Enorbel Márquez es un lanzador santiaguero que llegó a Alemania en 1998 y no renunció a su talento, pese al desconocimiento que en tierras germanas se tiene del béisbol. Márquez ha sido tres veces mundialistas con la franela de Alemania, y dos veces mejor lanzador europeo, en el campeonato continental. En marzo de 2016, la prensa nicaragüense se cuestionaba en tono de preocupación: “¿Será Enorbel Márquez el líder del staff alemán y abridor ante Nicaragua en el primer partido del Preclásico Mundial de Beisbol?”. Pasadas las cuatro décadas, el santiaguero se subió a la lomita de aquel juego, en rol de cerrador, y permitió las dos carreras en el décimo inning de los nicas y por demás la victoria de los pinoleros. Nada salió bien para el “cubano de mil batallas” como le llamaron entonces.

« Yo pensé que quizás llegábamos a ir al Clásico Mundial de este año —me dice desde el campo de entrenamientos del club Berlín Flamingos. Pero contra Nicaragua no me fue como quería. Si digo la verdad, tenía que haberme salido mucho mejor. La preparación tampoco estuvo acorde a la calidad de lo que nos vendría encima, porque en septiembre, terminamos el campeonato aquí y no había presupuesto para topar un mes en España, o en el Caribe. Es necesario foguearse con equipos más cercanos a este nivel alto de béisbol. Solo estuvimos diez días previos entre Arizona y México, fue una gira muy corta, y se vio que llegamos a la clasificatoria en unas condiciones muy malas».

Enorbel Márquez en un terreno de pelota en Alemania

Enorbel Márquez en un terreno de pelota en Alemania. FOTO: Mayli Estévez

No obstante, Alemania estuvo ganando ese choque hasta el noveno episodio, de haberlo conseguido, Márquez habría marcado la fecha entre signos de exclamación. Ahora prefiere borrarla. El santiaguero mantiene intacto su acento oriental, aunque salió de Cuba hace dos décadas, con un aval de cuatro series nacionales con la otrora “Aplanadora” santiaguera, en un rol casi invisible. «Soy de San Luis, pasé por todas las fases del béisbol allí, hasta que hice el equipo de Santiago. Llegué un poco tarde, con 24 años, de ahí me vine para acá (Berlín). Coincidí con todos los grandes nombres de aquella época dorada, tanto Antonio Pacheco, como Orestes Kindelán, fueron mis colegas de trabajo. Recuerdo que la última temporada que ellos jugaron, que fue cuando ganamos el campeonato frente a Pinar del Río, Pacheco le decidió a Pedro Luis Lazo con un jonrón y fue muy bonito. No jugaba mucho de titular, como lanzador tenía altas y bajas, y la pelota cubana es muy diferente a la que se juega por acá. Aquí a veces no tienes muchos resultados pero te mantienes ahí, en Cuba tienes dos salidas malas y ya te mandan para la reserva. Pero fue muy bueno jugar la pelota en Cuba. Yo era prácticamente relevista, generalmente contra los bateadores zurdos, y a veces me dejaban continuar el juego. Me llevaron al equipo Santiago con esa función».

Ese es el recuerdo que tiene Márquez de la pelota en su país natal, realmente ahora nada es tan estricto. En la actualidad puedes tener una temporada regular, e incluso hacer algún equipo nacional. La pelota cubana no está en su momento más exquisito, está dadivosa, suplicando mejores resultados. Márquez ha estado al tanto.

«Leo mucho sobre la pelota cubana, me actualizo bastante sobre cómo evoluciona, o en este caso en cómo ha bajado la calidad, comparado a los años en que yo jugaba en Cuba. La pelota evidentemente necesita de muchas cosas, como el país. Realmente el béisbol en Cuba ha cambiado y para mal. Ha dado un bajón muy negativo, lo último se vio ahora con el equipo nacional en Canadá (Liga Can Am). En fin, una cosa muy desastrosa. Algo que antes era inconcebible. Eso no lo entiende nadie, aunque se veía venir, porque la pelota en Cuba es un reflejo también de cómo va el país».

—En la Isla pasaste casi invisible y tu mejor época deportiva transcurrió en Italia

«En Alemania el béisbol no es muy popular. A veces es muy difícil ganar dinero con la pelota por aquí. Jugando con este equipo, Berlín Flamingos, llevo poco tiempo, solo dos años. Esta novena no es de la primera liga, aunque yo sí hice parte de la misma en Alemania, solo que era lejos de esta ciudad, y debía estar corriendo a otra provincia para poder jugar. Era difícil. Cuando llegué a este país el dinero que me ofrecían, tanto en Holanda como en Italia no convencía, hasta que me llegó una propuesta un poco más aceptable y decidí irme a Italia, con el equipo de Rímini, donde compartí con otro cubano muy conocido, Laidel Chapellí. El béisbol italiano es muy exigente, tienes que entrenar y prepararte muy bien para obtener resultados. El primer año no fue una cosa del otro mundo (estuve entre el noveno o décimo puesto de los pitchers de la liga), quizás por ser ese el año de adaptación, pero pasé en Italia los mejores años de mi carrera. El último, de los seis años que allí jugué, siempre de relevista, terminé el campeonato sin que me hicieran carreras. Regreso nuevamente a Berlín por la familia, sobre todo porque tengo un niño que juega béisbol y yo quería ser su maestro».

Márquez volvía al béisbol alemán, ganando 900 euros mensuales, y a un nivel donde se sabía superior. Era una especie de “pago” por la titularidad que le brindó este país, cuando en 2007, lo hizo estrella de su staff y le brindara la oportunidad de ser dos veces el mejor lanzador del campeonato de Europa.

Enorbel Marquez

Enorbel Marquez. FOTO: Mayli Estévez

«Esto es lo único que hago. Entreno en la semana, y juego uno o dos partidos el fin de semana. No es tan riguroso. Esta es la segunda categoría en Alemania, que para que lo entiendan en Cuba, es como una liga organizada, pero de una calidad aficionada, como una liga azucarera vaya. Estoy aquí, no porque esa sea mi calidad, si no porque es lo que hay cerca de mi casa. Pero para el 2018 estoy pensando en cambiar el ritmo, estoy pensando en Italia, tengo muchas ofertas allá nuevamente».

El Flamingo Park no es nada fastuoso, está casi oculto, entre varias canchas de tenis, en una especie de combinado deportivo al norte de la capital alemana. El Flamingo Park no tiene luces, aunque sí un césped ilustremente cuidado. Hay una docena de niños cerca del diamante donde el santiaguero Márquez estira un poco los brazos, y empieza a lanzar pelotas. Tocan la redonda, se sorprenden y en voz alta uno dispara: ¡Qué pelota tan dura! Márquez se sonríe, y empieza la segunda ronda de preguntas, esta vez de unos aficionados, que lo desconocen todo, pero al menos, lo hayan curioso. «Soy de Cuba, el Caribe», le contesta el de San Luis en perfecto alemán. Los chicos se encojen de hombros. No saben.