La vida de Freddy Herrera no se explica sin el fútbol. Al capitalino le da igual la modalidad: sea el de once jugadores, en la sala o con unas simples vallitas, siempre es feliz.

Futbolista por pasión y vicio, mundialista con el conjunto de futsal de la isla en un evento inolvidable en 1996, seguramente no habría podido dedicarse a otra profesión. Una vez colgada las botas, Freddy Herrera sigue haciendo del balompié su manera de vivir.

Su carrera fue impresionante y no estuvo exenta de muchas dificultades personales, pues no dudó en dejar su disciplina para cuidar de su madre enferma que lo necesitaba, durante varios años.

Después volvió por un tiempo, antes de acogerse nuevamente al retiro tras una recaída de su progenitora. Incluso, retornaría a jugar con grandes resultados cuando ya tenía cuatro décadas de vida.

Con este histórico futsalista cubano nos reunimos para conversar un poco sobre su carrera y el estado de su disciplina en Cuba, pues es una de las voces más autorizadas de país para dar consideraciones al respecto. Debido a la pandemia, el encuentro transcurrió en el parque de Palatino, recinto que acogió varias jornadas de vallitas que lo tuvieron como protagonista.

“Nací en Las Cañas, Cerro, a unos metros de la Ciudad Deportiva y en mi barrio siempre se jugó más fútbol que béisbol. Por eso, a pesar de venir al mundo en 1970 y que Cuba fuera un país de peloteros, me incliné por el más universal”, comenta sobre su afiliación al balompié.

La carrera de Freddy Herrera comienza en el fútbol once y se desarrolla hasta los campeonatos nacionales.

“Entré al área de la Ciudad Deportiva a los 12 años, con participación en torneos municipales y provinciales. Ya en 1984 paso a la Eide Mártires de Barbados. A partir de ese instante fue todo muy rápido, pues en el 85 hice equipo nacional y pude ir a un campeonato en Polonia. Al regresar, paso a la ESPA Playa Girón de la capital. Seguí participando en torneos internacionales en Guatemala, Rumanía, Trinidad y Tobago, entre otros. Jugaba defensa central y tuve la oportunidad de ser captado para el equipo sub-23 y estuve en la clasificación rumbo a Barcelona 1992. Fue una etapa de gran desarrollo”, recuerda.

“En los campeonatos nacionales siempre estuve con los equipos de Ciudad de La Habana. Llegué con 17 años y era un equipo repleto de estrellas, como Orlando Menéndez, Luis Hernández, Fernando Griñán, que fueron vitales para mi salto a la primera categoría”, explica.

El capitalino fue uno de los pioneros del futsal cubano y según él, esto fue un riesgo en su carrera: “A principios de la noventa se empieza a introducir el fútbol sala en la isla. En 1992, juego un torneo doméstico y ese es el momento en que empiezo a practicar esta modalidad y me encantó. El pase de una a la otra fue un riesgo porque ya yo tenía un estatus en el de once, incluso, ese mismo año era integrante de un equipo que se iba a un campeonato en Trinidad y Tobago. El profesor Carlos Loredo fue un día a buscarme a mi casa preguntándome cómo me iba a cambiar y yo le dije que mi mayor sueño siempre había sido jugar un mundial y el futbol sala quizás estaba más cerca de lograrlo”.

A mediados de esa década hubo una explosión del futsal, sobre todo, en La Habana. La causa de esa chispa, según Freddy Herrera, fue lo que se conoció como la Liga de los Hoteles.

“Los gerentes de hoteles empezaron a patrocinar a distintos equipos y a partir de ahí surgieron muchísimos torneos que se jugaban en la Kid Chocolate y el Martí, y esto trajo como consecuencia una gran masividad. Había una organización tremenda, con dos divisiones y se hacían congresillos todas las semanas. Nos ayudaban con uniformes, tenis, balones. Podemos decir que era una liga profesional. Seguramente, la primera liga profesional en Cuba en mucho tiempo. Estábamos en pleno periodo especial y sin esta organización era imposible desarrollarse”, detalla.

Al capitalino le da igual la modalidad: sea el de once jugadores, en la sala o con unas simples vallitas, siempre es feliz.
Hansel Leiva

A pesar del gran desarrollo y aceptación de estos torneos, además de su importancia para el desarrollo de la disciplina, terminaron por desaparecer.

“El Inder interfiere en esa liga. A pesar de todos los logros del deporte todavía sigue siendo de recreación, pero ya después de la clasificación al mundial, el máximo organismo deportivo cubano empezó a realizar campeonatos nacionales y ya en el 95 la liga deja de existir. Deberíamos, sin duda alguna, intentar recuperar este tipo de torneos para poder desarrollar y volver a tener esa masividad”, opina.

Freddy Herrera logró cumplir con su sueño de participar en el mundial en España 1996, un momento único en su carrera y en el de la modalidad en la isla.

“Fue una experiencia espectacular, jugamos contra Brasil y resultó un aprendizaje superlativo. Además, puedo decir que estuve en el equipo que logró la primera clasificación a un mundial. Esa selección rompió el hielo para todo lo que vino después”, afirma.

El capitalino, ante los auriverdes, tiene una anécdota que siempre cuenta y que guarda con cierto cariño:

“Estamos jugando contra Brasil y yo marcaba a su pívot, que se llamaba Choco. Estuve diez minutos marcándolo bien, siguiéndolo a todos lados, hasta que en una ocasión se mueve, yo lo sigo y siento una bulla tremenda y un rato más tarde vie Papi Portal y me dice: ¿Viste lo qué te hizo Choco? Yo no tenía ni idea, y fue que me amago que iba y se quedó y yo fui a marcar a nadie y la jugada término en gol. Es una historia que guardo con mucho orgullo”.

Lamentablemente, la carrera de Freddy se detuvo durante algunos años por unas duras circunstancias personales que marcaron su vida para siempre.

“Mi mamá se enferma de cáncer y decidí dejar el deporte para cuidarla. En el 2003 pude regresar, gané el campeonato nacional con Industriales, pero en el 2004 volvió a recaer y tuve que dejarlo de nuevo. Me ayudaron mucho Clemente Reynoso e Isbén Román, quienes me decían que al menos fuera a entrenar, que ayudará a los jóvenes y eso me mantuvo conectado con el juego. Después de fallecer mi madre, volví en el 2011, con 40 años, a jugar un campeonato nacional que pude ganar”, recuerda.

“Después de ese torneo, me retiro. Según mis compañeros estuve muy bien, pero los directivos del deporte pensaban que era mejor que terminará como jugador y me convirtiera en entrenador. En el 2012 fui el segundo de Clemente Reynoso en el preolímpico del deporte, donde lamentablemente no pudimos clasificar. Después dirigí al equipo de La Habana y soy el segundo entrenador más ganador de torneos nacionales”, expresa.

Pese a sus buenos resultados y su experiencia notable en un deporte al que ha dado su vida, explica que está “un poco disgustado porque a pesar de los resultados que he cosechado no estoy dentro del colectivo de la selección nacional. Incluso, me separé algún tiempo para pasar una maestría y me gustaría ese conocimiento brindárselo a la selección nacional”.

Su carrera ligada a esta modalidad, como jugador y desde los banquillos, convierte a Freddy Herrera en alguien ideal para hablar sobre ese estado de estancamiento-involución que ha vivido el deporte a pesar de la gran masividad que tiene

“No tenemos federación y eso es determinante para tener una mayor organización. Los campeonatos nacionales son muy cortos y sin las condiciones logísticas fundamentales para la comodidad de los atletas. Se entrena más de lo que se juega. El deporte se ha estacando demasiado. Sin caer en regionalismo, pienso que el futsal en Cuba es netamente de La Habana que es donde más se juega, en cada parque, barrio o tabloncillo”, arranca este pionero del fútbol sala, quien apunta a un tema esencial que afecta a los practicantes.  

“El aspecto económico nos lastra mucho, porque los atletas necesitan vivir y como jugadores no pueden sostener sus necesidades básicas. Nadie juega por un sueldo, pertenecemos a un área deportiva que es por donde me pagan. Si no perteneces a un combinado deportivo, juegas gratis los campeonatos nacionales. Es una situación compleja, porque casi todos tienen familia que mantener. Sería bueno, repito, recuperar el modelo de la Liga de los Hoteles, porque nos permitiría jugar más y tener una mayor holgura económica, tanto para tener toda la logística del evento como para el beneficio de los atletas”, afirma.

Freddy Herrera habla, con mucha tristeza, sobre un asunto primordial, un suceso que marcó el devenir del futsal en la isla, porque afectó a un sitio ícono de la modalidad, la sala Kid Chocolate.

“¡Ese ha sido el desastre del futsal cubano! Paso por ahí y todavía se me aguan los ojos. Era el hogar y la escuela del futsal. Todas las generaciones desde el 90 vivieron y crecieron en la Kid Chocolate y las que vienen no podrán conocer esa magnífica sala”.

La pandemia lo ha alejado de los entrenamientos, justo cuando se preparaba para dirigir a La Habana en el campeonato nacional.

“Me está costando, pero aprovecho para estudiar y prepararme, voy algunos sitios a correr y mantenerme en forma. Ojalá y esto se termine pronto. Cuando pasé todo volveré a mi pasión y a entrenar. Me tocará hacer el cambio generacional de La Habana, pero estoy listo y ansioso por regresar a los terrenos”, expresa.

Pese a su exitosa carrera, dentro y fuera de una cancha, Freddy Herrera tiene un sueño perenne: “quiero dirigir la selección nacional. He aprendido mucho de Clemente Reynoso. Si me dan la oportunidad creo que puedo hacer un gran trabajo y desarrollar el futsal cubano”.

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