Pocas palabras definen a Remigio Leal tanto como la perseverancia y el sacrificio, cualidades indiscutibles que lo han llevado, en varias décadas y hasta pasados los 50 años, a hacer lo que más ama: jugar el béisbol.

Para su fortuna formó parte de los equipos de la provincia Pinar del Río en una época gloriosa, con uno de los cuatro grandes en la pelota cubana. Llegó a las Series Nacionales, salido de los juegos de “manigua” y fue durante mucho tiempo uno de los lanzadores de conjuntos que ostentaban siempre uno de los mejores cuerpos de picheo de la isla.

Tras un recordado y criticado retiro masivo de peloteros a fines de los 90, que tanto daño hizo a nuestro pasatiempo nacional, jugó en el béisbol japonés y nicaragüense. Después regresó a Cuba, pero en poco tiempo su vida cambiaría para siempre.

Cuando tenía 35 años, fue apaleado en un partido. Al día siguiente regresó a casa, besó en la frente a su vieja y se sorprendió al ver a su padre sentado en un rincón al fondo, callado y cabizbajo, ausente de su puesto de trabajo.

“El Quimbo”, como todos lo llamaban, se quedó en casa por vergüenza: quería evitar los comentarios de la gente en la calle, las miradas de compasión de los amigos y la burla de los envidiosos. “Tienes que retirarte ya”, le dijo a su hijo con el pecho apretado y una lagrima asomándose en sus ojos. Pero Leal, siguió lanzando.

Este veterano lanzador, símbolo de la resistencia, actuó en varias ligas del béisbol de Europa y representó a España internacionalmente. Remigio Leal, con sus 57 años, aún se mantiene activo.

De sus experiencias en la pelota cubana; su paso legendario por varios campeonatos en diferentes países europeos como serpentinero; de sus recuerdos de la isla y su visión del país y el deporte que le ha dado todo, conversó con Play Off-Magazine esta gloria activa que se resiste a retirarse.

Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Remigio, durante el torneo clasificatorio al III Clásico Mundial de Béisbol, jugando por España. FOTO: Tomada de El Nuevo Herald.

Llegaste tarde a las Series Nacionales de Béisbol. ¿Cómo fue tu camino para llegar a la élite en aquellos tiempos de tanta calidad?

Inicié jugando en el municipio de Consolación del Sur, en Pinar del Río, de donde soy. Fue en un campeonato provincial escolar representando al equipo de la secundaria provisional 53, al mando de Marcos Páez, y comencé en el right field. Al comenzar el preuniversitario Lázaro Acosta Paulín, en el municipio Sandino, me volqué más al beisbol, pero nunca como lanzador.

Era rápido de piernas pues practicaba el atletismo y robaba bien las bases. Después jugué con equipos de manigua en Consolación del Sur, mi tierra que nunca olvidaré. Estuve con el difunto Mateo quien me enseñó a jugar pelota en el barrio. Habló conmigo porque me veía posibilidades para lanzar por la potencia de mi brazo, pero nunca estuve en la EIDE ni en ninguna escuela deportiva.

Estuve en la primera categoría con Raúl Santos, quien después sería también el director de los Forestales. Iba a las preselecciones, pero no hacía el grado para los equipos de Pinar porque tiraba muchas bolas. Me mantuve en la academia al mando de Lacho Rivero y, además, con los entrenadores Jesús Guerra y Juan Carlos Oliva.

Años después me fui para La Habana a estudiar veterinaria en el Cotorro y me encaminé seriamente a lanzar. Allí tuve un gran profesor de Educación Física llamado Ezequiel González, quien me integró al equipo de Cuatro Caminos. Me propusieron en esos tiempos para jugar con los Metropolitanos o Industriales, pero ya terminaba la carrera de Veterinaria y me fui para Pinar.  

Saliendo del Servicio Militar comencé a entrenar y con 24 años integro el conjunto de Forestales con el director Jorge Hernández y Raúl Santos como entrenador de picheo. Abría contra los mejores equipos y eso me hizo madurar rápido. En la próxima serie que jugué en 1988 me vieron, e hice el equipo Vegueros.

Había muchos lanzadores de nivel como los hermanos Azcuy, Jesús Bosmenier, Faustino Corrales, Omar Ajete, Lázaro Costa y Orestes González. Después se incorporaron Pedro Luis Lazo, José Ariel Contreras y otros al mando de Jorge Fuentes como director y Román Suarez como entrenador de picheo: a ambos les agradezco porque me enseñaron a amar y sentir por el béisbol.

Empezaste a vivir el mundo de las Series Nacionales casi al comenzar el periodo especial. ¿Cómo fueron esos tiempos de pelotero?

Estuve una serie con los Forestales en el 88 y nueve con Vegueros: gané más de 50 juegos, con más de 30 derrotas y representé a Pinar del Río en tres selectivas. En 1990 fui a la selección del Cuba B con Jorge Fuentes al torneo de Holanda.

En aquel momento, desgraciadamente, no existían las condiciones óptimas para entrenar béisbol, pero cuando aquello había mucho talento y condiciones humanas, era muy competitiva la pelota con relación a la actualidad. Los materiales y la alimentación sí se cubrían dentro de las necesidades. Tuve muchas satisfacciones porque Vegueros era un conjunto muy ganador y había resultados.

Remigio Leal pelota cubana
Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine

¿Qué rumbo tomó tu vida a partir del retiro masivo que afectó la pelota cubana?

Me molestó mucho el retiro masivo: fui de los atletas que escogieron. Fue una injusticia, muchos estábamos en plenitud de forma física. A mí me mandaron para Japón. Después me fui dos años para Nicaragua.

“Te puedo decir que tomaron una decisión equivocada, ‘viejos son los caminos y echan polvo’. Nunca pregunté el porqué de aquello, ni te puedo confirmar quién fue la persona que ordenó eso, pero sí te puedo decir que fue una mala decisión. Hicieron un retiro masivo y quitaron la liga de desarrollo, obligando a las jóvenes figuras a dar un salto muy grande para llegar a la Serie Nacional, apresurando completamente el desarrollo de esos muchachos. De ahí que, después, todos esos muchachos que emigran, la mayoría no llegan a nada”, afirma.

¿Por qué regresas a la isla?

Al regreso en 1998 a Cuba, Alfonso Urquiola me llama porque quería que yo jugara con Pinar del Río y me entrené: en esa serie quedamos campeones. Esa fue la última campaña en la que participé en Cuba y estuve como relevo largo y corto. Le doy las gracias a Urquiola por esa oportunidad.

Quiero detenerme en hablar de Alfonso: no solo fue gran mánager sino un gran amigo, te decía las cosas en el momento justo. Tiene su forma y lo llamaba aparte y le decía todo lo que tenía que decir en privado, no públicamente. Era una manera  de que lo entendieran. Los que han jugado bajo su mando en el campo daban la vida.

Hacer una selección cubana era muy difícil. Yo estaba consciente de la calidad que existía en aquella época. No me molestaba que no me llevaran a algunos equipos que se hacían, hasta tres a veces. Me sentía en ocasiones decepcionado por el esfuerzo que hacía en la nacional y selectiva, pero me enfocaba en seguir trabajando y demostrando que podía.

Cuando llegué a la patria en la serie del 98 ya conocía a una mujer en mi viaje a Nicaragua que después se convertiría en mi esposa, con quien tuve un hijo, Rubén Leal, entrenador de pelota y fútbol. Al culminar ese campeonato con Urquiola planteé que me iría a España por reunificación familiar y desde entonces dejé de pisar terrenos de béisbol en Cuba.

¿Qué sintió Remigio Leal después de retirado del béisbol nacional cuando le ganó en Japón un partido al fuerte equipo cubano que se preparaba para las olimpiadas de Atlanta 1996 en su paso por ese país? ¿Venganza, tristeza o satisfacción?

La tristeza siempre está ahí, saber que estás en plenitud de forma y que te obliguen a retirarte, es como si te tiraran una puerta en la cara. Allí realizamos un partido contra ellos y yo lo gané viniendo de relevo. A raíz de eso se empezó a comentar si verdaderamente nosotros merecíamos ese retiro, conmigo estaban Víctor Mesa, Lourdes Gourriel, Jorge Luis Valdés, Gerardo Miranda y otros más.

Ganarle al equipo Cuba en aquel momento no lo sentí como una venganza, la clave está en la equivocación que tuvieron con nosotros, se nos dio la oportunidad de demostrar eso en el mismo terreno de juego, y se hizo justicia. Eso fue lo que sentí, el placer de la justicia.

¿Continuaste jugando el béisbol al llegar a España?

Al llegar a España, a la ciudad de Zaragoza, el entrenador matancero Bruno Villegas, que fue profesor de la Universidad de Cultura Física de Matanzas, estaba aquí en Vila de Can. Se entera de mi llegada y contactó conmigo y tuve el placer de jugar con ellos dos ligas nacionales: quedamos campeones y ganamos una Copa del Rey.

Pilar Gracia, de Zaragoza, me dio la oportunidad de jugar desde la empresa en la cual trabajo. Me consideró y he jugado y juego todavía. Llevo once años jugando. He participado con el equipo de Pamplona, con el cual quedamos subcampeones de la liga nacional y campeones de la Copa del Rey. Después me fui con los Marlins de Tenerife cuatro temporadas, y fuimos tres veces subcampeones y la última, campeones en la liga española.

Ya por mi edad decidí jugar en Barcelona porque además trabajo. Participamos en dos campeonatos en Europa y salimos campeones en Croacia: quedé como jugador más valioso, y el segundo campeonato lo ganamos en Alemania, al derrotar al Neptuno de Italia. Paso a jugar con ese propio conjunto italiano desde 2009 a 2012, con José Miguel Cortina como entrenador de picheo.

Fuimos campeones de liga en una temporada. Ganamos la FINA FORD, en la que estaban los mejores equipos europeos. Estuvo en esa selección Yoel Hernández, quien jugó con Industriales. Después de tres años volví a España y en Bilbao, con San Ignacio, obtengo cuarto lugar. Una vez más regreso a Italia, otra vez, pero como entrenador de Neptuno en el área de picheo.

Estuve en Galicia como mánager de todas las categorías y como lanzador de los campeones, con los Halcones de Vigo. Ahí implanto un récord de 21 ponches en 9 inning. Ya en 2019 pasado no jugué casi por el trabajo y solo fui a una eliminatoria. No me detengo, estoy con el equipo de Barcelona, con el que quedamos en tercer lugar: lancé 20 entradas con 15 ponches y 6 carreras limpias en serie nacional.  

¿Cómo te fue con la selección nacional?

En eventos internacionales con la selección española estuve nueve años y participé en dos mundiales y un preolímpico, y en cuatro campeonatos europeos como relevista. En 2015 me retiré con la selección nacional. Me enorgullece haber jugado al nivel del béisbol cubano y europeo y representarlos internacionalmente, porque tengo 57 años y todavía sigo jugando.

Muchos podrán pensar que no hay tanto nivel, pero sí lo hay. Con la COVID todo ha sido diferente porque los jugadores extranjeros no pudieron viajar. Recuerden que vinieron peloteros de EE.UU., Dominicana, Venezuela y también jugamos contra el Cuba y con aquel famoso jonrón que nos dio Yosvani Peraza, lo perdimos. La mayoría éramos de otros países, pero vivimos aquí.  

¿Qué significó el cambio de vida de Latinoamérica a Europa?

Mi vida cambió al llegar acá a España. Tuve la posibilidad de seguir haciendo lo que hice desde Cuba y de vivir una vida diferente y mejor, con más comodidades y ayudar a mi familia que necesita de mí. El secreto más grande es amar el béisbol, y también la humildad y el sentir en un campo de pelota. A veces, es más que la familia, porque se dedica un tiempo suficiente.

Digo una frase que me la dijo una vez mi difunto hermano mayor y nunca la he dicho: en la vida hay tres caminos difíciles de recorrer: arenoso, fangoso y pantanoso, escoge el que tú quieras y nunca mires hacia atrás. Y eso he hecho. Y le doy gracias a Dios por darme la salud que tengo y la posibilidad de lanzar todavía.

Entre los cambios que he notado están las condiciones porque muchos de los grandes talentos jóvenes que vienen hoy en día están afuera de su país porque salieron a buscar una vida mejor. Si en Cuba hubiera un nivel de vida regular quizás la mentalidad hubiera sido otra. Los cubanos entrenan constantemente, pues aquí es dos veces a la semana y lo alternan con el trabajo.

En mis buenos momentos cobraba muy bien. En Italia pagaban bien, pero ¿cuál es el problema? Juegas cuatro o cinco meses, pero cuando se acaba la serie no tienes trabajo, entonces tienes que gastar lo que ahorraste jugando. No se vive del béisbol.

Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Remigio Leal durante su participación en la Liga Italiana. FOTO: Tomada de OnCuba.

Con la crisis mundial, los presupuestos y las subversiones se ganan poco y dependemos de los otros trabajos. Le doy gracias a Dios. Recé para cuando terminara mi carrera en la pelota tener un trabajo y hoy en día trabajo en el aeropuerto de Barcelona, de forma fija, y puedo entrenar yo y entrenar a chicos. 

A los jóvenes quiero decirles que en la vida todo se logra con objetividad, con sacrificio, con voluntad y entrega. El que se decida a jugar al béisbol que lo lleve en la sangre y el corazón. Su rendimiento depende del trabajo y la dedicación, después los resultados se verán. Con mucha humildad se llega a donde uno quiera.     

 ¿Qué te parece el béisbol cubano en la actualidad?    

Tengo mi nombre en el béisbol porque salí del campo: antes se buscaba talento debajo de una piedra y hoy en día no es así.  Por las condiciones que hay en Cuba no se podrá hacer ahora, pero de la misma forma en que yo surgí, así pudieran salir más. Las mismas necesidades que no se cubren no permiten el desarrollo que existió antes. Había juegos en todos los sentidos, hasta universitarios y ya eso se acabó.

Hay que mejorar en los aspectos técnicos, hay que hacer cambios en la comisión nacional. Esa es mi opinión, pero las decisiones las toman quienes las toman y pienso que cuando lo hagan, será para bien del béisbol en Cuba.

La época mía fue donde Cuba tuvo los mejores resultados. Para que haya desarrollo y aumente la calidad se tienen que jugar más partidos. Cuando analizas, todos los años hay una estructura diferente y es imposible lograr un resultado así.

Creo que los talentos que están en Grandes Ligas pueden representar a los cubanos en eventos internacionales. No se le puede quitar el mérito a los que tengan rendimientos en las Series Nacionales de Cuba. Exhorto a los peloteros nuevos a que se hagan grandes en Cuba. Demuestren allá primero lo que son y después sueñen con cosas más grandes. Muchos se han ido y han fracasado, hay muchos tirados por Dominicana y otros lugares sin resultados.   

Si fuera más joven estando en Cuba no sé ni qué decirte. Hay muchachos que sí deciden irse y buscar un mundo mejor, eso nadie puede negarlo. Tengo 57 años, pero si fuera más joven y se me diera la posibilidad de jugar la liga cubana, lo haría como otros que lo están haciendo. Ya pienso en la jubilación, pero si algún día pudiera apoyar como entrenador al béisbol cubano con mis conocimientos, lo haría con gusto.

¿Qué cree de la situación de Cuba?

Si estuviera en Cuba no tuviera ni las condiciones ni mis sueños cumplidos. Eso es real, ha sido lo que ha motivado a muchas personas jóvenes a tomar decisiones y abandonar el país, y eso lo respeto.

He leído de algunas de las glorias deportivas de Cuba y por internet. Recientemente, vi lo que pasó con la figura de Antonio Pacheco. En Santiago de Cuba no se nombra ni se pone su número en el estadio. Me parece que es una falta de respeto al béisbol. Todo el mundo sabe quién fue Pacheco. Qué podrían pensar si cualquiera tomara una decisión de irse y lo traten de esa manera: me parece que no vale la pena.

Tengo salud y sigo trabajando hasta que me llegue la jubilación. Ojala pudiera trabajar en el béisbol directamente con la federación española porque todo el mundo me conoce y aquí he echado raíces.

Tengo nostalgia solo por estar lejos de la familia y no poder resolver cosas que sé que las necesitan. Tengo en Cuba a mis seis hermanos y sobrinos. Mis grandes amigos de allá, Omar Ajete, Luis Giraldo Casanova, mi hermano Orestes González, Pedro Luis Lazo. De mi época: Pedro Luis Dueñas, Lázaro Arturo Castro y otros que no tienen que ver con la pelota me hacen feliz.

A Cuba la veo mal. La veo ida porque las necesidades están en la calle. Por cosas de la vida y por bloqueo. Leo, no pregunto, pero lo que ocurre se ve. Ojalá que puedan hacer un poco más de negociaciones porque las condiciones están caóticas. Voy todos los años allá y lo percibo todo.

He visto algún partido estando allá y las relaciones con mis amigos las mantengo, soy el mismo de siempre. Quiero que me recuerden como Remigio Leal, el gorrión de Quimbo. Ese Quimbo fue mi padre. Quiero que me vean como una persona con sencillez y honestidad, y por mi manera de ser. Por fortuna, tengo el apellido Leal, y soy feliz.

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Foto: Xoan Carlos Gil/La Voz de Galicia