Cuando más difíciles se tornaron las cosas, Rolando Rodríguez cargó con los galones de capitán de la selección nacional en una etapa tan complicada como fue el Período Especial para la isla, hasta que prescindieron de sus servicios, sin una explicación lógica.

“El Volguita”, como le conocen, aprendió que ser líder de un equipo cubano de fútbol es tarea difícil, porque a las cuestiones deportivas se suman otras complejas circunstancias que enfrentar.

Cuando apenas tenía 31 años, en plenitud de forma, lo sacaron del conjunto nacional bajo pretexto de “bajo rendimiento”, cuando en realidad, sus posturas y defensa de los derechos de los demás jugadores no agradaban a los directivos. Pero Rolando Rodríguez siguió vinculado al fútbol con Villa Clara y también destacó como entrenador una vez que se acogió al retiro.

Para acercarse la carrera deportiva de este jugador antillano -nativo de una plaza histórica como Zulueta y que portara el brazalete de un conjunto histórico de la isla como Villa Clara- y conocer aspectos de su vida y opiniones sobre la actualidad del fútbol cubano, Play-Off Magazine conversó en exclusiva con esta gloria del balompié doméstico.

¿Cómo fueron los inicios en el deporte de Rolando Rodríguez?

Comencé en el complejo deportivo Camilo Cienfuegos. Todo niño que nace en Zulueta pasa por allí, pues el fútbol es algo identitario de nuestro pueblo. Siempre andaba con mis hermanos y como vivíamos cerca del estadio, estos me llevaban al terreno: aprendí a jugar con los atletas más grandes que yo. Recuerdo que a mi mamá no le gustaba que jugara fútbol porque rompía mucho la ropa y llegaba con raspones a la casa.

A la edad de 8 años, ingresé en la EIDE regional de Caibarién, pero estuve solo un año allí y posteriormente continué mi vida escolar como cualquier niño cubano. Aparentemente, me estaba alejando del fútbol, digo esto, porque al no pasar por la EIDE provincial no practicaba a tiempo completo y era un hobby.

Gracias a mi hermano Mariano, mi carrera en el fútbol se encaminó. Yo estudiaba en el preuniversitario y se iba a efectuar la competencia nacional de mi categoría en Artemisa. El director no dejaba salir a nadie bajo ninguna razón, pero como mi hermano era su amigo, accedió. En esa competencia tuve una buena actuación y como resultado, me captaron para ESPA Nacional.   

¿Qué entrenadores aportaron más a tu carrera?

Desde pequeño tuve muy buenos entrenadores y no puedo dejar de destacar a dos que fueron fundamentales en mi carrera. El primero fue Francisco González Mena, quien fue desarrollando en mis diversas habilidades y, la vez, me impregnó carácter, voluntad y destreza. También con él aprendí la técnica y todo eso me ayudó para ser un buen jugador. El otro que dejó su sello en mí fue Julio César Álvarez, alguien muy inteligente y sobre todo un gran ser humano. Más que entrenadores, fueron educadores, porque se convirtieron en padres de muchos de nosotros.

Exjugador futbolista cubano Rolando Rodríguez
Lázaro Galano Exfutbolista cubano Rolando Rodríguez

Tu debut con el Expreso del Centro se produjo en una etapa en que el equipo tuvo grandes resultados. ¿Cómo vivió el joven Rolando Rodríguez ese período?

El equipo de Villa Clara, sin dudas, es uno de los mejores de Cuba. En la década de 1980 tuvimos buenos resultados de la mano del entrenador Julio C. Álvarez. Eran tiempos en los que el amor por tu camiseta y por tu territorio era los más importante. Por otro lado, había muy buenos jugadores, varios de ellos de la selección nacional. Para mí fue muy provechosa esta etapa y aprendí mucho.

¿Qué anécdotas pudieras destacar en tus años como atleta?

La vida de un deportista es muy complicada, a veces tienes que poner el deporte por encima de otros asuntos, incluso, de la familia. Crecimos con esos valores del amor a la camiseta, de respeto al público y compromiso con el equipo. Resulta que mi hermana iba a contraer matrimonio con su pareja y el equipo Villa Clara tenía un partido muy difícil contra Cienfuegos. Todos saben que esos partidos son clásicos y además significaba mucho para el equipo, por tanto, decidí no ir a la boda de mi hermana. El encuentro se jugó en Cienfuegos en el estadio 5 de septiembre. Nos pitaron un penal a favor y anoté el gol. Casi a punto de acabarse el encuentro nos pitan otro penal y también logré engañar al portero: esa anécdota jamás se me olvida, pues anoté dos goles de penal en un juego y falté al casamiento de mi hermana.

 ¿Cómo se produce tu llegada a los equipos nacionales?

Tras ingresar a la ESPA Nacional participé en varias giras por la región del Caribe con la selección e integré el equipo a los Juegos Juveniles de la Amistad. Es justo destacar que en los años 80 Cuba tenía un señor equipo de fútbol, yo era muy joven y me mantuve en la preselección hasta el año 1983, que fue mi despegué como tal en la selección.

Entonces, el entrenador Luis Hernández me dio la confianza de jugar titular y me mantuve por más de 10 años. Me tocó sustituir en esa posición a alguien que admiraba, nada más y nada menos que a Luis M Sánchez, “El Bufalito”. Yo era joven y algunos cuestionaron mi presencia en el equipo, pero al final tuve buenos resultados y demostré mi talento. Ese torneo fue algo más que una prueba para mí, por los Juegos Panamericanos de Caracas en 1983 fue un evento de mucho nivel.

¿Tuviste ofertas para jugar en alguna liga extranjera?

En ese mismo torneo se realizaron pruebas antidoping y cuando me tocó realizármela a mí, se me acercó el entrenador del equipo Chile, quien era entrenador del club Colo Colo. Allí me hizo una oferta para ir a jugar en ese club y no supe qué decir.

No di una respuesta porque realmente no podía darla, digo esto, porque era muy joven y comenzaba mi carrera en aquel momento. Yo se lo comuniqué al comisionado de aquel entonces, Héctor Inguazo, pero al final, eso se quedó allí y nunca se me dio respuesta. Recuerdo que el entrenador chileno me dijo: “hablo con quien tenga que hablar y resuelvo todos los papeles”. Pero no se concretó nada.

En 1986 se volvió alcanzar la corona centroamericana, la cual ha sido la última hasta nuestros días. ¿Qué cualidades destacas de ese equipo?

 Lo primero es destacar al entrenador Roberto Hernández (El Nene). También, esa generación de atletas era una mezcla de jugadores de experiencia y juventud, pues ya iban terminando los de la generación de los años 70 e iban iniciando otros muy jóvenes. Quiero destacar algo: los equipos cubanos siempre se enfrentaron a equipos profesionales, mientras nosotros éramos amateur, en todo el sentido de la palabra. Nosotros jugábamos por amor al fútbol, por amor a nuestro país, luchando contra todos los problemas que teníamos y, aun así, Cuba fue un equipo ganador en aquellas décadas.

El Periodo Especial fue muy difícil para todo el país y esto se reflejó en el deporte. ¿Qué recuerdas de aquellos momentos?

Sin dudas, esa etapa fue muy difícil y se pasó mucho trabajo, momentos de dificultades, de problemas y de muchas carencias. Ahora que rememoramos, me vienen muchas historias a la cabeza.

A la selección nacional la sacaron del albergue en el Cerro Pelado y nos llevaron para San Cristóbal, porque, supuestamente, allí tendríamos mejores condiciones, pero no fue así. Desde el punto de vista humano, las condiciones eran buenas porque nos daban lo que tenían, pero a veces no tenían nada, entonces, imagínate. Llegamos a comer la raspa que quedaba en el caldero, aunque estuviera quemadita, y en ocasiones, hasta arroz y sopa.

La selección nacional viajó muchas veces en camión para poder ir a topar. Del vestuario y calzado ni hablar y cuando entraban las equipaciones, muchas no eran entregadas a los jugadores. Fueron tiempos duros y supimos enfrentarlos.

Tuviste la oportunidad de tener vínculos con dos entrenadores extranjeros, el italiano Giovanni Campari y el peruano Miguel Company. ¿Qué aportaron al fútbol cubano estos dos hombres?

El técnico Campari no era el adecuado para la selección. Es cierto que nos ayudó con equipaciones y vestuario e incluso nos llevó a Italia, pero, futbolísticamente, creo que su trabajo no fue el mejor. Es cierto que vio mucho fútbol y que sabía, pero como entrenador tengo mis reservas. No creo que haya sido el adecuado, no compartía su visión.

Todo lo contrario, fue el entrenador peruano Miguel Company, uno de los mejores que ha tenido el fútbol cubano. Estaba muy bien preparado, puedo decir que fue quien nos enseñó a trabajar la táctica, nosotros aprendimos de tácticas con él, pero, a su vez, se nutrió de los entrenadores cubanos en la preparación física. Sin temor a equivocarme, es el entrenador que más le aportó a Cuba, futbolísticamente hablando.

En plenitud de forma cesaron tus servicios a la selección nacional de fútbol. ¿Qué sucedió para que te apartaran de la misma?

Hubo una época en Cuba en la que se consideraban viejo a un jugador con más de 30 años. Con el fútbol pasó lo mismo que con el béisbol: retiraron a muchos atletas que ellos consideraban viejos. Creo que yo era un atleta muy profesional, no fumaba, no tomaba y entrenaba mucho. Nunca me dieron una explicación, solo utilizaban la frase mágica: bajo rendimiento. Con eso, era suficiente para sacarte de la selección. Yo llevaba mucho tiempo en el equipo, era el capitán y sabía muchas cosas que no convenían a los directivos. En algunos momentos, hacía varios reclamos y eso no era bien visto. A veces, entraban equipaciones y no se las daban a los jugadores, yo protesté contra todas esas cosas y no caí muy bien.

¿Cuál fue tu mayor decepción en el fútbol?

Cuando fui separado de la selección con solo 31 años. Ellos utilizaban la frase “bajo rendimiento” cuando querían sacarse de arriba a alguien y así sucedió en mi caso. Futbolísticamente, no había motivos, tenía las estadísticas y el nivel de juego a mi favor, pero me dieron una salida estratégica. Tras aquella situación seguí jugando con mi equipo Villa Clara hasta mi retiro. Aunque me dolió mucho mi exclusión de la selección, jugando por Zulueta y por Villa Clara me sentía feliz.

¿Pensó alguna vez Rolando Rodríguez en abandonar la selección en otro país?

Nunca lo pensé, realmente tuve varias posibilidades, estuve tres veces en los Estados Unidos en momentos difíciles del país, pero nunca lo pensé. Soy una persona bastante casera, tengo muchas carencias como cualquier cubano, pero cuando tuve la oportunidad de abandonar el país nunca lo hice.

¿Qué actividades desarrollaste tras tu retiro del deporte activo?

Comencé mi preparación para convertirme en entrenador. Empecé esta etapa como asistente de Francisco Gonzáles Mena en el equipo de Villa Clara. Al año siguiente, debuto como director técnico, y aunque no tenía gran preparación, contra todos los pronósticos, alcanzamos el segundo lugar.

Ese primer ciclo como entrenador de Villa Clara culminó en 2006, luego de no tener buenos resultados en el campeonato nacional. El fútbol es de resultados y ese año no se obtuvieron.

Confieso que ese año no pude atender al equipo de Villa Clara como se debe. Además de trabajar con Villa Clara, era miembro del colectivo técnico de la selección, y eso influyó mucho.

Tras dejar de entrenar estuve trabajando en la Comisión de Atención Atletas y fui metodólogo del municipio aquí en Remedios. Posteriormente, cumplí misión en Venezuela, en donde trabajé con niños y tuve buenos resultados. Después, regresé en 2012 y en 2014 me llaman para dirigir. Recuerdo que se dijo que no era el indicado para dirigir el equipo, pero ese año obtuvimos nuevamente el segundo lugar.

Después de ese segundo lugar no continuaste como entrenador. ¿Qué pasó para que dejaras los banquillos?

Tenía previsto continuar como entrenador del equipo y en la preparación de la temporada solicité un colectivo técnico, del cual, creía que era el adecuado para el conjunto. Pero este cuerpo técnico no era del agrado de algunos directivos del INDER Provincial, aunque el comisionado de la provincia, Jesús Florido me apoyó.

Entonces, se convoca una reunión con el director provincial, que estaba ajeno a esta situación y entonces es que me dan la libertad de escoger el colectivo que yo quería. Recuerdo que les dije: “Rolando Rodríguez tiene dignidad y moral, a estas alturas se debía estar entrenando en la cancha y no discutiendo sobre mi colectivo técnico, por eso no voy a asumir el puesto como director; los que tengan ambiciones de dirigir o los que ustedes quieran que dirijan que lo hagan”. Así lo planteé y me retiré de la reunión.

Volviste a integrar el colectivo técnico del equipo de Villa Clara al año siguiente. ¿Por qué decidiste regresar?

Tras la discreta actuación del equipo de Villa Clara en 2015 cambian nuevamente al colectivo técnico. Le dieron la tarea de ser entrenador principal a Raúl Mederos, quien me eligió como su entrenador asistente, y en ese 2016 fuimos campeones nacionales. Yo volví solo para esto, para quedar campeones, para demostrar que nosotros dos podíamos trabajar juntos.

¿Qué haces cuando estas lejos del fútbol?

Me gusta tallar la madera. No soy de tener mucho contacto con mis amistades, aunque los quiero y cuando hay problemas estamos los unos para los otros. No soy técnico de nada, pero armo y desarmo cualquier objeto, bicicleta, ventiladores entre otros. Me gusta pintar. Me declaro alguien “repartero” y mi grupo favorito son Los 4.

¿Qué opinión tiene usted sobre el vínculo prensa y deporte?

En el mundo en que vivimos es muy importante este vínculo para mejorar y aprender cada día. En lo personal, me retroalimento de la crítica, mientras se ponga como premisa el respeto.

Tengo una amiga que es periodista independiente y tenemos muy buenas relaciones, debatimos sobre temas polémicos y nos retroalimentamos los dos. En la actualidad, la prensa se puede aprovechar para informar más a la población, y mantener ese contacto directo entre directivos-jugadores y afición.

Exjugador futbolista cubano Rolando Rodríguez Campeón nacional
Vanguardia Trofeo de Campeones Nacionales del año 2003.

¿Es feliz con la vida que lleva Rolando Rodríguez?

La palabra feliz abarca muchas cosas, no es solo lo material. Tengo una linda familia, llevo 37 años con mi esposa, mi hijo es un buen muchacho y puedo decir con orgullo que mis padres están vivos,. Soy “Hijo Ilustre de Remedios” e internacionalista. Si unes todas esas cosas, me hacen un hombre feliz.

¿Cuáles son las principales carencias que tiene nuestro fútbol?

Hay muchas carencias en lo técnico y en lo táctico. Falta mucho en la preparación de los jugadores y entrenadores a la hora de plantear un encuentro.

Creo que los equipos carecen de variantes en su sistema de juego y eso sucede por falta de trabajo y desconocimiento de la funcionabilidad de los jugadores. Nos falta crecer de manera general, no podemos decir que estamos bien y se debe mejorar en cuanto a las atenciones a los atletas, teniendo en cuenta que, como seres humanos, tienen sus necesidades.

No se está trabajando para que los atletas lleguen en la mejor forma posible a las competencias y la Liga Nacional es solo el último escalón de nuestra escalera deportiva. A los combinados deportivos se envía un programa de enseñanza que no se cumple muchas veces y a eso, súmale los pocos partidos que se juegan en el año: he visto jugar provinciales en una semana y hasta en dos días.

Hay quien dice que el fútbol se aprende jugando, pero el ABC del futbol se entrena porque lo que no haces en el entrenamiento, no lo vas a hacer en el juego. A nivel de comisión y federación, mi enfoque es que hay que trabajar duro y ser más profesionales cada día y adaptarnos a los estándares internacionales.

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