Para Pedro Álvarez, la oportunidad de jugar en el equipo de sus sueños llegó en el momento que menos esperaba. Dispuesto a dejar la práctica del béisbol organizado, una decisión que no solo lo afectó a él, sino a toda su familia, recibió una llamada para pasar a los Industriales que siempre idolatró.

Cuando levantó el teléfono, el espirituano escuchó la voz de uno de sus referentes. Rey Vicente Anglada, exdirector del equipo capitalino, lo contactó para preocuparse de su situación y ofrecer un puesto en el cuerpo de lanzadores de la capital. La noticia le devolvió las ganas de jugar y recuperó los deseos de entrenar, pero se encontró con el autoritarismo de los funcionarios del Instituto de Deportes Educación Física y Recreación (INDER).

Esta es la historia de un jugador que se decepcionó del béisbol en su provincia y reencontró la pasión por el deporte cuando recibió la opción de jugar con el conjunto de sus amores.

Pedro Álvarez comenzó en la pelota con nueve años, en su natal provincia Sancti Spíritus. “El deporte en mi niñez me ayudó mucho. Me alejó de la calle y las malas compañías, además favoreció a mi salud”, explicó el lanzador. La principal precursora de su permanencia en la práctica organizada fue su familia.

Álvarez aseguró que desde pequeño compartía la afición por este deporte con sus padres. En su casa existía un equipo venerado, y ese era el de la capital cubana. Siendo solo un niño, el serpentinero aprendió a respetar el conjunto capitalino y llegó a profesarle un amor incuestionable.

En su caso, las condiciones para jugar siempre fueron favorables. Pedro tuvo la dicha que otros niños anhelaron, pues su entorno se movilizó para que el cumpliera su sueño y ese es el apoyo más importante para comenzar a cumplir objetivos.

Durante el contexto histórico en el que inició a jugar Pedro Álvarez, momento en el que no existían tantas posibilidades para salir del país, su sueño era “llegar a la Serie Nacional con el equipo de su provincia, luego integrar un equipo Cuba, jugar en el Latino con las gradas llenas”.

Además, “siempre dejé un espacio para vestir los colores azules y blanco de la capital”, relató.

Como gran parte de los jugadores de alto rendimiento, Pedro Álvarez estudió en una escuela de deportes. Aunque estuvo en todos los años de la llamada “pirámide del deporte cubano”, el monticulista solo recibía las asignaturas y entrenaba en el centro, por lo que no conoció de cerca “las ventajas o desventajas de estar albergado en la institución”.

El espirituano cuenta que “siempre dormí en mi casa, y la alimentación corría a la cuenta de mi familia”, pues sus seres queridos trataban de hacerle el camino más fácil al lanzador.

En el 2014, llegó a las Series Nacionales con el conjunto yayabero, no sin antes sufrir una decisión que retrasó su debut en el primer nivel del béisbol cubano.

“Ese año me dejaron fuera del equipo. Estuve en la reserva hasta el juego 30, cuando me dieron la oportunidad de ser parte del róster oficial del elenco”, explica.

A pesar de su abierta admiración por los Industriales, reconoció que su formación como pelotero se la debe a la provincia de Sancti Spíritus, debido a la labor de varios entrenadores, entre ellos los que ayudaron a perfeccionar sus movimientos en la lomita de los suspiros.

Pedro Álvarez siempre fue un jugador disciplinado, respetuoso, acató los consejos de sus profesores y compañeros de equipo con más experiencia. “En mi primera campaña con los ‘Gallos’ comencé con cierta timidez, pero la cercanía con los compañeros y la dirección del equipo me permitieron entrar en confianza rápidamente”, afirma.

La temporada regular, en los años 2018-2019, significó su consagración en el béisbol cubano. Esa campaña obtuvo 10 éxitos con tres fracasos, con un promedio de carreras limpias de 3.66.

“En esa contienda obtuvimos el bronce nacional, que es el resultado más importante. En lo individual, también logré una victoria en la postemporada, para llegar a un total de 11. Además, en ese momento la afición comenzó a confiar más en mi”, narró.

Sus ascendentes resultados lo ubicaron entre los lanzadores a seguir en la pelota cubana. El fruto de tantos años de trabajo lo recibió cuando el conjunto de la capital lo pidió para reforzar la nave azul en la temporada 2019-2020. Rápidamente, Pedro Álvarez se ganó el respeto de una afición tan crítica como acogedora.

Al hacer uno de sus sueños realidad, Álvarez se mostró dispuesto a ayudar el equipo azul. En el Coloso del Cerro parecía otro león más. En casa salida se entregaba al máximo, lucía explosivo sobre el montículo, como si hubiese jugado ahí toda su vida.

“En ese momento cumplí mi sueño. Cuando Anglada me pidió de refuerzo me sorprendí, me puse muy contento, pues lo que tanto había soñado y se hacía difícil por las cláusulas de traspasos, se hizo realidad”, comentó con cierto tono nostálgico en su voz.

El momento más feliz de su carrera fue cuando le informaron que integraría las filas del equipo a los Juegos Panamericanos de Lima 2019. Mientras, en el instante más difícil que le tocó vivir fue el de lanzar con su padre hospitalizado y luego no verlo en el lugar que siempre ocupó en las gradas.

Pero después llegarían algunas circunstancias que cambiaron su vida y lo llevaron a las circunstancias actuales. Durante el tiempo de inactividad por la Covid-19, el pícher decidió pedir una licencia deportiva para realizarle algunos arreglos a su cuarto.

A su vez, solicitó ayuda a las autoridades deportivas y del gobierno para realizar la construcción, de la que recibió solo respuestas estériles. Entonces, pidió la baja del deporte para dedicarse completamente a su hogar.

“La provincia no pudo ayudarme con los materiales y tuve que salir a resolverlos por mi parte. Entonces, tuve que dejar el béisbol de lado porque me robaba mucho tiempo. Además, me decepcioné y decidí enfocarme en los arreglos de la casa, ayudar a mis padres y terminar mis estudios”, dice.

El atleta aseguró no tener ningún problema con las autoridades de la provincia y con respecto a la dirección del equipo explicó que no se entienden.

“No es que ellos sean malos, o yo sea el problema: simplemente, diferimos en la forma de pensar, y por eso decido no jugar más con el equipo”. Asimismo, con respecto a su relación con Eriel Sánchez, el actual director del conjunto, prefirió no ofrecer detalles.

“Cuando pedí la baja me quedé sin trabajo, pero rápidamente encontré la forma de ganarme la vida, incluso comencé a cobrar más que en el béisbol, dedicándole menos tiempo”, afirmó Pedro Álvarez.

Pedro Álvarez
Foto: Boris Luis Cabrera Foto: Boris Luis Cabrera

Hace unas semanas atrás volvió a escuchar la voz del hombre que lo llevó a jugar en el equipo de sus amores. Rey Vicente Anglada lo contactó para que jugara en La Habana. En ese instante, recuperó las ganas de jugar y la noticia alegró a su familia, sobre todo a su padre, que sufrió mucho su salida inesperada del béisbol.

Con la solicitud de traslado hecha, el serpentinero está a la espera de la decisión que puedan tomar las autoridades. “Estamos esperando que nos den respuesta, según el contrato debo estar dos años inactivo y luego es que aceptarían mi salida a la capital”.

La ley no podría ser más injusta con un jugador que decidió no representar más a la provincia. ¿Por qué troncharle la vida a Pedro Álvarez? ¿Por qué privarlo de jugar dos años? (tal vez los mejores de su carrera) ¿Por qué tanto rencor?

El espectáculo beisbolero en Cuba está en crisis por esas trabas, por la gestión obsoleta de un deporte que no se sostiene en el actual sistema que impera en Cuba. Industriales necesita a Pedro Álvarez, pero más lo necesita la Serie Nacional.

Un campeonato que se desangra con el éxodo de jugadores no se puede dar el lujo de dejar un pelotero en su casa, más por el simple hecho de un formalismo, máxime cuando la resolución se exhibe anticuada para los tiempos modernos.

A estas alturas, con las nuevas posibilidades de contrataciones el serpentinero confesó sus deseos de probar su nivel en otra: “No tiene que ser en la MLB, me gustaría jugar en algún campeonato del Caribe”.

Asimismo, hizo énfasis en la posibilidad de contar con una liga profesional en Cuba. “En esta podría enfrentar constantemente a jugadores de un nivel más elevado, que haga subir el mío”.

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