Rolando Verde fue comparado con Antonio Pacheco, uno de los mejores peloteros de Cuba de la historia, cuando el jugador habanero era un talentoso atleta que mostraba un gran rendimiento en Series Nacionales.

En su paso por nuestros campeonatos, tuvo un debut de ensueño, al estampar el récord de average para un novato con .360, el cual se mantuvo vigente por varios años. Pero su ascenso meteórico no quedo ahí, y siguió teniendo un gran rendimiento que lo llevó a ser miembro del equipo nacional en varias ocasiones. Hasta que su carrera sufrió un declive abrupto, que incentivó rumores entre los aficionados.

De él muchos no conocen que comenzó a estudiar Ingeniería en Telecomunicaciones en la CUJAE, pero que la abandonó por su comienzo en las Series Nacionales. Esto lo obligó a cambiar de carrera para la licenciatura en Cultura Física, de la cual se graduó años más tarde.

Tras el retiro, comenzó a trabajar como entrenador y se convirtió en uno de los mejores preparadores físicos del país. Formó parte del colectivo técnico multicampeón de Rey V. Anglada y de Germán Mesa, en la última corona que alcanzó el equipo Industriales.

De sus paso por el béisbol; los momentos más duros y los más felices; su faceta ampliamente conocida como preparador y su vida más allá de los terrenos, conversó Rolando Verde con Play-Off Tv.

¿Soñaba de niño con ser pelotero?

Sí, mi papá fue pelotero y en la casa estaban los trajes, los guantes y en los primeros juegos que hacía, jugaba con eso. Recuerdo que, a los tres años, mi mamá me compró un traje de pelotero y a los nueve años comencé a jugar béisbol organizado en el antiguo Pontón, en la categoría 11-12 y ahí fue como empezó.

¿Qué recuerdos le trae la etapa?

Grandes recuerdos. El Pontón era una instalación tremenda, tenía todos los deportes, incluso, se hizo el clavado cuando los Panamericanos. De ahí han salido grandes figuras. Cada vez que paso por ahí las lágrimas se me salen, pues de lo que era a lo que es, dista mucho y hay que ponderar lo que hacen los entrenadores porque a pesar de la situación han logrado rescatar el terreno y jugar las categorías pequeñas y las provinciales se han vuelto a poner ahí, porque más o menos tiene las condiciones: no óptimas, pero sí necesarias.

Rolando Verde
FOTO: Marcel Villa. Verde (al fondo), en uno de los entrenamientos de la selección capitalina. FOTO: Marcel Villa.

¿Cuándo llega Rolando Verde a debutar en Series Nacionales?

Pasé por la pirámide. Al principio me costaba trabajo porque un cambio de categorías entonces y cuando llegué en un año a una categoría, ya los muchachos que estaban terminando estaban mucho más preparados y me costaba trabajo.

Con 15 años, en el 77, por primera vez hice el equipo Industriales a los escolares y a partir de ahí tuve una buena actuación: jugué solo 4 juegos y al siguiente año pude jugar completo y tuve buena actuación, pues fui campeón de bateo del torneo. Quedamos campeones con el equipo Habana y a partir de ahí, el nombre de Rolando Verde comenzó a sonar. Incluso, ese mismo año ese equipo Habana jugó en la provincial de primera categoría como el equipo Cubanacán y entonces tuve un resultado tremendo, pues fui tercero de los bateadores en la liga jugando con bate de madera, y estaban todos los grandes jugadores de la capital, como Armando Capiró y Santiago Mederos.

A partir de ahí fue que empecé a descollar y en el año 80 comienzo por primera vez en la Serie Nacional.

No fue un buen comienzo como novato, pero encontraste el rumbo

Para mí fue muy difícil pues era una época dorada del béisbol, pues los grandes jugadores de este país jugaron en esa etapa. Cuando llegué, los pícheres eran muy difíciles. En el cuarto juego en que participé en la serie tuve que enfrentarme a Julio Romero, uno de los mejores de este país; también a Juan Carlos Oliva; después a Lázaro Borroto. Tuve un período de 26 veces al bate en que conecté un solo jit.

Fue muy difícil, pero tuve un mánager que confió en mí porque me conocía de las categorías tempranas y me decía que me iba a adaptar. Estaba jugando muy bien a la defensa y por eso, y también porque había otro que era novato en el equipo en el short stop, tuve la posibilidad de jugar.

Los resultados empezaron a salir, poco a poco, y los hits los conectaba con cierta sistematicidad y cuando logré adaptarme, en los últimos 15 juegos de la serie fue algo increíble. me fui de La Habana bateando 234 y cuando regresé estaba en 327 y seguí. No solamente bateé 360 y fui novato: faltando dos juegos para que se acabara el campeonato estaba bateando 380 y era segundo de los bateadores.

Y pasé momentos duros en esa etapa porque en la Serie Nacional, en un juego, al salir del Latinoamericano, mi abuelo falleció porque le dio un infarto de la emoción. Me había visto tan mal que cuando subí en mi rendimiento, fue al estadio y dijo: “tengo que ver en la pizarra cuando pongan 327 porque he sufrido mucho con el cero y tanto que estabas bateando”. Lo vio y ese mismo día, por la emoción, cuando salió del estadio, falleció.

Fue duro para mí porque él me inició en el béisbol, y yo era como si fuera su bastón. Eso me dio fuerza para seguir adelante y pude terminar como él quisiera haberme visto.

¿Cómo afrontaste la pérdida de tu abuelo?

Es inexplicable, hay que vivirlo para saber lo que uno siente. Quería que él viera los éxitos y no lo logró, pero donde quiera que esté, quedé contento con mi carrera. Desde niño él fue el primero en apoyarme. El primer día en que comencé, él me llevó. Pese a que le había dado un infarto y tenía problemas con la parte derecha del cuerpo, me llevaba a todos lados.

Cuando llegué a la casa y le dije que estaba bateando 327, él dijo: “tengo que ver cuando pongan el 327”. Hice lo que pude por alegrarle la vida.

¿Cuán importante es la familia en la vida de Rolando Verde?

La familia es el núcleo, el todo. La mía me ayudó en todo. No era muy grande, pero sí nos llevábamos muy bien todos. Yo era el niño lindo, el más chiquito: hicieron mucho por mi formación y agradezco que me hicieran un hombre de bien. Mi esposa también me ha ayudado mucho.

¿Cómo fue tu paso por Industriales? Pesa a tener un buen equipo no disfrutaron de tantos triunfos

Éramos un buen equipo, pero no teníamos esa unión que se logró con el tiempo. No era un equipo bien unido y había problemas de ego entre los atletas y eso, al final, lacera cualquier triunfo.

Además, los contrarios eran muy buenos, había mucha calidad. Llegábamos al final y no podíamos. Estábamos en el grupito de la élite. Por eso se tenían muchos resultados, por la constelación de estrellas en todas las posiciones; por un picheo del cual decías, “y esto qué cosa es”. Pero en el momento clave las cosas no salían y, desgraciadamente, muchos éxitos que teníamos en la mano se nos iban. Con un poco de más unidad, hubiéramos logrado más éxitos.

Presenciaste uno de los momentos más grandes de nuestra pelota, con el famoso jonrón de Agustín Marquetti. ¿Cómo lo viviste?

Hay que sentirlo, vivirlo. Ya eso venía caminando de días antes, de que se iba a decidir en el último juego. Sucedieron muchas cosas, había que jugar todos los equipos en un lado y fue como una burbuja. Recuerdo que ese día jugaron Santiago contra Las Villas, comenzó la premiación del año 85 y después, el juego.

Había llovido, se paró el choque y aquello se dilató mucho. Vegueros nos entró por los ojos. De La Torre era uno de los mejores lanzadores del país y había tenido una actuación tremenda ese año y nadie pensó que nos iban a batear tan fácil. Entonces, vino Despaigne e hizo un buen trabajo, y empezamos a descontar poco a poco hasta que el colofón fue el jonrón de Marquetti.

Eso hay que sentirlo. Lo viví y ser protagonista y tener una actuación digna en ese partido hace que lo sienta como una de las cosas más grandes que me han pasado en mi vida.

Cuando dio el batazo, muchos salen y otros nos quedamos viendo la bola, pero cuando salí yo, ya estaban los aficionados en el terreno y Marquetti no llegó a segunda. Fue indescriptible.

¿Cómo fue la celebración más tarde?

Lo primero que hicimos -el juego se acabó tarde, cerca de las 12 de la noche-, fue un recorrido por toda La Habana. Después se hicieron fiestas y actividades diarias, porque hacía rato que no se ganaba.

Mucha gente compara ese título del 86 con aquel que se ganó con el jit de Enriquito Díaz en el 2003

El de Enriquito fue emocionante, pero estábamos muy fácil en los playoffs, con un 3-0. Pero aquel de Vegueros tuvo otra connotación porque tenían una constelación de estrellas, y un juego extra con ellos era jugársela. Además, por la forma, para mí fue más emocionante.

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A estas alturas, cuando soy entrenador, todavía no le hallo lógica a lo que me pasó. Sucedieron cosas en mi vida, como ciertas lesiones que no fueron muchas, pero sí graves, como una fractura de tibia-peroné, y en la columna tuve problemas. Varias cosas me limitaron un poco.

Psicológicamente, aquello me afectó mucho cuando caí en el slump. No sabía qué iba a hacer. Pero no era como ahora, que tienes el video y te puedes ver. Entonces, tenías que valerte de lo que te decían los entrenadores, los compañeros y eso me marcó mucho. Empecé a mermar y perdí la confianza.

Después tuve buenos resultados, vino el bache y bateaba 300 y tanto; incluso, tuve una selectiva de 342 de average, pero ya no era con la misma consistencia y solidez como cuando empecé y sabía que no era el mismo.

A mí me llegaron a comparar con Antonio Pacheco, con uno de los mejores peloteros de todos los tiempos. Eso te da la medida de cómo había sido el rendimiento mío en aquellas primeras series.

Tuve tres años consecutivos -83,84 y 85- en que los rendimientos míos eran altos. Después empecé a mermar, y todo el mundo se daba cuenta. Salí de aquel bache, pero ya no fui igual que antes y eso fue lo que pasó.

¿Cuándo decides decir adiós?

Tienes que saber cuándo tus condiciones están mermando y los objetivos que persigues en la vida. Hacía seis años que estaba jugando con Metropolitanos, después de los diez con Industriales, y ya las metas propuestas las había cumplido, y sabía que no iba a subir más: era preferible retirarme.

¿Qué pasaba? Que pensé que cuando nos retiramos todos los de mi generación a la misma vez, no iba a existir cupo para ser entrenador, y por eso pensé en irme primero. Había estudiado en el Fajardo, y ya estaba en la academia provincial de béisbol cuando todavía cumplía la doble función.

Alguien me había dicho: si vas a entrenar, no juegues más. Me retiré, seguí trabajando en la academia, y no pensé que me fueran a llevar tan pronto para el equipo Metropolitanos. Después, llegaron resultados de los Metros y llegamos a playoff con Industriales y los llevamos contra la pared.

En el 2000 fui promovido a la preselección nacional y más tarde, con Anglada, me pasaron para Industriales.

Algunos comentarios de pasillo afirman que, en aquel célebre playoff, Metropolitanos se dejó ganar por Industriales

Hicimos todo lo posible por ganar, pero las cosas no salieron. Estábamos 2-0 arriba, nadie pensó que nosotros fuéramos a llegar hasta allá. Llegamos al quinto juego y ya el picheo nuestro no estaba: Industriales era superior y a pesar de ello, se pegó ese último juego y quedó 12 por 7. En ningún momento pienso que el equipo se achicara, al contrario, se agigantaron.

¿Qué puedes decirnos de la etapa con Rey Vicente Anglada al mando de Industriales?

Cuando Rey llega al equipo, llevaba mucho tiempo fuera del béisbol, de lo que era dirigir, y se tomó una decisión en la capital: que los mejores peloteros estuvieran con Industriales, y hay que darse cuenta de que un equipo no es una constelación, sino un equipo con funciones.

Muchos jugadores que estaban en el banco podían ser regulares y cuando un hombre lleva mucho tiempo jugando titular y lo sientas, no se siente bien y eso trajo situaciones internas, y ese año se perdió.

Al siguiente, se decidió que algunos se retiraran y otros pasaron para Metros y entonces, conformamos un equipo en el cual cada uno sabía la función que tenía. En la dirección cada cual hizo su trabajo, y todo se unió.

Teníamos una generación de peloteros muy buena, que venían empezando y tenían hambre y sed de gloria y triunfo, y con eso puedes lograr cosas muy grandes. Eran un buen colectivo desde el punto de vista humano.

Cuentan que Anglada y Rolando Verde jaraneaban mucho

Yo soy jaranero, pero muy serio para el trabajo. Rey sí es más abierto, es raro verlo incómodo, incluso, hay momentos del juego en que se está perdiendo, pero él trata de levantar el espíritu con sus jaranas, y eso llega bien. Yo lo seguía y así era la camarería del equipo.

Era una generación en la cual existía mucho profesionalismo

Los problemas del equipo tenían que quedarse dentro del equipo y sucedieron algunos, pero profesionalmente, cada uno tenía que hacer su trabajo cuando le tocaba, y un colectivo es la unión de las individuales. Al final de la jornada, no es unanimidad, es unidad. Podemos pensar diferente, pero todo el mundo iba por el mismo objetivo y esa fue la grandeza que hubo en aquel equipo.

Estuviste a cargo de una de las mejores ofensivas del país y, sin embargo, nunca fuiste como entrenador al equipo Cuba principal

Para mí fue un privilegio haber llegado a la preselección en el año 2000, por primera vez, cuando llevaba casi dos series. Incluso, no era ni preparador de Metros, era el entrenador de bateo y defensa, pero como tenía conocimiento de preparación física fui al equipo como preparador físico y por ahí, me fui desarrollando.

El equipo nacional tenía su estructura. Cuando vas a las competencias internacionales, te permiten dos coach, un entrenador de picheo y el mánager: no son siete como en la serie nacional. Y generalmente, el preparador físico, cuando van afuera, es uno de los cuatro escogidos, y yo llegaba recién y no estaba en el colectivo de dirección. Poco a poco fui creciendo, pero no me tocaba.

Fue una gran escuela el trabajar con el equipo nacional. Empecé primero que Frederich Cepeda y después él llegó. Tenemos una relación muy bonita. Por mí pasaron todos los grandes jugadores del 2000 para acá.

No estuve en el equipo nacional, es una deuda que se me quedó. Me hubiera gustado estar en un evento de primer nivel, pero gané mucha experiencia, y eso me ha llevado a mi carrera como entrenador. Me hubiera gustado ir a un mundial, unos Juegos Olímpicos, pero siempre estuve en la preparación hasta el último día.

Yo no soy campeón olímpico porque no estuve ahí, pero yo preparé al equipo; solo no, el colectivo. La incidencia mía era como tal en la preparación física, y ver al equipo en los Juegos Olímpicos, en los mundiales, en el primer Clásico Mundial, para mí eso es un orgullo y aunque no estuve presente en las competencias, para mí soy campeón olímpico, y segundo lugar del primer Clásico.

¿Qué sucede con el béisbol cubano?

Muchos atletas han decido tomar otro rumbo y eso hace que baje el nivel, independientemente de los medios que se nos dificultan, lo cual, para el desarrollo, es importante, no solo en el béisbol, sino en todos los deportes. Siempre se lucha y se buscan alternativas. Creo que debemos trabajar más.

Con esto de las contrataciones, son atletas que salen de los juveniles. Esto va a ir creciendo y los buenos jugadores van a ir saliendo a diferentes ligas casi y no van a poder jugar aquí. Habrá que hacer un trabajo más fuerte, más centrado, en las categorías de las que salen los juveniles, los sub-23, para que se mantenga la base de los equipos.

Estuviste alejado un tiempo del béisbol porque te dedicaste a cuidar a tu mamá, que falleció hace un tiempo. ¿Cómo fueron esos años junto a ella?

Desde el 2013, tuve que empezar a cuidar a mi mamá. Estaba en México en una colaboración y al regreso, quería operarme una rodilla. Mi hermano estaba en Venezuela. Ella vivía con él, y cuando mi hermano regresó, tuvo un problema en el hígado y falleció, por lo que no pudo ser. Entonces, ella vino a vivir conmigo, y ya no pude hacer lo mismo, no pude ir a México. Trabajaba con Industriales en la parte de la preparación, pero no podía irme para otras provincias. En la medida en que fue pasando el tiempo, ella se fue deteriorando. El año pasado trabajé cuando el equipo iba al preolímpico, después vino la COVID-19 y todo se paró.

Me limitó mucho. Tuve que dedicarme en cuerpo y alma a ella. Tengo que operarme en las dos rodillas, pero cuando termine la COVID-19 lo haré. Siempre estoy de una forma u otra apoyando, y trabajo en la academia provincial con todos los equipos.

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