Pedro Orlando Reyes nació para ser boxeador y cuando se habla de calidad dentro del pugilismo cubano, su nombre es uno de los obligados. Era un púgil alto para su división, de lo cual sacaba provecho, con una técnica depurada en la que mezclaba velocidad y desplazamientos que le permitían dominar a sus rivales sin tener que acudir a los intercambios, aunque también tenía la capacidad de terminar sus peleas de un solo golpe gracias a una pegada demoledora, sumamente inusual para las divisiones pequeñas.

Años después de su retiro, el antiguo guerrero es un hombre sencillo, orgulloso de sus logros, así como de los del resto de sus familiares, muchos de los cuales también han tomado el camino del deporte con resultados de excelencia, como su hijo Rudy Reyes, expelotero de Industriales y los equipos Cuba.

Además de sus batallas sobre el ring, sumó una pasión por los estudios -se hizo licenciado en Historia- y después una prolongada vida como marino que lo llevó a perderse gran parte de los éxitos deportivos del vástago, a quien la madre cambió de deporte para que no le desfiguraran el rostro.

Pedro Orlando Reyes compareció ante las cámaras de Play-Off Tv para hablar sobre su carrera y los sueños que quedaron por cumplir.

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