“Ahora, no somos ni del nivel centroamericano. Lo que ocurre con el voleibol femenino es muy triste”, dice Tania Ortiz, campeona olímpica en Barcelona 1992 que integró las legendarias “Morenas del Caribe”, el equipo cubano que logró la hazaña de ganar tres Juegos consecutivos.

Ella fue una de las jugadoras que marcó época en el voleibol mundial y fue parte de la primera de aquellas coronas bajo los cinco aros. Solo dos años después, se acogió al retiro de la selección nacional con apenas 30 años, cuando las lesiones la traicionaban.

Después de un breve paso por el voleibol en Italia, Tania Ortiz volvió a Cuba y emprendió como cuentrapropista, con una “paladar”. Años después, volvería a vincularse con el deporte, desde un combinado deportivo.

Sobre sus inicios en Camagüey, su complejo ascenso dentro de la élite cubana, interioridades de su carrera y la vida después del retiro, conversó con Play-Off Magazine Tania Ortiz.

¿Cómo fue tu infancia en Vertientes?

Procedo de una familia campesina, hice mis estudios en una escuela cercana a mi casa, en la cual estuve hasta cuarto grado, cuando fui captada para la EIDE en Camagüey a través de una amiga mía. Un entrenador estuvo por Vertientes y como ella estaba en la EIDE, le preguntó a este si había alguna muchacha que tuviera talento y ella lo llevó a mi casa. Me hicieron la prueba y dijeron que no tenía la estatura, pero sí la estabilidad. Yo no sabía ni lo que era voleibol, lo que hacía era atletismo, que sí me gustaba.

¿Cómo reaccionó la familia ante esta noticia?

Mi mamá nunca quiso que yo fuera para la EIDE en voleibol. Cuando entré en esa escuela, en el 76 tenía 10 años. En mi caso, no fue difícil la adaptación, pues como tenía amigas allí y mi hermana estaba en salto alto, no extrañaba. Estuve solo un curso pues mi mamá me sacó, no me dejó ir a los Juegos Escolares. Ella me mandó a que dijera que no quería seguir. Me dio mucho sentimiento, pues el día en que fuimos a recoger la baja salían las guaguas para los juegos. Ya en séptimo grado, el profesor volvió, preguntó y ella dijo que no. Pero me metí debajo de una cama a llorar y ante la petición de mis tías y mi papá, mi mamá accedió a que me fuera.

¿Cuándo se convenció ella de que el voleibol era tu vida?

Yo volví en febrero a la EIDE y en los Juegos Escolares, en julio del 1978, me captaron para la ESPA nacional, en La Habana. Aquello fue otro problema, aunque para mí fue una satisfacción. Yo volví, me esforcé, pero mamá tampoco estaba de acuerdo, porque me iba muy lejos de la casa. Cumplí los 15 años en el primero de mi estancia en La Habana. Estuve un año sin ir a mi casa, aunque ellos fueron a verme en dos ocasiones.

¿Cuándo se perfiló que empezara Tania Ortiz a ser pasadora?

Eso surgió en La Habana, a donde vinimos ocho jugadores de mi provincia, de distintas categorías. A mí me trajeron por la saltabilidad, y también voleaba mucho, pero había cosas del juego que no dominaba. No obstante, me adapté fácil a ser pasadora. Los entrenamientos siempre fueron fuertes, tanto en la EIDE como en la ESPA. La calidad de los entrenadores era muy buena también.

¿Cuándo das el salto a la preselección nacional y cómo fue chocar con una generación ya establecida de grandes jugadores?

Entré a la ESPA en 1978 y en octubre del 1980 me pasaron para la preselección nacional. Nosotros éramos juveniles. Entonces, había muchas atletas, tantas como para tener un equipo A, uno B y el juvenil. En aquellos tiempos se entrenada doble sesión. Las jugadoras ya establecidas siempre nos ayudaron mucho a nosotras.

¿Cómo era la exigencia de un entrenador como Eugenio George? Incluso, se ha llegado a comentar que rozaba el maltrato en ocasiones.

No, no. Eugenio lo que sí era bien exigente. Quizá en aquel momento, cuando éramos jóvenes, pensábamos de otra manera. Pero cuando maduramos, la misma Mireya Luis decía sobre su forma: él lo hace para que reaccionemos. Cuando nos decía “horrores”, el equipo reaccionaba.

¿Por qué te costó en los inicios ser parte del equipo regular?

Todavía yo no era titular del todo, pero sentía que podía serlo. Me costó mucho trabajo estar en el cuadro regular como pasadora, porque según Eugenio, yo era rebelde. Pienso que no lo era, pues eso depende del punto de vista con que se le mire. Por ejemplo, si decían que no se iba a la escuela para quedarnos a entrenar, yo sí iba para la escuela. Le decía a él: cuando me retire y termine en el voleibol, ¿qué hago?

Para los Panamericanos del año 87, por ejemplo, ocurrió algo. A mi mandaron para Checoslovaquia con un equipo juvenil. Cuando regresamos, Eugenio mandó a buscar a las jugadoras que se iban a eliminar para los Panamericanos y a mí no me mandó a buscar. Me dijo en el Cerro Pelado que no estaba en la eliminación para el equipo porque él lo había decidido. Mi mamá vino y me dijo que no iba a seguir jugando más voleibol. Le dije que me quedaba, que iba a jugar, aunque él no quisiera. Al año siguiente, entré en el cuadro regular y me mantuve.

Eres una persona de un carácter fuerte. ¿Eso condicionó algo con la dirección y los episodios que visite con Eugenio George?

Sí, como no. Siempre fui muy rebelde. En el voleibol tuve problemas con Eugenio, al extremo de que me retiré del voleibol y casi no hablaba con él. Con todo lo que me agradecía y me quería, pero, de todos modos, como me había dicho cosas en algunos momentos, yo siempre guardaba aquello.

Medalla Exvoleibolista cubana Tania Ortiz
Hansel Leyva Medallas de Tania Ortiz

En el 1988, Cuba decidió no ir a los Juegos Olímpicos de Seúl. ¿Cómo vivieron ustedes esa decisión?

Realmente, ni nos disgustamos, aunque habíamos entrenado varios años y tampoco se pudo ir a los de 1984. Mi compromiso con el equipo era hasta el año 1992, que era el compromiso que te hacían cuando entrabas a la preselección nacional, de tres ciclos olímpicos. Pero lo entendimos entonces porque era una situación del país. Creo que hubiéramos ganado y yo hubiera sido doble campeona olímpica. Después empezó una renovación. El equipo estaba bueno. En 1989, por ejemplo, ganamos en la Copa del Mundo y perdimos un solo set.

Creo que el equipo cubano hubiese ganado 4 Juegos Olímpicos y yo hubiera sido doble campeona olímpica.

En 1990 fueron al mundial y terminaron cuartas. ¿Qué pasó? Se habla de que se vivo desmotivación en el equipo por motivos extradeportivos.

Para ese evento hubo sobrecarga y un poco de desmotivación también en el equipo. En 1989, hablamos con Fidel Castro y le contamos la situación con la vivienda que teníamos algunas. Le explicamos que estábamos en una complicada situación, pues estábamos en el Cerro Pelado, y aunque muchas éramos casadas y vivíamos allí, mientras los esposos vivían en su albergue y nosotros en el de nosotras.

Entonces, dieron 89 apartamentos, algunos a jugadores del voleibol, pero los demás a atletas que hasta ni estaban en la selección. Ello provocó desmotivación. Yo me compré un terreno para construir por mi cuenta. Yo hablé para decir por lo que estábamos pasando.

¿Cómo afectó la llegada del Período Especial tu vida personal y de las demás jugadoras del equipo?

Aquel período especial aquel no se parecía a este. Era uno atípico, fue riguroso, pero ni a nosotros ni a la familia de nosotras no afectó tanto, porque quizá el equipo que más viajaba en Cuba éramos nosotras. Teníamos días de llegar a las 5 p.m. y estar saliendo al otro día.

Ganaron el oro en los Juegos Olímpicos de 1992, el primero de la seguidilla de tres que ganó el equipo cubano de voleibol. ¿Qué recuerdas de aquel evento?

Fueron unos juegos maravillosos. Sin embargo, creo que las ganadoras de los equipos de 1996 y del 2000 disfrutaron más que nosotras en Barcelona 1992, porque ganamos y lo veíamos ya como algo normal, aunque es lo más grande que tiene un atleta, que aspira a llegar a los Juegos Olímpicos.

En 1992, Eugenio decidió que yo saliera del banco y esa fue otra situación que costó disgustos, aunque después de que finalizó el juego, me explica por qué lo había hecho. No obstante, en Barcelona me sentí importante desde el banco. Yo y otras que salíamos, nos decíamos las apagafuegos.

Querías retirarte después de aquellos Juegos de 1992, sin embargo, continuaste hasta 1994.

Me retiré con 30 años. En 1992 tenía solo 28 años, pero tenía lesiones en el brazo y tenía dos operaciones en la rodilla. También, me tuve que operar de la otra cadera. Permanecí hasta ese año en la selección nacional porque no te podías ir hasta que la que entrara por ti no estuviera lista. Ellos te iban convenciendo para que esperaras. Yo fui de banco al Mundial de 1994, porque ya me había operado de la rodilla.

Yo estaba mal. Le dije a Mireya: terminé, no me gusta dar vueltas. El atleta cuando termina tiene que entenderlo. Tenía 30 años. Físicamente estaba bien, pero las lesiones no me dejaban. Por las rodillas no podía más, se me hinchaban, incluso, años después de retirada, las tenía así. Fueron 14 años en la preselección, dos en la ESPA, uno y medio en la EIDE, entrenando.

Decides retirarte de la selección nacional en el 1994, pero fuiste a Italia y estuviste dos años jugando. ¿Cómo viviste aquella experiencia?

Me fue bien, el primer año fui como jugadora, para un equipo de la Serie B, que ascendía a la A. De hecho, ascendió. Pero allí se me abrieron los dos gemelos de tanto atacar, porque en Cuba las pasadoras también atacábamos, pero no llevábamos el peso del ataque. Pero en Italia jugaba un extranjero y un nacionalizado y por eso me daban más carga, de atacar muchas pelotas en el día.

Ya el segundo año me quedé como entrenadora, con ese equipo en la Serie A. Después se fue el sponsor y las jugadoras se empezaron a ir. Me quedé con un equipo de niñas, que fue algo que me propusieron hasta que terminara el tiempo de contrato.

¿En algún momento pensó Tania Ortiz en irse a vivir lejos de Cuba en uno de sus tantos viajes al exterior?

En el Mundial Juvenil del 85, cuando éramos jóvenes y empezaban los celulares, había un hombre que iba a vernos, nos marcaba con el celular a las que teníamos teléfono en la casa y entonces, nos ofreció también quedarnos a vivir allá. Pero nosotras, con la juventud que teníamos, nunca pensamos en nada de eso.

Siempre estábamos Mireya Luis y yo muy pendientes y siempre se les conversaba a las muchachas de que nadie fuera a probar nada. El equipo de nosotras no vivió nada de eso hasta que se quedó Taismary Agüero, años después. Mireya, como capitana, les hablaba. Incluso, era una forma de estimularlas para que jugaran. Cuando estábamos entrenando, ella decía: acuérdense de que hay que ganar por dos cosas: por el pueblo [porque en los momentos que se estaban viviendo era la única satisfacción que tenía el pueblo], y porque estamos en Período Especial y si no ganamos no vamos a salir y como no vamos a viajar, mamá no va a tener el blumercito o el jaboncito. Ella nos hablaba así y así todas reaccionábamos.

También estuve un año en Italia como jugadora por “convenio”, porque no se podía decir la palabra profesional. Allí me pude haber quedado, y me ofrecían cosas, pero regresé.

Después de finalizar, te reorientaste hacia el cuentrapropismo. ¿Estabas preparada Tania Ortiz para el retiro?

Sí, lo estaba. Cuando sabes que no puedes porque físicamente no puedes o las lesiones no te dejan, tienes que retirarte con gloria. Después entrenaba porque para desentrenarme, entrené mucho. Después de que me retiré estuve dos años en Italia. Cuando regresé, empecé como cuentapropista en Fontanar. Cuando me fui en el 2003 de allí, era cuentapropista.

Mis compañeras siempre dicen que fui de vista larga, pues yo viajaba y compraba platos y otras cosas. Por ejemplo, Raúl Diago se fijaba en eso también y lo hacía. En el 1995 abrieron los paladares y yo tenía ya pensado montar un restaurante. Por eso, regresé de Italia con todo, además de lo que había ido mandando para eso. Después, pasé un curso de gastronomía, porque siempre me llamó la atención. Estábamos en cualquier restaurant y siempre observaba como decoraban los platos. Muchos me dicen que me equivoqué de profesión. Ahora, lo que tengo es un negocio de arrendamiento de habitaciones.

Más tarde, con las visitas a las glorias deportivas, empezaron a pedirme que me incorporara a trabajar en el deporte. Después vino en 2007 el pago de las medallas a los deportistas, pero tenías que estar “vinculado” para poder cobrar y me puse como subdirectora en un combinado deportivo, hasta 2010, cuando empecé de directora.

No tuviste retiro oficial. ¿Es algo que las molestó a ustedes?

Sí. En el voleibol femenino se les ha hecho retiros a muy pocas, por ejemplo, en el caso nuestro, solo a Mireya Luis creo. El pueblo te lo reconoce y han pasado tantos años que decimos que para qué nos van a hacer retiro ahora si hace años que nos retiramos. Pero la gente nos ve y nos reconoce. Antes, cuando reconocían a una gloria, estaban todas las organizaciones. Ahora, cuando van a reconocer a una gloria deportiva, cuesta trabajo que estén todos. En ocasiones, están y ni te reconocen, ni saben quién eres.

¿Qué está pasando con el voleibol femenino cubano?

Esos son temas complicados. Con nosotros existía una disciplina que indicaba que te ibas a retirar cuando te comprometiste. En cuanto a los entrenadores que siguieron, dejaron que Eugenio se fuera con su sabiduría, pero no aprendieron.

Morena del Caribe Tania Ortiz
Hansel Leyva Exvoleibolista cubana Tania Ortiz

¿Será también que no se ha cambiado la manera en que se trata a los atletas, pese a que las épocas cambiaron?

A veces veo cosas que no entiendo: nosotras abogamos muchos porque la gente jugara profesional con contratos y después volvieran a jugar. Ahora, la gente juega en el contrato y cuando viran, no quieren jugar por Cuba, porque están lesionados, se están cuidando. Ahora es muy bonito eso del baloncesto, pues los contratados en el exterior vinieron a jugar. Si rescatamos los jugadores del masculino y el femenino que están por ahí en el voleibol, las cosas cambian. Porque las que están aquí saben que tiene que esforzarse.

¿Qué significa ser una de las Espectaculares Moneras del Caribe?

Para nosotros eso es una satisfacción y que la gente te lo diga, más. En la pandemia se pusieron videos y eso hizo que rememoraran más. Todavía me piden hacerme fotos. Es bonito que la gente te reconozca. Cuando me estaba retirando en el 1994, conversaba con Mireya Luis y le decía que les estábamos dejando a las otras generaciones una tarea difícil y después, ya ves, llegaron los dos Juegos Olímpicos, y después vino la caída.

Ahora mismo, no somos ni del nivel centroamericano. Eso, en el voleibol femenino, es muy triste. Tienen que ocurrir muchos cambios, lo digo siempre cuando nos reunimos. He ido a la escuela nacional y he visto a las muchachas entrenando solas, mientras, los entrenadores conversando. Falta que las personas que estén allí, y sienten por el voleibol, se sacrifiquen más. Si escogiste ser algo, tienes que dedicarte a eso. Esperemos que haya un cambio. Los que están ahí tiene que querer y que las atletas sean más esforzadas, y con eso volvemos a tener voleibol. Porque talento hay.

¿Satisfecha Tania Ortiz con su carrera?

Me retiré satisfecha, porque logré lo que quería en el voleibol y me gradué en el tiempo que quise, en mis cinco años. En mi vida personal tengo una hija, que estuvo en la escuela nacional y en estos momentos está en Camagüey entrenando para jugar por esa provincia el campeonato nacional. Es bajita, pero salta y lo que le gusta es atacar. He hecho todo lo posible porque ella salga adelante, para que estudie. He creado las condiciones para que ella mañana no pase trabajo cuando yo no esté.

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