Cuando la Asociación de Fútbol de Cuba anunció la inscripción de cinco de los futbolistas profesionales cubanos residentes en el exterior en su registro de jugadores, la algarabía no se hizo esperar. Las redes sociales —que durante los últimos tres años se habían convertido en el epicentro del reclamo de la afición por el llamado de estos atletas— estallaron de júbilo.

Y no es para menos. Si bien es cierto que “inscribir” algunos de los llamados legionarios del fútbol cubano no necesariamente implica “convocar”, el sentido común indica que las autoridades de este deporte en la Isla no habrían puesto esta información a conocimiento del pueblo, si el tema de la convocatoria no estuviera consultado, discutido y aprobado a cuanto nivel jerárquico fuera necesario. Aunque tratándose de fútbol cubano, tampoco sería descartable que —de último momento— “aparezcan” nuevos inconvenientes; que bien pueden ir desde la ausencia de una firma, hasta un retraso en el envío de la convocatoria a los clubes.

Y es que la afición no olvida los sucesos ocurridos en noviembre de 2018, cuando —previo al partido clasificatorio a Liga de Naciones ante República Dominicana— el Norwich City hiciera pública la convocatoria de Onel Hernández por la federación de Cuba sin que esto llegara a concretarse. Más desconcertante aún fue el hecho de que las autoridades cubanas jamás emitieran una explicación que justificara tamaño desplante; incluso cuando el propio jugador se ofreció a costear sus gastos con tal de que su convocatoria no fuera revocada. En fin, el escepticismo de muchos es comprensible.

Lo cierto es que —ante la peculiar perspectiva legal del deporte en la Isla—, este paso deja a Onel Hernández (Norwich City), Jorge Corrales (Montreal Impact), Marcel Hernández (CS Cartaginés), Carlos Vázquez (Alcorcón) y Joel Apezteguía (Tre Fiori), estos legionarios del fútbol cubano, en las mismas condiciones de elegibilidad que cualquiera de los futbolista residentes en el patio o contratado por vía del INDER en el extranjero. Todos ellos, por igual, están inscritos en los registros oficiales de la AFC.  

“Estos jugadores oficializaron sus solicitudes el pasado mes de octubre”, aseguraba la nota emitida por la alta dirección del fútbol cubano en un claro intento por desmarcarse de los cuestionamientos por tardar tres años en materializar un proceso que el resto del mundo hace en quince días.

Sin ir más lejos, en mayo del 2019, el propio Joel Apezteguía había cruzado el Atlántico para reunirse con las autoridades del fútbol y el deporte en Cuba, y había formalizado por escrito su petición de representar a La Mayor de las Antillas.

“Uno hace lo que puede en el terreno de juego, después hace las cosas burocráticas, presenta todos los documentos para poder representar a su país. Y de ahí en lo adelante depende de ellos aceptarte o no”, había declarado a nuestro medio en el mes de agosto al recordarle aquel viaje a La Habana. Ahora, el jugador del Tre Fiori ve su llamado mucho más cerca.

“Se me han dado todas las cosas en mi carrera; Europa League, Champions League y ahora la nacional cubana. La vida me ha sonreído a lo grande. Estoy muy contento con todas las cosas que me están pasando y espero que vengan más, y poder, al menos, ayudar a Cuba, marcar goles y poner su nombre en todo lo alto”, comentó Joel para Play-Off Magazine tras hacerse pública la inscripción.

“Muy feliz de corazón por esta noticia, después de muchos años de sacrificio y dedicación. Dios y la vida me dan esta linda satisfacción”, expresó ese mismo día en su perfil personal de Facebook el futbolista habanero.

Fue una publicación que —además— sirvió para derribar el mito de posibles desavenencias entre estos legionarios del fútbol cubano y los que ya forman parte del elenco nacional. Pues, tanto Luis Paradela como Maikel Reyes (actuales miembros de la escuadra antillana), aprovecharon el post del experimentado atacante para felicitarle y manifestar su alegría por la noticia.

Asimismo, Aricheell Hernández, capitán de la selección cubana, valoró la importancia de este paso en conversación exclusiva con nuestro medio.  

“Ya tenía algo de conocimiento. Estoy contento, porque al final nos va a hacer bien a todos. Y más a la selección, a la que le hacen falta estos cambios y estos jugadores que nos vienen a aportar. Creo que es un paso que se debió hacer hace años. Ahora tenemos más posibilidades. Vamos a unirnos todos para que salga un mejor resultado para nuestro pueblo que lo está pidiendo. Creo que es genial”, expresó.

“Esto me hace prepararme cada día para estar a un mayor nivel, para exigirme y estar a la altura de ellos y de una selección que quiere ir a por resultados. Sinceramente, estoy feliz por eso. Hace tiempo que lo vengo anhelando, ya lo he dicho en varias entrevistas. Al final se dio. Siempre hubo un proceso, un tiempo que esperar. Pero lo más positivo es que ya se va a dar, ya está confirmado, ya es oficial. Podremos tener una selección mejor, más redonda, más competitiva, más profesional, de más exigencia. Quisiera exhortar a mis compañeros a que piensen así, de una manera positiva; que nos exija a cada uno de nosotros para poder elevar el nivel, futbolísticamente y como personas. Al final, todo esto lo va agradecer el fútbol cubano que es lo más importante”, afirma Hernández.

Otro aspecto del debate se centra en la exclusión de un grupo de jugadores con calidad sobrada para integrar la selección cubana, pero que han sido considerados “no elegibles” por su condición migratoria. Nos referimos a los futbolistas que han abandonado delegaciones deportivas en el extranjero. Aunque esto era más esperado, no escapa a los cuestionamientos.

Si bien las autoridades cubanas someten a una exclusión vitalicia de la selección a estos futbolistas bajo el concepto de “indisciplina”, los propios jugadores —así como gran parte de la afición y la prensa— alegan que debería reducirse el tiempo de sanción, teniendo en cuenta que estos abandonos han sido debido a las propias condiciones de amateurismo en que viven los futbolistas en Cuba.

Uno de los futbolistas en esta condición que mejor rindió en este 2020 es Darío Suárez. El polivalente jugador ofensivo del Tulsa FC, en la USL, ofreció sus consideraciones sobre esta noticia a Play-Off Magazine.

 “Muy contento con la inscripción de los jugadores profesionales. Será el primer paso para empezar a experimentar y vivir el fútbol como el resto de países del mundo. Desde el momento en que entren esos jugadores se elevará el nivel del equipo y darán una motivación extra para todos: jugadores, fanáticos y el país en general”, opina.

Asimismo, habló sobre la exclusión de los futbolistas debido a su condición migratoria, como ocurre con su caso particular.  

“Crea una impotencia grande, porque casi todos los que se quedaron solo querían seguir jugando a un nivel más alto y mejorar como personas. Un ejemplo claro es el equipo de la copa de 2015, ¿cuántos juegan profesionalmente ahora mismo? Y no era por el nivel futbolístico, sino por las pocas posibilidades que te llegan estando en Cuba. Porque seguimos con leyes y métodos anticuados que sabemos que no ayudan en nada a nadie. En todos los países del mundo las personas aman a los que llegan a jugar profesionalmente y es una manera de sentirse identificados. La afición cubana cada día sabe más y sigue a sus jugadores donde quiera que estén. Me alegra mucho cuando veo a alguien de mi tierra que me escribe y me dice, estamos orgullosos de ti, sigue sacando la cara por Cuba”, expresa el joven.

Quizá, la interrogante más difícil de responder gira alrededor del nivel que podría alcanzar la selección cubana si finalmente se concreta el llamado de estos cinco jugadores para las Eliminatorias Mundialistas de marzo de 2021.

En este sentido, es tan descabellada la euforia triunfalista de quienes creen que cinco elementos van a solucionar todos los problemas del fútbol cubano, como creer que la presencia de estos futbolistas no modificará en nada los desastrosos resultados deportivos recientes.

En este punto, se impone un análisis objetivo y mesurado. Sin la presencia de estos jugadores ni siquiera saldríamos como favoritos ante San Vicente y Granadinas y sin ellos —probablemente— seríamos goleados por Guatemala y Curazao.

Con ellos en nuestras filas, no solo recuperaríamos el favoritismo ante el cuadro sanvicentino, sino que acortaríamos las suficientes distancias con Guatemala como para pensar en un partido igualado; quizá con cierto favoritismo de la escuadra centroamericana teniendo en cuenta su condición de local y la ausencia de partidos de preparación oficial por el lado cubano.

Y es que, si bien es cierto que los chapines firmarían con ojos cerrados la posibilidad de tener en sus filas a piezas como Onel o Marcel, el fútbol es un deporte de once jugadores, y cualquier aficionado cubano firmaría de igual manera la posibilidad de tener más de media plantilla en la Liga Mayor de Guatemala.

Curazao, es otra historia. Ya lo era antes del nombramiento de Guss Hiddink como seleccionador. En la Copa Oro de 2019 lograron derrotar a Honduras, igualar con Jamaica y aguantar un 0-1 en contra ante Estados Unidos. Algo totalmente impensado para una selección cubana actual, con o sin estos legionarios. Hoy, con la llegada del prestigioso estratega holandés y su aluvión de nuevos talentos de ascendencia curazoleña provenientes del fútbol europeo, se antoja difícil no imaginarlos —como mínimo— en la siguiente fase.

En estrecho resumen, la llegada de estos cinco jugadores (si es que llegan todos), no es ni remotamente la solución al problema del fútbol cubano y —en el orden deportivo— quizá alcanzaría para emular el lugar que se tuvo hace aproximadamente una década. Eso sí, simbolizaría un gran paso hacia la normalización de nuestro fútbol. Ya no se vería tan lejos la posibilidad de una selección verdaderamente inclusiva, de un fútbol más acorde a las tendencias del mundo moderno, con libertad de circulación para los jugadores residentes en el patio y quizá —por qué no— de ese cambio de mentalidad que permita entender la necesidad de una liga doméstica profesional.

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