Por aquellos días, nadie quería lanzarle a Luis Giraldo Casanova. El pinareño tenía 299 cuadrangulares y muy pocos serpentineros querían trascender en la historia tras permitirle al “Señor Pelotero” redondear la cifra a 300 estacazos. Jorge Fumero era de esos monticulistas “guapos” que preferían demostrar su valentía en el centro del diamante. Por eso, sin pensarlo dos veces, pidió la bola y le tocó recibir el bambinazo que nadie deseaba.

Jorge Fumero Fernández nació el 29 de agosto de 1968 en el municipio de San Miguel del Padrón, en La Habana. Lanzó en 11 Series Nacionales, cuatro con los Metropolitanos, el equipo que le abrió las puertas del primer nivel en Cuba; cinco con Industriales, lo cual le permitió llegar a la selección nacional, y dos con La Habana, en el que decidió retirarse del deporte activo.

Entre sus principales resultados estuvo el liderato en promedio de carreras limpias con 1.44, jugando con los Metros. También, el diferencial de nueve victorias y cero derrotas en una campaña, con los colores azules.

Tampoco se olvida la condición de jugador más destacado en el 1996, cuando los Leones alzaron el título de Cuba. Ese mismo año hizo los grados para el equipo a los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 y alcanzó dos victorias bajo los cinco aros.

 ¿Qué hace Jorge Fumero en la actualidad?

Me encuentro en el municipio San Miguel del Padrón, en el estadio “Bobby Salamanca”, con los juveniles y primera categoría junto a Antonio Scull, Juan Padilla y Jorge Valdés, hermano de Oscar Valdés.

Eres un atleta que no pasó por la llamada pirámide deportiva y, sin embargo, llegaste a ser campeón olímpico. ¿Cómo fueron tus inicios en tu natal San Miguel del Padrón?

Ante todo, quiero agradecer al municipio de San Miguel del Padrón porque a través de los años toda la gloria que tuve como atleta y ahora como entrenador se la debo a mi municipio. Mi vida como deportista tuvo bastantes trabas para poder llegar a la meta. Empecé en edades tempranas, en la categoría 9-10. Jugaba como un entretenimiento, no pensé nunca dedicarme al béisbol. Después de estar en el ejército, en la Isla de la Juventud, fue que empecé a mezclarme de lleno con el deporte.  

 

¿En tus inicios no eras lanzador?

Como a todo el que le gusta jugar béisbol, no quise estar sentado en el banco y por eso jugaba en los jardines. Luego, los entrenadores vieron en mi tamaño una ventaja para ser un lanzador, y decidieron que debía lanzar. Incluso, ahora cuando salgo al campo por los veteranos defiendo el jardín central, no a la altura de Javier Méndez o Carlos Tabares, pero asumo esa responsabilidad y lo hago bien.

¿Qué influencia tuvo en ti el barrio en que creciste?

San Miguel me vio nacer y crecer en el deporte. Es un municipio, como se dice, “caliente”, pero de esa calentura han salido muy buenos atletas y entre ellos me incluyo yo.

Como lanzador integras la preselección para los Industriales, pero no llegas al equipo azul. En un año juegas por Metropolitanos y esta se convirtió en una campaña de ensueño. Háblame de ese año.

Yo empecé en las series provinciales con muy buenos resultados, de hecho, tuve el privilegio de ser el abridor del día inaugural de la competencia. Gané 7, solo perdí 3 y cuando hice la preselección me eliminaron por no tener experiencia como lanzador. Ese primer año lo acepté, pero ya al segundo no. Hasta que llegó un gran entrenador, Andrés Ayón, quien me dio aliento para continuar lanzando y me prometió que, si lo seguía haciendo bien, me llevaría a los Metros.      

Fuiste líder en carreras limpias en un gran año para un novato. ¿Qué recuerdas de aquel tiempo?

Tuve la oportunidad de reunir a todos los entrenadores de la academia delante de mí y les dije que tenía la calidad para hacer el equipo Metropolitanos y que si no se daban las cosas, sino tenía una buena actuación, yo mismo entregaría el traje.

Llego a las series nacionales y pude lanzar pocas entradas, pero ya en la segunda temporada quedé líder de carreras limpias con un promedio de 1.48 y eso me da la posibilidad de ir a las selectivas.

¿Por qué no fue llamado Jorge Fumero a la Selección Nacional con tan buenos resultados?

A mí me decían que no estaba apto para jugar en un equipo nacional. Fue una situación que nos chocó, tanto a mí, como a mi familia y seguidores. Pero eso me obligó a seguir esforzándome y demostrar que sí podía representar a Cuba y llegué a ser campeón olímpico.

Exlanzador cubano Jorge Fumero
Foto: Hansel Leyva Expelotero cubano Jorge Fumero. Foto: Hansel Leyva

Se dice que fuiste a esos Juegos Olímpicos en sustitución de un pelotero que se quedó

Los comentarios no me preocupan, pues la historia real es que Jorge Fumero se ganó hacer ese equipo con sus resultados. Es solo ir a los numeritos: gané 19 juegos, fui campeón, el más útil del equipo, y tuve muy buenos resultados también en juegos salvados.

Llevaste a Industriales a ganar un campeonato y, sobre todo, hiciste todo lo que un monticulista puede hacer en un terreno de juego. ¿Cómo viviste esto?

Mi función era lanzar, y hacerlo lo mejor posible. Abría, acomodaba, cerraba, pero al final lo que más me gustaba era ser relevo corto.

En los juegos de Atlanta muchos peloteros tuvieron la posibilidad y las ofertas para quedarse. ¿Cuántas tuvo Jorge Fumero?

No es un secreto para nadie que cada vez que un equipo cubano sale siempre va a tener a los cazatalentos detrás. Sí, tuve mis ofertas, pero mis intenciones nunca fueron abandonar la delegación. No critico al que lo hace, pero ese no era mi objetivo.

A pesar de que eras un jugador importante en el equipo de Industriales, no estuviste mucho tiempo en la escuadra azul. ¿Qué sucedió?

Si la afición puede recordar, aquí se hicieron unos retiros que ni siquiera los jugadores sabían porque los retiraban. Yo caí en esa situación, y me plantearon una despedida luego de que el año anterior ayudé a los Industriales a ganar el cetro de Cuba. Aún me sentía en forma y la excusa que me dieron fue la de una posible renovación. Yo quería seguir jugando y me dijeron que era mi problema y esto fue lo que me hizo alejarme del béisbol activo con los Industriales.

¿Cómo se sintió sabiendo que, hiciera lo que hiciera, ya no era una opción?        

Se me dijo que ya no era del interés del equipo, que ni siquiera ganando la provincial me llevarían a los azules. Fue una situación dolorosa, yo me sentía como si fuera a morir, porque llevo el béisbol por dentro. Me sentí derrotado, no podía hacer nada.

Hace pocos días se dieron situaciones parecidas con Yoandry Urgellés y con Frank Camillo Morejón. ¿Qué consejo pudiera transmitirles Jorge Fumero?    

Frank Camilo ha tenido lesiones en los últimos tiempos, al igual que Urgellés, han salido con problemas físicos al terreno a darlo todo. Yo en realidad no veo el porqué de que no hagan equipo y los desechen.

¿Cómo sales del bache anímico después del retiro con Industriales?

Tuve la posibilidad de jugar en Colombia y Nicaragua y demostrar que sí podía. Esto me sirvió para saber que estaba en condiciones de seguir jugando en mi país, y me di a la tarea de seguir dándole glorias y triunfos a mi municipio. Por mis resultados me dirigí al comisionado provincial para saber por qué yo no estaba en una preselección si aún me mantenía en forma.

La respuesta fue la misma y cuando decidí desvincularme y pedir mi carta de liberación, también hubo trabas. Finalmente, me entregaron el documento y decidí ir a provincia Habana, que es donde me retiré oficialmente. Desde el primer momento le dejé claro a “Navajita” González y a Rigoberto Blanco, directores del equipo, que yo iba a luchar por ganarme un puesto en el elenco.

Hice equipo y solo le pedí a Rigoberto que me diera la posibilidad de lanzarle a los azules. Se me dio ese chance en el Latino y salí de relevo por Gianni Martínez y le gané a los Industriales. Siempre fui azul y así me siento, no quería que los Industriales perdieran, pero era una forma de sentirme bien conmigo mismo.

¿Has pasado trabajo para ser entrenador también?

A mí me pedían de muchos lugares del mundo para entrenar y cuando me dirigí a la Comisión Nacional me decían que no estaba en el listado, que no me podían pedir. Me explicaron otros entrenadores que yo no me encontraba en esa lista de potencial porque no era del agrado, que había entrenadores con menos resultados y sí figuraban. Esto me hizo alejarme un poquito de la Comisión Provincial, pero gracias a dios, Juan Padilla Alonso, entrenador de los Metropolitanos, me pidió y yo con gusto estuve dos años con los rojos de la capital.

Luego de que terminaste esos años en Metropolitanos, tuviste la posibilidad de entrenar en Italia.  ¿Cómo llegaste a Europa?

Una amiga mía me invitó para ir a Italia y en la Federación de Béisbol italiana se enteraron de que estaba allá y me hicieron una propuesta. Ellos prepararon un contrato, porque la regla migratoria me impedía entrenar como turista por lo que tuve que volver a Cuba, ir a la embajada italiana en la Isla, y luego regresar. Empecé con un equipo que era sotanero, logramos mejorar los resultados; a pesar de que no se pudo alcanzar la clasificación. Al otro año, fui para otro equipo y vinieron mejores resultados.

¿Qué diferencias cree que existen entre el profesionalismo y el béisbol cubano?

Cuba es una escuela de béisbol y le agradezco mucho a todos los entrenadores. El cubano trata de inculcarles a estos atletas la filosofía de nuestro país, donde la pelota es el deporte nacional; no así en Italia, que es el fútbol. En ocasiones se logra y en otras no: aquí en Cuba da gusto trabajar con los muchachos desde que tienen 5 años.

¿Por qué Jorge Fumero jugaba con un palito en la boca?

Eso es algo tradicional de familia, uno siempre tiene un referente y yo soy fan a un primo mío que siempre tenía un palito en la boca, y lo adopté. Una vez en un equipo Cuba me lo prohibieron, y me sentí un poco mal porque esa era mi arma principal. Pero mis resultados vinieron con, o sin él.

¿Qué puedes contar de tus habilidades bailando?

Cualquier cubano tira una “patadita” [un pasillo]. En mis edades tempranas estuve en danza folclórica y esto me permitió aprender muchos bailes, además de que lo llevo en la sangre, pues los Fumero somos muy bailadores.

¿Qué te queda de tu carrera como pelotero?    

Siempre las amistades y fanáticos me pedían un obsequio. Si me piden una camisa de los equipos que defendí no la tengo, porque se las ofrecí a todas esas amistades y fanáticos que me las pedían.

¿Qué le faltó a Jorge Fumero?

Me faltaron cosas que no me permitieron hacer.  Por ejemplo, tengo 11 series nacionales, quizás pude tener más para aportarle a los Industriales. Más equipos Cuba también, pero fue lo que me tocó.  

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