa. A este grupo se le da confianza y exigencia, para que tomen parte de las decisiones más importantes.

¿Hay buenos directores en la Cuba de hoy?

Más bien creo que nuestros directores no tienen todo el apoyo que necesitan para hacer su trabajo, ejemplos de esto existen y no hace falta darlos. Sí creo que hay buenos directores, observa que mientras más experiencia van obteniendo, hay mejores resultados. Hay que cuidar a los que comienzan, darles todas las armas teóricas y prácticas, y darles tiempo, por lo menos cuatro temporadas.

Juan “Charles” Díaz
Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Juan “Charles” Díaz

¿Crees que es posible con la emigración de peloteros que sufre el país tener un campeonato de calidad? ¿Qué consideras que hay que hacer para elevar ese nivel?

En cuanto a tener un campeonato de calidad, me parece ficción. Con el éxodo que existe en este momento, más bien necesitamos una liga cubana con menos equipos. Lo ideal sería organizar por rango los primeros ocho equipos y los otros ocho en una liga B con una duración similar que la de arriba. Todos los años bajarían dos y subirían dos. Siempre, pensando que el éxodo y los contratos continuarán. También, creo que el campeonato sub-23 no tiene objetivo: mira cuantos menores de 24 años están jugando en la serie. Nos esperan años difíciles.

Muchos sentimos que los directivos de este deporte no están aprovechando los conocimientos que poseen entrenadores como usted y el profesor José Manuel Cortina. ¿Qué piensas sobre eso?

En la Comisión Nacional han existido varios cambios en los últimos años por causas diferentes, por otro lado, en la comisión técnica no están los más experimentados. Hay muchos de estos olvidados que todavía pueden aportar por su experiencia y pasión, no es necesario decir nombres, todo el que está vinculado a este deporte los conoce.

¿Se siente olvidado Charles Díaz?

Durante el tiempo que residí en La Habana, fueron 9 años, solo fui contactado por Franger Reynaldo para el proyecto de talentos, pero esto no continuó, no sé las causas, pero no fui llamado para nada más.

Al regresar a Pinar del Río fui llamado para trabajar en la academia provincial y más tarde como preparador en el sub-23. Les agradezco a todos los dirigentes del béisbol en la provincia por darme la oportunidad de seguir aportando a mi pasión de toda la vida.

Sabemos que un entrenador con su experiencia y resultados es muy cotizado en el exterior. ¿Por qué nunca dejaste el país para ejercer en ligas profesionales pese a que actuaste en otros países? ¿Recibiste algunas ofertas?

Estuve en varios países de centro y Sudamérica, y en Europa, donde trabajé por 15 años. En algunas ocasiones se me acercaron, pero yo nunca pensé renunciar a mi país, mi familia, amigos, a nuestro sistema que no es perfecto, pero sí el más justo. Así pensé y pienso igual todavía.

¿Se deben llamar a los peloteros cubanos que abandonaron el país y que se desempeñan en otras ligas para integrar las selecciones nacionales?

En esto, estoy a favor de que se converse con los atletas, que son cubanos como nosotros, aunque no estén aquí. Que sean ellos los que decidan si participar o no, pero que se les dé esa oportunidad. Sueño que, antes de dejar existir, pueda ver un equipo nacional con estos peloteros.

¿Qué piensas sobre la recuperación de las Series Selectivas? ¿Es buena idea recuperar los equipos por zonas geográficas como antes? ¿Estarán los aficionados preparados para eso?

He escuchado bastante sobre eso y la primera preocupación es cómo sería el apoyo. Ya se han intentado otras estructuras y no han dado resultados. En cuanto a los aficionados, creo no están preparados, por eso mantengo mi criterio de tener ligas A y B, probar y ver cómo funcionan.

Si tuvieras que seleccionar a los mejores peloteros cubanos por posición que han pasado por las Series Nacionales, ¿cómo quedaría ese equipo?

Una pregunta difícil pues nuestro béisbol era fuente de excelentes jugadores, pero me arriesgo:

  • Receptores: Juan Castro y Albertico Martínez,
  • Primeras bases: Antonio Muñoz y José Dariel Abreu
  • Segundas bases: Alfonso Urquiola y Antonio Pacheco
  • Terceras bases: Omar Linares y Lázaro Vargas
  • Torpederos: German Mesa y Eduardo Pared
  • Jardineros: Luis Giraldo Casanova, Víctor Mesa, Lourdes Gurriel, Fernando Sánchez y Osmani Urrutia
  • Lanzadores: Pedro Luis Lazo, Norge Luis Vera, y Jorge Luis Valdés.

Si tuvieras que dirigir mañana a un equipo de la Serie Nacional, ¿a que entrenadores convocarías para que te acompañaran?

En estos momentos no pienso en eso, pero sí tengo un nombre y es imprescindible: José Manuel Cortina.

¿Cuáles son los sueños de Charles Díaz? ¿Qué metas te faltan por alcanzar en la vida?

Mis sueños se reducen a apoyar a mis hijos y nietos; además, en estar siempre dispuesto ayudar al béisbol, hasta el último aliento.

¿Cómo quisieras que te recordaran las generaciones futuras?

Que me recuerden como un hombre de béisbol, con aciertos y desaciertos, pero que siempre le puso pasión y dedicación a todo lo que hizo.

¿Cuál es el momento más feliz y el más triste de tu carrera?

Momentos felices fueron muchos, siempre basados en los resultados obtenidos. Fui campeón con varios equipos, tanto nacionales como internacionales. El más triste, cuando dirigí en la Serie 48 y no clasificamos por un juego. También, también el fallecimiento de mi sobrino por la Covid.

¿Cuál es el mejor consejo que les puedes dar a los jóvenes que comienzan en este deporte?

Mi consejo es que pongan atención a su preparación, que le pongan pasión y que no se rindan jamás, que escuchen a sus entrenadores y que esperen su oportunidad, que siempre llega.

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