Después de ser campeona panamericana de Gimnasia Rítmica en Mar del Plata 95, a Llisell Pedraza Mencia y algunas compañeras las echaron del equipo nacional. Sin embargo, ella no desfalleció y siguió entrenando en su provincia en duras condiciones hasta que fue llamada nuevamente por sus resultados.

Era todavía muy joven cuando regresó -empezó la gimnasia cuando era apenas una niña-, y entonces llegaría el segundo golpe que terminaría por decretar el fin de su carrera activa: una semana antes de partir para los Juegos Panamericanos de Winnipeg le comunicaron que no podía participar en el certamen pues las autoridades aludieron que, al tener relación con un ciudadano estadounidense, era posible desertora.

“Tuve que reprimir los deseos de aquella niña que amaba la gimnasia y por cuestiones morales separar mi camino del alto rendimiento”, afirma.

Pero su vida continuaría ligada al deporte que amó, pues como confiesa: “una vez gimnasta, siempre gimnasta. Eso me decía cada mañana, por tanto, tuve que aprender a canalizar mi amor por este deporte de otra forma. Tras un receso para sanar las heridas de mi retirada, comencé a trabajar como entrenadora y también como árbitro”.

Años después de su retiro, ahora reside en España, en donde encontró otro hogar. Llisell Pedraza Mencia cuenta su historia y cómo ha sido su carrera, primero como atleta y luego como árbitro.

¿Cómo fueron sus primeros pasos en el deporte?

Soy de Cienfuegos, durante mi etapa preescolar estudié en la escuela José Gregorio Martínez. Allí fui captada por Amarilys Bosques y, posteriormente, inicié mi etapa primaria en la institución Fernando Cuesta Piloto, que es donde estudian los niños y niñas que empiezan a practicar la Gimnasia.

La profe Amarilys levantó mi pie y me pidió que hiciera un arco de espalda. Acto seguido, me llevó con ella y fui inscrita en la Pre-EIDE de la provincia. Debido a que tenía 6 años llegaba un poco tarde, pero me integraron de inmediato. A pesar de que no sabía lo que era la Gimnasia Rítmica, rápidamente quedé fascinada y eso se lo debo en gran parte a la entrenadora Bosques, quien se convirtió en mi segunda madre desde entonces.

Llisell Pedraza Mencia como deportista
Cortesía de Llisell Pedraza Mencia Llisell Pedraza Mencia como deportista

¿Qué papel jugó Amarilys Bosques en su admiración por este deporte?

Ella fue la clave por la que me enamoré de la Gimnasia Rítmica, siempre me inspiró y apoyó para que me convirtiera en una de las mejores del país. Me llevó en una ocasión a presenciar una competencia de las niñas del equipo nacional y al ver todas las “murumacas” que hacían con los instrumentos, pues entré en una fascinación desmedida hacia esta modalidad. Hasta entonces, jamás había presenciado un espectáculo tan bello y comencé a soñar con que algún día yo pudiera hacer todos esos ejercicios.

La primera competencia en que participó Llisell Pedraza fue un puente para el equipo nacional

Después de mi desempeño en el torneo pioneril, una de las entrenadoras de la Escuela Nacional de Gimnasia quedó sorprendida con mi actuación y me captó para formar parte de la reserva del equipo nacional. Yo solo tenía seis años, tuve que viajar a la capital, pues en aquel entonces la ubicación de la institución era en Belascoaín entre Sitio y Peñalver.

Fue complicado dejar a la familia a tan corta edad, pero la ilusión y los sueños que despertaban en ella la gimnasia fueron más fuerte que la lejanía de sus seres queridos.

Costó mucho trabajo convencer a mi mamá, jamás me había separado de ella, ni siquiera sabía peinarme bien sola, no levantaba muchas cuartas del piso (sonríe), pero el sacrificio valió la pena. Hoy día le agradezco eternamente su valentía y el haberme dado alas para volar en lo que más me apasionaba.

El papel de su entrenadora fue clave, fungió de segunda madre y es una de las personas más importantes de su vida

“Ahí estaba yo, sin conocimientos de lo que realmente era el deporte, pero Juana María Bravet Quesis, mi entrenadora, a quien tengo un cariño especial y un agradecimiento infinito, fue quien me inspiró cada día. Me ayudó a crecer, como gimnasta y como persona, prácticamente me acogió como su hija.

¿Cómo eran las condiciones de vida en aquel entonces?

Una vez dentro de la Escuela Nacional empezó una historia muy bonita, pero enormemente sacrificada. Éramos muy niñas, tuvimos que aprender a convivir albergadas, lejos de casa, con otras muchachas, algunas coetáneas, otras mayores, aprendiendo a convertirnos en buenos seres humanos, estudiantes y atletas activas a la misma vez. Nos unía el sentimiento de cumplir nuestro sueño y eso fue importante para todas.

Los valores que aprendió en aquella época fueron vitales en los éxitos posteriores

Precisamente, por el deseo de ganar, nos forjaron con principios y características basadas en el sacrificio, el esfuerzo y la disciplina. A sabiendas de que la competencia interna era fuerte, nos inculcaron el amor al trabajo en equipo y al deporte en general, gracias a ello obtuvimos resultados en la arena nacional e internacional.

Sin embargo, tuvieron que lidiar con factores necesarios para la formación de una gimnasta, pero chocantes para niñas de esa edad.

Fue duro, teníamos que pasar hambre, trabajar fuerte, así como aguantar el dolor correspondiente para lograr la flexibilidad y destreza que se necesitan en este deporte. Fue una niñez sacrificada en muchos aspectos, pero feliz en otros: el lazo que creamos mis compañeras y yo es, hasta hoy, irrompible, somos hermanas. Quiero resaltar el papel jugado por nuestra entrenadora (mi mamá Juana), quien estuvo siempre pendiente de nosotras para que tuviéramos una educación íntegra en todas sus aristas. Pese a todos los sacrificios, puedo decir que fue una etapa muy bonita.

La llegada al Equipo Nacional estuvo llena de obstáculos, pero el talento de Llisell Pedraza superó las adversidades que se presentaron por el camino.

Para formar parte del Equipo Nacional que se prepararía con vistas a los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995 tuve que hacerme un hueco entre las seis atletas que finalmente asistirían. De esas seis, cinco eran titulares y la otra, suplente. Como sucede en todas partes, existe siempre cierto favoritismo por algunas atletas, hecho que me afectó de forma desfavorable, pero que jamás entendí porque en mi equipo, el que dirigía Juana Bravet, no lo había.

Yo siempre fui menudita, nunca tuve los problemas de mis compañeras, de tener que comer a escondidas o aguantarse la boca para no ganar peso. Ello provocó que siempre tuve una ventaja con respecto a las chicas de mi edad o mayores, pues la flexibilidad y destreza las tenía prácticamente de forma innata, con el entrenamiento diario pude perfeccionar mi técnica y ello me abrió las puertas a la selección mayor.

De esta forma, Llisell formó parte del Equipo Nacional de Gimnasia Rítmica en el Cerro Pelado. Al principio fue complicado, pero poco a poco pudo ganarse el espacio para asistir a los Juegos de Mar del Plata 1995.

Al llegar y ver al resto de las niñas tuve la sensación de que debía sacrificarme el doble, pues mi objetivo era integrar el quinteto titular. Dicha meta me costó mucho sacrificio. Una vez ganada la posición en el equipo no podía dejar de esforzarme, el simple hecho de estar ahí ya era un logro para mí.

¿Qué significó para usted entrenar y prepararse con el resto de las muchachas?

Me sentía muy afortunada, es difícil engranar a cinco personas en un tapiz, son cinco características y personalidades diferentes que bailaban al mismo compás, que ponían el mismo esfuerzo para que cada movimiento fuese preciso y elocuente. Estoy muy agradecida por haber vivido esa experiencia. La coordinación que logramos fue tal que de solo mirarnos ya sabíamos qué queríamos decirnos, cuál era el estado de ánimo de cada una y las decisiones que debíamos tomar para ejecutar de la mejor manera.

Precisamente, sus compañeras de equipo se convirtieron en familia y las mantiene vivas en su recuerdo, así como a la delegación que triunfó en los Panamericanos.

El equipo que viajó a Mar del Plata estaba formado por Yasleidy Rodríguez, Kirenia Ruiz, Yonaisy Amores, Yuliet Cueva y yo como regulares. Danae Varela y Arletys Chacón como suplentes, nuestra entrenadora Sonia Pedrozo acompañada de Xioamara Ameiller, quien estaba a cargo del Ejercicio Individual y era además la Jefa Técnica del elenco. El preparador físico René Mena, quien realizó un trabajo maravilloso con nosotras y las árbitras Juana María Bravet Quesis y Melix Ilisastigui también estuvieron presentes en representación de nuestro país.

La mayor recompensa que recibió Llisell Pedraza después de tantos años de sacrificio y dedicación fue el título logrado por ella y sus compañeras en los Juegos Panamericanos de 1995.

Fuimos muy afortunadas, teníamos como objetivo ganar y nos unimos para conseguirlo. La batalla final fue contra los equipos de Estados Unidos y Brasil. A la postre, segundo y tercer lugar respectivamente. Nosotras logramos una puntuación de 18.699.

¿Cómo se vivió ese momento desde dentro?

¡Fue una sensación de emoción total y completa! Era el trofeo a la meta lograda, al sacrificio hecho durante tantos años, para mí, es el sentimiento más hermoso que jamás me había inundado.

Cada logro que obtuvimos en el camino fue satisfactorio, pero ese último minuto de suspenso antes de que se diera el veredicto fue eterno. Cuando supimos que habíamos ganado la medalla de oro rompimos todas a llorar de felicidad, nos miramos porque sabíamos lo que nos había costado llegar a ese momento, es difícil describir con palabras, pero creo que es lo más parecido a tocar la gloria.

Llisell no pudo ocultar la emoción y confesó lo que sucedió después de lograr el título, algo que recuerda como una anécdota muy interesante, sobre todo para las gimnastas.

Luego de terminar la competencia, después de tantos años cuidándonos con una dieta estricta y haciendo sacrificios innumerables para ser campeonas, celebramos comiendo helado. En la Villa Panamericana, donde estábamos hospedadas, nos reunimos todas y el presidente, a modo de broma, nos condecoró con la medalla de oro y récords de helados comidos durante el certamen.

Tras la victoria en el evento más importante de la región, Llisell sufrió uno de los reveses más duros de su carrera deportiva y de su vida.

La verdad dicha, nunca se me pasó por la cabeza dejar el deporte de forma consciente durante mi etapa como atleta. Después del oro en Mar del Plata, la directiva decidió que ya habíamos cumplido con la función y nos echaron del equipo a varias gimnastas, entre ellas, yo. No podíamos entenderlo, después de tanto esfuerzo, no entraba en nuestras cabezas semejante decisión.

Fue doloroso, porque estábamos en plena forma deportiva, habíamos terminado un ciclo importante con los mejores resultados. Sin embargo, era algo que veíamos venir pues anteriormente nos negaron la asistencia al Campeonato Mundial, algo que nos ganamos por nuestros logros. Perdimos la oportunidad de al menos, luchar por un puesto en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, hecho que es el sueño de todo atleta, representar a su país en unas Juegos Olímpicos.

La razón que nos dieron fue que no había presupuesto para inscribir a las muchachas de la modalidad de conjunto y que, por tanto, solo irían las del individual. El simple hecho de escucharlo fue duro, pero cuando esa noticia se juntó con nuestra expulsión del equipo, nuestro mundo se derrumbó.

¿Cómo manejó usted ese momento?

Estaba muy mal, no sabía qué hacer, pero de lo que estaba segura era de que toda etapa tiene su fin. Regresé a mi natal Cienfuegos con los mismos deseos de seguir entrenando hasta que sintiera que ya no valía para la gimnasia. Y así lo hice, cursé el 12 grado en la ESPA de la provincia y entrené bajo la tutela de Idalmys Acea.

¿Cómo fue esta etapa para Llisell Pedraza?

No era igual, por supuesto, por mucho que nos esforzáramos, una base de alto rendimiento como la que había en la capital no tiene nada que ver con una provincial. Sin embargo, fuimos constantes y aliadas en todo momento. Nos ayudábamos mucho y creamos un lazo de confianza extraordinario. Hicimos que el trabajo se volviera ameno y disfrutable.

Ese año competí en el nacional y obtuve los mejores resultados. No quiero parecer ególatra, pero reconozco que me sentí mucho más satisfecha conmigo misma justamente por todo el trabajo que habíamos hecho mi entrenadora y yo. Estuve fuera del contexto del alto rendimiento, con condiciones para nada favorables y así logré el título en varias modalidades.

Muchas veces tuve que entrenar esquivando los huecos donde estaba colocado el tapiz, debía lanzar con sumo cuidado los instrumentos porque la instalación no tenía la altura necesaria, pero tenía tantas ganas de lograr medallas que nada de eso me detuvo. Después de estar separada del equipo nacional, con las condiciones en contra y haber logrado el oro, fue fantástico, no solo estaba a su altura, sino que las había superado.

Luego de esta competencia me convocaron para integrarme nuevamente a la selección mayor. Yo estaba un poco escéptica por lo sucedido, pero Idalmys, mi mamá Juana y mi madre me convencieron para mostrarme lo importante, que era practicar gimnasia al máximo nivel. Regresé a La Habana y estuve entrenando en el Cerro Pelado hasta 1999.

Llisell Pedraza Mencia
Cortesía de Llisell Pedraza Mencia Llisell Pedraza Mencia

El retorno a la cúspide de la Gimnasia en Cuba fue aún más amargo que su salida, las injusticias volvieron a truncar su carrera, y esta vez, fue definitivo.

Cuando regresé al equipo, ya había estado un año fuera de la máxima exigencia. Por tanto, había conocido a otras personas y comenzado nuevos proyectos fuera de la vida como atleta. En aquel entonces, era integrante de baile de un Show Acuático que se movía por todos los hoteles de la región central de la Isla.

Allí conocí a quien fue mi novio por algunos años. Antes de volver al equipo Cuba me interesé por hacerle saber a la presidencia que mi pareja era ciudadano americano y que llevábamos dos años de relación. Al principio esto no fue un problema, hasta que una semana antes de partir para los Juegos Panamericanos de Winnipeg me comunicaron que no podía participar en el certamen.

Ellos aludieron que al tener relación con un ciudadano estadounidense era posible desertora y debido a esto me sustituyeron. Fue un golpe duro, había puesto todos mis esfuerzos, una vez más, para alcanzar el nivel necesario con respecto a mis compañeras. Luego de tanto tiempo fuera de la máxima exigencia debía entrenar el doble y eso no lo valoraron.

Que me tildaran de desertora a priori, fue el hecho más doloroso. No podían estar más alejados de la realidad, mi sueño era representar nuevamente a mi país y defender el título alcanzado en Mar del Plata. Nunca pensé en aprovecharme de mi novio extranjero ni mucho menos, él sabía que yo como atleta cubana, de alto rendimiento, me debía a mis metas y a mi país, pero nada de eso fue valorado por quienes decidieron apartarme.

Junto a mis entrenadoras, Juana María Bravet Quesis y Xiomara Ameiller, apelamos para que entendieran la injusticia que se estaba cometiendo conmigo, pero no aceptaron. Jamás pasó por mi cabeza abandonar la selección, de hecho, eso hubiese sido ir en contra de todos los valores que me inculcaron las entrenadoras y todo aquel que fue mi profesor: hubiese traicionado mis principios éticos, algo que ni siquiera pasó por mi mente.

Por esta situación, el equipo se vio notablemente afectado y, en consecuencia, los resultados obtenidos. Para mí fue vergonzoso y doloroso haber tenido que vivir semejante momento, hoy lo sigo recordando con mucha tristeza.  Sin lugar a duda, es uno de los golpes más grandes que tuve como atleta y lo que conllevó a mi retiro oficial. Tuve que reprimir los deseos de aquella niña que amaba la gimnasia y por cuestiones morales separar mi camino del alto rendimiento.

A pesar de su retiro, Llisell Pedraza se mantuvo vinculada al deporte, pero esta vez como entrenadora y árbitro, hecho que la llenó de satisfacción, y le enseñó a conocer otra cara de la gimnasia.

Una vez gimnasta, siempre gimnasta, eso me decía cada mañana, por tanto, tuve que aprender a canalizar mi amor por este deporte de otra forma. Tras un receso para sanar las heridas de mi retirada, comencé a trabajar como entrenadora y también como árbitro.

Al principio fue complicado, la primera vez en la mesa de jueces era puro nervio. Era mi debut como colegiada y como entrenadora del equipo pioneril de la provincia de Cienfuegos. Afortunadamente, había sido discípula de Juana María Bravet Quesis, árbitro internacional por muchos años y hasta la actualidad, pero, además, es la presidenta de regla y arbitraje del país.

Previo al certamen, estudié y entrené mucho para hacerlo lo mejor posible como árbitro. Justamente por eso gané el reconocimiento a la mejor del torneo y fue un alivio tremendo por el temor con que comencé el campeonato.

¿Cuál fue el mayor reto durante esta etapa?

Creo que no saber apreciar con exactitud las ejecuciones de los atletas era mi mayor miedo. Precisamente ese temor me dio deseos de seguir aprendiendo para hacerlo mejor cada día. No es lo mismo estar del lado del entrenador y mucho menos del árbitro, pero yo había estado en los zapatos también de las gimnastas, todos esos elementos me permitían tomar decisiones casi siempre acertadas.

Aprendí a ver la gimnasia desde un punto de vista más técnico, también a darle su valor al atleta, que, en mi opinión, es lo más importante, pero, sobre todo, comencé a disfrutar aún más este deporte.

Ser árbitro de Gimnasia Rítmica es difícil, es un deporte de apreciación y tienes que controlar muchos aspectos al mismo tiempo, se hace arduo el trabajo después de horas de competencias, lleva mucho esfuerzo porque el código de puntuación cada vez es más complejo, pero es muy bonita la labor y si se logra ser imparcial, entonces le entregas el mérito soñado a las gimnastas que se lo merecen.

Luego de varios años fungiendo como árbitro y entrenadora, la vida de Llisell cambió por completo. Decidió buscar fortuna en otro país junto a su esposo, pero siempre llevó consigo la gimnasia.

A lo largo de aquella época, gracias a unas amistades, conocí a quien después se convirtió en más que un amigo, empecé una relación sentimental muy fuerte, que llegó al matrimonio y debido a que es ciudadano español, decidí después de 5 años de novios y 2 de matrimonio, irme a vivir a España, donde resido actualmente. Al principio fue muy difícil tomar la decisión, me costó mucho trabajo desprenderme de mis raíces, era dejar mi vida atrás, mi familia, mi trabajo, la gente que siempre había estado presente para mí.

Tuve que empezar de cero en otra tierra, pero el deporte también te enseña, que no hay nada en este mundo que no se pueda intentar, así que me fui a Menorca, una Isla de las Baleares y reanudé mi vida por amor en el 2012.

¿Qué pensó su familia sobre emigrar?

Mi familia me apoyó 100 por ciento, no porque me iba del país, que creo que fue lo más difícil que representó enamorarme, sino porque había sido una decisión para mi felicidad, casarme con la persona que yo había escogido y eso conllevaba el paquete completo, aunque el venía a quedarse largas temporadas aquí conmigo, no se podía venir a vivir definitivamente, así que fue una decisión mutua, con consciencia de la familia, que siempre me ha apoyado positivamente a lo largo de mi vida.

¿Cómo fue el comienzo de esta nueva etapa en España?

Al llegar a España traté de integrarme y adaptarme a la sociedad lo más pronto que pude. Gracias a que trabajé dando clases en los geriátricos, con los ancianos a mi cargo, aprendí mucho de la cultura y el idioma que ellos hablan, que es muy diferente a nuestra cultura, incluso a la idea que tenemos aquí en Cuba del territorio de España en general, pero al Menorca ser una isla pequeña, rodeada de mar y de pueblos, me siento como en casa.

¿Qué lugar ocupaba la Gimnasia Rítmica en su vida entonces?

Seguía siendo importante, pero dedicarme a ello era difícil porque al ser una isla pequeña, no hay tanto ambiente deportivo, mucho menos de Gimnasia Rítmica. Sí he trabajado como entrenadora y árbitro, pero al no ser gimnasia de rendimiento deportivo, no es muy interesante y entonces me dieron ganas de incursionar en otros ámbitos.

Al principio probé trabajar en algo diferente y así llegué a la hostelería y turismo. Estuve en cafeterías, restaurantes, hoteles y le fui cogiendo el gusto, aprendiendo poco a poco sobre la profesión y ahora soy Maître de un restaurante-bar-cafetería, de un hotel en Menorca. Esto ha significado un gran cambio en mi vida, aunque sigo sintiendo que la Gimnasia Rítmica es mi pasión y que echo mucho de menos todo lo que representa para mí, no descarto la posibilidad de volver a ejercer tanto de entrenadora, como de árbitro algún día.

Creo que la vida es eso que va pasando mientras estamos tomando decisiones y a eso se le llama vivir. Así que me resulta interesante lo que se va aprendiendo tanto en lo personal como en lo profesional, a medida que se va viviendo. Soy muy curiosa y me gusta aprender e incursionar en diferentes ámbitos de la vida, me hace feliz, hacer aquello que me resulte interesante, me ayude a conectar con las personas y aportar mi granito de arena para mejorar la vida de los demás. Así que ahora mismo, soy feliz, de diferente manera, pero feliz, al fin y al cabo.

¿Qué espera de su futuro inmediato en España?

De España, solo espero seguir aprendiendo de su cultura, que es enormemente diferente a la nuestra, incluso dentro de su propio país, tienen diferentes culturas, diferentes idiomas en cada Comunidad Autónoma. En algunos aspectos ni siquiera se parece a la España que pensamos cuando no la hemos vivido. Solo espero que como hasta ahora, me siga brindando la posibilidad de vivir tranquila y feliz con mi entorno.

¿Encontró lo que quería al salir de Cuba?

Cuando salí de Cuba, no lo hice por cuestiones políticas, ni nada parecido. Quería empezar a tener una vida con la persona que había escogido para que fuera mi compañero de viaje. No tenía expectativas más allá del presente, siempre con la premisa de lograr la tranquilidad y la felicidad en la medida que fuera viviendo. Así que como no esperaba nada, lo que he ido viviendo, me ha resultado interesante. Las personas que he conocido, los amigos que he encontrado ahí, los trabajos que he realizado han sido una bendición en cada momento y la satisfacción que brinda vivir de mi esfuerzo es algo muy importante para mí.

Llisell Pedraza afirma, entre lágrimas de añoranza, que no existe otro país que prefiera como Cuba, pero sabe que muchas cosas deben cambiar para mejorar la situación, sobre todo de los atletas.

Definitivamente, Cuba es mi país preferido del mundo entero, aquí están mis raíces, aquí está mi gente, aquí está la simpatía del cubano, aquí está ese yo interior del que jamás me voy a desprender, aquí está todo lo que aprendí y sigo aprendiendo, que, aunque pueda vivir en cualquier parte del mundo, siempre quiero volver a sentirme cubana. No sé si pasaré mi vejez aquí o no, no puedo predecir el futuro, aunque quisiera. Solo sé que soy cubana y que nunca dejaré de serlo. 

Con respecto a la situación política del país, no quiero referirme porque no tengo comentario alguno. Sin embargo, conozco las carencias que afectan al deporte porque lo viví, incluso en un periodo también complicado, pero es cierto que las cosas no van bien desde la última vez que pisé una instalación deportiva.

Me llena de tristeza que después de que Cuba haya sido una potencia mundial por tantos gloriosos años, las instalaciones y las condiciones de trabajo deportivas, estén tan afectadas. La última vez que fui al Cerro Pelado, hace ya algún tiempo, me estremeció un dolor enorme al ver el deterioro de las instalaciones, El Hotelito donde pasé tantos años de mi vida en el cuarto 210 y del que guardo tantos bellos recuerdos, se caía en pedazos. El Globo, donde entrenamos con tanto esmero y así sucesivamente cada instalación por las que antes orgullosamente recorría ese enorme centro deportivo, hace mucho tiempo que no tiene la cara bonita de aquellos años.

Ahora, afortunadamente, la Gimnasia Rítmica tiene su propia escuela nacional, donde están concentradas todas las niñas del alto rendimiento, pero aun así se les dificulta mucho ciertos aspectos, que son claves para el buen rendimiento de una gimnasta. Cada vez los deportes demandan más condiciones efectivas para el cumplimiento de la preparación, pues a medida que pasa el tiempo son más exigentes. Por tanto, aunque ahora mismo también hay deportistas con méritos increíbles, es muy difícil concretar los resultados de mi época. Hay que tener en cuenta para los buenos resultados que el mundo evoluciona, la tecnología avanza y hay que tratar de ir con los tiempos, para que el esfuerzo de tantos atletas, entrenadores y equipos en su generalidad, merezcan la pena.

¿Qué sueños tiene por cumplir todavía Llisell Pedraza Mencía?

Sueños y esperanzas tengo muchos, creo que es lo que mueve al ser humano, cada cosa que se hace con esfuerzo te lleva a desear y a vivir con la esperanza de poder llegar a lograr cada día más metas y cumplir cosas que tal vez todavía quedan pendientes. Sí, tengo muchos sueños, pero soy consciente de que la mayoría de ellos pueden cumplirse o no, eso no puede frenar mi paso por la vida.

Creo que mi mayor esperanza es mantener la paz en mi familia, convivir en armonía con los que me rodean y las personas que quiero. Ver crecer a mis sobrinos y los hijos, que tal vez tendré. Si ser feliz es un modo de vida, haciendo el bien y levantándose cada día, tratando de ser la mejor versión de ti mismo y darlo todo en cada cosa que haces, entonces, sí que soy feliz.

¿Qué significa el deporte para usted?

Para mi sentir personal, el deporte me aportó toda una enseñanza de principios, que todavía me acompañan en mi vida personal. Aprendí que la vida puede ser dura, que a veces hasta duele, pero aquello que más cuesta es lo que más nos satisface con sus resultados.

Me hizo una persona de bien, educada, íntegra, trabajadora, con conocimiento de lo que conlleva el sacrificio y el esfuerzo por lograr aquello que se desea. Me enseñó a trazar metas y enfocarnos en cumplirlas, sobre todo con buenas maneras. Entendí que a veces se pierde y no es malo, porque ganas experiencia y comprendes que el esfuerzo diario te invita a seguir creciendo como persona en cualquier ámbito de la vida.

Comprendí también que no debo rendirme, que debo ser valiente, perseverante. Además, me dio las herramientas para transmitirlo a las personas que viven a mi alrededor, a ser una ayuda para quien no ha tenido estas mismas enseñanzas.

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Llisell fue una de las mejores de su categoría, de hecho, sus resultados así lo avalan:

Nacionales:

  • Participó en 4 Juegos Escolares Nacionales (1987, 1988, 1989, 1990) y sumó 26 medallas (10 de oro, 9 de plata y 7 de bronce).
  • Participó en 3 Juegos Juveniles donde obtuvo un total de 7 medallas (4 de oro, 2 de plata y 1 de bronce). 
  • Campeona Nacional 1ra Categoría en 1993, aunque todavía era atleta juvenil, obtuvo 6 medallas (4 de oro, 2 de plata) además del trofeo y la placa a la atleta más destacada de la competencia.
  • Participó en los Juegos 1ra categoría del año 1996 y obtuvo 3 medallas de oro. 
  • Campeona Nacional de Ejercicios de Conjuntos de los años 1994, 1995, 1997, 1998, 1999. 

Internacionales:

  • Campeona absoluta del campeonato Mariana Grajales, con sede en Cuba en 1993, obtuvo 3 medallas de oro, 1 de plata y 1 de bronce y el trofeo del certamen. 
  • Campeona de los Juegos Inter clubes de 1993 donde obtuvo 2 medallas de oro y 2 de bronce. 
  • Campeona de los Juegos Inter clubes de 1997 donde obtuvo 3 medallas de oro y 1 de bronce. 
  • Medalla de oro en ejercicios de conjunto de los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995.
  • Medalla de plata en ejercicios de conjunto en los juegos de Winnipeg 1999.

Participación en competencias como árbitro:

  • Juegos Nacionales Pioneriles 2005.
  • Juegos Nacionales Escolares 2005, 2006, 2007, 2008, 2010, 2011.
  • Juegos Nacionales Juveniles 2005, 2006,2007. 2011.
  • Juegos Nacionales 1ra Categoría 2005, 2007. 2011.
  • Juegos Internacionales: Inter clubes 2006, 2007, 2008.
  • Juegos Internacionales: Olimpiadas del deporte cubano 2006, 2008, 2010.
  • Juegos Internacionales del Alba 2009. 
  • Campeonatos de bases de Menorca 2017, España.

Resultados relevantes como árbitro:

  • -Mejor árbitro en los Juegos Nacionales Escolares 2008.
  • -Mejor árbitro en los Juegos de Inter Clubes 2007.
  • -Mejor árbitro de los Juegos Internacionales Olimpiada del deporte cubano 2006.
  • -Reconocimiento especial por el Comité organizador de los III Juegos del Alba, Ciudad de la Habana 2009.