Su bate parecía iluminado por los dioses del béisbol. No era un portento físico, pero la fuerza de sus muñecas hacía llorar a la pelota al ser golpeada. A sus 87 años, Rafael “Cachirulo” Díaz recuerda, perfectamente, su etapa como pelotero amateur, su incursión en el equipo de la Compañía de Teléfonos, aquella etapa en el equipo Cuba y el paso por el campeonato mundial en abril de 1961 en Costa Rica.

Este anciano venerable tampoco olvida sus inicios en el deporte de las bolas y los strikes; el comienzo de un camino que lo llevaría a ser un estelar de la pelota cubana; el racismo que debió superar para cumplir sus sueños.

Primeros pasos en el béisbol

La situación para practicar el béisbol antes del 1959 era distinta a la de la década del 60 y Rafael “Cachirulo” Díaz sufrió con esto, de forma muy particular. Comenzó en el béisbol en su natal Cerro, en la Habana. Cuando solo era un muchacho se le hizo difícil practicar el deporte, pues su posición económica no le permitía costearse los gastos para jugar.

“Cuando empecé no había cascos, o simplemente los tenían los ricos y estos no los prestaban. El pobre como yo era muy difícil que tuviera. La primera vez que fui a jugar recuerdo que no tenía spikes, tuve que hacerlo con dos zapatos del pie derecho y prestados. En ocasiones me mandaban a comprar bates y regresaba caminando para poder quedarme con el dinero del transporte, pero lo realmente importante era el béisbol, aunque era un hobbie para mí”, cuenta.  

La historia habla de grandes peloteros, como también lo hacen las estadísticas en los libros guardados entre polvos y ácaros en bibliotecas mal organizadas. Lo cierto es que detrás de toda la superficialidad mal narrada en los capítulos del béisbol cubano se encuentran hombres como Rafael “Cachirulo” Díaz, personas con historias de vida desgarradoras; pero que demuestran los lazos sentimentales que creaban con el pasatiempo nacional.

Desde sus inicios en las ligas organizadas, comenzó a dejar destellos de la calidad que, años posteriores, lo llevarían a formar parte del equipo Cuba. “En el primer año fui líder de los bateadores, con 453, y desde ese momento empezaron a tomarme en cuenta en la novena del Teléfono”, afirma.

Rafael “Cachirulo” Díaz
Hansel Leyva | Play-Off Magazine Rafael “Cachirulo” Díaz. Foto: Hansel Leyva

Los mejores equipos

Por aquellos años existían dos equipos de los más poderosos en el circuito amateur. La mencionada empresa de Teléfono y la Compañía de Electricidad. Los mejores jugadores integraban las filas de estos dos elencos, pues eran los que más pagaban, y el joven se desempeñó entonces por la primera de aquellas novenas.  

Más allá del interés económico, el orgullo por formar parte de uno de los más grandes equipos de la época lo halaba hacia el terreno. “Por mi rendimiento me dejaron fijo en el equipo y con un empleo en la compañía, específicamente en la ‘Facute’, sito en Águila y Dragones. Ahí comencé a trabajar como limpiapisos y los fines de semana jugaba al béisbol”, explica.

El equipo Cuba y el mundial de Costa Rica

Luego de quedar campeón en su primer año con el “Teléfono”, Rafael “Cachirulo” Díaz fue convocado a una gran preselección de 200 atletas que se hizo para formar el equipo que representó a la Mayor de las Antillas en el campeonato del mundo de 1961.

“Los entrenamientos eran en la Ciudad Deportiva y en un principio no quería ir, pero mi director me dijo que iba a representar al país y necesitaban de mis servicios. La concentración fue muy numerosa, había muchos jugadores, y todos con un gran nivel, los cortes eran de 40 o 50 peloteros”, dice.

De esa preselección llegaron aproximadamente 26 jugadores a San José, Costa Rica, en busca de alcanzar el título en el campeonato mundial. De esos, solo 18 integrarían finalmente el conjunto. En los últimos choques de exhibición para definir la nómina oficial, no pudieron dominarlo e hizo mérito para entrar en la plantilla definitiva.

En la noche previa al partido inaugural uno de sus compañeros cometió una indisciplina que le abrió las puertas de la titularidad a nuestro entrevistado.

“En la mañana antes del partido el director se me acercó y me preguntó si estaba listo. Dije que sí. En el primer turno conecté fly al cuadro, pero luego los lanzadores dominicanos no lograron ponerme out. En ese torneo, en general, tuve muy buenos números”, explica.

La guagua pasa una sola vez

En ese campeonato se demostró una vez más su sobrada calidad como pelotero y muchos de los jugadores del equipo antillano recibieron ofertas para firmar en equipos profesionales. “Cachirulo” fue uno de ellos.

“Estaba sentado en el bar y un hombre se sentó a mi lado y me preguntó si podía invitarme a una cerveza. Le respondí que sí. Imagínate, lager gratis: eso en cualquier época es una oportunidad. Luego de unos minutos conversando, me hizo la propuesta para firmar con un equipo profesional a la que respondí que no. Le dije que yo en Cuba vivía bien. El scout solo me respondió: en su situación, la guagua pasa una sola vez”, recuerda.

Miserias humanas

Lamentablemente, Rafael “Cachirulo” Díaz en sus inicios fue víctima de las miserias humanas. En más de una ocasión fue víctima del racismo y asegura, con marcado énfasis, que no eran pocos los hombres que discriminaban a sus compañeros por el color de piel por aquellos tiempos.

“En la liga amateur había mucho racismo. Incluso el director, Pancho Villa, llegó a decirme que me pintara la cara con polvo para aparentar ser un hombre blanco cuando me retrataran”, detalla.

No existe algo más injusto y deleznable que rechazar a una persona por su color de piel. Pero lo importante es que Rafael fue lo suficientemente sensato para obviar esas banalidades y disfrutar de este hermoso deporte, pues lo que más satisfacción le daba era tener buenos resultados en el terreno.

“El momento más feliz de mi carrera fue conseguir ser campeón con el ‘Teléfono’ y conseguir el primer lugar en el campeonato mundial de Costa Rica”, manifiesta.

Por otra parte, también tuvo varios momentos tristes con el pasatiempo que amaba. En particular recordó uno, en el cual un error suyo le costó la derrota a su novena: “fue un juego en el terreno de Santiago de las Vegas. Cuando yo estaba en la inicial, batearon un elevado y se me cayó la bola.  Después de eso, como casi siempre, vino un jonrón y perdimos. Ese día hasta lloré, me sentí muy mal”.

Secretos de un señor sabio

Casi al final, entre una que otra risa, Rafael “Cachirulo” Díaz develó algunos de sus secretos más íntimos. Habló sobre Industriales, el béisbol moderno y sobre cómo se debe comportar un atleta en el terreno de juego.

“En los debates de la casa siempre estoy en contra de Industriales. Sobre todo, es para ir a la contraria a mi familia, que es fiel seguidora de los capitalinos. Aunque es cierto que cuando empezaron las series yo pertenecí al Habana, y desde ese entonces, soy y seré antindustrialista”, explica.

No son pocos los jugadores del equipo azul que lo visitan. Hombres como Carlos Tabares, Frank Camilo o Rudy Reyes: a todos les daba el mismo consejo: “En el terreno no hay amigos, todos son rivales; dentro se juega fuerte y se olvidan las normas de cortesía: eso hay que dejarlo para la calle”.

“La Revolución cometió un error, eliminar los placeres para practicar la pelota. De ahí salieron muy buenos jugadores, además se jugaba mucho. Hoy en día hay buenos peloteros, pero necesitan menos entrenamientos y más juego”, afirma sobre la baja en la calidad del béisbol cubano en la actualidad.

A varios años de su retiro después de formar parte del colectivo de entrenadores en la academia, disfruta de su familia, su hija y dos nietos, que son los que viven con él. Es un señor fuerte y muy laborioso.

Para no aburrirse, Rafael “Cachirulo” Díaz dedica sus mañanas a limpiar el patio, aunque confesó que, si tiene dinero, prefiere tomarse una que otra cerveza. La compañía de teléfono le pasa una chequera, mientras que el INDER también lo ayuda económicamente. Además, afirma, lo invitan a todas las actividades.

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