Esta temporada, algunos equipos han mostrado una mala cara que los ha llevado al fondo de la tabla en la Serie Nacional de Béisbol. Son estos los casos de Matanzas, Granma y Pinar del Río, equipos con nóminas para aspirar a mejores posiciones.

A pesar de su buen repunte en los últimos desafíos, en el momento que escribimos este artículo (siete victorias en los diez últimos desafíos), los Vegueros estuvieron disputándose con Matanzas el último lugar, o más bien, evitando empantanarse con los Cocodrilos.

El bateo de los pinareños era uno de los peores del campeonato, por debajo de la media de la Serie Nacional, cuando jugaron contra Industriales, con .242 de average. Solo tres hombres, Jorge Rojas, Juan Carlos Arencibia y Frank Carlos Díaz bateaban por encima de .300, y jugadores medulares como William Saavedra y los dos Pedro Luis (Cosme y Dueñas), apenas rebasaban los 250. Olber Peña, caso aparte, ni a .200 llegaba (.183).

Sus lanzadores lanzan para 4.49 de promedio de carreras limpias, lo que no se vería mal debido al nivel que exhiben los serpentineros en general en nuestra pelota de hoy día. No obstante, para una alineación que lo está haciendo de manera tan cuestionable, que los serpentineros den un promedio por juego de 4 ponches y 4 bases, acepten casi 10 indiscutibles y permitan 22 cuadrangulares, no parece que vaya a ayudar demasiado.

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Pinar es un equipo de grandes esfuerzos y si tiene buena racha hacia finales de esta fase, podrían acercarse a los comodines o ganar el último pasaje. En la eliminación por los wild cards, un juego lo gana cualquiera.

Granma, por su lado, está irreconcible, a punto de quedarse en el camino. Su potente batería, factor clave en las dos coronas alcanzadas recientemente, ha dejado de carburar debidamente. A un average colectivo de apenas .265, impulsado por Carlos Benítez con .387, se adiciona que ni Guillermo Avilés, Lázaro Cedeño, Osvaldo Abréu o Yoelkis Céspedes están muy cercanos a su rendimiento habitual. Sobre ellos recae el peso de una ofensiva que solo había traído a 124 corredores para la goma.

Sus lanzadores trabajan para un elevado 5.34 de promedio, con WHIP de 1.70. La defensa, aspecto positivo en las últimas campañas, se ha ido por debajo de la media de la Serie, hasta .970, con 38 pifias.

Pero si alguien ganará el premio al peor actor del campeonato, será, sin dudas, Matanzas. Este conjunto se parece más al Matanzas de siempre que al que nos acostumbró Víctor Mesa. Se me antoja que el nombre del siempre vilipendiado mánager es la clave.

No se concibe que los Cocodrilos hayan descendido tanto en su nivel competitivo de un año a otro. No parece que las ausencias de Gracial o Jonder sean causa suficiente, porque jugadores con talento quedan.

Con sus principales bateadores todo parece estar más o menos en orden, pero han empujado solo 118 carreras, se han ponchado 133 veces, sólo han robado 19 bases y conectan un cuadrangular cada 65 veces al bate, con apenas 48 extrabases. Ahí está el problema. Los pilares se ven bien, otra cosa ocurre con el bateo colectivo.

Sus lanzadores trabajan para 5.00 limpias por juego, con WHIP  de 1.60, y permiten 9.54 indiscutibles por encuentro. A todas luces, lo único positivo que se vislumbra es que ponchan más que los boletos que otorgan, casi 7 estrucados por cada 9 entradas, contra 4 boletos. En el caso del fildeo, con .968, no resiste una comparación con los dígitos de antaño.

Al parecer, Figueroa no goza del “cariño” se sus hombres, pues quizás no tiene los “poderes” que tenía el otro Víctor. Al parecer, Lazo no es santo de devoción. Una pena que esto sea, quizás, por las discrepancias con Donald Duarte.

Nuestros peloteros suelen declararse en rebeldía de una manera silenciosa. Nadie dude que estos cambios radicales obedezcan más a razones ocultas que causas relacionadas con la pelota cubana que, a pesar de la competitividad de este año por la clasificación, cada día esté peor.