Una de las primeras imágenes que recuerdo sobre baloncesto cubano es la de un jugador capaz de aguarle la fiesta a un equipo de Capitalinos plagado de estrellas. A mi memoria llega, como si fuese hoy, cuando todo estaba listo para coronar a los azules, pero aquel entregado, explosivo y gran atleta, se atravesaba de gran manera en cancha de los habaneros. Era un espectáculo verlo jugar, conducción de pelota, fantasía, técnica, un jugador con muchas virtudes era Michael Guerra

Con 12 años me juré que lo iba a conocer, saludarlo y conversar con él unas breves palabras. Diez años después, aún por la distancia, no ha sido posible tal encuentro, pero de una larga y reveladora conversación vía redes sociales, salió esta entrevista exclusiva para Play-Off Magazine.

Sin dudas, cuando se hable de este deporte en Ciego de Ávila y en Cuba, el nombre de Michael Guerra Gonzáles debe aparecer entre signos de admiración y, si es posible, con letras mayúsculas. Su estilo de juego lo convirtió en uno de los mejores jugadores de la última década del siglo pasado y de la primera de este nuevo milenio.

¿Cómo llegas al baloncesto?

Fue de casualidad. De niño practiqué otros deportes como judo, tenis de mesa y atletismo, este último era el que más me gustaba y tenía condiciones. Al campeón nacional le ganaba descalzo, pero siempre los dirigentes me daban una excusa para no llevarme a la EIDE y, como todo niño, al final me desilusioné. Mi tía estaba casada con un entrenador de balonmano, que a su vez era muy amigo del profesor de baloncesto “Bambo” un gran entrenador cubano. 

Al verme tan triste, mi padre habló con el entrenador de baloncesto para que me hiciera unas pruebas y con él comencé. Recuerdo que iba caminando desde mi casa hasta la EIDE. Empecé entrenando con el femenino porque no me coincidía los horarios. Como a los tres meses hubo un campeonato provincial y me llevaron. Cuando me pusieron tuve un gran rendimiento y me hicieron plantilla de la escuela.

¿Cuáles fueron las principales decepciones durante tu carrera?

Decepciones durante mi carrera tuve muchas, a los seis meses era titular indiscutible del equipo de la EIDE y en cada categoría que estuve fui el jugador más valioso. A pesar de tener todas esas condiciones no me subían a la ESPA Nacional, gracias al profesor Trujillo (fallecido) en mi penúltimo año fue que pude estar allí.

Según ellos, no entraba en la categoría para ir a los Juegos Panamericanos del juvenil, así todo llegué siendo el mejor juvenil de Cuba. Para sorpresa mía a los 4 meses de estar en la ESPA me dieron de baja por bajo rendimiento, ellos tuvieron una reunión conmigo y mi papá en el INDER y solo daban escusas.

Después me mandaron a eliminarme para a ver si hacía el equipo de centrales, pero el entrenador decía que no me quería, que no era un base, que era un desorganizador. A finales de los 90´ hice mi primer equipo para jugar la Liga Superior, allí estuve entre los mejores en cuanto a rendimiento, pero no me llamaron a la preselección nacional, posteriormente dieron 10 capacidades para jugadores invitados y me llaman. Al otro año más de lo mismo, volví a tener buen desempeño, pero no estuve en la plantilla de la selección.

Pasé mucho para llegar al Equipo Nacional, en la Liga del 1999 jugué bien, pero como de costumbre me dejaron fuera. Ese mismo año se celebró un campeonato extra y por mi rendimiento tuvieron que llamarme. En 2010 me dejaron fuera de la selección por ser posible emigrante, eso fue jugar con mi prestigio y mis ideas. Me dolió, pero mi mayor decepción fue cuando me dieron baja del equipo juvenil siendo el mejor de la categoría. En esa etapa uno tiene sueños y aspiraciones y vi roto todo lo que había construido durante años.

¿En algún momento pensaste abandonar el deporte?

Solo pensé dejarlo una vez, cuando me dieron baja de la selección nacional juvenil, pero una de las cosas que me ayudó a no claudicar era que iba a empezar la Universidad y los compañeros me acogieron como uno más. No sentí aquello y el hecho de volver a Ciego de Ávila como una derrota, sino como un impulso para seguir adelante.

¿Cómo quedó el equipo Ciego de Ávila tras la salida de Geoffrey Silvestre?

Tras la partida de Geoffrey fue difícil, él era el mejor de Cuba. Te diría que se sintió, pero no fue catastrófica porque teníamos un núcleo de jugadores que venían en ascenso. El equipo se acopló bien y el primer campeonato que jugamos sin él lo ganamos.

¿En cuáles sedes del baloncesto cubano te gustaba jugar más?

A mí me encantaba jugar bajo presión, mientras más algarabía existía y más me gritaban era cuando mejor jugaba. El lugar donde más me gustaba jugar era en Matanzas, su público muy exigente y los juegos se calentaban. También me gustaba jugar en Guantánamo y, por su puesto, en La Habana, los duelos contra Capitalinos eran especiales.

Como bien decías los duelos contra el equipo de Capitalinos eran especiales. ¿Cuáles te marcaron más? 

Siempre fueron partidos especiales, eran un clásico. Pero también constituían un reto, en La Habana tenían más recursos, condiciones y más áreas para practicar, eso también era un incentivo porque el esfuerzo tenía que ser doble por la calidad de sus jugadores.

Hay tres momentos jugando contra ellos que nunca olvidaré. El primero fue la semifinal de la liga 2006, cuando aquello era de tres juegos a ganar dos. Nosotros perdimos en Ciego el primero, pero en La Habana remontamos y ganamos los dos, fueron muy duros los partidos.

El segundo momento fue la final de 2008, las finales de jugaban de cinco a ganar tres, perdimos dos en Ciego y cuando llegamos a la Habana tenían el trofeo, el podio y las medallas allí. Yo pasé cerca y les dije, guarden todo eso que los campeones somos nosotros y así ocurrió, le ganamos tres en La Habana. El otro momento fue la final de 2009 donde ganamos y obtuvimos nuestro quinto título consecutivo. Llegué a esa final lesionado porque se me había corrido el líquido de la rodilla izquierda, pero ese play-off ha sido de los más duros que recuerde.

Michael Guerra
Foto: Cortesía del entrevistado “Me encantaba jugar bajo presión, mientras más algarabía existía y más me gritaban era cuando mejor jugaba”. Foto: Cortesía del entrevistado

¿Qué anécdotas recuerda Michael Guerra de aquellos momentos históricos del baloncesto cubano?

Una de las cosas que más recuerdo era en Guantánamo. Había un aficionado adicto al equipo de Ciego de Ávila, él llevaba a los juegos hasta carteles para apoyarnos. Nosotros le cogimos cariño; afecto y hasta lo invitábamos a los camerinos y cuando salíamos a los hoteles se iba con nosotros. En Matanzas la afición era muy respetuosa y eso me marcó también. Nos gritaban muchas cosas, pero al final nos respetaban y después del juego nos saludan y reconocían nuestra calidad.

¿Cuáles torneos internacionales fueron testigo de tu mayor nivel en el baloncesto?

En la selección nacional tuve varios torneos, pero quiero destacar tres donde mi nivel fue muy alto. El primero fue un torneo del Caribe en Puerto Rico, me sentía bien física y mentalmente. Recuerdo un partido contra República Dominicana donde perdimos como por 30 puntos, después de terminar me fui para el hotel y el entrenador de ellos, que era americano, me dijo you are NBA. Eso fue un elogio para mí y me hizo seguir adelante.

En un torneo del Caribe celebrado en 2004 en Santiago de Cuba, me dejaron en la banca después del tercer juego por caprichos del entrenador, me lo tomé como personal y cuando me puso no pudo sentarme más. Otro evento donde mi nivel fue alto fue en un Centro Basquet en Cancún, allí pasó lo mismo, me dejaron en la banca y cuando me pusieron no me pudieron sentar. Esa decisión también me la tomé personal.

Después de retirarse con solo 29 años, Michael Guerra asumió la tarea de entrenador asistente. ¿Por qué tomaste esta decisión?

Después de la liga de 2010, donde perdimos con capitalinos 4-1 la final, ya estaba decepcionado por mi salida de la selección nacional con tan corta edad. Me sentía en plenitud de facultades y buena forma deportiva, pero muchos entrenadores no se comportaron como hombres y me sentí traicionado por el sistema deportivo cubano, en especial los que dirigían el básquet.

Por otro lado, mi esposa estaba embarazada y necesitaba un salario fijo para poder mantener mi familia. Decidí seguir como entrenador también para ayudar a mis compañeros y se obtuvieron buenos resultados. Siendo sincero, para mí es más fácil ser entrenador que jugador porque predecía las jugadas, era como verlas en cámara lenta.

Tras dos años sin jugar decides volver a las canchas ¿Que influyó para que tomaras esta decisión?

Estuve dos años de entrenador y gané la liga 2011, pero no se sentía igual. Yo siempre mantuve mi forma deportiva e iba al gimnasio, “estaba activo” como se dice a lo cubano. Varios factores influyeron para mi regreso, pero lo más importante fueron mis seguidores, fanáticos, incluso mi mamá en par de veces me lo dejó caer. El empujón final ocurrió debido a mi mejor amigo, que era del Equipo Nacional de lucha libre. Él tuvo un accidente muy grave de trabajo.

Cuando le sucedió eso yo estaba de viaje, y en cuanto llegué a Cuba que me enteré. Fui corriendo para visitarlo. Él luchó contra su enfermedad y me pidió que regresara a las canchas, cuando él me lo pidió no pude resistirme y eso fue lo que aceleró más mi regreso al baloncesto.

¿Te hubiese gustado vivir la etapa de las contrataciones en ligas extranjeras?

Claro, me hubiera gustado tener esa opción. Creo que no solo a mí, sino a todos los jugadores de mi generación incluso a los más veteranos. Es una manera de ganar tu propio dinero, de ayudar a la familia y con eso poder montar un negocio quizás. En cuanto a lo deportivo, si hubiéramos podido jugar en algún club, el baloncesto cubano estaría hoy a otro nivel.

Eso también fuese una vía para que aquellos jugadores que no eran valorados lo suficiente aquí, se probaran en la arena internacional, porque a veces el jugador era bueno, pero por capricho de alguien se quedaba fuera del equipo. Debido a injusticias como esas, en Cuba se perdieron muchos atletas, el baloncesto cubano tenía muchos jugadores de nivel.

¿Por qué decides emigrar?

En 2014 decidí salir de Cuba y fueron muchas cuestiones las que lo motivaron. Lo primero era que mi forma de pensar era muy distinta a la de los dirigentes del deporte y del país. Aquí había cumplido casi todas mis metas, sólo me faltó dirigir la selección nacional, algo que jamás pasará por la diferencia de opiniones mía con los directivos del deporte. Pero lo que más me motivó fue la situación económica, para poder ayudar a mi familia y garantizarle un futuro a mi hija.

¿Cómo fue la adaptación a ese nuevo país?

Fue algo muy difícil y se unieron muchos factores. Dejar a mi hija con sólo dos años fue muy duro. De hecho; lloré los primeros seis meses que estuve en Ecuador. A mí me costó adaptarme a ese nuevo país; me demoré varios años. Tuve que aprender de leyes, de economía y hasta cocina. Llegué en 2014 y no fue hasta más o menos 2019 que me sentía un ciudadano más de ese país.

¿Cómo fue esa sensación de separarte de tu familia?

Creo han sido los peores momentos de mi vida. En ese tiempo no había Internet y la comunicación era por correo. Tampoco podía llamar todos los días. Tras un año fuera de Cuba regresé de vacaciones a ver a mi familia y fueron mis peores vacaciones. Cuando llegué a casa mi papá y mi padrastro llorando, mi mamá flaca y también me afectó el hecho que me estaba divorciando. Estar lejos de mi familia fue lo peor que me pasó y extrañar a mi hija el trago más amargo.

¿Qué hiciste en tus primeros momentos en Ecuador?

En cuanto llegué empecé a trabajar como jefe de seguridad en una discoteca. También estaba esperando la oportunidad para jugar en una liga, para lo cual me estaba eliminando con otros jugadores. Aquí sólo aceptan a tres jugadores extranjeros por equipo y como tenía problemas con mis papeles escogieron a otros.

Estuve jugando en varias ligas y al principio no me fue bien; porque el club no me pagó lo acordado. Posteriormente estuve seis meses sin trabajar hasta que conocí a un amigo de mi tío que me ayudó. Actualmente trabajo en un colegio privado como Jefe del sector Deportivo y profesor de Educación Física.

¿Cómo valoras la actualidad del baloncesto cubano?

Cuba tiene buenos jugadores en ligas internacionales, los entrenadores no tienen ese pensamiento tan atrasado, ni están tan politizados como antes, eso es un avance respecto a otras épocas. Creo que le deben dar oportunidad a todos los que quisieran jugar por Cuba y romper ese pensamiento burócrata de los dirigentes cubanos.

¿Qué crees de la mezcla del deporte con la política?

Eso no es justo para el deporte, es lo más dañino que conozco y fue lo más triste que viví en mi carrera deportiva. Creo que debería ser ilegal mesclar eso. Es injusto que un agente de la seguridad que atiende el deporte diga que tú eres posible emigrante sin conocerte y que por ello te dejen fuera de un equipo. Ellos te toman como un cartel para lograr sus propósitos.

A mí se me cuestionó todo, si me pelaba al calvo, si me vestía sport, si me vestía decente, si me ponía una cadena, si tenía más dinero en la cartera que los demás, incluso si tenía familia afuera, se me hizo bullying en todo. A muchos les molestó hasta que mis novias fueras bonitas.

Si me pongo un pulóver que dice ´´I love Miami´´ no significa que es mi forma de pensar, me gustó el pullover y me lo puse, solo eso, pero ellos en sus cabezas jamás entendían estas cosas. Mi mentalidad es fuerte, por tanto, siempre me sobreponía a esas dificultades, pero pasé momentos muy desagradables por todos estos temas.

¿Volverías a trabajar en Cuba?

Si no cambia la mentalidad de los dirigentes es imposible que vuelva a trabajar en Cuba. Ya aquí me adapté a muchas cosas que en Cuba no existen, derechos y transparencia. En cualquier país la forma como se lleva el deporte y la vida es muy diferente a como se hace allá. Por último, es necesario que de una vez y por todas se acabé de separar el deporte de la política.

¿Qué le dices a los jóvenes que empiezan en este deporte?

Este deporte es lo más lindo del mundo, que hay que luchar por tus sueños, que siempre existen obstáculos pero que hay que sobreponerse. Que cuando se encuentren personas que te pongan trabas y te menosprecien que sigan adelante, no permitan que nadie se interponga en tu camino. Por último, le diría que no se puede claudicar cuando vas por algo.

Michael Guerra en Ecuador
Foto: Cortesía del entrevistado “Mi vida es bastante sencilla, pero así todo la disfruto”. Foto: Cortesía del entrevistado

¿Eres feliz con la vida que llevas?

Mi vida es bastante sencilla, pero así todo la disfruto. Levántate, ve al trabajo, gimnasio. Entreno con mis categorías a diario; tres veces por semana voy a entrenar la categoría 35-36, que nos preparamos para los Panamericanos.

Diría que soy demasiado feliz con la vida que llevo, no cambiaría nada de ella. Primero que todo soy feliz por contar con esa gran familia que tengo, ellos son más importante que yo, han sido partícipes de toda mi vida. Si estoy viviendo fuera de Cuba es por ellos, para ayudarlos y que tengan una vida mejor, de no ser así viviera aún en Ciego de Ávila.

Soy feliz también porque estoy vivo, y porque tengo una gran hija que a sus 10 años es mi vida, se llama Ashanti y tiene el poder de convertir en amor todo lo que toca. Como atleta que fui, el deporte nunca está tan lejos porque siempre me mantengo físicamente.

Fuera de él, me gusta estar con familia, con mis amigos, me gusta salir y divertirme. También soy fanático a observar al deporte, me encanta ver el fútbol, básquet y tenis de campo. Por otro lado, me gusta vestirme y estar a la moda, andar con mi hija y mi papá.

Michael Guerra, durante su carrera como atleta, tuvo que sobreponerse a muchas decepciones y momentos difíciles. Como entrenador muy inteligente y preparado, como persona, natural, fiel a lo que piensa y consecuente con sus acciones.

En la actualidad radica en Ecuador, ejerce como entrenador de básquet en una escuela privada. Trabaja con los equipos masculinos de las categorías intermedia y superior. Su capacidad como entrenador está probada hace más de una década, pero los viejos fantasmas que persiguen al deporte cubano hacen que sea casi imposible su incorporación al sistema deportivo de casa.

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