De La Habana a China; del sueño de representar un día a su país, a la realidad de competir a miles de kilómetros en una nación con una historia milenaria: desde hace mucho tiempo, y desde temprana edad, Julio Y. Oliva Pérez se consagró a la práctica del Wushu.

Sin embargo, ciertas situaciones y decisiones lo alejaron de su pasión y actualmente, lucha por imponerse en el mundo del emprendimiento, tal cual hizo en varias competencias internacionales por años. Tras su paso por el gigante asiático, el joven cubano reinventa su presente en la isla, donde descubrió su amor por un fascinante arte marcial.

Los inicios en el mundo del Wushu

Mis inicios en el deporte fueron por influencia de mi papá, que había practicado artes marciales como Karate y Wushu con maestros laosianos que habían visitado Cuba y, por supuesto, también estaban las películas de Bruce Lee. Mi hermana, que era gimnasta, me daba unas tortuosas clases de flexibilidad. Gracias a eso, pude entrar a la Escuela Cubana de Wushu. Recuerdo que cuando entré en el 95 ni siquiera sabía que existía esta, ni que estaba en transmisión la serie televisiva “El Dragón Mambí”, que lo interpretaba Carlos Enrique Almirante si mal no recuerdo. Nada más verla me enganchó y yo, que siempre fui introvertido, fantaseaba mucho en mi cabeza y me dije: esto es lo que quiero hacer. Mi papá enseguida se movilizó y averiguando, vio lo de la Escuela que recién comenzaba -llevaba meses apenas de creada- y me llevó. Fue un martes en la noche en época de invierno.

Habló con Roberto Vargas Lee y este nos permitió entrar a ver la clase. Entramos varios muchachos y uno de ellos fue Alejandro: nos hicimos muy buenos amigos. Pasábamos los veranos juntos, pero ese día, para sorpresa nuestra, el maestro se nos acercó y nos dijo: ‘lo sentimos, pero no hay matrícula. Te estoy hablando de que en ese momento la escuela no era lo que es ahora, que está bonita y pintada: era un área de baloncesto deteriorada y con dos focos amarillos que apenas alumbraban. Mi papá no sabía ni que decirme, se agachó y me dijo: “¿tú estás seguro de que quieres ser parte de esta escuela? Le dije que sí, pero le respondí por instintos. Me dijo: “Perfecto, rájate aquí mismo. Haz lo que te enseñó tu hermana, es ahora o nunca”. Yo, ni corto ni perezoso, lo hice, y Alejandro, que estaba al lado mío, hizo lo mismo, por orden del padre. Para fortuna nuestra, el maestro se acercó y le dijo a mi papá: “pueden incorporarse los dos, pero para la próxima clase que vengan con un pantalón”, porque yo fui con un uniforme del portero del Barcelona, aunque le voy al Madrid.

Los años 90 del pasado siglo fueron una época gris para el país. La vida de gran parte de los cubanos se resintió en lo económico y en lo personal. Aún en medio de esa vorágine que abocaba a la supervivencia, JulioY. Oliva Pérez siguió adelante con la práctica de su arte marcial.

Wushu Julio Oliva Pérez
Foto: Hansel Leyva Desde hace mucho tiempo, y desde temprana edad, Julio Y. Oliva Pérez se consagró a la práctica del Wushu. Foto: Hansel Leyva

Fueron momentos muy difíciles y honestamente, no sé cómo mis padres lo hicieron porque en ese entonces vivíamos cinco personas en el mismo hogar y era complicado. Mi papá trabajaba en el Hotel Sevilla y su horario era muy exigente, ya que en esa época el turismo era lo que sustentaba la economía nacional y él se alternaba con mi mamá para llevarme y cuando no podían, me llevaban los padres de otros alumnos de la escuela. Ante la escasez material se desbordaba lo espiritual. Creo que eso es lo que busca todo niño y ahí lo encontré.

En esa época, Aladino estaba de moda y mi mamá me peinaba más o menos igual y me empezaron a decir Aladino o me decían Tortuga Ninja, porque era cachetón y yo loco por fajarme porque me acomplejaba, pero lo aprendido en la escuela no se podía usar fuera de ella. Hoy en día esos muchachos y yo somos buenos amigos. La primera exhibición que hizo la escuela fue en el Salón Verde del Sevilla, facilitado por mi papá, que sirvió para promocionar lo que hacíamos, lo cual era un anhelo del maestro Vargas Lee.

Para ese entonces, el objetivo del entrenamiento nunca fue competir, porque no estábamos abiertos al mundo y no existía nada de eso. Por lo tanto, teníamos una rutina un poco budista, llegábamos y saludábamos el dojo y entrenábamos y socializábamos con el resto de los muchachos y sus padres.  

Una interrupción, las competencias y el sueño de descubrir China

Tras un pequeño impase en el año 2001, debido a que los horarios de la escuela secundaria básica no le permitían entrenar, Julio continuó ascendiendo dentro del mundo de las artes marciales.

El Wushu no tiene cintas. De hecho, cuando empecé en nuestra escuela no existía la división por disciplinas como hay ahora, que hay un grupo de thai chi, otro de Nang Chuang, un grupo de Chan Chuang, etc. Era todo junto y sabíamos de todo un poco: era lo más elemental. Fue en el 2001, en nuestras primeras competencias, cuando empezamos a conocer lo que era la categorización. Existe en todas las disciplinas, pero nosotros donde primero lo vimos, fue en el Thai Chi.

Cuando me reincorporé en la escuela de Wushu tras ese año que estuve fuera, el cambio fue abismal: la matrícula había crecido enormemente, así que decidí empezar de cero con el profesor Hollywood. Había bastantes grupos. Fue en el 2003 cuando llegué a la preselección, y conocí lo que eran los ‘dan’, el sistema de categorización del Wushu y fue ahí que me fui interesando por el aspecto competitivo de esta arte marcial. Después de la participación de algunos competidores en estas competencias del 2001, cuando se enfrentaron a las diferentes potencias y regresaron con muy buenos resultados, se dieron cuenta de que el nivel era elevado. Sin embargo, no teníamos los medios que existen ahora para conocer sobre las diferentes modalidades y métodos de entrenamiento, por lo que se fue experimentando y hacíamos competencias internas y con escuelas de otros municipios y otras provincias: nos dimos cuenta de que el Wushu se estaba expandiendo en el país.

Recuerdo que, en una de esas competencias, participé por primera vez e hice mi peor papel. Mi modalidad era el Nang Chuang, que me gusta porque se ve más agresivo y marcial, pero iba un poco en contra de mi fisiología porque siempre he sido delgado. Había participado en exhibiciones, pero al ser mi primera competencia parece que me entraron los nervios. Empecé muy explosivo y terminé muerto físicamente y mis resultados no fueron nada positivos, pero lo que sí fue positivo, fue la iniciativa de buscar alternativas entre nosotros mismos y lo otro que nos ayudó a superarnos eran los videos que traía el maestro de sus viajes a China.

Sin embargo, mis logros llegaron por casualidades de la vida y por mis deseos de querer representar a mi país, como ya lo habían hecho otros anteriormente, y ocurrieron por la vía menos esperada. Fue en el 2011: estaba matriculado en el instituto Confucio de la UH para estudiar chino y lo hice para complementar el conocimiento, y rindió frutos al final.

En ese momento yo era alumno ayudante en la escuela cubana de Wushu. Tenía un grupo de 28 niños entre 9 y 12 años y ahí descubrí mi vocación, aunque tengo ese vacío de no haber podido participar en eventos internacionales mientras formé parte de la Escuela Cubana de Wushu. La posibilidad me llegó por otra vía y en un momento delicado de salud, porque me había lesionado una pierna en un entrenamiento, y tuve un esguince en el tobillo que me afectó la movilidad. Luego de que me retiran el yeso, sufrí una apendicitis, pero por la demora en llegar al hospital, concluyó en una peritonitis y, por ende, me tuve que distanciar por un tiempo de la escuela.

En medio de todo eso continúe estudiando el idioma con la ayuda de mis compañeros de clase y una de ellas, llamada Karina, me dice que existían becas para estudiar en China y me brindó toda la información. Pensé que esa era la oportunidad de cumplir mi sueño, aunque fuera por una vía alterna. Para eso necesitaba la aprobación de la directora del Instituto Confucio y tendría que participar en un concurso llamado Puente Chino, sobre el dominio del idioma.

Lo hice sin ninguna aspiración, porque era una competencia internacional y estaban otros cubanos que habían participado antes. Para mi sorpresa fui el ganador y la directora me facilitó la beca en la Universidad del Deporte de Beijing, donde estudiaron el Maestro Vargas Lee y la Maestra Meyling Wong, que es la vicepresidenta de la escuela cubana en la actualidad.

Vivir China y la vuelta al arte marcial

En la beca, que era principalmente para aprender el idioma, los planes de estudio nos permitían a los estudiantes extranjeros tomar clases extracurriculares como danza o deportes o artes marciales y yo, por supuesto, fui a las clases de Wushu. Aún no estaba totalmente recuperado, pero fui muy bien acogido por los instructores que siempre me cuidaban para que no hiciera nada que afectara mi estado de salud, por lo que tuve que dedicarme a hacer Thai Chi y eso aceleró mi recuperación.

Cuando me recuperé totalmente comencé a entrenar con más intensidad y los alumnos ayudantes, que estaban a cargo de los alumnos extranjeros, me invitaron a exhibiciones e intercambios con otras universidades y eso concluyó en competencias internacionales. Mi primera competencia fue en Cantón y aunque mi objetivo era competir en el Nang Chuang, los instructores, que querían protegerme, me dijeron que participara en Thai Chi para no forzar los músculos y para mi sorpresa, gané la competencia.

Quería comunicarles a mis padres, pero hasta eso era difícil porque en el 2016 no existía el acceso al internet de ahora y en China no se utilizan muchas de las redes sociales que conocemos, así que fue mi tía Elvira quien les traía las fotos a mis padres. Ahí aprendí el valor de la familia, porque obtuve los logros que quería, pero no tuve con quien compartirlos.

Pero mi ambición no murió, porque yo quería participar en Nang Chuang y a través de un contacto que hice en la competencia de Cantón, me dicen que llegue a la escuela de Shaoling, al norte de Beijing, para no confundirla con el Templo. Allí me sorprendí, porque era la misma escuela donde se filmó Karate Kid 5, protagonizada por Jackie Chang y Jaden Smith y el profesor que impartía las clases había tomado parte en las coreografías de la película.

Por supuesto que las clases había que pagarlas y eso salía de mi estipendio de estudiante y en solo tres semanas este profesor me ayudó a tener una preparación física óptima. La medalla que buscaba la obtuve en Siame, que es bastante parecido a Cuba en cuanto a condiciones climatológicas y ahí me reencontré con amigos que hacía tiempo no veía y que estaban viviendo en China y también me ayudaron porque también son practicantes.

Cuando llegó la competencia, cogí el oro en el Nang Chuang y me sentía completamente satisfecho, pero decidí participar también en Thai Chi, pero ahí solo dieron segundo y tercer lugar, algo que no sé si se lo inventaron para que no se quedasen los chinos sin medalla de oro; pero es una regla que no había visto y entonces obtuve ese segundo lugar, pero por nombramiento fui el primero.

Fui a otras competencias en las otras modalidades por otro practicante llamado Hai Lei que me presentó a su profesor. Me invitaron a una competencia en Nanchang y en Shintao, y obtengo medalla de oro en ambas. Ahí tuve que posponer otros planes porque quería cumplir otro sueño que tenía, que era ir al Templo de Shaoling por invitación de una amiga llamada Chang Lei, a quien le gustaba que le llamaran Mollie entre los extranjeros.

Wushu en Cuba Julio Oliva Pérez
Foto: Hansel Leyva Julio Y. Oliva Pérez se consagró a la práctica del Wushu. Foto: Hansel Leyva

Íbamos a participar en la 13 Convención de Jóvenes Líderes de Asia y Pacifico en Shenchou y llego a Shaoling dentro de la excursión. Los guías siempre te llevan por los lugares turísticos y yo vi un cartel que decía prohibido el acceso, pero entré arriesgándome y haciéndome el que no entendía y llegué a esta zona que sale en las películas, con varias torres elevadas con los chinos entrenando y golpeando las paredes y cuando veo a tres monjes entrenando me quedé bobo. Un monje salió de la nada con una escoba en la mano y yo pensé que me iba a noquear y me dijo que no podía estar ahí. Yo le decía que no entendía y me acompañó hasta que me reincorporé al grupo.

Los monjes tenían preparada una actividad dentro de uno de los teatros que tienen ahí, porque eso es un complejo enorme en un valle rodeado de montañas. Cuando regresamos al hospedaje, el grupo de la excursión, a modo de despedida, quería que los extranjeros participáramos en una actividad cultural, para mostrar lo que se hace en nuestros países y me piden a mí, mediante Mollie, que hiciera una exhibición de Wushu y lo hice en la zona colindante al templo de Shaoling y recibí una gran ovación.

La hora del regreso y la reinvención

No obstante, después de realizados varios de sus sueños, alcanzó el punto en que tenía que definir entre tomar un camino u otro; seguir en la zona de confort de toda una vida o buscar algo más.

Nunca he sabido qué responder acerca de mi salida de la Escuela Cubana de Wushu. Siempre respondía que eran cosas de la vida, para eludir un poco la pregunta. Yo tenía dos versiones de mí luchando internamente por obtener el dominio absoluto y debía pensar fríamente qué camino tomar en la vida. Por un lado, estaba el Julio nostálgico, que no quería despegarse del estado de confort que le brindaba su rutina, por más complicada que fuese la situación y por otro lado estaba este nuevo Julio independiente, que comenzaba a ver las oportunidades que tenía al alcance de la mano.

Una de estas se me presentó de la mano de uno de los profesores con quien estudié el idioma en China, que me entregaba las cartas de recomendación para que matriculara en el curso de artes marciales y tradiciones chinas para hacer mi licenciatura allá, que iba a comenzar en agosto del 2017, lo cual me convertiría en el primer cubano en graduarme de esa carrera allá.

Yo pensaba que era eso lo que quería para mí, pero llegó otro momento en que tuve que tomar otra postura que cambió completamente mi vida y estaba fuera de mis pronósticos. Recibí un correo de mi madre sobre las condiciones de salud de mi papá. Tras sufrir un infarto, los médicos dijeron que tenía que someterse a una cirugía a corazón abierto.

Hice lo posible para reunir el dinero que necesitaba para el pasaje de regreso y para un extra. Vendí todo lo que sabía que no podría traer, pero aun así no me alcanzó y apareció Kane, que es un amigo mío granadino y me regaló 6000 yuanes, que era el 90 por ciento del pasaje y fue porque el banco le había depositado 12 mil yuanes por equivocación y había sacado 6 mil. Se rehusó a que yo se los devolviera en el futuro y cuando fuimos al cajero a sacar el resto, ya el banco había hecho la corrección y el resto del dinero no estaba. Yo estaba muerto de la pena, pero él me dijo que estaba en su destino ayudarme. Siempre estaré en deuda con él y hoy nos mantenemos en contacto y por suerte, mi papá no tuvo que someterse a la operación, pero igual tendría limitantes con relación al esfuerzo físico que podía realizar.

Mi camino a la Universidad del Deporte de Beijing seguía abierto, pero ya no me sería posible en ese año, aunque nunca perdí la determinación. No volví a la Escuela Cubana de Wushu porque ya no son los mismos. Las nuevas generaciones ya habían tomado el mando y yo estaba decidido a superarme, por lo que me presenté en la Universidad del Deporte Manuel Fajardo con todos los documentos.

Le expliqué toda mi situación a la secretaria general, quien me atendió espectacularmente y siempre le estaré agradecido por darme la oportunidad de presentarme a los exámenes de ingreso y por pertenecer a la universidad. Estoy ya en el cuarto año a pesar de la situación de la COVID, y estamos trabajando online.

También le agradezco a Cary, propietaria del gimnasio La Espinaca de Popeye, donde trabajaba desde antes de irme para China y a mi regreso, ella cumplió con su palabra de conservarme la plaza. Nunca he sido muy fanático del fisiculturismo, más que nada por cuestión de desconocimiento. Provenía de una rama diferente, pero aun así entendía la importancia del trabajo con los equipos de gimnasio para mejorar la salud y condición física. También traía la experiencia del entrenamiento en China, que era riguroso y entendí la importancia del trabajo físico, así que apliqué todo eso aquí junto con el Chi Kung para la recuperación postentrenamiento.

Entonces llega REBORN, una idea que surge al ver las diversas inquietudes que presenta un gran porciento de los clientes que acuden a los gimnasios. Las personas van al gimnasio por diversos motivos, pero solo unos pocos se comprometen a seguir a largo plazo. Muchos entran con la expectativa de ver resultados inmediatos y someten su cuerpo a cargas extremas de entrenamiento sin ningún tipo de equilibrio y esos muchas veces afecta nuestro comportamiento fisiológico.

Es por ahí que surge el eslogan de REBORN: “la carrera no es contra el tiempo, sino por más tiempo de calidad”. He visto a muchos clientes abusar de determinados productos en búsqueda de resultados inmediatos y no digo que todos esos productos sean malos, pero todos los extremos sí lo son y eso es algo que se evidencia bastante en los gimnasios.

Hay un dicho que dice que conocer a otros es de inteligentes, pero conocerse a uno mismo es de sabios. Esto se ve cuando un recién llegado se matricula por recomendación de un amigo que lleva tiempo entrenando y le propone el mismo plan que él sigue y en ese recién llegado ese plan no le funciona y la frustración lo lleva a cometer algunos errores.

Ahí es donde entra REBORN. La propuesta que tiene es guiarte en el proceso de autoexploración de tus capacidades. Siempre digo que no debemos dedicarnos solo a los ejercicios de potencia o los aerobios, sino mezclarlos y alcanzar el equilibrio. También influyen las estaciones, los horarios, los alimentos, etc. y eso es lo que proponemos: hacerte consiente de ti mismo y de tu cuerpo para que te plantees los objetivos correctos y nos encargamos de que los clientes lo entiendan de esa manera.

Por supuesto que este proyecto no lo hago solo. Fue una idea inicial mía, pero nadie logra nada solo y somos un equipo de varios amigos que nos estamos involucrando en esto. Desgraciadamente, con esto de la COVID, lo primero que cerró fueron los gimnasios y parece que será lo último en abrir, así que hemos aprovechado para mantener lo que teníamos empezado y fortalecer lo que teníamos pendiente desde el punto de vista teórico para estar más preparados para cuando podamos abrir.

Por otro lado, este tiempo me ha traído el mejor de los premios posibles: la paternidad, la cual despertó esa parte más sensible de mí. Tengo un niño bello, un chinito que se llama Enzo que es muy saludable y muy enérgico y estamos muy orgullosos de él, tanto la madre como yo, por lo inteligente que es y no hay un momento en que no queramos estar cerca de él. Si hay algo que tiene a su favor es mi esposa Lissette, que es una madre ejemplar y siempre se encarga de todo cuando yo no puedo por causa del trabajo o la universidad; al igual que mi suegra, que también es una abuela muy dedicada. Mis padres viven en Centro Habana y también están bobos con él, aunque tratan de mantener cierto distanciamiento por causa del COVID.

Por otro lado, a REBORN estamos tratando de ver cómo convertirlo en una marca, porque nunca está de más esa parte del marketing con las gorras, los termos o cualquier otro producto que sea usado en un gimnasio, porque eso siempre atrae más al cliente y le da un mayor sentido de pertenencia y en ese camino vamos. Con la pandemia se ha tenido que ralentizar todo, pero eso nos da tiempo para organizarnos mejor.  

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