Recientemente apareció en el Noticiero Nacional el presentador Pavel Otero exponiendo un reportaje sobre el voleibol femenino cubano. En el material se refirió a los entrenadores de la base por su obsolescencia e incapacidad, como los mayores culpables de la crisis actual de la disciplina.

Debe tener poca responsabilidad para salir y atacar sin medidas a los entrenadores, pues desconoce que son los únicos preocupados por el desarrollo de la disciplina en la isla. El desfase de nuestros entrenadores es un efecto colateral, producto de la mala gestión de los federativos.

Voleibol femenino y los problemas estructurales

Es muy fácil hablar de los problemas superficiales. Lo realmente difícil es publicar los errores de estructuras, esos que son jerárquicos, que comienzan en la cúspide y terminan afectando al eslabón más débil. La crítica careció de objetividad, llegar a la raíz de la situación problémica, quizás hubiese sido un punto para iniciar aquel comentario. De hecho, si alguien se hubiese dignado a generar tal contenido, seguramente no hubiesen salido por la televisión nacional.

Nuestras figuras emigran a jugar de forma independiente, nuestros entrenadores están obsoletos, las Morenas del Caribe no se implican en el desarrollo de la disciplina, pero, ¿han averiguado a qué se debe esto? ¿Conocen al menos cómo funciona el actual sistema de selección de talentos? ¿Se han preocupado tan siquiera en entrevistar a algunos de esos entrenadores de la base para que les cuenten sus experiencias?

Los problemas del voleibol cubano son estructurales, debido a lo anticuado y en desuso en que se encuentra el sistema. No es serio apelar a la superación de los entrenadores como una vía para desarrollar el deporte cuando, hay otros aspectos más importantes que lo aquejan. Si no hay cursos para ellos, es porque hace varios años que no llegan a la isla y ningún dirigente se preocupa por gestionarlos.

De igual forma, si varias Morenas del Caribe no se implican en el proceso, es porque conocen muy bien la ineficiencia del funcionamiento de la estructura y saben que no está en sus manos cambiarlo.Si las atletas deciden emigrar es porque no consideran que en Cuba existan las condiciones que les asegure un futuro prometedor, y si aún con la posibilidad de regresar a la selección no lo hacen, es porque reconocen que no han sucedido esos cambios necesarios que les pueda reportar beneficios.

Una campaña de descrédito

Por si fuera poco, mientras se realizaba este trabajo, salió un artículo el 21 de octubre  por el Periódico Granma del periodista Alfonso Nacianceno, con el título: “Voleibol: Largo camino para reverdecer laureles”. Tal parece que alguien dio una orden y la caballería echó a andar.

Cito un fragmento de este trabajo: “la tarea de repetir un ejercicio de ataque o defensa hasta lograr hacerlo bien, ese trabajo hasta el cansancio no se manifiesta en las generaciones actuales, que llegan a la preselección nacional con una técnica deficiente, comportamiento que no beneficia en nada el posterior rendimiento”.

Quiere decir que, para Nacianceno, uno de los problemas del voleibol es la falta de actitud y ganas de entrenar de los atletas. El periodista hace referencia a la clave del éxito según Eugenio George, el cual se basaba en “la calidad, la disciplina y la entrega de las muchachas”.

Primero Pavel hacia los atletas, ahora Nacianceno hacia los jugadores ¿No sienten que algo está mal? ¿Por qué los medios oficiales se empeñan en buscar un culpable y los señalados siempre son los atletas y entrenadores? Es como si la brújula se les hubiese desviado en sentido contrario a los verdaderos responsables.

Luego, le achacan a los equipos Cuba las derrotas en el clasificatorio a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y en el más reciente mundial sub 21. Las califica de imperdonables y de no haberse mostrado a la altura esperada. ¿Cuál era la altura esperada de este equipo con dos semanas de entrenamiento? De hecho, pusieron en riesgo a los atletas al enviarlos con ninguna preparación a un evento de primer nivel.

Una estrategia de distracción

Nuevamente, se está buscando desviar el foco de atención. Los problemas económicos desde la caída del campo socialista, la lenta adaptabilidad a las dinámicas del voleibol moderno, la tardía política de contrataciones por las cuales se han perdido generaciones de oro, la dejadez de las instituciones por un sistema que no prioriza ni asegura el bienestar de la disciplina, el favoritismo, la intolerancia, la burocracia, la mediocridad, entre muchas otras cuestiones que están bastante lejos de la base, son los verdaderos culpables.

En el trabajo se menciona, muy solapadamente y en apenas una línea, la situación de la liga nacional. Pero aquí no busca culpables, y a la vez se obvia que, quizás, esta sea una de las causas de la no superación de entrenadores y atletas.

Resulta imperdonable cuando alguien viene y dice que los problemas del deporte cubano, no solamente del voleibol, son debido al mal trabajo de la base. Parece que se deterioraran solas por  “arte de magia”, cuando la cúpula es en realidad la que orienta y determina a sus anchas. Todas esas iniciativas y ganas de trabajar de entrenadores y atletas, les aseguro que han existido, porque en realidad, así es que se está manteniendo el voleibol cubano en estos momentos, por personas que aman el voleibol y que dan mucho más de lo que reciben. Esta vez no nos vamos con la de trapo, esta vez sabemos quién tiene la “maldita culpa”.

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