Nueve años de edad tenía “Chaguitín” cuando embullado por algunos amigos del barrio se acercó al parque de los “Muñequitos” en la barriada de los Olmos de Santiago de Cuba para jugar pelota.

A pesar de su pequeña estatura alguien pudo captar en sus ojos esa pasión que nacía por este mágico deporte, pero pocos imaginaron que en poco más de 15 años Santiago Torres se convertiría en un ídolo para la provincia y en uno de los mejores peloteros del país.

«Mi paso por las categorías infantiles fue bastante bueno, fue una de las etapas más lindas de mi carrera. Cada cosa que hacía era algo grande y hermoso para mí», declara este sensacional pelotero a Play-Off Magazine.

Sin embargo, como les ha sucedido a muchos otros niños a lo largo del tiempo, tuvo que luchar muy duro contra los prejuicios de varios entrenadores que veían en su físico un impedimento para un buen desarrollo en el béisbol, pero al final ganó la batalla.

«A pesar de ser el más pequeño siempre me destaqué. En mi provincia, como en toda Cuba, hay muchos problemas con la selección de talentos ya que prácticamente solo se fijan en las características somáticas para ello. Casualmente, mi tesis de licenciatura fue sobre eso», dice.

«Sufrí muchísimo, fueron momentos duros de mi carrera que me hicieron hasta dejarla, pero gracias a mi mamá y a otras personas que siempre me apoyaron a seguir, la retomé y entonces me dediqué a mejorar y mejorar para demostrarle a esas personas que no creían en mí-solo porque era bajito-que yo sí podía. Por eso me enorgullece cada logro que tengo y lo disfruto al máximo», añade.

Santiago Torres nunca integró una selección nacional en categorías menores, pero a la edad de 12 años “rompió la liga” y estaba en la preselección del equipo Cuba, cuando por problemas económicos se suspendió el campeonato de ese año.

Así creció admirando a esas aplanadoras santiagueras que arrastraban multitudes y a peloteros da la talla de Antonio Pacheco, Orestes Kindelán, y Gabriel Pierre, hasta que un día un entrenador llamado Miguel Moya le habló de Germán Mesa.

«Me hablaron de Germán por las habilidades que yo tenía para jugar el campo corto. Así fui fijándome en él, al punto de que se convirtió en mi jugador favorito. Por eso escogí el número 11 que me acompaña hasta hoy», confiesa.

«Sin embargo, cuando fui creciendo y me cambiaron de posición mi patrón a seguir era Héctor Olivera, ya que en ese entonces era la segunda base de Santiago y estaba tocando las puertas del equipo Cuba», acota.

El “Chago”, como lo llaman ahora sus fieles, fue dos veces campeón nacional sub-23 con sus Avispas y en la temporada de 2019 (su quinta) llamó la atención de la fanaticada cuando promedió 335 de average con cuatro cuadrangulares en 44 desafíos.

Un año después remolcó más de 30 carreras por primera vez en su carrera y volvió a promediar por encima de 300, rendimiento que le permitió ser seleccionado de refuerzo por los Toros camagüeyanos y posicionarse como una de las mejores segundas bases del campeonato.

«Son muchos momentos felices los que atesoro en mi corta carrera. No puedo olvidar la primera vez que hice el equipo Santiago al sub-23 y los dos títulos que gané con ellos; cuando integré el equipo de mayores; la primera vez que fui elegido de refuerzo y jugué los playoffs con Camagüey, y cuando fui seleccionado al Juego de las Estrellas de esta temporada. Son sueños más que cumplidos», reconoce el camarero.

Pero es en esta última campaña donde Torres se ha consagrado al punto de concluir la etapa clasificatoria como un fuerte candidato al premio de Jugador Más Valioso del torneo (MVP), al empujar a una postemporada al avispero oriental por primera vez en muchos años, gracias a un rendimiento fenomenal en el terreno de juego.

Líder de la contienda en triples (9) y en carreras anotadas (81), fue segundo en hits conectados (106) y en total de bases recorridas (179), y cuarto en OPS (1.079), además de dejar una línea ofensiva de 363/466/613 (AVE/OBP/SLU) con 13 cuadrangulares y 56 carreras impulsadas, números estos insuperables entre sus compañeros de equipo.

Con hombres en las almohadillas promedió para un alto 373 Ave, remolcó la carrera del empate o la ventaja en 11 ocasiones y trajo para el plato a 33 de los 122 corredores que encontró en posición anotadora (27.04% de efectividad)

«Te diré la verdad, nunca había pensado en el MPV de la campaña hasta ver todo el revuelo que se ha armado en las redes sociales al respecto. Eso sería magnífico para mí pero creo que ya es un logro al menos que me tengan presente. Alcanzar un premio así sería algo muy grande y mi mamá se volvería loca. Es verdad que tuve una campaña grandiosa gracias a Dios, pero hay otros peloteros que tuvieron una temporada buenísima. Eso va a ser un dolor de cabeza para elegirlo», dice entre risas.

Ver jugar a Santiago Torres da gusto. Muy explosivo en el terreno y rebosado de un ímpetu juvenil, siempre tiene una garra a flor de piel que motiva a sus compañeros, levanta de sus asientos a los aficionados, y arranca aplausos hasta de sus adversarios.

«Yo me transformo cuando entro a un terreno de pelota, es un cambio total. En el béisbol soy explosivo pero en la vida soy muy tranquilo, aunque tengo algunos rasgos comunes con ese Santiago que ven en el juego», confiesa.

Próximo a cumplir 26 años, el natural de Manzanillo ahora es todo un héroe en la ciudad que lo vio crecer y formarse como pelotero y siente mucha alegría cuando las personas se le acercan en la calle a saludarlo y cuando ve a los niños en las esquinas de los barrios imitarlo, mientras sueñan ser como él algún día.

En una ciudad con tanta historia en este deporte, eso es todo un privilegio para ese muchacho que se ha ganado un lugar a base de sacrificio y esfuerzo personal.

«Todo eso significa mucho para mí porque es el resultado del trabajo diario de horas y horas de entrenamiento, de tiempo tomado de mis vacaciones para seguir trabajando y tratar de mejorar. Es el premio a mí entrega dentro del terreno en todos los partidos. Siempre lo doy todo y estoy súper contento», explica.

«También le doy siempre muchas gracias a Dios. Cada vez que conecto un cuadrangular, cuando realizo una acción positiva, o cuando mi equipo gana; se lo agradezco. Antes de entrar al ‘play’ le pido por mí y por mis compañeros para tener un buen día y le doy las gracias cuando las cosas salen bien», añade.

Ahora se mantiene a la espera de la recuperación de los peloteros de su equipo afectados por la Covid-19 para retomar el playoff de cuartos de final, después de haber salido victoriosos en el primer duelo. Santiago Torres se preocupa por el tiempo de inactividad pero confía en los suyos:

«Supongo que todo esto pueda afectar al equipo ya que son muchos atletas los contagiados y hemos estado mucho pero mucho tiempo alejados del terreno de pelota. Eso sin contar el impacto psicológico que puede tener toda esta situación en nosotros pero de todos modos, tanto yo como todos los integrantes del equipo, estamos mentalizados en que hay que luchar y pelear por lo que queremos y no será fácil, pero sí creo que podemos»

Como todo atleta, esta nueva promesa del béisbol cubano tiene sus sueños y sus metas. Antes de finalizar nuestra conversación las reveló:

«Mi principal meta es disputar una final con mi equipo y ser campeón. Eso sería algo muy hermoso para esta provincia de tanta historia beisbolera que lleva tanto tiempo sin ganar un título. En lo personal me gustaría estar en la selección nacional y rendir para quedarme ahí por mucho tiempo y tratar de obtener un contrato profesional para ayudar a mi familia a tener una mejor vida».

Foto: Boris Luis Cabrera

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