En el asiento trasero del taxi, Raiko Arozarena conversa con su madre. Han transcurrido varias semanas de aquellas pruebas en la ciudad de León y el joven arquero cubano no ha recibido llamada alguna. Ni siquiera ha tenido noticias de aquel scout del Atlas al que impresionó. Tras su demostración, ese señor le había pedido sus datos y hasta el número de teléfono. Sus esperanzas de llegar al fútbol profesional comienzan a difuminarse.

Con los ojos clavados en el espejo retrovisor, el taxista escucha con atención el diálogo de sus clientes:

— ¿Te puedo dar un consejo? —pregunta mientras se voltea con una mano pegada al volante.

— Sí, por supuesto —contesta Raiko.

Lo mejor que puedes hacer es ir personalmente al estadio donde entrena Venados y hablar para que te hagan unas pruebas.

En ocasiones, el talento necesita una dosis de suerte y —esta vez— era el azar quien estaba golpeando en su puerta. No sería la primera ni la última vez en que los astros se alinearan en su favor. Y es que la historia de Raiko Arozarena se encuentra escrita en esa perfecta armonía entre la providencia y el sacrificio. Ni siquiera su llegada al fútbol escapa a esta dualidad:

 “El fútbol llega a mi vida allá en Cuba, en un pueblo llamado Arroyos de Mantua. Mi primer deporte fue el atletismo y después me cambié. Era un niño al que le gustaban todos los deportes. En toda esa etapa de la escuela primaria me fue bien en el béisbol. Era muy bueno y logré muchas cosas. Representé a mi provincia Pinar del Río en cuatro campeonatos nacionales. Llegué a la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) en séptimo grado. Lo mejor que le puede pasar a un niño allá es llegar a esa escuela. Tenía trece años y ya estaba un poco grande”, recuerda.

“En mi pueblo se hacían torneos de fútbol y me anoté en un equipo. Jugaba como delantero y no lo hacía mal. Pero en un momento del torneo quise jugar de portero. Me paré bajo los tres palos y empecé a atajar balones. No sabía muy bien, me tiraba de frente, me rompía la boca, el balón me pegaba en la cara, pero también atajaba mucho. No lo hacía mal porque tenía noción. Soy una persona que aprende rápido; con solo mirar, sin tenerlo que practicar.

“Seguí en la escuela con el béisbol. Pero ese año se iba a hacer una reducción de matrícula para ese deporte. Todos los jugadores tenían que ir para sus municipios a estudiar y entrenar, para luego volver en noveno grado. Pero yo quería seguir en la escuela, no quería irme a estudiar para mi pueblo. Así que todos se fueron y yo me cambié para el fútbol y me quedé en la escuela”, cuenta.

“Pero si quieres le puedes preguntar a Randy: antes, yo era mejor que él en la pelota. Yo era de conectar muchos hits, no era muy jonronero. Soy rápido, habilidoso, pícaro. Si me ven jugando se van a quedar con la boca abierta. Nunca voy a dejar de jugarlo, aunque sí lo dejé de practicar”.

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¿Qué recuerdas de tus años como portero en Cuba con el equipo Pinar del Río?

Lo que más recuerdo fue mi debut en la Liga Nacional. Jugué contra Matanzas. Ganamos y le paré un penal a Luis Javier Paradela, “El Pelón”, mi amigo en lo personal. Le mando un fuerte abrazo.

¿Cómo se produce la oportunidad de emigrar a México?

La oportunidad de ir a México fue gracias a Dios y a mi hermano [el pelotero de Grandes Ligas, Randy Arozarena]. Él ya estaba en México mientras yo estaba en Cuba y me hizo la reclamación para irme a vivir con él.

¿Fue difícil llegar al fútbol profesional en ese país o fue una transición relativamente fácil?

Sí, fue difícil porque no conocía a nadie, no sabía cómo moverme. Luego empecé a conocer personas que me ayudaron a conseguir dos pruebas. Una fue en la Ciudad de Morelia, Michoacán; la otra fue en León, Guanajuato. Había cerca de 100 jugadores, como 15 porteros. Un visor del club Atlas me dijo que estaba bien y tomó mis datos; incluso se quedó con mi número de teléfono. Me dijo que me iba a llamar para hacerme unas pruebas con el club, pero al final ahí quedó todo.

Para que veas como son las cosas de la vida. Yo buscando suerte tan lejos y no sabía que mi oportunidad estaban tan cerca de mí. Estaba en el equipo Venados de Yucatán. Un día iba en un taxi con mi mamá y empezamos a platicar sobre eso. El taxista escuchó la conversación y me dijo: ¿te puedo dar un consejo? Lo mejor que puedes hacer es ir personalmente al estadio donde entrenan y hablar para que te hagan unas pruebas.

Efectivamente, fui con mi mamá y los vi a todos entrenando. Pude conversar con una persona que me entendió, me ayudó mucho y me dio la oportunidad de hacer las pruebas con el equipo amateur. Al día siguiente fui para allá y me puse a entrenar fuerte.

Las cosas me fueron yendo bien. Les gusté mucho, vieron mi calidad. El equipo profesional había salido de vacaciones y cuando regresaron me invitaron a entrenar con ellos. Allí continué haciéndolo bien hasta que me dieron la oportunidad de firmar mi primer contrato profesional.

futbolista cubano Raiko Arozarena
Foto: redes sociales de Raiko Arozarena Raiko Arozarena, portero cubano. Foto: redes sociales de Raiko Arozarena

Ser suplente es difícil para cualquier futbolista, pero sobre todo para un portero, porque tiene menos posibilidades de jugar. Con Venados te tocó cumplir ese papel. ¿Cómo viviste esa experiencia?

Me tocó ser suplente. No es fácil dar un salto como el que di. Pasar de ser amateur a profesional en una división muy buena como es la Liga de Ascenso MX, es complicado y más, siendo portero. Es complicado llegar y que juegues titular.

Pero fue una experiencia muy bonita e importante para mí. Tenía como compañero y amigo al titular, Armando Navarrete. Me enseñó muchas cosas y aprendí mucho de él. Creo que fue una de las mejores cosas que me pudo haber pasado.

En 2020 firmas con Cafetaleros de Chiapas, lo cual significa sacrificar una división. ¿Qué te motivó a hacer ese movimiento?

La verdad no tuve mucha oportunidad en Venados. Ya tenía pensado salir, bajar una división para sumar minutos y demostrar lo que soy capaz de hacer. Creo que fue la oportunidad y decisión que mejor pude haber tomado en lo que llevo de mi carrera como profesional. Estoy agradecido con el club Cafetaleros por esa gran oportunidad que me dieron.

Allí te consagraste como uno de los arqueros más notables del torneo y, sobre todo, como prolífero atajador de penales. ¿Tienes algún truco específico para sacar ventaja sobre el cobrador?

No tengo ningún truco para los penales. Solo me concentro, miro el balón y los ojos del tirador.

Recientemente firmaste con el Tampa Bay Rowdies, de la USL en los Estados Unidos. ¿Cómo se produce esta oportunidad?

Esta oportunidad se produce gracias al trabajo que venía haciendo con Cafetaleros. Y también gracias a mi hermano que me ayudó a hacer unas pruebas con el equipo. Salió bien, como esperaba, y me contrataron.

Recientemente, Cuba dio un paso muy positivo para el desarrollo del fútbol abriendo las puertas de la selección a jugadores que han llegado al mundo profesional fuera de las directrices del INDER. En un inicio se hablaba de ti como un candidato serio a entrar en este proyecto, sin embargo, finalmente no se produjo tu convocatoria. ¿Qué sucedió?

Sí, había muchos rumores de que yo iba a ser convocado por la selección. Pero la verdad no sé qué sucedió. Solo me dijeron que todavía no me habían aprobado, pero en realidad no sé por qué no fue posible esa convocatoria.

Se dice que en este momento ya todo se solucionó y Raiko Arozarena fue aprobado para jugar con la selección. ¿Es así?

También he escuchado esos rumores, pero no estaré seguro hasta que la nota no sea oficial. Esperemos que sí.

¿Cuáles son tus nuevos proyectos tanto en la vida personal como deportiva?

Mis nuevos proyectos son hacer las cosas bien aquí para llegar a primera división, que es un sueño y un propósito personal.

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