Algunos lo comparan con Wilfredo León, otros con Alessandro Michieletto, por la edad y proyección. Esto, que representaría una presión desmedida para otros, a Marlon Yant le agrada, contrario a lo que pudiese pensarse, pues lo ve como un reto.

A sus 21 años, este voleibolista cubano es toda una realidad. Dejó de ser ese supertalento para convertirse, en la actualidad, en uno de los mejores jugadores del mundo. No cualquiera brilla en la Superliga Italiana y es figura con su selección.

Del techo de su juego pocos hablan. ¿Cuál sería el de un jugador que está llamado a marcar una época? No por gusto debutó con la selección siendo un adolescente y como lleva tantos años en los focos de atención, algunos olvidamos que sigue siendo el mismo adolescente.

Todo esto quedaría en nada, todas esas proyecciones y futuro que se le presagian, sino fuese el profesional que es y no hablara con esa confianza tan necesaria para creérselo.

Su vida se ha basado, constantemente, en demostrar lo que otros esperan de él. Por estos y otros motivos, muchos lo dicen: Marlon Yant es uno de esos jugadores que salen cada cierto tiempo.

¿Cómo llega Marlon Yant al voleibol, pese a ser hijo de una gloria del baloncesto cubano?

Fue cuando tenía 9 años, en un pueblo que se llama Esperanza. Entonces, vi a algunos muchachos jugando este deporte, y me embullé con ellos. Después, un profesor me vio, por la estatura que tenía, y así empezamos. Pero practiqué un poco de pelota, hasta los 9 años.

Tu mamá es Grisel Herrera, una basquetbolista cubana que estuvo hasta en tres Juegos Olímpicos, que fue campeona centroamericana. ¿Te impulsó ella hacia el deporte, te inspiró de alguna manera?

No, no me impulsó. Desde chiquito, me gustaba el deporte, igual que el baloncesto, aunque nunca lo practiqué, pero sí me inspiró como atleta. Yo quería ser grande como ella y hasta superarla.

Quería llegar a unos Juegos Olímpicos y alcanzar una medalla. Pero, en realidad, entré al deporte solo. Me ayudó, entonces, a comprender lo que era el sacrificio y la disciplina de un atleta.

¿Cómo fue el proceso de evolución tuyo? Me parece que fue rápido, pues llegaste muy pronto al equipo nacional.

Entré cuando tenía 15 años y ahí, el profesor Nicolás Vives me colocó con el primer equipo. Empecé con el sub-23 y sub-21. Después, hubo una competencia con el equipo nacional en Canadá, en la que no pensé que estaría y me llevaron. A partir de ahí, fui integrándome cada vez más, hasta que me quedé en el equipo nacional.

¿Te sentiste presionado al haber llegado tan pronto a esos niveles?

Un poco sí, porque era el más joven del equipo, y tenía que estar al nivel de mis compañeros, alcanzarlos; pero era también lo que yo quería, mejorar.

También tu generación tuvo que asumir una responsabilidad un poco apresurada. El tiempo de ustedes, quizás, debió llegar un poco después, pero debido a diversos problemas, se les apuró. ¿Cómo lo manejaste?

Fue difícil para nosotros, pero no nos quedó otra que asumirlo. No nos convenía que fuera así, pero al final fue lo que sucedió, y resultó una oportunidad para ir trabajando y mejorar como equipo.

Grisel Herrera, gloria del baloncesto cubano, contó a esta revista sobre su hijo, Marlon Yant:

Tuve mi culpa en que él no fuera baloncestista. Traté de desviarlo del básquet. Primero, porque veía que las matrículas eran mayores en el voli y eso favoreció. Además, tenía una ESPA Nacional. Marlon siempre fue un niño alto, jugó pelota en las provinciales pioneriles y el profesor de voleibol lo pidió prestado al de béisbol para que fuera a una competencia. A un mes de haberlo practicado, más o menos, lo vio el comisionado de voleibol, le preguntó si quería irse para la EIDE y él aceptó. Le aconsejé que debía ser serio y empezó en quinto grado.

Le gustaba más el baloncesto. A veces lo iba a ver al terreno y me decían que estaba con el entrenador practicando baloncesto, pero ya después fue cogiendo seriedad y empezó a tener éxitos en el deporte de la malla alta. Es un orgullo tener a un hijo con el talento de Marlon, aunque sufro cada derrota. Estoy contenta de sus resultados y de cómo ha crecido como atleta.

Es bueno que pueda jugar como profesional en la liga italiana y que tenga su vida garantizada económicamente. No obstante, eso tiene cosas que no me gustan mucho porque ven a los atletas como una mercancía y se habla de ellos como si fueran un objeto para hacer negocios; pero así es como se vive en el mundo y tenemos que adaptarnos y tomar lo bueno.

He tratado de guiarlo, de que haga lo mejor, para que cogiera el buen camino. Yo me fui con él para Francia desde su primer contrato. En este no estoy debido a la pandemia, porque las embajadas acá están cerradas y no dan visas; si no, estuviera con él.

Desde aquí le aconsejo que se cuide de la COVID. Deportivamente, que se entregue y sacrifique diariamente; que no se conforme y busque un objetivo más adelante. Le digo que todavía es el hijo de Gricel, que cuando sea olímpico, cuando gane competencias, entonces puede decir que empieza a ser grande. Le falta mucho por aprender.    

Son constantes mis palabras para que no pierda la humildad, la modestia y que disfrute cada instante de juego. Marlon mide 2 metros y 5 cm, pero lo veo como mi niño. En el equipo nacional es el menor de edad, pero le hablo fuerte, a veces. Le digo que tiene que ser hombre siempre en su comportamiento. Es muy controvertido, parece arrogante, pero no lo es. No habla mucho, aunque con sus amigos sí. Es alegre y se recupera de los desaires y eso me gusta.

Estoy en tiempo de descuento: voy para mis 50, pero si mi hijo se lo propone, tendrá un futuro promisorio si pone todo su empeño, no solo en el exterior, sino con el equipo nacional. Siempre estaré a su lado para acompañarlo en sus victorias y derrotas. Quiero aclarar que no voy a ser la abuela que cuida a los nietos. Dejé de entrenar para cuidarlo a él, pero si me necesita donde sea, ahí estaré.  

Tengo mi casa en Villa Clara y la estoy acondicionando con mis comodidades para mi vejez, porque sé que no es lo mismo una persona mayor en el exterior que en Cuba. No estoy para causarle trabajos, ni quiero depender de nadie. Si me necesita en Alaska, allí estaré, aunque por ahora pienso que puede ir andando solo. Mi hijo hará su vida, su familia, pero yo retorno a mi base.   

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Ya eres parte de la generación que ha ido saliendo, poco a poco, a ligas internacionales. ¿Te cambió mucho la perspectiva del voleibol, de solo entrenar para competir con la selección nacional, a estar compitiendo todos los días? ¿Cómo fue la adaptación?

Pienso que, como todo cubano, nos adaptamos bastante rápido a eso, pero sí era muy diferente. Ahí terminas un partido, y ya tienes que pensar enseguida en el próximo, que es cada dos días o tres días, y tienes que trabajar constantemente.

Tienes que ver qué sucedió en el partido anterior, qué tenemos que hacer, estudiar al contrario. Pienso que sí, me fui adaptando y viendo mi nivel.

Cubano Marlon Yant
Hansel Leyva Marlon Yant, jugador cubano de voleibol

El paso por el Chaumont, equipo francés, implicó un cambio de cultura. ¿Cómo te fue con el idioma?

Me chocó el idioma, pero había personas que hablaban español y me podían ayudar. Llegué al equipo como el cuarto auxiliar. Nadie me conocía, pero le gusté al entrenador. Se lesionaron los titulares, y tuve chances de jugar. Lo hice bastante bien y terminé siendo titular toda la temporada. Las personas son un poco frías en Francia, no es como el cubano. Pero al final, uno se adapta.

Era también la primera vez que estabas fuera de Cuba durante mucho tiempo, lejos de la familia, las amistades. ¿Te costó en lo personal?

Extrañé a la familia, pero no sentí nostalgia, porque estaba haciendo lo que quería hacer. Estaba creando mi camino, fue la primera puerta que se me abrió, y entonces, estaba contento. Era mi oportunidad para demostrar.

Después vino un momento definitorio en tu carrera, cuando llegaste a Lube Civitanova, uno de los mejores equipos. Arribaste en una situación parecida a la del Chaumont, para desempeñar un papel en el cual, no tendrías mucho juego. ¿Estabas preparado para este nuevo reto?

Sí, estaba consciente. Sabía que era uno de los campeonatos más difíciles del mundo y que tenía por delante a jugadores expertos como Osmani Juantorena y Yoandy Leal [también cubanos, pero nacionalizados por otros países].

Lo primero que tenía en mente era llegar para aprender de ellos y ver mis dificultades en el juego. Aprendí mucho de los dos, al igual que de Robertlandy Simón, aunque no sea mi posición, pero es una persona única. Me llevé mucho por la forma en que se entrega, las formas en que quiere hacer las cosas, la ambición que tiene de ganar.

¿Cuánto influyó estar con ellos en club, al ser cubanos los tres, en tu proceso de adaptación?

Sí, también me ayudaron con el idioma. También quiero agradecer a mi novia, que siempre estaba pendiente a mí. Ellos me explicaron cómo funcionaba el voleibol en Italia.

Recuerdo que una vez Leal no estaba teniendo un buen partido, y me pusieron a mí y cometí un error y me sacaron. Después, él vino a donde estaba yo, y me dijo que cuando entrara al campo tenía que ser el mejor. Eso se me quedó en la mente, y trabajé cada día más en eso.

Voleibolista cubano Marlon Yant
Hansel Leyva Marlon Yant, jugador cubano de voleibol

En Italia existe la reglamentación de que solo puede haber tres extranjeros en cancha. ¿Cuánto te restó eso la posibilidad de jugar?

Al principio, fue muy complicado. Al lesionarse Juantorena, el otro auxiliar era Ricardo Lucarelli. Pero al tener una cantidad de extranjeros permitidos, no podía jugar, porque sabemos que Simón era el alma del equipo.

Después sí fui muy importante para el equipo y en los partidos lo demostré. Con la entrada de Iván Zaystsev, italiano, pude jugar más y disfrutar de más minutos.

Durante el año pasado, te terminaste de asentar más en el equipo, aunque el inicio, todo fue un poco lento porque estabas en el Mundial sub-21 y tuviste también ciertos problemas de lesiones. La “explosión” llegó en el Mundial de Clubes.

Estaba muy emocionado por jugar mi primer Mundial de Clubes. Fue uno de mis mejores campeonatos, muchas personas me vieron y me di a conocer. Le di a entender también a los entrenadores que valía la pena tenerme en el campo y que estaba aportando al equipo.

Después, en la postemporada, sí fuiste titular, incluso de los más importantes en la final contra el Perugia de Wilfredo León, y lograron ganar el título. ¿Cómo recuerdas esos momentos?

Fue muy difícil, porque en la semifinal estábamos perdiendo dos juegos a cero, y pudimos remontar. En la final estábamos muy motivados por venir de esa semifinal. Pensábamos que no teníamos nada que perder, que íbamos a buscar el campeonato y podíamos hacerlo. Así salimos el primer día en Perugia, donde ganamos, y ahí el equipo se lo creyó más.

Muchos han llegado a decir que puedes ser el próximo Wilfredo León. ¿Qué crees al respecto?

Que me comparen con León pienso que es bueno, pues para mí es el mejor del mundo, es como un elogio. Pero él es León y yo soy Marlon Yant. Llegar hasta donde está él no estaría mal, y superarlo, sería mucho mejor.

Supongo que, para la temporada que viene, estés mucho más asentado en la Lube Civitanova y que intentarán de nuevo buscar el título.

Sí, aunque pienso que será difícil, porque este año han cambiado un par de jugadores, pero en eso trabajaremos.

Eres parte de una selección nacional que ilusiona a los seguidores del voleibol cubano. Han logrado muy bueno resultados en eventos recientes. ¿Qué opinas del desempeño y las proyecciones del conjunto?

Vi a los jugadores muy emocionados por estar de nuevo en el equipo nacional, por encontrarse. No trabajamos mucho antes de llegar a Pinar del Río. Pienso que el equipo ha mejorado bastante, como hacer un buen papel para el Mundial.

El voleibol cubano sigue dando muchas figuras y, creo que es una cantera inagotable. Generación tras generación, siguen saliendo muchos voleibolistas. ¿A qué crees que se deba que en Cuba existan tantos voleibolistas y tan buenos?

Pienso que, sobre todo, se debe a la base de donde salimos, a los entrenadores de esas categorías y, sobre todo, al sacrificio que nosotros como cubanos hacemos cada día, para mejorar nuestra vida y llegar a lo más alto del mundo.

¿Es bien atendido el voleibol en Cuba? ¿Se les da todo lo que merecen?

En el país no tenemos buenas condiciones en el momento, estamos pasando por un período difícil. Pienso que hacen todo lo posible para darnos lo mejor que tengan.

Para el Challenger, Miguel Ángel López me decía que estaba seguro de poder vencer y que, en el Mundial, el partido era contra Japón. ¿Cómo lo ves?

Diría que sí. El partido es contra Japón, que para mí es muy difícil, porque son jugadores que tienen características opuestas a nosotros. Defienden y reciben mucho, y nosotros somos conocidos como buenos atacadores, y nos falta la defensa de campo.

Has mejorado tu recibo en Italia, algo que ha elevado tu juego.

En Italia, trabajé todo el año la recepción. Por las mañanas, antes de hacer las pesas, media hora o cuarenta minutos de recepción casi todos los días, y pienso que he mejorado mucho. También me he preparado mucho para la selección.

¿En qué te ha hecho mejorar y cómo te ayuda en cada partido la tecnología?

Son cosas que nos ayudan a preparar y conocer al contrario. Por ejemplo, me ayudaba para saber en qué rotación atacaba más el central y podía darle una mano; o, por ejemplo, contra el Perugia en partidos importantes, si era bola para un central o León. Y yo en la mente lo sabía, estaba preparado para eso. Si no sucedía así, no importa, para la otra, pero el objetivo era eso, parar a esos dos hombres que eran fundamentales en esos puntos. Lo otro podía suceder.

¿Ven situaciones de partidos el día antes? ¿Se preparan a nivel individual?

A veces, cuando terminamos los entrenamientos, se ven partidos en la televisión de los contrarios. Pero, sobre todo, en el día del juego analizábamos a dónde atacar, a dónde sacar; hacia dónde va el pasador. Estudiamos bastante.

Este uso de la tecnología es algo que en la selección nacional no tienen. Eso los hace salir en inferioridad contra el rival. ¿Les falta esa herramienta para entrar más seguros y preparados a los partidos?

Ahora no tenemos eso. Como equipo, lo estamos tratando de conseguir, el Data Volley, con alguien que lo sepa manejar para, poco a poco, incluirnos en el primer nivel.

¿Influye la tecnología en los resultados?

Influye, sí. Al más alto nivel ayuda, pues todos los jugadores trabajan así. Puede ser que tengas experiencia y seas un buen jugador y hacer esas cosas sin esto, pero eso te lo da la práctica. Por ejemplo, algunos jugadores saben que, en las primeras pelotas, el opuesto ataca por la línea, y luego van a la diagonal. Si no te lo dicen, lo tienes que hacer por intuición. Esos son puntos que se van por esas cosas. Sería bueno tenerlo para el Mundial, para todos los torneos.

Tienes ya el idioma el italiano, hasta cierto punto, incorporado.

A veces, se me van algunas palabras. Todo el año hablando en ese idioma con las personas, y a veces pienso que, cuando quería hablar con Simón, por ejemplo, me costaba decirle las cosas en español, y se lo decía en italiano, porque era lo que más rápido me venía a la mente.

Te has adaptado muy bien a Italia.

Sí, me gusta mucho, estoy cómodo. La gastronomía muy bien. Tengo al nutricionista y le digo solo a mi novia qué tengo que comer.

Te ha cambiado mucho la vida por pasar del amateur al profesional. Eso te ha ayudado a tener más tranquilidad económicamente, a poder ayudar más a la familia, algo que no podías hacer estando en Cuba todo el año.

Pienso que sí, me ha ayudado mucho sobre todo en estos aspectos, y espero seguir así y seguir mejorando.

Todavía eres muy joven, te queda mucho camino, pero tengo que preguntarte las aspiraciones que tienes.

Quiero ser uno de los mejores voleibolistas del mundo. Ganar unos Juegos Olímpicos o una medalla, al igual que un Mundial, que son las principales competiciones. Quiero ganar muchos trofeos.

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