Diego Ramírez es el Mozart del futsal cubano. Su precocidad para imponerse en los tabloncillos cubanos es algo inédito. Con solo 16, ganó un campeonato nacional y participó en un Mundial.

Diego había debutado con la selección nacional cuando era un adolescente y destacó de manera notable en el Premundial de 2016 celebrado en Costa Rica, donde el combinado consiguió la clasificación a la cita del orbe y él fue premiado como “Jugador Revelación”. Además, asistió a la Copa del Mundo de ese mismo año y al Campeonato de Clubes de la CONCACAF en 2017.

Unos dos años necesitó para saltar del fútbol once a la modalidad de sala y conseguir semejantes éxitos. Hoy vive en España, juega a nivel profesional en el país ibérico y no es tenido en cuenta para nuestra selección nacional. Play-Off Tv conversó con Diego Ramírez.

¿Cómo llega Diego Ramírez al futbol?

No fue nada familiar. Mi padre fue deportista, pero era de karate. Él quiso inculcármelo, pero no me gustó. Eso sí, con el veía fútbol cuando lo ponían por la televisión porque le gustaba. Cuando era pequeño salía a jugar en la cuadra con los otros niños y siempre jugábamos fútbol, hasta que un día pasó un señor en una bicicleta que resulta que era el entrenador de La Habana Vieja y me preguntó si quería jugar y así fue como todo comenzó.

¿En un país muy beisbolero alguna vez pensaste jugar pelota?

Sí te digo que no, te miento. Nunca como el fútbol, pero sí jugué pelota. Pero a la que probé el primero, se acabó el resto.

¿Rompiste muchos adornos? ¿Recuerdas tú primera pelota?

En casa no recuerdo haber roto ningún adorno. Lo que el balón era como mi bebé, iba a todos lados con ella, dormía conmigo. No iba a la escuela llevándola con los pies porque no me dejaban.

Empezaste en el fútbol once ¿De qué jugabas? ¿Hubieses hecho carrera en esta especialidad?

Cuando empecé tenía como cinco años, y lo hacía por diversión, con los otros niños lo pasaba bien. Como a los dos años comencé a jugar con mayores que yo. Tenía siete y jugaba con los que tenían 8-9 años. No se me daba nada mal. Recuerdo un campeonato en la Ciudad Deportiva en que hice muchos goles. Mis padres se dieron cuenta de que me gusta mucho y se me daba bien y me ayudaron muchísimo. También vi que tenía cierto potencial. Nos lo tomamos más en serio.

¿Hasta dónde llegaste en el fútbol once?

Jugué hasta los 15 años. Hice casi todo. Estuve dos años en la EIDE, también en selecciones nacionales. Competí en campeonatos nacionales. Me enseñó la clave, los secretos básicos que deben tener los futbolistas.

¿Cuáles?

A no conformarme y si logro algo, no detenerme y buscar seguir creciendo, superarme. A entrenar más que lo demás, a ser muy competitivo y a hacer lo que me gusta siempre con una sonrisa.

¿Por qué cambia Diego Ramírez hacia el de sala?

Dejé el fútbol once por una lesión. Sufría muchísimo a nivel físico. Yo era un jugador ágil, rápido, regateador y las caídas mi cuerpo no las resistía. Tuve varias lesiones, llegué a tener miedo del dolor producto de las lesiones. LO dejé por una lesión en la clavícula, pues la pasé muy mal. Porque no es solo la lesión, es la recuperación que es durísima y hablamos de un niño de 14 años.

Hablé con mis padres y les dije que quería seguir jugando, pero como entretenimiento y sin sufrir tanto como lo estaba haciendo. Me sacan de la EIDE, me ingresan en una secundaria en La Habana Vieja y ahí es donde descubro el futsal.

Entré con el yeso puesto de la lesión y cuando ingresó faltaban dos meses para el inicio de un campeonato. A mí me quitaban el yeso al mes y medio, cuando me lo quitan, mis amigos que conocían que yo jugaba, me dicen para jugar. Por supuesto respondí que sí, aunque en ese momento era una irresponsabilidad porque me podía volver a lesionar. Al final jugué, lo hicimos en la cancha 13 de marzo y así fue como comencé en el sala.

De ahí, a jugar en los campeonatos provinciales juveniles y de mayores en la Kid Chocolate a grada llena. ¿Ese ambiente cuánto te presionó y te hizo crecer?

Siempre digo que jugar en la Kid Chocolate fue mi mejor momento en el fútbol sala. El ambiente era único, por la cantidad de gente que nos iba a ver, a disfrutar y a pasársela bien. Sentía presión porque al ser de la Habana Vieja era como si siempre fuera local. No es lo mismo jugar a grada vacía que a grada repleta: nos presionaban mucho y eso nos obligaba a crecer, a imponernos.

¿Qué te parece la desaparición de la Kid Chocolate, el santuario del futsal cubano?

Me parece falta de amor a lo que te gusta. Las personas que tenían que defender eso no sentían amor por el futsal y menos por lo que había en la Kid Chocolate.

Hiciste el recorrido hasta la selección nacional de manera fulgurante; además, llegas a un equipo lleno de figuras. ¿Cómo te acogieron?

Llegué a la selección después de jugar con La Habana el campeonato nacional. Recuerdo que todavía en ese equipo estaba Isbén Román, Ronald Egoscue, Sandy Domínguez. Para mí era un sueño, estaba jugando con lo mejor de lo mejor en Cuba.

Pero Isbén tenía problemas y no iba a poder jugar. Entonces, había una plaza y competimos varios por ella. El profe Freddy Herrera, el último día, me dice que la plaza de era para mí. Entonces, hago el equipo de La Habana, vamos a Santiago para el campeonato nacional, arrasamos en el torneo, estuve muy bien, hice goles y di asistencias. Producto de esta actuación, me invitan a la preselección nacional, pero era en principio solo para ayudar. Estaba muy feliz.

Entonces, ¿cómo se gana la plaza Diego Ramírez?

A los primeros topes no fui, me quedé en Cuba. Cuando dicen la nómina de esa preparación, obviamente, yo no estaba. Pero a pesar de saber que era un invitado, a mí aquello me motivó y me dije que era la última vez que me quedaba afuera. El próximo viaje era a Brasil, la meca, contra Falcao. Además, los que iban a ese tope serían los mismos que irían al premundial en Costa Rica.

Entrené muchísimo, doble sesión con el equipo nacional. Luego entrenaba extra con mi papá en mi casa y además jugué en el campeonato nacional. También, topes amistosos los fines de semana en la preselección. El comisionado dijo una vez que iría el premundial quien se lo ganara, tenga 15 o 32 años. Ronald Egoscue me daba con el codo, como diciendo que eso era para mí. Mi vida era fútbol 24/7. De verdad, estuve muy bien.

Entonces, ya faltando unos días, nos reúnen después de un entrenamiento para dar el equipo. La forma de dar el equipo era anunciando porteros, cierres, ala, y pívot. Yo soy ala, van dando el equipo y cuando dicen los alas no me mencionan y pienso que estoy fuera, pero después de dar los pívot, mencionan mi nombre. Imagínate, me echo a llorar, todos vinieron a abrazarme, a felicitarme. En ese momento, llamo a mis padres con mucha felicidad, pero también con la necesidad de ir al notario y hacer un poder porque todavía era un menor de edad.

Fuiste a la meca y jugaste contra los mejores. ¿No te cohibiste?

Para nada, eso en mi diccionario no está. Pero sí estaba impresionado, estaba ante jugadores que veías por la tv, o por videos de YouTube, y hacía poco estaba jugando en la calle. Intenté aprovechar los minutos que me dieron. Es una experiencia inolvidable.

¿Cómo fue participar en el Mundial para un joven como tú?

Es lo máximo que puede hacer un deportista. Es algo impresionante, más allá del resultado: solamente, tener la dicha de clasificar, de compartir con las mejores selecciones del mundo y que una de ellas sea la tuya, es un sentimiento indescriptible. Porque a pesar de todos los problemas que tenemos en Cuba, llegar hasta ahí es algo tremendo. Luego, vivir todo el contexto, el viaje en los autobuses, los aficionados, las ruedas de prensa: es realmente increíble.

Después del mundial te probaste en el Atlético de Madrid y en Rusia. Te aprobaron. ¿Por qué decides irte a probar? ¿Y por qué no se te dio?

Al regresar del mundial, por las carencias que tenemos con el fútbol sala, no hubo más nada en un año. Pasé el servicio militar, fuimos a Honduras, donde no nos fue bien, entre otras cosas, por falta de entrenamiento. Después volvimos a tener otro período de inactividad. Luego, a mí siempre el que más me ha gustado es el fútbol once. Mi papá me dio la oportunidad de ir a probarme con el CSKA de Moscú. Estuve bien, querían ficharme, pero necesitaba un transfer de Cuba porque yo había sido internacional.

El papel nunca llegó, no se me facilitó. Yo tenía una visa de turismo, se acabó el tiempo y tuve que virar. Más tarde, por cuestiones familiares pude ir a España con una visa de turismo: me pude probar con el Atlético, les gusté, pero el papel tampoco llegó. Tuve que virar y cuando llegué, entendí que el fútbol once era cosa del pasado. Entonces, con mis padres, decidí que lo mejor era emigrar para España a estudiar. Pasé un curso de entrenador, hoy tengo el nivel dos. El primer año conocí a un amigo y por él estoy jugando futsal aquí en España.

¿Piensas en entrenar ya siendo tan joven? ¿El curso es de sala o de once?

Los dos son de fútbol once, que es realmente el que me gusta. Cuando deje de jugar, seguramente, lo utilizaré.

¿Cómo ha sido jugar en España y cuánto te ha costado adaptarte?

Por ahora, juego en tercera división, pero el nivel es muy alto. Hay más recursos, más tiempo enfocado al juego, torneos durante todo el año. Jugadores con más nivel. Con lo que me sobraba para destacar en Cuba no me alcanzaba. Debo tener el físico bien. Estar solo al cien no te basta, tienes que dar más.

En cuanto a la táctica, lo es todo. Puedo ser habilidoso, puedes ser muy buen regateador, pero si tácticamente estas mal, no eres nadie. He aprendido que mi manejo de balón tiene que estar en una función del partido. Aquí no puedes hacer como en Cuba, que cogía el balón y me iba de dos porque los planes de partido defensivo de los rivales no me lo permiten.

Futbolista cubano radicado en España Diego Ramírez
Redes sociales de Diego Ramírez Diego Ramírez, futbolista cubano radicado en España.

Quieres volver a la selección nacional y querías estar en el último premundial. ¿Por qué no te dejaron venir?

Yo quería ir, pero el entrenador Clemente Reinoso no quiso o no lo vio conveniente. No sé realmente qué pasó. La única realidad es que creo que me lo merecía. Incluso, para jugar en España, tengo un permiso de la federación cubana. Para poder jugar tuve que tener esos permisos. Al darse esa posibilidad, por como yo me fui de Cuba y el nivel que tenía aquí, fui uno de los tres goleadores de mi liga. Entonces, si contaba cuando yo era un niño, ahora que soy mejor futbolista, ¿por qué no puedo estar?. Además, estaba jugando todos los fines de semana y en Cuba por la Covid no se jugaba. Hice todo lo que estuve en mis manos.

En 2021, el cubano Diego Ramírez, único exponente del fútbol sala que milita en una liga extranjera, conmocionó las redes sociales con una publicación en la que mostraba el desconcierto por su exclusión de la preselección nacional que, bajo las órdenes del míster Clemente Reynoso, se preparaba en La Habana para enfrentar el torneo premundialista en Guatemala.

“El motivo real de esta publicación es con el fin de responder una simple pregunta. Si yo estuve ahí, dando de qué hablar, destacando y obteniendo resultados individuales y colectivos en todos esos países y torneos con la selección siendo apenas un niño; cinco años después, porque estoy en otro país: ¿no merezco volver a estar?”.

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Habías pedido unas zapatillas con el 13 y la bandera cubana para jugar con la selección

Sí, ya tuve que utilizarlas. Una pena la verdad.

¿Espera regresa Diego Ramírez?

Para mi esa puerta siempre está abierta. Depende de ellos. Para mí, es un honor representar a mi gente, a mi familia, a mi barrio. Vestir los colores de mi selección es lo máximo. Solo tienen que llamarme y ahí estaré. No hace falta que me pregunten. Es un sí seguro. Tenemos que cambiar el pensamiento. En el fútbol once ya lo hicieron, y eso es algo muy bueno porque estás permitiendo que otros que han crecido en el extranjero, sumen.

“Nadie allí es capaz de imaginarse las ganas que tengo de representar a mi selección otra vez. Tengo la misma ilusión del niño aquel de 16 años que llegó al equipo nacional. Con esa misma ilusión lo estoy afrontando ahora. Como si nunca hubiera participado en ningún evento, como si nunca hubiera llegado a la selección, como si nunca hubiera ganado ningún premio, como si nunca hubiera jugado un mundial, como si fuera mi primera convocatoria”, confiesa.

“Es una ilusión tan grande. También por saber que puedo hacer historia, que puedo ser el primer jugador fútbol sala que juega en el extranjero en ser convocado por la selección. Y más que eso, aportar a mis compañeros y al entrenador, transmitirle los conocimientos que he aprendido aquí, ayudarlos a clasificar”, afirma.  

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Hablas mucho de tu papá y tu familia en general a la hora de tomar decisiones. ¿Sin tu familia hubieses llegado adonde llegaste? ¿Cuánto hay de ellos en tus éxitos?

Una pregunta muy importante. Mi familia ha sido fundamental, como el apoyo de mi padre, que con quien me he entrenado desde niño. Gracias a ellos, estoy en España. Toda gira en torno a ella. Mis éxitos son de ellos.

¿La familia está contigo allá? ¿Cómo te has adaptado para seguir adelante sin su ayuda?

Aquí estoy solo con mi esposa, pues el resto está en Cuba. Llevo cuatro años fuera. Aún no me he adaptado a estar lejos de ellos y de mis amigos. Todavía me cuesta trabajo creerlo y a veces me siento triste, pero hay que echar pa’ adelante. Incluso, desde allá me siguen ayudando.

¿Cómo vez tu futuro?

Seguro, para eso estoy aprendiendo en tercera división. La pandemia ha ralentizado un poco todo. Pero llegaré hasta donde me lleguen las piernas. Siempre dando lo todo.

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