Estaba compartiendo en casa de unos amigos cuando sentí una algarabía tremenda en las calles. Todos salimos al jardín y nos sorprendimos al ver a las Morenas del Caribe y al equipo masculino de voleibol de Cuba pasar, mientras eran vitoreados por los vecinos del barrio.

Era una noche cualquiera de 1989 y ambas escuadras regresaban al país después de titularse en la Copa del Mundo unos días antes, con lo cual elevaron ese deporte a lo más alto del orbe.

Entre los jugadores cubanos destacaba por su alegría un joven de 24 primaveras que ya había saboreado una medalla plateada tres años antes en su debut con la selección nacional y que en el futuro sería considerado como el mejor pasador del mundo: Raúl Diago.

“Uno de los momentos más felices de mi vida deportiva fue cuando ganamos esa Copa del Mundo. Fuimos recibidos en el aeropuerto junto al equipo femenino, que también habían sido campeonas, y por dirigentes del deporte. Recorrimos las calles de la capital recibiendo el saludo del pueblo a pesar de las altas horas de la noche y al día siguiente tuvimos un encuentro con el Comandante en Jefe Fidel Castro en el Consejo de Estado”, cuenta.

Durante 16 años, Raúl Diago se mantuvo en el equipo Cuba en una posición clave en la que hizo magia proyectando combinaciones y distribuyendo balones con precisión para que sus compañeros remataran con fuerza por encima de la net.

Natural de Perico, Matanzas, jugó 174 partidos oficiales en  la arena internacional y exhibe un palmarés envidiable con una medalla dorada y dos de plata en Copas del Mundo; una de plata y otra de bronce en Campeonatos Mundiales; una de oro, cinco platas y una de bronce en la Liga Mundial; otra de bronce en el certamen de los Cuatro Grandes; par de metales bronceados en la Copa de Campeones; además de dos títulos Panamericanos y otro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Desde que el niño Raúl Diago comenzó a sentir inclinaciones por la actividad física, su destino estaba marcado. Quería batear y atrapar pelotas de béisbol como sus amigos del barrio y correr en las pistas, pero los dioses del deporte le pusieron trabas y lo fueron guiando con inteligencia y complicidad por el camino que lo llevaría a entrar en el mundo de la malla alta.

“Me inicié en el deporte jugando béisbol y a los 12 años fui campeón provincial con el equipo de Perico. Después me gustó el atletismo e hice las pruebas para la EIDE, pero no había capacidad. Matriculé en el voleibol sólo para poder pasar al atletismo en el curso siguiente, pero eso nunca sucedió”, recuerda Raúl Diago.

Su inteligencia y habilidad, su astucia y velocidad en la cancha, y su ímpetu competitivo, se unieron a su capacidad de liderazgo para desarrollar una técnica que llamó la atención de los profesores.

Después de algunas jornadas de entrenamiento, el muchacho sabía que no podía separarse jamás de este deporte, en el cual las emociones hacían brotar su adrenalina como ningún otro.

voleibolista cubano Raúl Diago
Foto: Hansel Leyva Uno de los mejores pasadores de la historia del voleibol mundial, Raúl Diago. Foto: Hansel Leyva

Apodado el “Mago” por sus habilidades para hacer trucos de cartas, llevó esa herramienta a la cancha para hacer “desaparecer balones” delante de sus oponentes y ponerlos con precisión milimétrica en los espacios exactos donde comenzarían los ataques.

“Fue el comentarista René Navarro quien comenzó a llamarme el mago por mi astucia en la distribución de los pases y porque desde niño me gustaba hacer trucos. Eso lo hacía siempre que viajaba en los aeropuertos, en los aviones, en la habitación, etc.”, comenta.

“Al final, ese gusto por la magia creo que me ayudó mucho porque para ambas funciones hay que ser hábil, rápido, y muy astuto”, agrega.

Era impactante ver como un jugador de esta pequeña isla lideraba las estadísticas entre los acomodadores en par de campeonatos del orbe y en cuatro Ligas Mundiales y era avalado por la Federación Internacional de ese deporte como el mejor del planeta en su especialidad.

“Para tener esos resultados como atleta hay que ser muy disciplinado, tener constancia en el trabajo, y sobre todo amar lo que uno hace. Hay que esforzarse al máximo todos los días para alcanzar las metas trazadas y eso lleva mucho sacrificio”, asegura Raúl Diago.

Mantenerse en un equipo nacional durante 16 años siendo el titular de la posición es una proeza, mucho más en Cuba donde surgen constantemente tantos atletas de calidad que pueden presionar y convertirse en candidatos de fuerza para sustituirlo.

“Nunca sentí presión por ese motivo. Saber que existían compañeros que eran capaces de hacer esa función con buen rendimiento, me estimulaba. Teníamos los casos de Manuel Torres, José Cutiño, Eugenio Nicolás, Joel Olazábal, Gilman Cao, Alaín Roca, y Nicolás Vives que es el actual entrenador principal del equipo nacional. Con ellos participé en diferentes eventos y siempre he mantenido muy buenas relaciones con todos”, confiesa.

Toda historia tiene su fin y la vida como atleta activo de Raúl Diago terminó en septiembre de 2001. Después de los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 esa decisión estaba tomada, pero según nos comenta, el colectivo técnico le solicitó iniciar el nuevo ciclo olímpico y se mantuvo un año más sobre las canchas.

“Lo decido así porque ya tenía 36 años y los años no pasan por gusto. Uno va sintiendo el peso de una vida entregada sin interrupción al deporte activo y las figuras jóvenes merecían continuar”, reconoce.

“El retiro no es fácil para ningún atleta pero uno se prepara psicológicamente para ese momento y también pesa el tema económico y pedagógico. Como al final es una decisión muy pensada, se aligera la pesadumbre”, concluye.

¿Por qué decidiste quedarte en Cuba y no perseguir el sueño del profesionalismo como hicieron algunos de tus compañeros de selección?

En primer lugar, nunca me pasó por la cabeza abandonar mi país, mi familia y mi cultura, pero sí tuve la oportunidad de jugar 2 años en la Liga Italiana.

Lee más en Raúl Diago: “Solo pedí que me dieran una disculpa pública y aún la estoy esperando”

Varios momentos han marcado la vida de Diago a lo largo de toda su vida. Una de ellos fue cuando jugó en la Liga Italiana, casi al final de su carrera deportiva. Esto le generó ingresos económicos que lo impulsaron a comenzar tiempo después un negocio particular que le ha permitido obtener ganancias para disfrutar un retiro digno como merecen todas las glorias deportivas.

“En 1998-1999 formé parte del Club italiano Iveco Palermo. En ese equipo estaban también Osvaldo Hernández y Ángel Denis y fuimos campeones europeos. En ese evento fui seleccionado el mejor pasador. Desde el punto de vista deportivo, gané en experiencia en el intercambio con jugadores de primer nivel como Lucas Cantagalli que ya era campeón mundial y el holandés Hell, campeón olímpico. En lo económico, eso propició que comenzara mi carrera como cuentapropista rentando habitaciones a turistas, en la que llevó ya 20 años”, dice.

En la historia de nuestro voleibol hay un capítulo que marcó un antes y un después: el episodio de Amberes. Allí varios jugadores decidieron abandonar la selección, entre tantas cosas por la suspensión de las contrataciones en el exterior. ¿De haber existido un mejor manejo por parte de las autoridades se hubieran evitado hechos como estos?

La salida de varios jugadores élites de la escuadra antillana fue una decisión personal de ellos, pero sí pienso que el trato económico hubiese podido ser mejor, como por ejemplo las contrataciones. Hoy en día existen y tienen para los atletas un por ciento de pago mayor al de esa época. Esto es favorable tanto para el desarrollo deportivo, como para el desarrollo económico de dicho atleta.

A pesar de la distancia y la separación de ese equipo, seguiste manteniendo tu amistad con aquel grupo de jugadores que se habían ido de Cuba. ¿Cómo se llevaba la amistad a tanta distancia?

Por supuesto que la mantuvimos y en la actualidad siguen siendo mis amigos. Las decisiones personales nada influyen en la amistad. Mantenerla en aquel entonces a distancia era muy difícil, ya que en esa época no existía el adelanto que hoy tenemos con el internet, pero siempre estábamos en contacto.

Además, es dueño del Restaurante-Bar “La Figura” donde brinda también servicios de cumpleaños, bodas, fiestas de quince, reuniones familiares y de negocios, maestrías y doctorados.

Dos años después de su retiro, en 2003, se incorpora al cuerpo de entrenadores del equipo nacional y en 2006 es elegido para estar al frente de la Federación Cubana de este deporte en la isla.

Un hecho amargo ocurrió cinco años después cuando fue sustituido del cargo al recibirse un anónimo con acusaciones contra su persona. Raúl Diago fue citado a la Subdirección de Actividades Deportivas del INDER y se le informó que esperara respuesta en su casa.

Tiempo después esas acusaciones no procedieron, pero ya era tarde. Su cargo era ocupado por otra persona y jamás, hasta el día de hoy, ha recibido una disculpa pública por ese oscuro pasaje de su vida.

Durante el periodo que estuvo al frente del voleibol cubano se lograron muchos éxitos. En 2007, derrotaron las Morenas del Caribe a Brasil en la final de los Juegos Panamericanos de Río, ocuparon el segundo lugar en el Grand Prix y el cuarto puesto en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

En el masculino, se obtuvo la medalla de plata en el Campeonato Mundial de Italia 2010 y los juveniles fueron subcampeones en el mundial de 2009 y campeones en los Juegos Olímpicos de la Juventud un año después.

Además, el voleibol de playa se subió a lo más alto del podio en la cita regional y continental, para acuñar el buen trabajo como federativo y comisionado nacional.  

En los últimos años, el nivel del voleibol cubano ha cedido terreno por muchas razones, entre ellas por la constante emigración de sus figuras, algo que está golpeando a nuestro deporte en general.

“Es cierto que muchos atletas constantemente dejan el equipo y esto obliga a estar preparando a muchos muchachos nuevos y luego se llega a los eventos con un equipo sin experiencia. Pienso que las contrataciones en ligas profesionales debieron mantenerse para evitar esto y mantener la estabilidad del colectivo”, explica.

Una de las soluciones es convocar a la selección nacional a esos atletas cubanos que se destacan en esa Ligas, aunque parece ser ese proceso muy complejo por muchas razones.

“Algunos pudieran jugar con Cuba según la necesidad del equipo, respetando siempre a los nacionales que llevan cinco años juntos con resultados favorables en la arena internacional. Todo depende que se logre el acuerdo entre ambas partes”, dice Diago.

Desde hace un par de años, brinda sus servicios en el continente africano, específicamente en Argelia, país que ha levantado el nivel de este deporte gracias a su trabajo como entrenador por aquellas lejanas tierras.

“Un día fui invitado por el Presidente del Comité Olímpico de Argelia para conocer su país, su cultura, y el nivel de su voleibol. Allí contacté con la Federación Nacional y surgió la idea de fungir como entrenador principal de su equipo masculino y acepté”, comenta.

“Trabajamos intensamente y luego de 16 años sin obtener medallas en el Campeonato Africano, logramos la medalla de bronce en 2019 al derrotar a un equipo como Egipto que no vencían desde hace más de 15 años, y la de plata en los Juegos Africanos de ese mismo año. Cuando los atletas volvieron a sus clubes fui campeón nacional con el Club NRBBA como entrenador principal”, añade.

A nosotros los aficionados a los deportes nos resulta difícil comprender por qué entrenadores de su calibre, con una experiencia en las canchas como ningún otro atleta, no esté aquí en Cuba preparando a las nuevas generaciones, Diago tiene su opinión al respecto:

“El equipo nacional de voleibol masculino de Cuba ya tiene un buen colectivo de entrenadores con Nicolás Vives al frente. Están trabajando con un equipo joven que poco a poco ha ido ganando experiencias dentro y fuera del terreno y tienen puestas las esperanzas en este ciclo olímpico.

“Yo apoyo el voleibol en sentido general tanto dentro como fuera de mi país. Esta vez me tocó aportar un granito de arena en África pero mañana me necesitan en otro lugar y ahí voy a estar aportando mis experiencias”, dice.

Mientras el planeta continúa castigado por la pandemia del coronavirus, Raúl Diago está en casa deseando sobre todas las cosas que todo vuelva a la normalidad.

Es un cubano normal que se siente realizado como ser humano, deportista, entrenador, y directivo; y aunque su cuerpo se estremece cuando observa de lejos esos combates legendarios encima de la net, nunca perdió esa pasión por el béisbol que tenía aquel niño de Perico cuando entraba a los terrenos, ni ha dejado de seguir a su equipo Matanzas en su accionar por las Series Nacionales.

Soy fan del béisbol desde pequeño y tengo muy buenas relaciones con jugadores como Víctor Mesa, Omar Linares, Pedro Luis Lazo, Javier Méndez, entre otros. Con muchos de ellos he compartido e intercambiado criterios al igual con varios directivos de diferentes etapas del béisbol”, termina.

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