Cuando a los 16 años Lilian Pérez integró la selección cubana de fútbol de mayores, soñaba con ser una profesional reconocida mundialmente para sacar a adelante a su mamá, quien la crio, sola, desde que tenía 7 años.

Era una especie de jugadora prodigio, que quemaba etapas por su talento descomunal. A los 17 años tenía ofertas para jugar Italia, Estados Unidos y otros países, pero nunca la dejaron en la Comisión Nacional.

Cuando llegó la oportunidad esperada, en Costa Rica, la experiencia se trocó en pesadilla. Lejos de su madre y la familia, la joven sufrió el incumplimiento en las condiciones de su contrato, una lesión y sintió el abandono de los directivos del fútbol cubano.

De vuelta a Cuba, la futbolista que anotara en su primer partido internacional un hat trick decidió quedarse en México y continuar su vida, cansada de que “decidieran por mí y que metieran las narices en todo”.

¿Como fueron tus inicios en el deporte?

Mi papá fue para los Estados Unidos cuando tenía 7 años, yo era gimnasta y no me dejaron irme para la EIDE por la edad. Mi mamá se quedó sola conmigo y con mi hermano de apenas 1 año. Ella no me podía llevar a entrenar gimnasia, entonces, como el terreno de fútboll quedaba al lado de mi casa y era lo más cercano que tenía, iba para allí y así me podían vigilar.

En ese terreno, gracias a mi profesor de Educación Física que es amante al fútbol, empecé a practicar. En la escuela sólo dábamos ese deporte y yo era la única niña que jugaba, todos los demás eran varones. Me gustaba jugar de portera, pero cuando cogía el balón me llevaba a todos y anotaba gol.

Tras practicar por varios años en ese pequeño terreno, se te presentaría una oportunidad para probarse con las mejores de su provincia. ¿Cómo se produce tu llegada EIDE de Villa Clara?

Fui a un tope en que jugaba el equipo femenino de Villa Clara con Ciego de Ávila; recuerdo que llegué allí con mamá. La entrenadora me dijo: cámbiate y calienta. Así lo hice, fui para el terreno solita e hice todo el calentamiento de lo más bien, pero como la entrenadora no me conocía, me dejó en el banco. El primer tiempo terminó 0 a 0 y entré en el segundo tiempo. Después, en total, marqué 8 goles y di 9 asistencias y me empezaron a tratar diferente. Tras esa actuación, me incluyeron en el equipo de Villa Clara de la EIDE.

Ya todo estaba listo para empezar la escuela y dije que no. Era muy apegada a mi madre y no quería estar lejos de ella. Al final me convencieron y como toda niña mimada, puse mis condiciones para entrar a la EIDE.

¿Cuándo integras por primera vez una preselección nacional?

Mi primer campeonato fue en octavo grado con 13 años y cogimos oro y quedé de mejor jugadora y líder goleadora con 6 goles. Participé en los Juegos Escolares y llamé la atención de los entrenadores. Tras mi actuación en los torneos nacionales, caí en la bolsa de la selección, pero como era muy niña no me llevaron. Yo no hice ni caso y seguí en mi Villa Clara: pasé esa semana en casa de vacaciones. De momento me llamaron porque venía el Comisionado Nacional y nos pusieron a jugar un partido contra los varones escolares y acabé con ellos. El comisionado me vio y me dijo: “¿qué haces aquí y no en la Habana? A los pocos días, ya estaba en la Habana con el sub-20. Una vez en el equipo, me hice de un puesto con sólo 14 años, pero faltaba poco para el viaje y no daba tiempo para los papeles. Desde ese entonces, integré la selección.

Lilian Pérez selección cubana
FIFA Lilian Pérez con la selección cubana

Siendo apenas una niña, el equipo de mayores te abrió sus puertas. ¿Qué recuerdas de tus primeros momentos allí?

Era la única niña. Todas tenían 20 y un poco más, y yo apenas de 16 años. No encajaba mucho, aunque todas las chicas me apoyaron siempre y me dieron muchos consejos. Ellas querían que jugara titular y el entrenador me dejaba en la banca. Al primer torneo al que fui me solo puso en el último partido: teníamos que anotar 7 goles para clasificar y me puso en el segundo tiempo, anoté dos goles de bolea, uno de cada lado y provoqué un penalti. Como yo no era la que ejecutaba los penales, de inocente, pregunto: ¿Quién lo va a tirar? Ninguna quiso la responsabilidad y me dijeron que lo tirara yo misma y al final marqué. El partido, cuando yo entré, estaba 1 a 1: entonces, marqué 3 y quedó 5 a 1.

Unas de las experiencias más lindas en tu carrera se dio en Dominicana en 2018. ¿Qué pasó exactamente?

Aquello me erizó la piel, fue algo fantástico. En un torneo celebrado en aquel país les ganamos 5-0 a aquel equipo y anoté en ese juego. En el segundo partido, el entrenador Bonora quería que otras jugadoras quedarán de líderes goleadoras y como el juego era contra una islita, me dejó en el banco. El solo me ponía en los partidos duros y en ese juego se ganó como 12 a 0.

Luego toca la final con Puerto Rico, esa daba el pase a la final del Caribe en Jamaica y de ahí pasaban 3 equipos para la Copa Oro en Estados Unidos. En ese juego me puso de titular como extremo, en 15 minutos nos anotan 2 goles y las jugadoras de Dominicana estaban todas en las gradas viendo el juego y yo conocía a algunas de mi categoría que estaban ahí. Lo cierto es que desde las gradas me gritaban: “Lilian. ¿Qué pasa? ¡Dale!

En el segundo tiempo se mantenía 2 a 0, le hago un cambio de juego a Rachel y ella recepción y anota el gol. Las gradas se calientan y de pronto empiezan a corear todos en las gradas mi nombre, aquello me dio más fuerza y me transformé. Cogí el balón luego de un rebote y disparé un bombazo desde fuera del área, la portera de Puerto Rico solo miró como daba en los postes, y entró. Las gradas enloquecieron y todos entraron al terreno a abrazarme y de esa manera avanzamos en busca del sueño de la Copa Oro.

¿Qué recuerdas de tu participación en la Copa Oro?

El nivel en ese torneo era muy fuerte, nos anotaron goles por todos lados, pues estaban Jugadoras como Alex Morgan y todas esas estrellas. También influyó el hecho que Bonora cambió el sistema que veníamos usando, nos metió atrás y el equipo entero defendía en el área.

En nuestro grupo estaban Costa Rica, mundialista; Jamaica, también y Canadá, subcampeón. Todas eran profesionales y nosotras solo llevábamos meses juntas. La falta de roce internacional nos pasó factura, al igual que las limitadas condiciones de entrenamiento.

¿Cómo se concretó la oportunidad de jugar una liga extranjera?

Desde que tenía 17 años, tenía ofertas para en jugar Italia, Estados Unidos y otros países, pero jamás me dejaron. Siempre se perdían mis papeles; los de nadie más se perdían, solo los míos: sé que lo hacían para no dejarme salir.

Pasé mucho trabajo para poder lograr el contrato. Primero, estuve 2 años para poder salir hacia Costa Rica. Ellos (la Comisión Nacional de Fútbol) nos engañaron diciendo que se estaban haciendo los tramites, pero todo era mentira. Por suerte, tengo amistades en la selección y le envié el contrato directo a una persona que me ayudó: con eso, en 3 días, se resolvió todo. Algo que llevaba años para poder resolver, con la ayuda de una persona, se logró en sólo 3 días: era pura burocracia de los dirigentes. En la Comisión, jamás hicieron nada, algo que era su trabajo.

¿Qué recuerdas de tu estancia en Costa Rica?

La pasé muy mal, me deprimí y lloraba mucho; hasta bajé de peso: son cosas que prefiero olvidar. En ese país no recibí asistencia médica ninguna, llevaba casi 1 año con los cruzados rotos y ellos nunca se preocuparon por mi lesión. Los directivos del fútbol cubano lo sabían desde el mismo día que me pasó, pero solo importaba la imagen del fútbol cubano. Recuerdo que cuando se los dije ellos me dijeron: Nada chica, esto no estaba en los planes. Esa fue su respuesta, nada más.

En el contrato que firmé decía que nos daban todo, desde seguro médico hasta alojamiento: pero nada se cumplió. Nos mandaron para Costa Rica y allí no se cumplió nada. Les conté mi situación a los dirigentes cubanos y ellos no se preocuparon por nada.

Los directivos del fútbol en Cuba argumentan que lo más importante es el atleta y que ellos son los intermediarios para que el deportista tenga buena atención y seguridad. ¿Qué sucedió en tu caso?

Me da ese argumento de ellos. El contrato era de 500 dólares y sólo nos pagaban 40: se quedaban con el resto del dinero. En Costa Rica se dio otra difícil situación, la cual ellos conocían, con respecto al alojamiento y la comida: eestuve durmiendo en colchones sobre el suelo durante 3 meses y comiendo huevo para el desayuno, almuerzo y comida.

Yo me puse flaca, la depresión me estaba matando del maltrato, porque estábamos en casa de la mamá del entrenador, haciéndole de todo a ellos: lavándole, cocinándole y pintando. El entrenador de Costa Rica se obsesionó conmigo e hizo todo lo posible porque me quedara allí.

En cuanto a lo deportivo, el club era de Primera División y estaban casi en el descenso, pero lo pusimos en semifinales. Con la ayuda de nosotras, el club creció porque ellos no le ganaban a nadie. Para mí, la liga de Costa Rica es muy fácil, no tiene gran nivel.

Lo más malo de todo fue el acoso y el maltrato del entrenador. En Costa Rica se quedó algo más que mis sueños de ser jugadora profesional. De los jefes de Cuba una está consciente de lo que dan: el abandono por parte de ellos fue brutal. Hay cosas que nunca olvidaré. Cuando venía de regreso, desde México hacia Cuba, estaba parada en el aeropuerto sin dinero, sin comida ni agua, todo eso por más de 24 horas. Tras esa situación, me molesté y me fui. Es feo estar en un lugar que no es el tuyo y no poder hacer nada: que te utilicen y tú sin poder salir de ahí.

¿Porque decides quedarte en México?

Siempre pensé con el corazón: amo mi país y amo el fútbol. Muchas jugadoras abandonaban y nunca lo hice, y eso que viajé a Estados Unidos y otros países. Lo principal para tomar esa decisión fue el abandono que sufrí, pues nunca me había pasado por la mente quedarme. Salí a cumplir un sueño que me negaron por años y terminé lejos de mi mamá. Jamás pensé en quedarme.

Me cerraron las puertas miles de veces y yo seguía aferrada a ser profesional y reconocida, porque siempre quise triunfar en mi país. A pesar de todo lo que me hacían, siempre tuve mi sueño y meta fija por delante. Soñaba con ser reconocida mundialmente. Se lo prometí a mi mamá con 7 años cuando mi papa nos dejó: le dije que la iba a sacar adelante y lo intenté a pesar de todas las trastadas que me hicieron en Cuba, pero no se pudo.

En Cuba joden mucho y ponen muchas trabas y la verdad es bien triste porque me han quitado lo que más amo: jugar futbol. Me cansé de que decidieran por mí y que metieran las narices en todo, cosa que, para colmo hacían mal. Tras la difícil situación que pasamos en México y la gravedad de mi lesión, decidí cambiar mi futuro.

¿Cómo han sido estos años lejos de tu familia?

Estos años distantes de mi familia han sido muy duros porque es el mayor tiempo que he pasado lejos de ellos. Los extraño muchísimo a todos, pero en especial a mi madre, a mi hermano y a mi madrina, que son prácticamente mi vida. Lo que más deseo es estar con ellos ahora mismo. Lamentablemente, tuve que ir a otro país para construir un futuro mejor para ellos, pero estoy segura de que algún día nos volveremos a encontrar y será para siempre.

¿Cómo es tu vida en EE. UU?

Con la ayuda de mi padre llegué desde México a este bonito país. Hasta ahora me siento bien aquí, trabajo en una fábrica de colchones y en la tarde estudio idioma para aumentar mi cultura y siempre con una meta fija: superarme y ayudar a mi familia en Cuba. Diría que soy feliz con la vida aquí, sólo me falta el fútbol.

¿Se ha interesado algún club en ti en este tiempo?

Sí, tuve ofertas para jugar. En cuanto llegué me querían llevar a Puerto Rico y otros países, pero tengo una lesión grave en la rodilla y así no puedo jugar. Tengo que ver cuando me opere y luego de eso, está mi recuperación: según como salga, ya veré. Pero mi sueño es ser profesional y ayudar a mi familia, cosa por la que lucharé hasta el final.

¿Más allá del fútbol, qué te gusta hacer?

Me gusta mucho la gimnasia porque la practiqué desde niña; también soy muy familiar, me gusta pasar ratos con ellos, aunque en este momento estemos separados. Aquí en Estados Unidos es un sistema de vida distinto completamente a Cuba; pero al final me tuve que adaptar. Al principio lloré y me fue difícil la adaptación, pero me sequé las lágrimas y tuve que empezar a mirar al futuro.

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