Por el béisbol cubano han pasado atletas que, sin mucho ruido, dejaron huellas en sus equipos y este es el caso del lanzador derecho Danny Aguilera con La Isla de la Juventud, quien en los 18 campeonatos en los que participó acumulo muchas victorias y sobre todo, juegos salvados para los Piratas.

Dani es de los pineros con más de 100 juegos salvados en Series Nacionales e igualó el récord de más salvamentos en una campaña. Se quedó en los 149 y no pudo llegar a la cifra de 150 pues decidió enrumbar su vida hacia los Estados Unidos justo al culminar la serie 59. 

De su paso por la pelota cubana, sus recuerdos del país en donde pasó media vida jugando al béisbol, así como su salida, sus años en México y su llegada a Estados Unidos conversó Danny Aguilera con Play-Off Magazine.

¿Cómo logró convertirse en atleta de béisbol en la Isla de la Juventud?

Empecé en el béisbol con ocho años. Mi padre jugaba las provinciales en la Isla. Desde que nací estaba viendo pelota, guante, bates y él me inculcó ese amor. Mi primer entrenador desde la primaria fue Eduardo Willy, que en paz descanse. Había sido anotador en el Latinoamericano. En la secundaria era José Velázquez.

En los escolares no fui de los más destacados. Me definí por el picheo, no tenía esa gran velocidad. Cuando era mi primer año en las categorías pasaba un poco de trabajo para hacer el equipo. Mi primer año 15 y 16 me llevaron y logré buena actuación. En el segundo de los juveniles le gané al campeón Matanzas de ese año. Tuve buenos promedios de carreras limpias. La Isla tenía grandes talentos y jugadores, pero los resultados no eran los mejores.

Pasé por la pirámide de EIDE y ESPA y en los entrenamientos de la liga de desarrollo. Las condiciones no eran tan malas en cuanto a la alimentación. Teníamos el privilegio de comer bastante bien, lo que si pasábamos mucho trabajo con los implementos deportivos.

Entrenaba descalzo, con un zapato sí y otro no. Eran tiempos de prestarnos los guantes, por ejemplo, los 15 y 16 les prestaban los guantes a los 13 y 14 para poder entrenar. En implementos deportivos estábamos en cero. Recuerdo que los padres recogieron un dinero y se mandó a hacer un traje a La Habana para poder ir a las competencias.

A veces, los de la liga de desarrollo tenían que prestar camisas para poder ir a jugar y después que veníamos del campeonato entregarlas para dárselas a ellos. Una vez, el equipo grande de La Isla prestó sus camisas de home club y con eso fuimos a competir y al regreso entregarlas.

Nos motivábamos porque me gusta el béisbol. Había que enfrentar las situaciones. Trabajar con la meta de llegar al equipo de La Isla para tener mejores condiciones: mi traje, spikes, guantes y ser alguien en la vida.     

Me decidí por el picheo porque para entrar al equipo de La lsla era difícil. Yo jugaba primera base. Había buen equipo con un tercer lugar y para ganarse un puesto era más fácil por el picheo. Me vi con más cualidades y potencialidades como lanzador y me decidí por esa vía.       

Danny Aguilera
Fanal Cubano Danny Aguilera

¿Cómo integras la selección primera categoría de la Isla? 

El salto fue después de los juveniles que jugué la provincial con buenas actuaciones. Me llevaron a la preselección del equipo La Isla con 18 años y no integré el conjunto. Al otro año volví a tener resultados y me dieron la oportunidad de participar en algunos topes. Me pude destacar como relevista con buenos números y decidieron llevarme.

No era fácil hacer el elenco. Casi todos los años repetían los mismos, si acaso uno o dos novatos, cuando más tres por temporada. Teníamos un buen equipo, muy sólido y era difícil. Ahora no tanto después de que ha ocurrido todo esto de salidas de peloteros. Somos un municipio y no teníamos esa calidad de jugadores de ahí, entonces hubo que acudir a atletas de otras provincias cercanas. Al final se formaron en La Isla.     

Con 19 años empecé en Series Nacionales. Gané siete juegos como novato. Actualmente, soy el novato que más ha ganado en la historia del béisbol en La Isla. Yoan López ganó también la misma cantidad de juegos en aquel momento.

Me lo gané a base de sacrificio como se logran muchas cosas en la vida cuando uno quiere ser alguien. Me dieron la oportunidad y lucí bastante bien. La confianza me la gané a base de coraje. Siempre estaba dispuesto. Empecé en la reserva y no estaba viajando con el equipo, pero si podía lanzar. Hice buen relevo contra Industriales después contra Las Tunas y pasé a ser el primer pícher relevo.

Usted siempre habló muy bien de Armando Johnson como director en sus años con la Isla

A Mandy Johnson le debo casi todo en mi trayectoria en las Series Nacionales. Aprendí mucho de él. Es un mánager que daba confianza y yo supe ganarme la de él. Es un hombre que confiaba plenamente en mí, eso es algo que motiva mucho al jugador. Cuando uno sabe que el director confía en ti es como una inyección que te están dando.

Mis relaciones con Mandy son actualmente magníficas. Fue como un padre para mí. Le debo mucho, muchas cosas, consejos, de todo el deporte como en la vida personal.

¿Qué experiencias se llevó en sus 18 dentro de las Series Nacionales?

Lo que más me gustaba e impresionaba de las Series Nacionales era la calidad de los peloteros que había y con la entrega que se jugaba, la rivalidad que había entre los 16 equipos. Era una cosa muy linda, los estadios llenos, no como ahora que se ven vacíos. Ibas a Sancti Spíritus y estaba abarrotado, a Santiago, Granma, Holguín. Era una motivación muy buena para nosotros.

En ese tiempo se veía mucha unión, combatividad, nunca nos dábamos por vencidos. Cuando empecé estaba Juan Carlos Moreno, Vladimir García, Orlis Luis Díaz, Alexander Ramos, Michel Enríquez, Luis Felipe Rivera, en el picheo Carlos Yanes, Garlobo, Gervasio Miguel Govín, Yoanis Pérez. Teníamos un equipo con bastante calidad y la disciplina que nos inculcó Armando Johnson.          

En mis 18 series con La Isla tuve la experiencia, como novato, de ganar siete juegos. En la segunda aparición en campañas fui el líder en juegos salvados junto a Orestes González con 17. Tengo récord en Series Nacionales de más juegos salvados en un año con menos salidas, 27. Ibarra también, pero en más salidas que yo. En ese año del que le hablo, La Isla ganó 37 juegos y yo gané 27 y perdí 3, participé en 30.

Cuando llegué a mis 100 juegos salvados y alcanzamos el segundo lugar, eso marcó mi carrera deportiva. Fui el mejor pícher ese año, gané 12 juegos, no perdí, salvé 11 con promedio de uno y pico, y fue seleccionado el mejor relevista. Me quedé en 149 salvados, no pude llegar al 150.

Nunca tuve problemas con nadie. Ni con ningún directivo de La Isla ni del béisbol. Yo soy una persona bastante tranquila y modesta. A veces la gente me catalogaba por mi forma de lanzar por ser agresivo, corajudo y pensaban que en mi vida cotidiana era igual, pero cuando conversaban conmigo no me asociaban. Yo les decía que era mi deporte y labor como lanzador, pero no en la vida cotidiana.

¿Cómo se sintió durante esos años?

En la vida y el deporte se ve mucho el factor suerte y cuando las cosas no están para ti, no están. Cuando más cerca estuvimos de lograr el campeonato fue el año del segundo lugar y los juegos que perdimos no pintaban para nosotros. En el último juego contra Ciego de Ávila el field se tiró de cabeza, Adonis sacó un jonrón, otro field se tiró de cabeza y cogió la bola y cosas así que pasaron. Ellos jugaron mejor. No faltaron nuestras ganas de ser campeones. Veremos para qué año será.     

La atención era normal. Nos atendían bien en cuanto a los almuerzos, comidas y meriendas y en los entrenamientos. Éramos de los que mejor nos alimentábamos. Se pasa mucho trabajo todavía para tener algo, para lograr cosas ahí. No es como en otras provincias, pues nos decían que éramos un municipio. En La Isla se tornaba muy difícil.

En algunas provincias como Holguín era magnífica. Todavía es una de las mejores sedes. Los de La Isla pasábamos mucho trabajo con el catamarán. Muchas veces llegábamos a Batabanó y la guagua no estaba y nosotros tirados ahí. Llegábamos supertarde a los hoteles.

Cuando viajábamos para oriente se pronosticaba llegar a las dos de la madrugada y nos cogía las tres y las cuatro de la mañana. Los hoteles fueron perdiendo mucha calidad como el Pinar del Río. Pasamos algunos años malísimos ahí. La Serie Nacional poco a poco fue perdiendo el nivel de atención, ya no era la misma calidad.   

Hay momentos que no se olvidan en la carrera de un atleta

Le cogí mucho amor a cerrar juegos de béisbol. Yo no tenía noventa y pico de millas ni nada de eso. Los cerradores deben tener buena velocidad, pero sí fui un lanzador muy inteligente. Con mucha garra y coraje, modestia y aparte. Esa sensación es única, hay que vivirla y a la vez disfrutarla.

Es una adrenalina muy fuerte, pero cuando sales con triunfo sabes que vienes a salvar el juego de pelota. El cerrador o pierde o salva, tienes que ir con esa, son muy bonitas y yo las disfruté al máximo y lo hacía cuando estaba encima del box. A veces me pasaba una semana sin lanzar y cuando iba a pichear, lo gozaba y di lo mejor de mí.

Doloroso fue cuando tuve que dejar de lanzar por la operación en el codo. Me pasé un año sin lanzar y cuando volví ya no era el mismo. Tenía que ir recuperándome y ganando confianza, fueron momentos muy duros hasta que logré perder el miedo y volver a ser el mismo Dani de siempre.

Algo que nunca voy a olvidar y va estar grabado fue cuando eliminamos a Industriales que salí a relevar contra Yunieski Gurriel con el Latino casi lleno. Fue un momento muy bonito porque salí de relevo con las bases llenas, me dio rolling para doble play y maté la entrada.  

¿Tuvo las oportunidades suficientes para integrar selecciones nacionales?

Nunca pude ir al primer equipo Cuba. El viaje en el que estuve más cerca fue a un Panamericano, pero fui el mejor pícher de Cuba ese año y no estuve en el róster de los lanzadores de esa selección. Fui de los que mejor lanzó en esa preselección, picheé siete innings y solo me dieron un solo hit. Cada vez que venía me ponían hombres en posición anotadora y solo permití una carrera, me la pusieron con ese hit.

Llevaron a un lanzador lesionado. El director era Jorge, de esa provincia al igual que ese lanzador. Buscaron miles de justificaciones para no llevarme. Fui a un tope en Nicaragua, mi primer evento internacional y un torneo a Holanda, le gané un juego a Curazao como relevista, con Víctor Mesa de mánager y quedamos campeones.

Ese año con el viaje no resolví prácticamente nada, pues en un viaje no se resuelve nada. En La Isla me asignaron un apartamento y algunas cositas que nos dieron en la Fe, el pueblo donde yo vivía. 

¿Qué sucedió para que, repentinamente, no se le viera más con el equipo La Isla?

Yo estaba en la nómina de jugadores en la Serie 59. Todo fue cuando culminó. Lo tenía todo pensado cuando terminamos el entrenamiento. Simplemente ejecuté. Nadie lo sabía, esas cosas no se las dije a nadie, solamente a mi familia.

Salí legal de Cuba para Nicaragua con mi pasaporte y compré el pasaje. Ahí tendí camino para México donde estuve un año y dos meses. Decidí entregarme en la frontera de Estados Unidos. Estuve diez días detenido ahí haciendo los procesos y gracias a Dios estamos hace siete meses aquí en EEUU.      

Hace dos años que no juego béisbol. No me gusta estar en un lugar por gusto. Me trazo metas. Jugando con La Isla cumplí y algunas no se me dieron. Pienso que no fue por mí, fue por personas a las que no les gusté como lanzador para representar a Cuba en el primer equipo. Yo no estaba en los planes de nadie, tenía 36 años cuando salí de mi país a emprender otro camino. No iba a hacer nada, no me tenían en cuenta para nada.

A lo mejor lo pensé muy tarde, pero el tiempo de Dios es perfecto y sabe cuándo uno debe hacer las cosas. Yo me miraba en el espejo de Carlos Yanes, de Gervasio Miguel Govín, de Pablo Pérez, peloteros viejos retirados y en cómo estaban viviendo. Me dije: no, conmigo no va eso. No me parecía vivir así porque di todo al máximo por el béisbol cubano y en La Isla. 

Para nadie es un secreto el cómo viven los peloteros. Muchos deportistas después de que se retiran son olvidados, ya no es la misma atención. Como que ya no me sirves, ya no te atiendo. Todo el mundo sabe de las condiciones en que viven. A veces ni la casa tiene las condiciones para poder vivir y son desechados. Yo no quería pasar por eso. 

¿Cómo valora el béisbol cubano?

Hay que jugar más béisbol, pagarles más y poner más condiciones. Aunque sea, puedan tener una moto, un carro. No hablo de todo, pero los principales peloteros de cada provincia. Eso es normal en el mundo entero. Sin embargo, en Cuba lo vemos como que el que tiene carro es el que tiene dinero. Es una necesidad y se tiene que ver así, como un estímulo. No únicamente a los de los equipos Cuba, sino a los principales peloteros que llevan años entregándose en los conjuntos.

Nos hemos quedado atrás en la forma de entrenar, en los implementos, las condiciones, los recursos. Las ganas, los deseos y el talento existen porque Cuba es tierra de beisbolistas, pero sin eso no vamos a mejorar ni entrenando bajo el sol desde las nueve hasta las doce o la una de la tarde.

En ninguna parte del mundo es así. Existen naves para los bateadores y los lanzadores bajo techo. Todo eso ayuda más al rendimiento, la recuperación, el alimento. Todo influye en sentido general cuando no hay condiciones para trabajar. Aquí tiran noventa y siete y noventa y ocho millas. Allá no porque el cubano no está bien alimentado, no está desparasitado ni tiene las vitaminas ni los energéticos necesarios. 

Lo principal que tiene el béisbol cubano a parte de la emigración es la desmotivación de los peloteros. Son muchos problemas. Ante podíamos decir que estábamos ciegos, pero a raíz del internet uno ve cómo los mismos peloteros viven acá, cómo se sacrifican.

No hay que llegar a las Grandes Ligas para vivir como una persona, para tener tu auto, tu casa, tener las cosas necesarias, implementos deportivos. Para no pasarte una hora en una esquina esperando una guagua o alguien que te llevara. La palabra clave es motivación. El salario no da para nada.

Pueden mandar peloteros para Japón, ya no es igual tampoco la liga panameña. Todo el mundo quiere llegar a la Gran Carpa. Es el mejor béisbol del mundo. El pelotero cubano es de coraje y calidad, ante todo.  

En Cuba, juegan la mejor liga del país y no tienen a veces ni una bicicleta para moverse. Tienen que hacer colas para comprar un paquete de pollo, cola para el gas. Por eso muchos peloteros abren los ojos y desertan. No quieren eso para ellos ni su familia.

He sentido que el béisbol cubano fue perdiendo la calidad por las salidas ilegales y se quedaban afuera para cumplir sueños de jugar en Grandes Ligas. Yo digo que fue una masividad, se iban bastantes peloteros y a raíz de eso entraban muchachos jóvenes que no estaban listos y algunos equipos tenían que asumir roles importantes y eso costó en el béisbol cubano.

¿Cómo ve la vida en este instante?

Aquí en los Estados Unidos estoy con mi esposa, con el padre de mi sobrina que nos acogió en su casa. Hasta ahora todo va bien y el gobierno nos está ayudando. Todos los meses nos ayuda, al igual que con las medicinas y la clínica con consultas gratis.

Si yo tuviera 20 años ahora mismo estando en Estados Unidos intentaría llegar a Grandes Ligas con el mismo amor que siempre jugué. Eso es lo que todo pelotero quiere, alcanzar la mejor liga del mundo. Llevo siete meses nada más. Estoy en el proceso de papeles. Hasta ahora, gracias a Dios, todo va marchando bien.

Estoy luchando y tirando para adelante. Es una vida nueva a la que hay que adaptarse, pero es un país que te da muchas oportunidades. Aquí trabajando y echándole ganas, puedes tener tus cosas, ayudar a la familia en Cuba, que es una de las cosas por las que uno decide a dar este paso.

Para empezar a trabajar estoy esperando a que me llegue el permiso que está en proceso. Dios quiera que me llegue pronto para empezar.

¿Satisfecho con los logros y pasos que ha dado en su vida?

En Cuba pienso que fui feliz conmigo mismo porque lo entregué todo. Mi familia está orgullosa de mí. Saben que en los momentos malos sufrí y en los momentos buenos sonreí con ellos, la pasamos bien. Soy un atleta que lleva por dentro el béisbol, lo sufro y lo lloro. Mi mayor motivación fue el pueblo de La Isla, mis compañeros. Me gané el respeto a través de mis actuaciones y entrega además de mi familia.  

Este paso fue lo mejor que hice. Voy a emprender un camino nuevo, de mucho sacrificio. Sé que, Dios mediante, los frutos los voy a ver. Lo que más deseo es poder ayudar a mi familia que dejé en Cuba. 

Quisiera que me recordaran como lo que fui, pues entregué todo por Los Piratas. Nunca dije que no. Cuando había que lanzar podía estar enfermo, con dolores en el brazo y muchos lo saben. Que los recuerdos sean sobre un lanzador aguerrido que lo dio todo por ellos. Lo entregué todo, no me quedó nada. Voy a ser Pirata cien por ciento hasta que me muera.

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