Solo diez cubanos y cubanas a lo largo de la rica historia deportiva de este país han podido subir a lo más alto del podio al menos en tres ocasiones en Juegos Olímpicos, y uno de ellos es Marlenis Costa, integrante de aquellas legendarias “Morenas del Caribe” como las bautizó el inigualable René Navarro, que marcaron hitos en una época al ganar todos los títulos en disputa de la Federación Internacional de Voleibol, entre ellos tres Juegos Olímpicos.

De carácter jovial, siempre con una sonrisa latiendo en sus labios, esta pinareña que supo canalizar en la cancha la inteligencia y el talento que heredó de su familia, grabó su nombre en los anales de este deporte a base de entrega, sacrificio, y una pasión tremenda que se le tatuó en la sangre desde muy joven.

Gracias a su entorno familiar aquella niña pequeña que bailaba frente al televisor al compás de la música de las aventuras, tomó el camino deportivo para beneplácito de los amantes del vóley, y hoy puede llenarse el pecho de orgullo al contarle historias épicas a sus tres hijos y dejar un legado para las generaciones venideras.

“A la edad de ocho años mis tíos Jesús y Javier, que en aquella época eran profesores de voleibol, me empezaron a inculcar el amor por ese deporte. Provengo de una familia netamente deportiva por parte de mi padre, parece que eso se lleva en los genes”, nos declara en una entrevista para Play-Off Magazine.

Su tía Silvia, actual recordista nacional y continental en salto de altura, fue un detonante que le dio hambre de triunfos y protagonismos. Aquellas imágenes de su querida tía dominando los escenarios internacionales, ovacionada y reconocida por todos, destapó la imaginación de una niña que acariciaba en sueños medallas de oro y trofeos de campeones.

Pero no solo Silvia conspiró para formar el perfil psicológico-deportivo de esta atleta. Su padre Máximo y tres de sus tíos jugaron béisbol a nivel de Serie Nacional, y uno de ellos, el recientemente fallecido Reinaldo Costa, fue una gloria deportiva varias veces campeón con Pinar del Rio y los equipos Cuba, del cual llegó a ser su máximo exponente desde el montículo.

“El voleibol fue el único deporte que siempre practiqué y me enamoré de él desde el principio. A esa edad uno nunca sabe lo que quiere, pero siempre me gustó”, reconoce Marlenis Costa.

“Los sacrificios son bastantes, hay que dedicarse por completo a la práctica del mismo, estar lejos de la familia”, agrega.

Con apenas 19 años, esta morena que reconoce que su mayor virtud como persona es la sencillez y su gran defecto es la sinceridad, el cual le ha “traído o causado varios problemas” a lo largo de su vida, pero llegó a la selección nacional después de batallar contra múltiples barreras y prejuicios por no poseer una alta estatura.

Muy aguerrida, desenfadada, y sin temores sobre la cancha, se ganó un espacio entre las mejores de Cuba haciendo lo que más le gustaba: atacar. Sin embargo, el destino le tenía guardada una sorpresa que, aunque al principio le costó trabajo asimilar, terminaría por aceptarla, acariciarla, y amarla.

“Llegué a la selección nacional como atacadora auxiliar, pero allí me convertí en pasadora. No fue una opción mía, Eugenio y su hermano Edgar lo decidieron por la necesidad del equipo y por la técnica que yo poseía”, dice.

Marlenis Costa reconoce que ese cambio le costó mucho trabajo pero luego se enamoró de la posición. Su madera de líder, sus habilidades, la agilidad, la velocidad de reacción que tenía, y la carga motivacional que era capaz de imprimirle a sus compañeras, conspiraron para que triunfara allí y las guiara por el camino del éxito.  

A partir de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 se mantuvo ocho años como titular de esa posición en los equipos Cuba hasta que decidió retirarse a la edad de 27 años para formar una familia. En todo ese largo y glorioso trayecto alcanzó sus tres medallas olímpicas y varias en certámenes continentales y regionales, además de ganar tres Copas del Mundo, cuatro torneos “Los Cuatro Grandes”, y par de Grand Prix, entre otros eventos.

Su época estuvo marcada por la rivalidad extrema con la selección brasileña, protagonizando duras batallas sobre la net que movilizaban grandes multitudes y hacían temblar al más calmado de los aficionados. Aquellas peleas encarnizadas algunas veces traspasaban los límites de la cancha, creando un morbo que atraía no solo a los amantes de este deporte.

“Nosotras y las brasileñas siempre fuimos muy buenas amigas, lo que pasa es que todo el mundo quería ganarnos y más ellas, lo que nunca nos pudieron ganar a la hora buena. Lo que sí te puedo asegurar es que las relaciones eran estupendas y después de que me retiro, estas continuaron. Mi amiga Fernanda Venturini, cuando yo decido tener a mi primera hija, me mandó infinidades de cosas de canastilla con las muchachas”, recuerda Marlenis Costa.

Sin embargo fueron famosas esas peleas entre ambas selecciones, sobre todo aquella en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, cuando las cubanas las derrotaron después de un partido de altas tensiones.

El mundo entero fue testigo del roce debajo de la net entre varias jugadoras. Algunos empujones y palabras fuertes calentaron el ambiente mientras la capitana rival, Ana Moser, exigía respeto con un dedo amenazante y el gran Eugenio retiraba a sus muchachas para evitar problemas mayores. Pero luego se formó la pelea en los camerinos.

Marlenis Costa
COCO Marlenis Costa

“Todavía hoy se habla de esa pelea. Lo que pasó fue que ellas nos habían ganado en la preliminar y cuando llegó el cruce pensaron que iba a seguir igual, pero no fue así. En el último punto que marca Mireya ella grita que somos las mejores con una palabrota detrás y golpea la net. Entonces Ana Moser le dice a ella que así no y es cuando Marcia Fu quiere pasar para nuestro terreno y Magalis la toma por el cuello, eso todo el mundo lo vio, cuenta Marlenis Costa.

“Luego, en los pasillos, Ana Paula le dio con el codo a Raisa O’Farril y es cuando yo la agarro por los pelos y se formó. Antes que ellas bailaran zamba, nosotras bailamos guaguancó”, añade.

Según me han dicho varias atletas que he entrevistado en otras ocasiones, Eugenio estuvo a punto de irse a las manos con el director contrario (Bernardiño), pero después todo se calmó porque ese altercado podía haberle costado el pase a la discusión de la medalla de oro olímpica.

“Eugenio de especial tenía muchas cosas, fue un padre para todas nosotras, nos enseñó a comportarnos dentro y fuera del terreno, a vestirnos, a peinarnos, en fin, a todo. Él decía que como éramos negras teníamos que estar por arriba de los demás equipos, que la mayoría eran blancas. Es considerado el mejor entrenador del siglo por sus métodos de trabajo, los mismos que nos llevaron a todos los triunfos que alcanzamos”, declara Costa con el mismo respeto y admiración que lo hacen todas las atletas que alguna vez estuvieron bajo su mando.

Después de aquella remontada histórica frente a Rusia en la final de los Juegos Olímpicos de Sídney, cuando perdiendo los dos primeros sets vencieron en los otros tres restantes, Marlenis Costa, con sus tres medallas olímpicas en el pecho, se retiró de las canchas, convencida de que había experimentado el momento más feliz de su vida.  

Terminada su vida activa como deportista trabajó como profesora de voleibol de categorías pequeñas en el Centro Deportivo Francisco Cardona y después asumió la responsabilidad de subdirectora deportiva en dicho combinado, hasta que después pasó a la dirección municipal. En estos momentos se desempeña como metodóloga de atención al atleta en el capitalino municipio de 10 de octubre.

¿Qué te gusta hacer en tus ratos libres?

En mi tiempo libre me gusta compartir mucho con mis hijos, familiares y amistades. Antes me gustaba mucho leer, pero ya casi no tengo ni tiempo.

¿Cuánto ha representado en tu vida ser tres veces campeona olímpica?

Ser tricampeona olímpica te da como un poco más de reconocimiento, popularidad. Siente una mucho orgullo cuando estás en cualquier lugar y las personas te reconocen.

¿Te has sentido mal atendida luego de tu retiro?

Mal atendida no sería la mejor frase, lo que si pienso que para la historia que escribimos y todo lo que aportamos, nos merecemos mucho más.

Sabemos que a los multicampeones olímpicos solo les pagan por una medalla. O sea, que gana lo mismo el que ganó una como el que ganó tres o cuatro. ¿Qué opinión tienes sobre eso?

Sí, eso es verdad. En mi modesta opinión creo que no debería cobrar lo mismo los que tienen una y los que tienen dos o tres.

¿Alguno de tus hijos se ha inclinado por los deportes?

De mis tres hijos, quien más ha practicado deportes es el varón de los jimaguas, pero creo que solo por hobby.

¿Crees que el voleibol cubano necesita de la experiencia de ustedes para desarrollarse?

No soy yo quién decide eso, pero creo que hay muchas de nosotras que deberíamos asumir algún papel de esos, de hecho ya tenemos a Reglita [Regla Torres], pero hay algunas que podemos aportar.

¿Por qué crees que el voleibol cubano se fue de la élite mundial?

Hay muy poco roce internacional después de la retirada de muchas de nosotras. Hay poca motivación en las muchachas, y no existía o existe un entrenador con las agallas de Eugenio, Ñico, Calderón, o Garbey.

¿Qué tiene que pasar para recuperar aquellos puestos de privilegio que un día tuvo el voleibol cubano?

Hay que recuperar los métodos de entrenamiento de nuestra época, es lo fundamental; crear un claustro bueno de entrenadores y metodólogos y garantizar las condiciones de entrenamiento para las muchachas en la escuela de voleibol.

¿Es feliz Marlenis Costa en la Cuba de hoy?

Claro que soy feliz en Cuba y mucho, es el país donde nací, el que   me vio crecer y donde pude ser lo que soy.

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