Suiza, noviembre del 2019. El equipo cubano de esgrima busca un milagro para clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio. En esa expedición, a la escuadra antillana la componen los obradores del milagro de Lima, meses atrás.

El plantel se hospeda en un hotel de Berna, capital de la nación europea. Luis Patterson resalta entre los espadachines de la delegación caribeña por su juventud. Tiene solo 23 años, pero lleva alrededor ocho con la selección.

Avezado en el manejo de su arma, Patterson exhibe un palmarés envidiable: con una presea en la Copa del Mundo Juvenil y un oro por equipos en los Juegos Panamericanos.

Sin embargo, algo le atormenta. Se nota tenso. No resiste a la zozobra. El desasosiego lo carcome y toma una decisión que califica como “la correcta”. Su nuevo rumbo implica la exclusión de Cuba de la cita del orbe y la imposibilidad de finiquitar con un touché dorado el boleto de Tokio 2020.

Tres años después, Luis Patterson reside en Canadá y compite con el Dynamo Fencing. Ha cumplido varios de sus sueños, pero recalca que restan otros todavía.

¿Cómo llega Luis Patterson al mundo de la esgrima?

Siempre me gustó hacer deportes. Es alta prioridad en Cuba. Desde pequeño, a los seis años, recuerdo que estaba en la primaria y por la ventana del aula veía alumnos practicando esgrima. Un día me acerqué y decidí empezar.

Comencé seriamente al participar en eventos provinciales. En poco tiempo pude destacarme. No mucho después ingresé en la EIDE “Pedro Miguel Díaz Coello”, de Holguín. Empecé a obtener resultados relevantes en categorías superiores y eventos internacionales aun estando en la base. Eso me llevó al equipo nacional con solo 15 años.

¿Coméntanos sobre la formación de un atleta de esgrima en Cuba, al no ser este un deporte mediático en el país? 

La formación de un atleta, y no solamente de esgrima, es muy complicada en Cuba. En mi caso, esta disciplina requiere de equipamientos de alta tecnología y armamentos muy caros, lo cual es difícil de recibir en nuestro país.

Para poder triunfar como atleta, no solo ayuda tener interés y entrega. Es necesario conseguir por otros medios el equipamiento. En mi tiempo tenía respaldo de mi comisión deportiva y entrenadores. Hacían lo que podían en su momento. Como sabes, cuando un atleta tiene perspectiva lo priorizan y atienden.

¿Cuáles eran tus condiciones de vida y entrenamiento en Cuba?

Mis condiciones de vida no eran las mejores, ni las merecidas para un atleta de alto rendimiento. Aún después de representar a Cuba en varios eventos internacionales y obtener resultados, debía compartir cama con mi mamá y hermano al regresar a mi casa, o dormir en el piso.

En el equipo nacional las condiciones tampoco eran las óptimas para un atleta de esgrima. Carecían y carecen de equipamientos, armamentos y presupuestos.

¿Cómo fue tu debut internacional?

Mi primera presea internacional fue en Guadalupe, colonia francesa. Ahí obtuve una plata en un evento de categoría mayores, siendo aún cadete juvenil. Ese resultado me dio la plaza a la selección nacional.

Recuerdo también mi medalla en la Copa del Mundo Juvenil San Salvador, la cual gané sin apoyo del presidente de la Federación. Sin proveerme transporte, vestimenta, ni viatico, me sobrepuse. Logré salir victorioso y titularme campeón mundial juvenil. Este evento me abrió las puertas a otros internacionales en esa temporada.

También asistí al Campeonato Panamericano y Centroamericano en Panamá. Viajamos con nuestro propio dinero y tuvimos que hacer magia para poder competir. Alcancé la medalla de plata por equipos y plata individual en el Centroamericano.

Luis Patterson
Touché World “Viajamos con nuestro propio dinero y tuvimos que hacer magia para poder competir”. Foto: Touché World.

Hablas de experiencias sin respaldo alguno de la Federación, ¿por qué sucedía esto?

La esgrima no es un deporte mediático en Cuba como el boxeo, béisbol, lucha, etc. Por ello, no recibíamos apoyo de los federativos. Tomamos la decisión en equipo de costearnos el viaje y gastos para poder competir y conseguir puntos para el ranking. Apostamos a nosotros, y ganamos.

Una vez en Panamá, algunos cubanos nos criticaban por nuestras llegadas tardes a competencias. Desconocían que era lo mejor y más rápido que podíamos hacerlo, pues estábamos por nuestra cuenta. Nadie nos apoyó hasta que dos de nuestros compañeros alcanzaron la medalla de plata y bronce en el individual. Fue entonces cuando personas extranjeras nos ofrecieron hospedajes en hoteles y demás. Todo fue luchado y a la suerte.

San Salvador fue una competencia en la cual, por estadística, no tenía chance de alcanzar una medalla. Pero sabía que al estar en la selección nacional y entre los primeros a nivel de mayores, podía hacer un buen papel.

Los problemas empezaron cuando le pregunté al presidente de la Federación si recibiría algún módulo o ropa, como lo llamamos, en caso de alcanzar una medalla.

Sus palabras fueron “usted está más cerca de la Luna que de alcanzar una medalla en esta competencia” y le dije “está bien”. Él me respondió “te voy a dar el chance de ir, pero si no coges una medalla, vas de cabeza para Holguín”. Y por ahí empezó todo.

Tras no tener apoyo por mi propio presidente de la Federación, pedí un transporte para la ida hacia el aeropuerto. La respuesta fue que había para atletas que viajen solos, pues no se puede gastar combustible.

Tuve que buscar una solución. Hablé con el camionero de la comida y le pedí de favor si podía a las 5:00 am llevarme hasta el aeropuerto, y me dijo “sin problemas”.

Increíblemente gané la medalla de oro en El Salvador. Las alarmas se activaron al no tener una ropa para subir al podio. Me preguntan cómo llegué, pero de tanta alegría y cansancio decidí dejarlo pasar. Sabía que una vez en Cuba, muchas personas bajarían la cabeza por todo lo sucedido.

Entre tus resultados internacionales con Cuba resalta el Campeonato Panamericano de esgrima en Toronto, Canadá. ¿Qué recuerdas de esa competencia?

Ahí empecé a darme a conocer en el equipo de mayores. Cuba tenía la desdicha de perder contra Venezuela en reiteradas ocasiones, plantel integrado por atletas de primer nivel, como el campeón olímpico Rubén Limardo.

Rompimos esa cadena y logramos vencer a tan difícil rival. Avanzamos y derrotamos a Brasil, Argentina y los Estados Unidos en la final. Fue un resultado muy importante para nuestras carreras.

Nos dio la esperanza de aparecer en el ranking internacional por equipos y soñar con una clasificación olímpica, tras obtener doble puntuación y vencer a los más fuertes del área.

Recuerdo ver cómo nos ganamos el respeto de todas las delegaciones y la Federación Internacional de Esgrima nos felicitó directamente. La visión era otra. Podíamos pedirle al INDER ayuda para continuar nuestra preparación.

Luis Patterson integró la delegación que conquistó de manera espectacular la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima 2019 ¿Cómo fue esa experiencia?

Veníamos muy confiados y preparados para esa competencia. Estábamos empatados con Argentina en el medallero y esta final de espada era contra ellos. Quien ganase, se colocaría delante en el medallero.

Después de derrotar a Brasil, nos tocó enfrentarnos al mejor equipo en ese momento, Venezuela. En el cruce por una medalla empezamos muy apretados. Por ser el más joven, ellos pensaron descontar la diferencia conmigo, pero estábamos preparados.

Mi entrenador en aquel momento, Jaine Hernández, siempre me preparó porque sabía que los equipos contrarios vendrían por mí. No se lo puse fácil y les respondí a cada pelea.

Ese encuentro fue el más espectacular. Ganamos por un punto, bien cerrado. Cada uno hizo su parte y pudimos llevarnos la victoria. Ya después, en la final, estábamos más relajados.

¿Qué sentiste ante esos rivales de renombre al ser tú el integrante más joven del plantel cubano?

No era la primera vez que me enfrentaba a este tipo de rivales. Nos preparamos con antelación. Poco a poco pude pulir cada detalle. Aun así, competir y combatir contra atletas de ese nivel siempre es interesante y genera mucha presión.

Hoy Rubén Limardo es mi amigo en lo personal, y tuvo la humildad de decirme que hice un buen trabajo aquel día, siendo “el Carajito del equipo de Cuba” como dice él.

¿Cuándo tomaste la decisión de abandonar la delegación, hubo algún detonante en específico o lo tenías decidido desde antes?

Sí, ya veníamos con buena puntuación y Berna podría asegurarnos una posición en el ranking olímpico. La decisión la tomé después de ganar los Juegos Panamericanos. Me di cuenta que por muchos resultados, seguiría viviendo del momento.

Tuve varias discusiones con mi entrenador y algunos directivos por injusticias. Supe que, si no lo aprovechaba, nunca más me darían otra oportunidad. Aun siendo campeón Panamericano, me amenazaron con removerme del equipo A, en caso de no obtener un buen resultado en Berna, Suiza. Me pareció bastante absurdo.

Hablas sobre determinadas injusticias ¿A qué te refieres?

Luego de varios años en el equipo nacional y con buenos resultados, termino como atleta del año en el país. En mi provincia, Holguín, los directivos, frente a mi madre, me dicen que ellos no me conocen y que no estaba invitado a ningún evento de fin de año. Mi casa se me caía en pedazos. Me daba pena invitar a mis amistades en los pases y vacaciones.

En el equipo nacional, por ejemplo, siempre tocaban los viajes por ranking. Si eres el primero, te toca seguro, si hay dos plazas, el uno y el dos. Una vez tuve una disputa con el entrenador, y yo era el número 3-4.

Llegaron supuestamente invitaciones de competencias y bases de entrenamiento para los números 1, 2,3 y los 5,6, y 7. Para mí, número cuatro, desdichadamente no había.

Reclamé con la dirección del deporte y me dieron la razón; pero los ataques persistían y las amenazas también. Sabía que mi tiempo en el equipo nacional estaba marcado. Había injusticia en todo y el atleta era el más perjudicado. Por eso muchos hoy desertan.

Luis Patterson
Cortesía del entrevistado “Me senté en el lobby y esperé que todos subieran a la habitación. Entonces supe que era mi momento”. Foto: Cortesía del entrevistado.

¿Cómo abandonaste la delegación?

Tenía poco tiempo para tomar la decisión correcta y no cometer ningún error antes de que me recogieran el pasaporte; no podía contarle a mi familia. Recuerdo que estábamos en una habitación todos juntos y no pude dormir en toda la noche. Pensaba cómo escapar sin ser visto en un país que nunca había visitado, ¿qué hacer? ¿a dónde ir? Pero debía hacerlo y rápido.

En la mañana, antes de chequear el armamento para competir, bajamos a desayunar. Mi entrenador me preguntó por qué esta vez llevaba los zapatos para desayunar, cosa que nunca hacía. Me senté en el lobby y esperé que todos subieran a la habitación. Entonces supe que era mi momento.

Salí. Corrí hasta la parada del subemontañas. Después corrí aún más. No me detuve hasta la estación del tren. Pregunté por el camino mediante señas cómo llegar a la estación.

Una vez ahí, las lágrimas corrieron solas. Sabía que sería juzgado y penalizado por mi actuar. Mi familia y todas mis amistades sentirían la noticia. Pero fue una buena decisión. Mientras más me alejaba, más libre me sentía.

De Suiza fui para Francia y ahí estuve varios días hasta encontrar dónde estabilizarme.

¿Cómo llegas a Canadá?

Tenía una visa de turismo. Visitaba Canadá regularmente, cosa que me hizo reunir contactos y amistades. En Francia estuve aproximadamente 50 horas. Me tomé tiempo para conseguir el vuelo y despejar un poco. Una vez en Canadá me sabía todo el protocolo. Aquí ya llevo tres años aproximadamente.

¿Cómo enfrentó tu familia de Luis Patterson la decisión de emigrar?

Estuvo totalmente sorprendida. Mi madre era quien más me preocupaba. Otros miembros de la familia sabían todo por lo que yo pasaba día a día. Me apoyaron.

¿Sintieron algún tipo de discriminación o rechazo de instituciones, directivos o conocidos?

Sí. A mi casa regresaron mis diplomas, trofeos y medallas que una vez estuvieron en los museos de la EIDE y el INDER de Holguín.

¿Cómo te sientes al saber que no puedes regresar a tu país en 8 años? ¿Has vuelto a ver a tu familia?

Sinceramente, te choca al principio. Ya después te adaptas a la nueva vida, el tiempo pasa volando. No he vuelto a ver a mi familia, pero sé que algún día lo haré. A mí me tocó tomar la decisión más difícil, pero no me arrepiento.

Tu salida representó un duro golpe a la esgrima cubana ¿Dudaste en algún punto de haber tomado la decisión correcta?

No tuve duda en tomar la decisión, pero sentí miedo al principio y mucho estrés. Luego se quitó con el tiempo. No creo que sea fácil de tomar con todos los factores involucrados.

La política del país y la dirección deportiva tiene sus motivos y sus valores, pero hoy día muchos atletas cubanos de nivel mundial y olímpico representan a otros países porque Cuba, su tierra natal, no los acepta.

El país pierde más. Imagínate si todos los boxeadores, peloteros, luchadores y otros atletas que están fuera pudieran representar a su país. Nuevamente Cuba podría recuperar en parte su respeto en el deporte, ya deteriorado.

Emigrar es un proceso difícil para todos. ¿Cómo fue tu adaptación a tu nuevo destino?

Muchas personas hoy en día pueden compartir la misma experiencia de una forma u otra. Para mí fue difícil pues no dominaba el idioma. Solamente pude abandonar con un abrigo y el pasaporte. Debí empezar desde cero.

Poco a poco me lo propuse y logré adaptarme al clima y al nuevo sistema. La vida en Canadá es totalmente diferente. Se trabaja mucho, pero ves los beneficios. Hoy me pagan por hacer esgrima, el deporte que amo, y ser atleta de la selección nacional se siente bien y diferente.

¿Cómo es el nivel de la esgrima en Canadá?

Hoy compito y represento a mi club, Dynamo Fencing, que me acogió desde el primer día en que llegué. He obtenido varios resultados, el más reciente fue una medalla de plata en el Campeonato Nacional.

Canadá ha subido su nivel de esgrima excepcionalmente. Ningún atleta del Cuba actual ha tenido la oportunidad de derrotarlos. En comparación con el resto está subiendo. Creo que estará presente en los próximos Juegos Olímpicos.

¿Has cumplido los sueños que tenías al emigrar? ¿Cuáles te faltarían por realizar?

Uno que anhelo es volver a competir internacionalmente. Demostrarme que con mis conocimientos y experiencias, más las condiciones de este país, puedo lograr ese gran sueño de una medalla olímpica.

¿Qué crees de la escuela cubana de esgrima y la salud de este deporte? ¿Qué cambios le sugerirías a los directivos?

La escuela cubana de esgrima es muy impresionante y única. Todos hablan de ella. Pero deben cambiar y moverse con el mundo, o no podrán subir al siguiente nivel.

Sobre los directivos, deben ser más objetivos con las competencias que realmente aportan puntos al ranking y buscar vías para levantar el deporte una vez más.

De ser posible, ¿te gustaría volver a representar a Cuba?

Por supuesto. Es mi tierra. Fue donde nací. Nada tengo en contra de ella. Pero solo si puedo representarla libremente.

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