Gilberto Alejandro de Godoy Filho, más conocido como Giba, fue un voleibolista miembro de las selecciones nacionales de Brasil, considerado como uno de los mejores jugadores de voleibol de toda la historia. Con apenas 1.92 metros de estatura, se convirtió en la piedra angular de un equipo que lo ganó prácticamente todo en la primera década del siglo XXI.

Nacido el 23 de diciembre de 1976 en Londrina y criado en una favela donde tuvo que sortear algunos incidentes que marcarían su niñez, tal vez fueron esos los motivos de que viese en el deporte una válvula de escape e intentase su práctica desde muy temprano, algo que cambio su vida para siempre.

Cuando empecé en el deporte hice un poco de todo. Practiqué fútbol, básquet, mas cuando inicié en el voleibol, me encanté desde la primera vez que entrené. Mis padres no querían que fuese, pero al final, lo aceptaron y me dejaron seguir adelante.

De niño tuve leucemia con 4 meses, luego con 11 años me dieron 150 puntos en el brazo cuando me caí de un árbol, y, aun así, continué. Sin dudas, el voleibol me ayudó a salir adelante.

Giba es un jugador que se puede considerar un poco bajo en comparación con la estatura promedio del resto de los voleibolistas, lo cual, lejos de volverse un impedimento, resultó un aliciente en su temprana carrera

Eso me trajo muchos problemas. Cuando empecé a jugar, me fui a hacer unas pruebas y me dijeron que no podía seguir porque era un poco bajo. Así empecé a entrenar un poco más que los otros, incluso en la playa. Mejoré la velocidad y el salto, que fue algo que me ayudó mucho en toda mi carrera.

En 1992, Brasil se titulaba campeón olímpico por primera vez en su historia de la mano de figuras como Marcelo Negrao, Giovane Gávio, Tande, Carlao, entre muchos otros. Tres años después, con tan solo 18 años, Giba se abría paso dentro de una selección que se encontraba en un cambio generacional.

Creo que se fue paso a paso, porque yo llego a la selección en el 95 y los otros de mi generación en el 97. Recuerdo que empezamos perdiendo mucho, aunque ganábamos en experiencia. Cuando llega el 2001, logramos hacer un mix muy grande con Mauricio y Giovani, que eran de una generación anterior a la nuestra. Fue algo muy especial con la experiencia de ellos y con nosotros que ya llevábamos alrededor de 5 o 6 años en la selección. Ahí empezamos a ganar, y le tomamos el gusto.

Muchas veces las selecciones cubanas en el sector masculino han estado repletas de grandes jugadores, pero en ocasiones ha faltado la química y compenetración necesarias para ser un equipo imbatible. En el caso de esta selección, Giba considera que esos aspectos fueron fundamentales, pues no solamente con talento se ganan 3 mundiales, 3 Copas del Mundo, 8 Ligas Mundiales y 3 medallas olímpicas; oro en Atenas, y plata en Beijing y Londres.

Muy importante es que, cuando empezábamos a jugar y a ganar, teníamos un respeto muy grande por todos los otros, al staff y a los jugadores. Creo que esa fue el arma fundamental de nosotros, sobre todo cuando teníamos más dificultades. Nos compenetrábamos muy bien, incluso más que en las victorias. Cuando ganábamos o perdíamos, estábamos siempre peleando para ser mejores. También estaba el hecho de que casi todos fuimos de una misma generación, por lo que empezamos juntos con 14 y 15 años, lo cual nos ayudó mucho.

El voleibol tiene la característica de contar con muchas ligas de nivel en varias partes del mundo. Giba tuvo el privilegio de competir en varias de estas, lo cual le aportó muchos más fundamentos a la hora de retribuirle a la selección.

Lo principal que me aportó fue el conocimiento. Estuve en las ligas de Italia, Rusia, de Los Emiratos Árabes Unidos, Argentina y Brasil. Digamos que las escuelas son completamente diferentes. Me dio una conciencia para cambiar mi juego cuando lo necesitaba. También estaba la experiencia de jugar con grandes jugadores todo el tiempo, como rusos, italianos, serbios, brasileños, argentinos, cubanos; los mejores jugadores del mundo. Te enriquece mucho, y para cuando llegas a la nacional, ya conoces a todos los jugadores.

En el 2006, fue elegido como mejor jugador del mundo al ganar el título del campeonato mundial, algo que atrajo más los reflectores sobre él. No era de extrañarse entonces que fuese una persona bastante mediática y querida en todo Brasil, por lo que siempre es bueno saber cómo era llevar tanta presión y horas de juego en sus hombros.

Fue muy tranquilo, porque como era muy grande el respeto, teníamos charlas muy abiertas con el técnico, con la comisión, y por eso nos sentíamos cómodos. Si estaba un poco cansado nos daban una semana más y atendía a la familia. Siempre se conversaba y buscábamos el denominador que nos beneficiase a todos.

En Cuba, los duelos entre nuestras selecciones eran de los más esperados por toda la afición de la isla, tanto en el sector femenino como en el masculino. A lo mejor por el motivo de ser latinos y tener la sangre un poco caliente, los partidos se ponían muy tensos y las ganas de querer jugar y ganar contra los mejores estaban más a flote que nunca.

Con Cuba la única decepción que tengo es que nunca fui a visitarla, tengo que conocerla aún. Todos los jugadores que conozco, como Ángel Denis, Alain Roca, Ihosvany Hernández y Rodolfo Sánchez, me hablan muy bien de Cuba. Tenemos mucha historia con todos los jugadores. Jugué junto con Roca y Denis, con los que tengo una amistad muy grande. Coincidíamos con ellos desde las categorías junior en los años 93, 94 y 95. Me acuerdo de que en aquellos tiempos era muy difícil la situación en Cuba. Cuando cerraba el campeonato, me quitaba la remera con que jugaba el último partido, cerraba la valija, y le daba todo a ellos para que se lo dieran a la familia. Intentábamos ayudarlos. Entre Brasil y Cuba siempre existió mucho afecto. Un pecado es que las cosas anduvieran como anduvieran, porque si Cuba hubiese tenido todos los jugadores juntos en una sola selección, no sé si Brasil hubiera ganado tanto.

Giba enfrentó en muchos torneos a la selección cubana. Recuerdo muy bien aquel choque en la fase final de la Liga Mundial del 2011, donde un ya veterano Giba salió desde el banco y le remontó un trepidante partido al conjunto del, por aquel entonces, “bebé” Wilfredo León. Al haber conocido tan bien al jugador cubano, nos comparte su criterio sobre las diferencias y semejanzas entre nuestros voleibolistas.

Primero tenemos que la escuela es un poco diferente. En Brasil jugamos mucho más por velocidad en ataque, sobre todo con nuestra generación que cambió el voleibol en este aspecto. Rusia hoy juega muy veloz, porque antes jugaban la pelota alta y no conseguían pasar por nosotros, pues siempre la tocábamos en el bloqueo. Con Cuba igual, son muy fuertes en ataque y a veces creo que en la parte defensiva les falta un poco.

Las historias del voleibol brasileño y cubano no pueden verse por separadas, pues los unen muchos duelos y anécdotas que quedarán guardados en la memoria. En la actualidad, el cubano-brasileño Yoandy Leal defiende la casaca verdeamarelha, como se vio en los pasados Juegos Olímpicos.

Nosotros tratamos siempre de ayudar y ver la situación de cada cual. Leal estuvo acá por 7 años. Hizo su vida en Brasil con toda la documentación y le gustó mucho el país al igual que su familia. Nosotros solo abrimos los brazos para que viniese a nosotros (dice entre risas).

Lastimosamente, el voleibol cubano a nivel de selección nacional no está pasando por sus mejores momentos. Muy lejanos parecen los tiempos de las “Espectaculares Morenas del Caribe” y su triple corona olímpica, y aunque en el masculino siguen surgiendo talentos y figuras con perspectivas en el equipo nacional, por disímiles razones no se logra concretar la inserción nuevamente en la élite mundial. Giba nos comparte su criterio más optimista.

Hay que tener en cuenta la parte de la generación. El ejemplo de Italia en todos los años 90, después vino Brasil, luego Rusia, Estados Unidos. Siempre hay un ciclo generacional donde coinciden nuevos jugadores que no tienen tanta experiencia con otros que ya llevan bastante tiempo.

Coincidimos de que, en Cuba, mucho más allá del aspecto generacional, otros elementos atentan contra el desarrollo del voleibol. Si de algún sitio se tienen que tomar referencias, es precisamente de Brasil, como detalla Giba.

Creo que todas las categorías de base son muy importantes, no solamente hay fijarse en la principal. Si tenemos a los jóvenes bien concentrados, puede ser una generación que rinda por muchos años a la selección. También habría que ver la gestión del campeonato nacional que es muy importante y seguramente con patrocinios fuertes como lo es el Banco de Brasil, pues tenemos con ellos más de 30 años de unión, lo cual da más tranquilidad para trabajar bien.

Giba confesó en una entrevista reciente que su jugadora femenina referente era la gran Mireya Luis, una ícono cubano y mundial del voleibol. Aunque debo confesar que no me tomó por sorpresa, si tengo que decir que fue inevitable mi emoción.

Ganó 3 Juegos Olímpicos y 3 mundiales consecutivos, no necesita más nada. Mireya y toda su generación lo hizo muy bien, pues les ganaban a todas. Jugaban lindo, alegre, era muy bello de ver.

Hace pocos años, el sistema deportivo cubano optó por la sabia decisión de insertar a sus figuras en ligas profesionales, y en el caso del voleibol, es uno de los deportes de mayor despunte en ese sentido. Recientemente, se informaba que un total de 36 atletas de ambos sexos incursionarían en la presente temporada en dichos torneos, con figuras jóvenes que apenas sobrepasan los 21 años. Giba, quien fue un jugador con mucha constancia en su juego, profesional y con varias herramientas adquiridas a lo largo de su transcurso que lo convirtieron en uno de los más inteligentes y completos del planeta, les manda un consejo a las nuevas generaciones.

Primero que todo, tienen que trabajar y querer mucho esto. Si no es fácil llegar, mucho más difícil es mantenerse. Cuando logran algo, piensan que como ya ganaron, pueden estar tranquilos, y no es así. Cuando ganas, tienes que trabajar más. Hay que escuchar mucho, tanto a los entrenadores como a los jugadores con más experiencia. Yo, al menos, aprendí a jugar mirando a los más veteranos, como Renan, Carlao, Wiliam, Giovani y muchos otros jugadores de Brasil. Me quedaba a veces para verlos entrenar. Era algo muy bueno porque aprendía y veía las cosas en que ellos se equivocaban.

En el 2014, a los 37 años de edad, Giba ponía fin a su carrera deportiva tras una carta publicada por los medios brasileños en la que comunicaba su decisión.

“La sensación es que se acabó y el día que debía llegar finalmente llegó. Enfrenté dificultades, superé obstáculos, gané y perdí, lloré de tristeza y alegría y seguiré sonriendo aún más”, sentenció aquel día.  

Ahora mismo estoy en Brasil, ya son 9 años sin jugar voleibol. Soy secretario de la Federación Mundial de los atletas en todo el mundo. Previamente, fui presidente por 5 años, así continúo vinculado al deporte. Es una satisfacción, porque conozco todas las necesidades y las cosas que no teníamos cuando jugábamos nosotros y lo transformamos para que las futuras generaciones lo tengan todo asegurado y puedan jugar voleibol tranquilamente.

El número 7 de Brasil enamoró con su juego, no solamente al gigante sudamericano, sino a cualquier país donde llegó y pisó una cancha. Incluso, los que lo vimos por televisión enfrentando a Cuba, deseando que recibiera mal un balón, que el ataque se fuese por fuera o que llegara tarde al bloqueo, supimos reconocer a una leyenda del deporte mundial cuando la teníamos enfrente.

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