El árbitro hace sonar su silbato y señala el punto de penal. Las tribunas del Pedro Marrero estallan de júbilo. Es la oportunidad de abrir el marcador ante Costa Rica el día en que el fútbol cubano cumple cien años de existencia. Algunos jugadores miran hacia el banquillo y se señalan a sí mismos con el dedo. Heviel Cordovés pasa de los permisos, nunca los necesitó; simplemente toma el balón y lo coloca sobre el manchón de cal.

Tras la orden del colegiado, su botín izquierdo descarga un golpe sereno que dirige la esférica al fondo de la red. El estadio se estremece. Los miles allí presentes saben hacerse notar. Heviel corre hacia la línea de banda. Frente a un puñado de manos y gargantas inquietas, su figura enorme se descuaderna en una coreografía de “reparto” que se ha puesto de moda.

“Cuando uno hace algo siempre trata de dejar huella. Desde que pitaron el penalti, casi que arrebaté la pelota, porque en ese equipo yo no era tirador de penales ni nada por el estilo. Me llené de coraje y dije, este es mi momento de brillar, de hacer algo que tenga repercusión. Tuve la oportunidad de anotar ese gol y es un bonito recuerdo que tengo para contar a mis nietos”, recuerda a casi una década de aquella tarde.

“Se siente bien”, comenta. “A uno lo pone alegre haber tenido la posibilidad de marcar en ese partido. Era un juego de repercusión y de gran importancia. Son cien años. Para que alguien vuelva a marcar en un partido como ese tienen que pasar otros cien”, dice.  

Costa Rica empata sobre el final y las oportunidades de celebrar el centenario con una victoria se esfuman. Sin embargo, Heviel Cordovés había rotulado su nombre con letras doradas en la historia del fútbol cubano. Un deporte que —confiesa— llegó a su vida por pura cuestión de azares.   

“El fútbol llega a mi vida de manera curiosa. Puede ser que haya llegado más por una necesidad de mis padres. De pequeño fui un niño hiperactivo, hasta me llevaron al psicólogo. Siempre estaba trepado en los techos, me caía, me daba golpes, me hacía chichones, heridas de cinco puntos. O estaba subido en una mata de mangos, o estaba fajado al doblar de la esquina. Entonces mis padres tomaron la decisión de ponerme en algún deporte para que gastara energía y mi mente estuviera ocupada en algo. Primero me habían puesto en boxeo. Y confieso que cuando me dieron dos “piñazos” por la cara renuncié automáticamente.

“En el barrio había un entrenador, Orlando Forcade. Podemos decir que todas las estrellas que salieron de Arroyo Naranjo, en Cuidad de La Habana, pasaron por sus manos. Muy buen entrenador para los inicios de la carrera de muchos futbolistas. Entonces hablaron con él y me pusieron en fútbol. La idea de mis padres era que fuera al terreno, pasara dos horas corriendo, dándole patadas a una pelota, llegara a casa cansado y no les diera quehacer a ellos. El mismo entrenador decía que era muy loco para jugar al fútbol, no respetaba las tácticas ni las orientaciones que me daba, lo único que hacía era correr con la pelota y no hacía caso.

“Pero con el tiempo fui poniéndole empeño, porque veía a otros niños que ya estaban involucrados con el proceso de la EIDE y viajes a España. Ver eso desde fuera me fue motivando. Le fui poniendo empeño hasta que lo tomé como algo que de verdad quería hacer y que con los años se convirtió en mi profesión”, cuenta.

Desde tu experiencia en el tránsito por la pirámide de formación de deportistas en Cuba, ¿cómo valoras la atención que se le da al futbolista cubano con respecto a otros deportes?

Podría decir que la atención que se le da al fútbol en Cuba no es la mejor, pero tampoco la peor. Reconozco que hay muchos otros deportes que están un escalón más bajo que el fútbol en este aspecto.

La atención que se le da al fútbol en Cuba se da porque lo exige la FIFA y la gente lo pide. Porque la gente en Cuba sí es fanática al fútbol. Me atrevo a decir que después de los deportes de primacía en Cuba —como el béisbol, boxeo, voleibol y atletismo— viene el fútbol. La atención es regular. No somos el deporte más privilegiado ni el menos.

¿Qué recuerdos conservas de tus años como futbolista en Cuba?

Los años en Cuba fueron de mucho aprendizaje. El fútbol me formó como persona: la disciplina, la entrega, los valores como ser humano y como deportista.

Uno de los recuerdos más bonitos fue la etapa en la ESPA, con los entrenadores Fariñas, “Vitico” y Ariel Driggs. Esa etapa fue muy bonita porque quedamos campeones juveniles y fui líder goleador. Fue un torneo muy emocionante de principio a fin. Había muchos equipos fuertes y en el grupo que teníamos nosotros estaban Marcel Hernández; Yasser y muchos otros jugadores. Éramos un grupo bien compacto y fue una experiencia que siempre llevo en mi mente.

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Durante los juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, la selección cubana sub- 20 deja muy buena imagen ante potencias como Brasil y Argentina. ¿Qué pensaste al ver que podían competir de tú por tú contra estos futbolistas que ya pertenecían a clubes de primera división?

En los Juegos Panamericanos mi pensamiento fue nada más que de confirmación. Confirmé que sí se puede, que uno se puede comparar y tiene la misma posibilidad como jugador que todos esos futbolistas.

Ya venía de participar en la eliminatoria para el mundial con la selección de mayores en 2008. Había disputado partidos contra Estados Unidos, Guatemala, Trinidad y Tobago. Ahí te encuentras un Tim Howard, un Landon Donovan, un Sasha Kljestan. Fui siendo muy niño. Mi primera convocatoria fue con 18 años. Pero ya sabía lo que era ese tipo de roce.

Entonces, ya en los Juegos Panamericanos, uno reafirma y abre más los ojos. Entiende que sí se puede. Que el futbolista cubano, preparándose bien y exigiéndose, puede llegar a esas esferas.

En 2012 decides emigrar. Lo haces, como muchos otros deportistas cubanos, durante una salida de la selección cubana al extranjero. ¿Hubo algún motivo o hecho puntual que te llevara a tomar esa decisión?

Lo que me convenció de que tenía que darle un rumbo a mi carrera fue que —en ese momento— el entrenador, “Chandler”, decidió no convocarme a los partidos de la eliminatoria.

Yo sabía que estaba teniendo buen rendimiento, que había tenido una buena eliminatoria sub-23 para el Preolímpico, quedando entre los goleadores del área, que había tenido mi participación en los Juegos Panamericanos y —en la concentración en la que estábamos— creía que era uno de los jugadores que tenía que estar en el referente de ataque para el equipo. Pero no sé. Por decisiones personales el entrenador no me convocó para ninguno de los tres primeros partidos de la eliminatoria.

Y nada. No culpo a nadie ni a nada en especial. A veces las cosas tienen que pasar para abrir los ojos y darte cuenta en la posición en que estás y lo que debes hacer en cada etapa de tu vida. Creo que eso me ayudó a abrir los ojos.

Además, tuve la oportunidad de sentarme un día con Maikel Chang y lo hablamos claro. Habíamos estado aquí y allá; habíamos tenido rendimiento, nos comparamos con otros jugadores. No éramos del montón, digo yo. Sacamos la conclusión de que no había vuelta atrás. Había que dar el paso.

Y a través de los años se ha demostrado que fue la mejor decisión que tomamos. Porque no dejamos atrás a nuestras familias para dedicarnos a otra cosa. Dejamos todo atrás para ser futbolistas. Yo llegué hasta donde llegué, no continué por lo que fue. Mira a Maikel donde se encuentra hoy. Creo que es una gratificación a la decisión que tomamos.

Lo que me llevó a tomar esa decisión fue ver el lugar que me estaban dando dentro de la selección en ese entonces, cuando creía que no debía ser así. Yo soy autocrítico y trato de mantener los pies sobre la tierra, aunque esté pasando por el mejor momento de mi carrera o por una buena racha. Yo no trato de elevarme. El fútbol, como la vida, tiene altas y bajas. Si estoy mal, no hay nada que reprochar. Pero sabiendo que estoy en forma, que lo demuestro entrenamiento por entrenamiento y que cada vez que llegaba una convocatoria me dejaban fuera, aun cuando el equipo no marcaba goles; que aun cuando perdían 3-0 —aquí y allá— no se les daba la oportunidad a otros.

Porque no era solo yo, había otros jugadores que podían estar ahí y al final no participaban. El mismo “Keko”, marcaba goles en toda la convocatoria, tenía excelente rendimiento y al final nunca lo llevaban a ningún lado. Cosas como esas son las que te hacen poner los pies sobre la tierra y tomar decisiones difíciles. Soy único hijo. Dejé a mis padres atrás y han pasado mucho en estos ocho años porque no tienen a su único hijo.

Entonces también es tiempo que me he perdido con mis padres y nadie me lo va a devolver. Ni todo el dinero del mundo me va a devolver ese tiempo con mis padres. Fue una decisión que tuve que tomar y no me arrepiento de haberlo hecho.

Y quisiera hacerte una pregunta a ti y a los lectores ¿Qué estaría haciendo Heviel Cordovés y qué podría ofrecerle a su familia hoy, después de haber dejado el fútbol, si estuviera en Cuba?

Heviel Cordovés

Según declaró Maykel Chang, tu compañero en esta travesía, era algo que habían planificado desde Cuba. ¿Cuál era el plan? ¿Cómo lo ejecutaron?  

Teníamos más o menos una idea, porque yo tenía una amistad en Canadá que, supuestamente, nos iba a dar una mano. No sabíamos cómo nos iba ayudar. Ni Maikel ni Cooper tenían nada. Nosotros nos encomendamos a la fe de Dios, a lo que saliera y a donde el destino nos llevara; pero siempre claros de que estábamos dejando todo atrás para jugar fútbol. Todo se dio a pedir de boca y no nos podemos quejar sobre cómo se desarrollaron las cosas. Pero la verdad no teníamos ni noción.

Nosotros llegamos allí y —pisando el hotel— Reysander se escapa. Ya la cosa se pone tensa. Los dirigentes lo primero que dicen es que íbamos al almuerzo y en tres horas tendríamos una reunión donde iban a recoger los pasaportes. Eso nos dio la idea de que, si queríamos hacerlo, teníamos que hacerlo como Reysander, porque no se podía perder tiempo.

Almorzamos, subimos a la habitación para —supuestamente— esperar esas tres horas. Llegando a la habitación, cada cual agarró lo que pudo y nos escapamos por la escalera de incendios. Al bajar, había varios entrenadores haciendo de policías para que nadie más se escapara. Tuvimos que velar para que no nos vieran y, cuando se dio la oportunidad, nos mandamos a correr.

Creo que corrimos cuatro o cinco cuadras bajo todo ese frío. A mí se me había quedado el abrigo en la habitación del hotel y tuve que regresar a recogerlo. Cuando uno es joven no piensa las cosas. No sé de dónde saqué el valor para regresar, agarrar el abrigo y volver a salir.

Fue un momento bastante tenso. Porque uno es joven y no sabe las repercusiones de lo que está haciendo. Si nos hubiesen agarrado, sabe Dios si nos hubiesen encerrado en un cuarto o nos hubiesen regresado para Cuba. Pero bueno, lo hicimos, así se desarrolló todo. Plan, no teníamos. Solo teníamos la fe y la mente clara del objetivo por el cual nos estábamos quedando.    

Para la inmensa mayoría de los que toman esa decisión, el primer año es el más difícil. Estás en un contexto desconocido, lejos de la familia, sin documentos, sin poder jugar ¿Cómo lo viviste? ¿Cómo te ganabas la vida?

Ese primer año fue muy difícil. Porque muchas incertidumbres pasaban por las cabezas de nosotros tres. A mí, personalmente, me golpeó. Porque todos somos muchachos de familia, pero yo siempre fui muy apegado a mis padres. Siempre digo que ellos son mis mejores amigos y, además, soy único hijo. Entonces choca el doble.

Encontrarme en ese ámbito me golpeó un poco. Uno tiene que acostumbrarse a todo al mismo tiempo: el clima, el idioma, las costumbres. Nosotros bromeábamos y decíamos que era como volver a nacer. Todo es nuevo, incierto, no sabes cómo actuar en diferentes situaciones.

En cuanto a lo futbolístico, solo estuvimos inactivos cerca de cuatro meses. Después el Charleston Battery nos firma y no tuvimos la necesidad de trabajar en nada. Estamos agradecidos con varias familias de Jacksonville, por el apoyo que nos dieron durante todo ese tiempo. Tres familias nos acogieron allí y entre todos aportaban su grano de arena. Durante esos primeros meses en este país, ellos fueron los que nos dieron la mano y el aliento que necesitábamos en ese momento.

En 2013 el Charleston Battery, de la USL, te da la oportunidad de volver al fútbol, y sobre todo, de hacerlo de forma profesional. ¿Qué sentiste cuando te comunicaron que te iban a firmar?

En el momento en que todo se define —gracias a la ayuda y esfuerzo de Mario Lara, que fue fundamental— lo que sentí fue alivio. El objetivo por el que vinimos ya se estaba logrando. Ya estábamos pisando en tierra firme, ya teníamos un norte. Lo que restaba era trabajar, enfocarse y seguir luchando por nuestro objetivo. Pero, más que nada, me dio tranquilidad porque todo ya estaba tomando un rumbo.

Tras cinco temporadas en Charleston, firmas con Richmond Kickers ¿Fue difícil separarte de ese entorno de amigos que te había rodeado durante tantos años?

Sí, claro. Fue difícil. Pero cuando tú estás en un ámbito profesional la mentalidad te cambia mucho. Aprendes muchas cosas y entiendes muchas cosas. Comprendes que el fútbol es una profesión. A veces tienes que tomar decisiones duras por tu bienestar y por la posición en que se encuentra cada uno. Ya Maikel tiene que velar por sus intereses, yo tengo que velar por los míos, Cooper por los de él. Son cosas que uno entiende con más madurez.

Pero claro que choca. Porque, en todos estos años que llevamos aquí, siempre he sido muy apegado a Maikel. Lo único que no hacíamos juntos era dormir. Nos encontrábamos en el entrenamiento, salíamos de ahí, íbamos a almorzar, a jugar “atari”, a una tienda, al centro comercial. Siempre andábamos juntos para recordar cómo es la amistad de una persona cuando está en Cuba. La verdad me golpeó mucho, como mismo sé que lo golpeó a él. Aunque la comunicación siempre se ha mantenido. Maikel es mi hermano. Él lo sabe.

Pero aquí, en este ámbito, cada cual debe velar por sus intereses, tanto en lo futbolístico como extra cancha. Ya yo tengo mi familia, Maikel también. Y cada cual tiene que crear el mejor entorno para su familia.

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Y en lo deportivo ¿cómo valoras la experiencia?

En Richmond la experiencia digo que fue agridulce. Porque allí tuve un muy buen año, anoté 8 goles y fui pieza clave, a pesar de que el equipo no tuvo buena temporada. Hubo muchos tropiezos, hubo cambio de dueño, de entrenador. Luego tuvieron problemas financieros y cosas así que afectaron el rendimiento del equipo. Pero ahí tuve un buen año.

Lo único que tengo que destacar es que allí me empezaron a golpear ya las lesiones. El tratamiento físico no era muy bueno en el club y tuve una lesión en el hamstring. Dos veces se me estiró el bíceps femoral y creo que eso afectó un poco mi rendimiento en la temporada. Creo que pude dar más.

¿Qué siente un futbolista de 29 años cuando un médico le dice que no puede volver a jugar?

Ese momento lo comparo con la pérdida de algún familiar, de un ser querido. Una noticia como esa, de momento no sabes cómo procesarla. Pero cuando van pasando las horas, de verdad te golpea. Te dices, “¡caramba!, de verdad no voy a poder hacer lo vengo haciendo por veinte años.

El fútbol para mí es un estilo de vida. Desde que te levantas por la mañana te planificas: en este horario tengo entrenamiento, en este horario tengo que almorzar porque debo estar bien para cuidarme, en este horario voy al gimnasio para estar preparado, tal día me voy de viaje porque tengo un partido en tal ciudad. 

Todo se convierte en un estilo de vida. Desde mi hijo que quiere ser como yo, desde mi hija que quiere usar mi camiseta, el amigo que te manda un mensaje para apoyarte, tu mamá que quiere saber cómo van los dolores en la pierna. El fútbol es todo. Por eso lo comparo con la pérdida de algo bien grande.

También lo lamenté mucho porque se me caían grandes planes que tenía en mente y que estaba manejando de forma confidencial con mi representante. Estábamos manejando ir a jugar a Cartaginés para reencontrarme con Marcel. El club tenía interés en llevarme allá cuando se abriera la ventana de verano. El plan era jugar media temporada en Memphis y —si mantenía mi rendimiento— ellos me ofrecían un contrato.

Eso habría sido una oportunidad muy bonita porque Marcel es mi gran amigo de la vida, mi hermano. Eso era lo que anhelábamos él y yo. Por eso él me propuso trabajar con su agente, para lograr esa cercanía con el club y que se diera la transacción. 

Claro que lloré, claro que se sufre. Pero bueno, yo soy un guerrero de la vida. A las personas todoterreno le sobran los caminos. Se cerró una puerta, se abrirán tres más. En esta vida no hay tiempo para perder ni para enfocarse en el pasado, en lo que pudo haber sido y no fue.

Mi familia, mi mujer, los niños, mis padres, han jugado un papel importante para sanar esa herida y pasar ese proceso. De verdad, sin ellos hubiese sido más difícil. Ahora me dedico más a la familia, a ver a los niños crecer, a tratar de brindarle bienestar a mis padres. Eso es lo que me reconforta hoy.

Sufrí, he sufrido y lo seguiré sufriendo cada vez que prenda el televisor y vea un partido de fútbol. Pero es lo que la vida me está brindando y así tengo que enfrentarlo. Sólo me queda apoyar a mis grandes amigos y desearles los éxitos más grandes del mundo. 

¿Crees que nunca llegamos a ver la mejor versión de Heviel Cordovés?

Sé que mi rendimiento hubiese seguido en ascenso por la motivación que había en el ambiente, por todos los planes que tenía en mente, a pesar de que los tenía reservados para mí. Creo que cuando te reservas tus planes la motivación aumenta; porque quieres darlo todo para poder darle la alegría a la gente que te apoya cuando todo se concrete.

Futbolísticamente me sentía muy bien. Sólo estaba enfocado en que las lesiones no volvieran a recaer sobre mí. Ya me encontraba en Memphis que es una institución muy profesional. A pesar de que no tenía los resultados esperados, el entorno que rodea esa franquicia es muy profesional. La figura de Tim Howard también jugó un papel importante, eso me tenía motivado a participar en ese proyecto.

Cualquier cosa que hiciera allí iba a ser historia porque era el equipo franquicia. También la ciudad de Memphis es muy futbolística y te mantiene muy motivado. Creo que todos esos factores hubiesen sido importantes para que mi rendimiento y el deseo de seguir alcanzando cosas siguieran en ascenso.

Además de la madurez que uno adquiere. Puedes ver el rendimiento de Marcel Hernández con 31 años; el de Ariel, el de Maikel Chang con 29. Creo que en esa etapa en la que me encontraba es cuando adquirimos la madurez para seguir desarrollando el rendimiento.

Pero si hubiesen podido ver la mejor versión de Heviel o no, ya eso es algo incierto. Yo te digo lo que pienso, mi perspectiva. Pero como dije antes, no me gusta enfocarme en lo que pudo haber sido y no fue, porque eso se lo llevó el viento. Si hubiesen encontrado en 2020 a un Heviel con más rendimiento, mejores números, mejor desenvolvimiento, eso sólo lo sabe Dios porque no pude mostrárselo al mundo.

Jugadores que ya son y serán parte de la historia del fútbol cubano —como Daniel Luis Sáez y Maikel Chang— usan la camiseta número 16 en homenaje a ti. ¿Qué sientes al saber que has servido de inspiración para otros jugadores?

Estoy muy agradecido por esas acciones. Eso de verdad me llena el corazón y me hace ser más humilde, más humano; menos futbolista y más hermano, más amigo. Creo que tener conceptos, valores como persona, es lo que me ha hecho llegar al corazón de cada uno de ellos.

No es hablar las cosas de boca para afuera, es demostrarlo sin hablarlo. Y creo que, si ellos han sentido la necesidad de llevarme presente en el terreno de juego, o cada vez que se ponen una camiseta para jugar al fútbol, es porque han podido valorar la personalidad mía ante cada situación en la que la vida me ha puesto con cada uno ellos.

Soy de las personas que te dice, “no me hables de fútbol, háblame de la vida”. Porque el fútbol es circunstancial, es por un tiempo. Después lo que va a quedar es el amigo, el padre, el hijo. El futbolista permanece por mucho tiempo, pero eventualmente va a terminar. Entonces la perspectiva que quiero que se lleve de mí cada persona que me conoce es esa: la del humano, el amigo, el “jodedor”, el criticón, el peleón, el que te va a decir las cosas en la cara para sacar lo mejor de ti.

Maikel y yo somos amigos, pero él me ha dicho cuando he cometido un error y yo se lo he dicho a él. Nos hemos sentado y analizado. De eso se trata la amistad. No es decir palabras bonitas para llenar el oído. Es pasar por cada situación demostrando de verdad cuánto la persona te interesa. Creo que eso es lo que ha hecho que ellos tomaran la decisión de jugar con mi número. Es un gesto muy bonito que no me esperaba y de verdad estoy agradecido para toda la vida con cada uno de ellos, porque esa es una manera de sentirme involucrado con el juego.

Creo que ese fenómeno de escoger un número y ponérmelo en la espalda, porque de verdad quiero llevar a un hermano en mi cabeza cada vez que salte al terreno —en el fútbol cubano— no lo he visto. Y si lo he visto ha sido poco. Entonces, que eso ocurriera conmigo me honra, me hace sentir orgulloso. Los cubanos somos un poco cortados para tener detalles como esos. Y que ellos hayan aportado un grano de arena para tener un homenaje hacia mí por mi retirada del fútbol, es algo grandísimo. Sin que me quede nada por dentro, esa es una cosa de las cuáles me siento más orgulloso en mi carrera.

¿Qué está haciendo Heviel Cordovés ahora mismo?

Cuando dejé el fútbol tuve muchos proyectos en mente que no se me acomodaron por la necesidad que tenía en el momento, por lo que sentía que necesitaba para mi vida. En muchos, el obstáculo que veía era que tenía que dedicarle mucho tiempo. Y dije que cuando dejara el fútbol quería dedicarme a estar con mi esposa, con los niños. Porque cuando jugaba siempre estaba de viaje, o tenía un partido, o estaba en actividades con ellos, pero mi mente estaba enfocada en el fútbol por la presión.

Ya que tenía la oportunidad de estar relajado no quería dedicarme a algo que me siguiera robando ese tiempo, porque a veces me perdía una actividad con la niña en la escuela, o un partido de fútbol de niño. Ahora que nació mi niña, quiero estar en cada etapa de su crecimiento.

Como está el año 2020, uno se da cuenta de que esos detalles son los que de verdad importan y son los que tenemos que valorar; porque de momento estamos y luego no estamos. Inclusive, yo no tuve que esperar al 2020. Cuando me pasó lo de Memphis pude haber fallecido. Y, ¿cuántos momentos, cuántas experiencias me perdí con mi familia por estar de viaje?

Ahora me dedico más a la familia. Estoy trabajando en una agencia de seguros para casas. Trabajo en el departamento de ventas y renovaciones de contratos. Y también mantengo mi negocio personal de entrenamientos individuales para niños. Ahí me va muy bien también. En eso me enfoco ahora.

Supongamos que tienes el poder de cambiar todo lo que consideras dañino para el fútbol cubano. ¿Qué cambiarías?

Creo que, si ahora me pongo a detallar todas las cosas que deben ser cambiadas en el fútbol cubano, sería una respuesta muy extensa. Porque si hago una comparativa de cómo es el fútbol en estos países con respecto a Cuba, de verdad que habría que cambiarlo todo.

Pero una de las cosas más grandes y perjudiciales para el fútbol cubano es la política detrás de todo el entorno; todo el sentimiento político que le dan al deporte en Cuba. Esa es una de las cosas que más afecta y frena al fútbol cubano.

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