Nancy Carrillo fue parte de la última gran generación de las llamadas “Espectaculares Morenas del Caribe”, un fabuloso equipo de voleibol femenino de Cuba que dejó su huella a nivel mundial.

Aquella increíble selección cosechó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 para cerrar el ciclo de cuatro metales en citas olímpicas consecutivas, pues antes habían ganado las doradas de Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Sídney 2000.

Alegre, simpática y risueña, esta cubana nacida en una familia deportiva ha llevado el voleibol cubano por prácticamente todos los continentes.

China, Francia, Brasil y Rusia la han visto rematar, bloquear y poner en alto ese último aliento del legado de las Morenas. Apasionada de este deporte y tras 20 años compitiendo a nivel profesional, Nancy Carrillo, todos los veranos, se rinde a la tentación de jugar un año más. Play-Off Magazine se acercó a ella para conocerla como deportista y como persona.

¿Cómo llega al voleibol Nancy Carillo?

Empecé a los ocho años, en un área en Habana del Este, en donde nací y me crie. Una amiga un día me embulló y fui con ella. En un inicio no me gustaba mucho. Un año más tarde me captan para la EIDE Mártires de Barbados. Mi papá no estaba muy de acuerdo porque era chiquita e iba para un lugar donde había hombres y tenía que ser más independiente. Por suerte, mi mamá lo convenció y me permitieron ir.

El inicio resultó difícil, no me adapté bien, no quería entrenar. En un momento estuvieron cerca de sacarme de la escuela. Mis entrenadores, Heberto Sarmientos y Luisa Crespo, me dijeron que tenían que hablar con mis padres porque yo entrenaba, no cumplía los castigos que ellos me mandaban. Tras eso, mi mamá habló conmigo y fue cuando me lo tomé con más rigor.

Tu mamá es Sonia de la Paz jugadora de baloncesto, participante en los Juegos Olímpicos de Moscú. ¿Intentó inclinarte por el baloncesto?

Sí, pero yo decía que no, porque no me gusta correr. De hecho, yo no quería ser deportista. Además, era un deporte muy brusco: muchos golpes, manotazos y eso no me gustaba.

Soy muy tranquila. Pero como ellos eran deportistas (mis padres), querían que mi hermano y yo lo fuéramos también. Por eso, siempre estuvimos cerca de alguna actividad deportiva.

Incluso, tengo que agradecerles que me hicieran mantenerme en la EIDE porque a pesar de ser una etapa dura, también es, quizás, la mejor de toda mi vida. A pesar de tanto trabajo, a mí me enseñó mucho y tengo muchas amistades de aquel tiempo. Han pasado más de 20 años y todavía mantenemos comunicación.

La EIDE nos obligó a independizarnos: éramos nosotras solas con los entrenadores para resolvernos los problemas. A veces, teníamos miedo por la noche en los albergues y entre todas nos protegíamos.

¿Cómo fue la evolución después de la EIDE?

Después, me captaron para el Cerro Pelado. Estuve un año en el juvenil, no pasé cadete y al otro año, ya integraba la preselección nacional. Tenía 15 años, era algo impresionante para una niña compartir con aquellas morenazas. Fue una bomba aquello, porque eran jugadoras a las que veía por el televisor, que eran fuertes. Las cosas que hacían, las estaba viendo ahí mismo: estaba anonadada. Tenía que entrenar como mismo lo hacían ellas.

Después de Sídney 2000, casi todas se van y es que entramos nosotras: Rosir, Daimí y yo. A esa edad, mi cuerpo todavía no estaba desarrollado y Eugenio George nos ponía a levantar pesas. Era durísimo y mi mamá, un día, habla con él porque le preocupaba, pero él le dijo que no iba a pasar nada y así fue.

Llegar al equipo nacional fue un impacto, porque al ver a esas mujeronas atacar tan fuerte, yo me preguntaba: ¿podré hacerlo igual? Pero sí pude, con la ayuda del entrenador, con las que se quedaron, con Mireya Luis -que siguió cerca del equipo- y Regla Torres también, pues ellas hablaban mucho con nosotros.

¿Sentían presión por el legado que le habían dejado las anteriores Morenas del Caribe?

Sí, claro. Ellas habían ganado tres juegos olímpicos seguidos y para Atenas nosotras éramos un equipo muy joven. Incluso, fuimos a Grecia sin un pronóstico claro, a competir e intentar llegar lo más lejos posible. Eugenio habló con nosotras y solo nos dijo que hiciéramos lo que habíamos entrenado. Al final, sacamos la medalla de bronce y fue un gran logro. Entrenamos muchísimo para esos juegos, pero hicimos un gran torneo.

¿Cuánto las ayudaron Yumilka Ruiz y Zoila Barros, que eran las “veteranas”?

Mucho, nos daban consejos, siempre estaban arriba de nosotras, pero no solo ellas, también Mireya, Regla Torres, Ana Ibis Fernández y Marta Sánchez. Nos ayudaban mucho y nos hacían sentir lo que era ser una Morena del Caribe. Queríamos emularlas, quizás sin poder llegar al nivel de ellas, pero, por lo menos, intentarlo. Nos transmitieron el espíritu del sacrificio y el esfuerzo y también la importancia de tomarnos en serio los entrenamientos porque como entrenes, así jugaras.

¿Qué significó para Nancy Carrillo asistir a Atenas, cuando tenías apenas 18 años?

Fue increíble. Vimos a Rafael Nadal, las hermanas Serena y Venus Williams y a otros deportistas comiendo en el restaurante y cuando los veíamos, salíamos corriendo para una foto o algo.

Nunca pudimos ir a la inauguración porque teníamos que descansar porque al otro día teníamos que jugar, pero vivir en una Villa Olímpica es algo espectacular.

Con respecto a los equipos cubanos de los 90, se comenta que eran tratadas casi como celebridades. Sobre todo, en Asia, eran un fenómeno. ¿Con tu generación pasó algo similar?

Ellos sabían que existía un equipo femenino de jugadoras excelente y el legado de ellas se quedó y las personas nos iban a ver, quizás no como a ellas, pero sí teníamos cierto reconocimiento. Nos paraban para autógrafos, fotos.

Morenas del Caribe Beijing 2008
FIBV Equipo cubano de voleibol.

¿Cómo se gestiona ese reconocimiento?

A nosotras no nos afectó. Éramos un equipo humilde en ese sentido. Estábamos solo concentradas en jugar voleibol, nada exterior nos hacía cambiar lo que éramos.

P: ¿Qué tenían de especial los entrenadores como Eugenio?

N: Hablaban mucho y tenían mucha comunicación con nosotras, no solo de voleibol. Podías contar con ellos para todo, tanto temas familiares como personales. Se sentaban contigo y te daban consejos. Eran como familia: el vínculo era muy cercano y eso juntaba al equipo. Nos convertían a todas en una sola. Eran educadores, psicólogos, porque no todo el mundo es igual y el tratamiento no es el mismo para todas. Entendían como pocos la naturaleza humana.

En Río 2007 se vivió un histórico partido con victoria contra las brasileñas, tras remontar dos sets en contra. ¿Cómo fue aquella rivalidad muy comentada?

Fue un partido bien bueno. Nos gustaba jugar así. Fue muy intenso, perdimos los primeros sets. Nos hablan Ñico y Eugenio, pero esta vez mucho más fuerte, en otros términos. Eso nos hizo reaccionar. Entre nosotras también tuvimos ciertas palabras y eso nos hizo entrar al terreno a cortar cabeza. Ganamos el tercero y el cuarto y el quinto íbamos perdiendo 14-12. Las brasileñas y el estadio pensaron que ya habían ganado, pero no, ganamos nosotras. Hubo un silencio tremendo por la rivalidad y por lo que gusta el voleibol en Brasil.

¿Sientes que en Brasil las admiraban a pesar de la rivalidad?

Sí. Lo que pasa es que es deporte. Incluso, fuera del terreno, nos llevábamos bien. Lo que pasa que dentro queremos ganar, pero sabemos la calidad que teníamos ambos equipos. El aficionado brasileño nos admiraba por la forma de jugar, por nuestra agresividad: al final, somos de características similares en juego y carácter.

En Atenas no tenían pronósticos. Para Beijing, ¿cuál llevaban?

Me parece que era de medalla, creo que para otro oro. Éramos un equipo mucho más hecho. Sí jugábamos bien la fase de grupo, con mucha confianza, estábamos en un gran momento. Pero ellas nos estudiaron bien, punto por punto, y no nos dio tiempo a responder. Al final, eso nos afectó también en el partido por el bronce. Es una pena porque en ese instante éramos un gran equipo y perdimos la posibilidad de ganar la quinta medalla olímpica consecutiva.

En el 2009, Nancy Carrillo pide la baja de la selección ¿Por qué?

Tenía muchos problemas en la espalda, los cuales, por la carga de partidos y de competencia, no pude atenderme, ni hacer el reposo necesario. El 2009 era un año muerto en cuanto a lo deportivo y decidí cuidarme la salud.

También sacaron a Ñico y a Eugenio, así, porque sí. Fue una decisión que nunca entendimos y me sentí sin apoyo tras la salida de ellos. No me sentí bien con esa decisión.

Estuviste dos años sin jugar voleibol. ¿Qué hiciste en ese tiempo?

Me recuperé, al principio iba a un gimnasio cerca de mi casa y hacía los ejercicios que podía hacer, hasta que me recuperé y pude volver a entrenar más fuerte.

¿Pensaste en volver a la selección en ese tiempo?

No.

¿Por qué estuviste dos años sin poder jugar?

No sé cómo será ahora, pero en aquel tiempo, si jugaste con la selección nacional y pedías la baja, tenías que estar dos años sin jugar para que te liberaran y permitieran jugar en otro país. Solo podía entrenar.

¿Cuánto te afecto estar tanto tiempo estar parada? ¿No estabas preparada para dejar el voleibol?

Me afectó bastante, por suerte siempre tuve a mi familia apoyándome, mi mamá, mi papá, mi hermano mis tíos. Todos estuvieron siempre ayudándome.

En ese momento tenías 23-24 años y era una de las mejores centrales, ofertas no te faltaban.

Tenía varias y algunos equipos que se acercaban querían que jugará para ellos, pero en Cuba me hicieron esperar los dos años. No me dieron ninguna ayuda en ese sentido. Me tocó esperar.

A los dos años te vas a Brasil, ¿cómo te sentiste cuando volviste a entrenar para competir?

Fue todo un proceso complejo, no tanto con el voleibol porque eso ya lo tenía, pero en el plano físico sí estaba lejos del estado óptimo. Me faltaba coordinación, flexibilidad, también tenía problemas con el peso. Me cuesta mucho el tema de la alimentación, pues de toda una vida, yo siempre estaba pasada de peso para ser atleta.

A mí la comida cubana me vuelve loca: yuca, frijoles, chicarrones y tuve que hacer un esfuerzo importante.

¿Habías jugado en alguna liga antes?

Sí, estuve en el 2007 en la Liga Rusa, tenía más o menos conocimiento de lo que era una liga profesional. La gran diferencia era que en Rusia estaba con Calderón, con Zoila, Yumilka y Rosir, mientras que en Brasil estaba sola, pero no me costó nada adaptarme.

También estabas preparada para la distancia con la familia por el tiempo en las Morenas.

Siempre es fuerte, pero ya estaba adaptaba porque con el equipo nacional estábamos siempre fuera. La preocupación de mis padres era que estaba algo sola. Por suerte, siempre pudimos comunicarnos.

Durante este tiempo has jugado en China, Brasil, Francia, España. ¿Cómo han sido esas experiencias?

Todas las ligas me gustaron, pero la que más me gustó fue la China. Estuve dos años y no habló nada de chino. Las chicas eran muy nobles, me ayudaban mucho, igual que los entrenadores, siempre pendientes en lo que necesitaba.

Los entrenadores me dejaban también ayudar con la táctica. Me permitían decir en algunos momentos qué hacer. En China el voleibol gusta mucho, pero su cultura es más bien tímida y ellas después de los puntos no gritaban todo lo contrario de las cubanas. Entonces, un día las reuní para decirles que tenían que celebrar los puntos. Empezaron a hacerlo y eso se volvió una locura también con los fanáticos.

El tema de la comida era tremendo, porque comen como mucho picante y a mí no me gusta. Pero la preocupación y la atención era primera clase, el cocinero del equipo me hacía comida distinta al resto.

Ahora estas en España, ¿qué está haciendo Nancy Carrillo por allá? Todavía estás jugando, ¿hasta cuándo piensas llegar?

Sí, todavía estoy jugando en Gran Canaria. Llevo como tres años diciendo que lo dejo, pero no puedo y vuelvo. Pero hay momentos en los que el cuerpo mismo te dice que tienes que parar. El cuerpo cada día me dice que entrene más suave.

¿Ya te estás preparando para después del retiro?

A veces pienso en eso y digo: ¡wao!, dejar de jugar me parece difícil. Ahora, cuando estoy cansada, que me duele el cuerpo, digo que ya tengo que parar, hacer mi familia con mi esposo, pero cuando llega el verano y estoy un mes sin jugar quiero, casi necesito volver a tocar el balón. Pero sé que el final está cada día más cerca y me estoy preparando para ser entrenadora.

¿Cómo ves la selección nacional? ¿Cuánto duele que no seamos competitivos?

No veo el voleibol cubano, no por nada, sino porque no tengo tiempo. Realmente no sé cuál es el problema. El tema es que salen jugadoras que se van.

Pasó con tu generación, que fue la primera que salió. ¿Por qué?

Yo me fui por temas de salud y por la salida de Eugenio y Ñico: eso me chocó bastante. Me adapté a ellos, era una confianza entre padre e hija y quitármelos así… me quedé huérfana de alguna manera. Me parece que al resto de mi generación le pasó algo similar, dolió muchísima esa salida.

Ojalá y se pueda recuperar, porque todo el sacrificio de esas Morenas duele muchísimo que no se conserve, que ese legado no se haya mantenido en el tiempo. Ellas se merecen que Cuba tenga un equipo competitivo: no es repetir las cuatro medallas olímpicas, pero sí volver a la elite.

Piensas ser entrenadora, ¿te gustaría hacerlo en Cuba?

No lo sé. Tengo mi vida en España. Si llegará la oportunidad, la analizaría en su momento. Quiero ser la mejor entrenadora posible y que me den las oportunidades por mis conocimientos, no por lo que he sido como jugadora. Así que, si llega el momento, no cierro la puerta.

¿Satisfecha con la carrera deportiva Nancy Carrillo?

N: Sí, no se me quedó nada por hacer.

¿Qué significa ser una Espectacular Morena del Caribe?

Muchísimo, a veces ni me lo creo. Mi esposo tiene amistades que cuando me ven por primera vez se emocionan porque para ellos están conociendo una figura del deporte cubano. Tuve la oportunidad de jugar con las mejores jugadoras y entrenar con los mejores entrenadores. Lo más grande que me ha pasado es ser parte de ese maravilloso equipo.     

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