El renacer de la gimnasia en Cuba: eso fue para Randy Lerú una generación de gimnastas entre los que él se encuentra y que se han encargado de regresar el nombre de la isla a los planos estelares de este deporte.

El rápido ascenso de varias figuras en los últimos años hizo que se vuelva a hablar de esta disciplina en el panorama deportivo cubano. Quizás las excelentes actuaciones de su coterráneo Manrique Larduet hayan opacado un poco su carrera, pero esto no demerita en nada la trayectoria del joven santiaguero que también ha obtenido medallas en certámenes de primer nivel mundial.

Los inicios de Randy Lerú

Randy Lerú fue un niño intranquilo al que sus familiares iniciaron en el deporte para que gastara esas energías que le sobraban. Con el paso de las décadas esa historia se ha vuelto recurrente en la etapa de iniciación deportiva de muchos atletas, y aunque la mayoría quedan en el camino, no son pocos los que han seguido ese embullo inicial con un enamoramiento posterior sobre el cual han labrado carreras de éxito a base de talento y trabajo duro.

En el caso de Randy, su ímpetu infantil colmó la paciencia de su tía, la cual lo inició en el mundo del deporte en su Santiago de Cuba natal y desde el principio los resultados demostraron que ella había tomado la decisión correcta.

“Yo era un muchacho muy intranquilo y mi mamá me dejaba todos los días con mi tía y yo le sacaba los pines a esta. Entonces mi tía me llevó para la sala polivalente de Santiago de Cuba, la Alejandro Urgellés, cuando tenía cuatro años. Ese día me hicieron unas pruebas y las pasé como si nada. Entonces, decidieron que a partir de septiembre empezara a dar mis primeros pasos en la gimnasia y así fui empezando poco a poco.

“Mi primera competencia fue en unos juegos municipales y eso para mí fue muy fuerte. Cuando llegué a mi escuela mi entrenador me regaló una medalla y me dijo que era por todo el esfuerzo que yo había hecho. Yo me dije, ‘ahora voy a esforzarme el triple de lo que me he esforzado’. Cuando fui a mis primeros juegos escolares alcancé la medalla de oro y eso me motivó mucho más y me hizo seguir los pasos hasta hoy”, cuenta Randy Lerú.

Una carrera en ascenso entre resultados y tropiezos

Su condición de diamante en bruto llamó la atención de los entrenadores del equipo nacional, lo cual motivó su inclusión en la Escuela Nacional de Gimnasia cuando solo tenía nueve años.

Es lógico suponer que el proceso de adaptación no fue sencillo, sin embargo, los resultados que obtenía lo mantenían motivado hasta que un suceso negativo fuera del ámbito deportivo detuvo de manera abrupta su desarrollo.

“Con nueve años vine para la Escuela Nacional, aquí en La Habana, solo, sin familia. Fue algo muy duro alejarse así tan pequeño de la familia. Me costó un poco de trabajo adaptarme, porque estar lejos de mi mamá fue algo que me golpeó mucho. Eso es parte del sacrificio que tiene que hacer un atleta.

“En esa etapa viví muchas experiencias muy bonitas y conocí a muchas amistades mías que me ayudaron a atravesar ese ciclo. Uno de ellos fue Manrique Larduet, que vino a La Habana conmigo y lo pasamos juntos. También, Ernesto Vila, el campeón olímpico de la juventud, y Rafael Rosendi, quien aún se mantiene en el equipo, entre otros”, cuenta.

 “Fui campeón con 13 años de los Juegos del ALBA, en donde pude competir contra gimnastas mayores de veinte y tantos años. Ese fue otro paso más de mi carrera para llegar hasta donde estoy. Después tuve una pausa, por una sanción, debido a los estudios. Una muchacha se roba una prueba y me dice algunas cosas y yo lo copio, entonces, la profesora se dio cuenta.

“Nos dijo que todo el que tuviera que ver con la prueba iba a tener problemas. Yo mismo me eché pa´lante, me hicieron un análisis y me mandaron sancionado 2 años para la casa. Le dije a la directora que estaba bien, pero que iba a regresar porque tenía talento y entonces me iba a tener que aguantar”, explica.

Luego de ese suceso, Randy Lerú tuvo que regresar a su provincia natal, en donde lidió con el lógico desaliento que se experimenta ante una situación como esa. En ese tiempo mucho tuvo que ver su familia con su proceso de entrenamiento, así como con un regreso al equipo nacional con el cual no contaban muchas personas.

“Me fui para Santiago y allí estuve 8 meses, 5 entrenando y 3 sin entrenar, porque ya estaba un poco decepcionado. Pero mi tía me dijo que yo no podía sentir eso porque apenas estaba comenzando la vida en la gimnasia y tenía solo 15 años”, recuerda.

“Un día decido con mi primo, que en paz descanse, irme para La Habana, porque no me habían ido a buscar, pero yo solo iba a ir. Cuando llego al gimnasio estaba el entrenador Carlos Rafael Gil.

“Él me pregunto qué yo hacia allí y le respondí que estaba dando una vuelta para visitar a mis compañeros. Él me dijo: tu vuelta llegó hasta aquí, porque te quedas. Me quedé, hicimos una preparación de un mes y estuve a casi nada de ser parte de una base de entrenamiento que se hizo en México. Esa iba a ser mi primera competencia, mi primer viaje, no se pudo, pero había que seguir luchando”, dice.

Randy Lerú
Fotos /Abel PADRÓN PADILLA Gimnasta Randy Lerú, en la escuela de gimnasia, en La Habana, el 28 de marzo de 2019, Fotos /Abel PADRÓN PADILLA

El ascenso a la élite

La progresión de Randy Lerú y de otros miembros del equipo nacional presagiaba una nueva época gloriosa. Los Juegos Centroamericanos de Veracruz 2014 fueron solo el inicio de lo que vendría en los Panamericanos de Toronto 2015 y en el Campeonato Mundial celebrado en Glasgow ese mismo año, que sirvió como vitrina para mostrar el potencial de los gimnastas cubanos.

“Yo tengo un tatuaje que dice ‘El renacer de la gimnasia en Cuba’, que fue a partir de los años 2010 a 2012, cuando todos ya estábamos en manos del entrenador Carlos Rafael Gil, que fue el motor impulsor para que la gimnasia tuviera ese renacer hasta el 2014, cuando se dieron a conocer los nuevos talentos que Cuba tenía”, afirma.

“En los Panamericanos pensé que el resultado iba a ser mucho mejor, pero terminé contento porque fui a la final de barra y quedé quinto lugar. Fue algo que me chocó también porque en mi interior yo sentía que no era un quinto lugar, pero bueno, es un deporte de apreciación y no todo el mundo lo ve de la misma manera. Al ser el primer competidor en la final de barra fija, le calenté el lápiz a los jueces.

“El Mundial fue muy duro porque era muy joven y estábamos luchando por obtener una plaza en los Juegos Olímpicos. No se me dio el resultado que yo quería, que era ir a una final de barras, pero me dije que no me podía detener porque aún quedaba batalla. Ese mundial fue el que nos dio el empujón para que la gente acabara de reconocer el trabajo que estábamos haciendo nosotros”, explica.

La participación en unos Juegos Olímpicos resulta una experiencia única para cualquier atleta. En el caso de Randy Lerú, Río 2016 fue su despertar para convencerse de que la élite estaba a su alcance, sobre todo, en la barra fija.

“Fue una experiencia genial, ya que fueron mis primeros Juegos Olímpicos. Con respecto a mi participación en barra fija, fue lo mejor que experimenté. Quedé en el lugar 14, muy cerca de la final y de esos Juegos Olímpicos en general saqué muchas experiencias.

“En esencia fue ese torneo el que me convenció de que yo tenía que estar en la élite de la barra fija. Con el paso del siguiente ciclo llegaron esas actuaciones que esperaba, así que creo que Río me aportó mucho que luego pude emplear en otros eventos”, manifiesta.

Con la llegada del siguiente ciclo olímpico, puso su nombre definitivamente dentro de la avanzada en la barra fija. Sus actuaciones en Copas del Mundo, saldadas con varias medallas, así lo demuestran.

A Randy Lerú quizás le quede la impresión de que en varios de esos torneos mereció una mejor calificación por parte de los jueces, pero eso no disminuye en nada el orgullo que siente cuando habla de esas competencias.

“Mi primera medalla en Copas del Mundo fue un bronce en Portugal en el 2017 y me sentí muy feliz, claramente. Luego vino otro bronce también en Portugal. Allí pensé que podía haber alcanzado la medalla de plata, pero como todos sabemos, esto es un deporte de apreciación y los jueces no lo vieron así.

“El 2019 empezó con otra medalla de bronce, cuando participamos en la Copa del Mundo de Qatar. Esa fue la medalla que más disfruté porque eso fue prácticamente un campeonato mundial. Ahí estuvieron los mejores dentro de la barra fija, incluyendo el campeón olímpico y varios medallistas mundiales y alcanzar esa medalla fue increíble.

“Luego fuimos a la Copa del Mundo de Portugal y gané una medalla de plata en barra fija, pero a mí me supo a oro, sinceramente. No gané por unos pequeños detalles, pero igual me sentí bastante contento con el resultado”, dice.

Ante resultados de tal magnitud y con Manrique Larduet fuera del equipo nacional por lesión, Randy Lerú encaró los Juegos Panamericanos de Lima 2019 como la principal figura del equipo nacional. Muchos lo consideraban el favorito para coronarse en la final de la barra fija, sin embargo, una caída en plena rutina le impidió alcanzar el resultado deseado.

“Tenía que dar la cara porque nuestra principal figura no se encontraba. Cuando tuve la caída, sinceramente, el mundo se me fue abajo: ya no tenía deseos de nada y lo único que podía hacer era llorar. Tantos años de sacrificio para que ocurra eso.

“Hubo muchos comentarios que se hicieron de esa competencia que me dolieron. Me criticaron, al decirme que yo no era ni la sombra de Manrique Larduet. Yo nunca lo vi así, siempre competí para mí y para el pueblo: yo no quiero ser mejor que nadie, solo quiero ser mejor que mí mismo.

“Competí lesionado, mucha gente no sabía eso y me acababa de resentir compitiendo en las barras paralelas. Mi entrenador me preguntaba si podía continuar y le dije que sí. Por eso me molestó tanto, porque después de aguantar dolor y todo el sacrificio, vi que mi objetivo en la competencia no se había cumplido.

“Somos humanos y tenemos derecho a equivocarnos y al final lo que hice fue darle ánimo al resto de mis compañeros que quedaban compitiendo, porque como yo era el más veterano no podía caerme completamente: mi entrenador y mi pareja estaban ahí y fueron los que me animaron. Ellos son los que merecen el crédito por haberme ayudado a superar ese momento”, confiesa.

La figura de Carlos Gil para la gimnasia cubana

Para muchos, Carlos Gil ha sido el artífice de que la gimnasia artística cubana regresara a planos estelares. La complicidad que los atletas sienten con él es una prueba de lo importante que ha sido el rol que este entrenador ha jugado en la consecución de los éxitos recientes.

Randy Lerú coincide con ese criterio, al igual que comparte la opinión de que su separación del cargo de entrenador principal es un duro golpe para el desarrollo de las generaciones actuales y futuras.

Otro punto que deja claro es que se trató de una decisión unilateral que fue tomada sin contar con la opinión de ninguno de los atletas.

“Para nosotros fue más que un entrenador, fue nuestro padre, nuestro hermano, nuestro amigo. Siempre estuvo al tanto de nosotros, de las cosas que nos hacían falta. Fue siempre el apoyo que un adolescente necesita para seguir adelante. En lo particular, le agradezco todo lo que yo he hecho hasta el momento y todos los resultados que he tenido han sido con su compañía.

“Nosotros nunca estuvimos de acuerdo con las cosas que pasaron. Si fuera por mi él no se hubiera ido nunca pero bueno, hay que seguir adelante. Ya no tenemos ese guía dentro del gimnasio, pero seguimos hablando con él y nos apoya, siempre lo hará. Le agradezco todo y espero que donde esté siempre este orgulloso de las cosas que hagamos nosotros.

“La situación con él en la actualidad no es muy favorable y eso es algo que nos va a golpear mucho también, porque a pesar de su juventud, es un entrenador que se dedica en cuerpo y alma a lo que hace, porque él ama la gimnasia”, afirma.

La COVID y el adiós a los Juegos Olímpicos

Tanto Randy como otros gimnastas, se han visto imposibilitados de competir desde el 2019. La pandemia de la COVID-19 provocó un impase que luego se prolongó con la ausencia de estos en los torneos clasificatorios preolímpicos por circunstancias desconocidas para Randy, lo cual ha impedido que pueda participar en la cita olímpica de Tokio 2020.

“Desde el 2019, la gimnasia masculina no participa en ningún evento. Esto es un poco raro porque hay competencias que se están realizando y los gimnastas cubanos están ajenos a ellas y eso nos está perjudicando. Se ha limitado la clasificación olímpica, que ha quedado fuera de nuestro alcance.

“Es algo duro y frustrante para un atleta después de haber participado en unos Juegos Olímpicos no tener la opción de intentar volver a estar bajo los cinco aros. A mí me ha chocado muy fuerte porque le han puesto una pausa a mi carrera, en la que he pensado muchas veces no seguir siendo parte de la gimnasia cubana. Pero aún soy joven y tengo mucho que dar y demostrarle tanto al pueblo cubano, como al mundo entero, que todavía la gimnasia cubana tiene espíritu de lucha y mucho talento por regalar”, afirma.

Un tema que Randy Lerú menciona en todo momento es el papel de la familia en su formación como deportista y como persona. Su sentido de gratitud hacia su madre fue una de sus principales motivaciones y en la actualidad se siente satisfecho de haber compensado, tanto material como sentimentalmente, a su madre por todos los sacrificios que ella hizo para que él alcanzara sus sueños.

“Mi familia es mi motor impulsor, gracias a ellos estoy donde estoy. He dado todo por tener cómoda a mi mamá que ha sido siempre lo más grande para mí. Somos una familia humilde y vivíamos seis en una casa. Pero mi mamá no tenía casa y yo siempre quise darle una, ese siempre fue mi sueño. Hasta que lo logré.

“Yo estoy aquí por ella, por mis tías, mi primo que ya falleció, mi primer entrenador que fue otra gran persona que me apoyó mucho y quien, lamentablemente, ya no se encuentra entre nosotros. Toda mi vida he luchado por mi familia porque ellos siempre lucharon por mi cuando era un niño”, expresa.

El futuro de Randy Lerú

Ante un panorama complejo, Randy Lerú mira hacia el futuro. Siente que aún le quedan cosas por lograr en el deporte, pero al mismo tiempo tiene claro que alcanzar su prosperidad como ser humano es también un objetivo sumamente importante para él. El porvenir es incierto, pero él lo afronta con una seguridad superlativa sobre sí mismo.

“Hasta ahora estoy concentrado en que pase el COVID. Quiero llegar hasta los Centroamericanos y si puedo, hasta los Panamericanos: para mí sería muy bueno. En el transcurso, quizás participar en un Mundial. Hay que ver como marcha la preparación.

“Lo otro sería poder contratarme en un club por otras tierras, porque el gimnasta necesita competir, tener roce internacional, no solo estar aquí. He tenido muchas opciones, pero aquí se me han cerrado y yo espero que este año se pueda resolver algo con respecto a eso.

“Si puedo llegar al Panamericano bien, pero si no, tendré que plantearme mi futuro fuera del deporte. Lo sentiría mucho, pero creo que tengo que vivir mi vida, al igual que creo sería muy importante para mí desarrollarme en otras esferas”, afirma.

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