Durante un juego de béisbol, la afición suele considerarse el décimo jugador. Aunque los registros de anotaciones desprecien sus estadísticas, varios de los errores de los contarios, ponches o batazos se deben también a los gritos, abucheos o aplausos de la fanaticada.

Muchos lo intentan y fracasan; otros, con un carisma nato y aptitudes de liderazgo, logran empapar las gradas con una ola o hacer saltar del box a un lanzador. A Yosbani Hidalgo Reis todos lo conocen como Huevo, el hombre capaz de levantar a los presentes en el estadio Latinoamericano y dirigirlos a su antojo con sus ocurrencias.

Fanático empedernido a los deportes, se confiesa seguidor del voleibol mucho más que de la pelota, aunque varios le consideran un bateador emergente ideal del desaparecido Armandito el Tintorero responsable de “calentar” su “olla reina” el Coloso del Cerro.

Entre esperanzas y decepciones como animador transcurre la vida de este hombre, quien trabaja como bicitaxista en la zona cercana a 100 y Boyeros, y que a veces se traslada por su propios medios a otras provincias, para ayudar también allá a los Industriales.

“Huevo” conversó con Play Off sobre su vida, el béisbol, su sacrificio personal por una pasión, y su aspiración de ver, algún día, un Equipo Cuba compuesto por sus mejores exponentes, jueguen donde jueguen.

¿Por qué le dicen Huevo?

Eso surgió entre la misma afición. Fue espontáneo ¡Huevo, huevo! Y así se quedó hasta el día de hoy.

¿Cuándo comenzó a animar en las instalaciones deportivas?

Desde el año 1989, aproximadamente, comencé a animar en el voleibol, boxeo, en el Coliseo de la Ciudad Deportiva. Soy muy fanático al deporte de la malla alta y esas inclinaciones de levantar las gradas y hacer que te sigan me empezó a gustar desde pequeño. Recuerdo que con apenas 5 años mi papá me llevaba a ver el boxeo, a ver los topes Cuba-USA y bueno… un día él me preguntó, como a todo niño, qué yo quería ser cuando fuera grande. Le respondí que como aquel viejito que se paraba frente al público a aplaudir. Siempre me gustó eso.

En el 89 yo tenía 18 años y acudía más seguido al Coliseo y ahí estaba siempre, él por un lado y yo por el otro, animando, gritando, tratando de movilizar personas. Alrededor de mí se reunió un grupo de personas y comencé a animar un partido de voli que iban perdiendo las Morenas del Caribe.

Armandito (el Tintorero) se levantó y se disponía a salir de la instalación y yo le dije que eso se iba a poner bueno. “Si esto se pone bueno regreso”, me dijo. Decidí mantenerme dando ánimo a las muchas con el silbato que el mismo me había dejado y finalmente ganaron. El hombre viró y cuando le fui a devolver el silbato me dijo no, no. Se viró para la gente y añadió: “Síganlo a él”. A partir de ahí comencé a pensarme aquello más seriamente como algo de todos los días.

Luego de mi incorporación a la Brigada Especial del MININT me fue difícil combinar las 2 cosas, pero coincidí con Armandito en varios eventos. Los Panamericanos de La Habana 1991, cuando Sotomayor saltó tiré la ola. Antes de eso, en 1990 llegó la primera Liga Mundial de Voleibol y no me perdía una, cada vez que se jugaba en Cuba estábamos ahí para apoyar al equipo. Es lo que siempre me ha gustado, de hecho, he sacrificado mucho a mi familia por esto.

Después del fallecimiento de Armandito, un amigo muy cercano me embulló para que hiciera lo mismo que hacía con el voli, pero en el Latino.  Al principio no me decidía porque creí que sería difícil, pero poco a poco me fui aclimatando y ganándome al público.

Yosbani Hidalgo animador Latinoamericano
Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Foto: Jorge Alfonso.

¿Recibes algún tipo de apoyo?

No, ninguno. Llevo haciendo esto desde hace algunos años y he encontrado oposiciones en varios lugares. Hay personas que cuando estoy animando me empiezan a comparar y creo que una cosa no tiene nada que ver con la otra, siempre he tratado que las personas pasen un rato agradable.

En el Latino ocurren cosas graciosas, por decirlo de algún modo. Personas que malinterpretan o se oponen rotundamente lo que yo hago en el estadio. Con eso he tenido que luchar también. Vivo lejos, el transporte no está fácil y a mí no me pagan por esto.

He intentado pertenecer a alguna peña y no lo he logrado, no me han aceptado. Al principio me sentía mal, pero luego caí en la cuenta que para seguir a tu equipo no hace falta pertenecer a nada de eso. Así como estoy ahora veo que la gente me quiere y eso es lo mejor que le puede pasar a un ser humano.

¿Lo comparan con Armandito el Tintorero?

Hay quien dice que yo lo imito. Pienso que no, ese no es mi objetivo. Solo trato de mantener vivo su espíritu, de que no se apague el estadio. Armandito era como La Habana, lo más grande y nadie nunca va a poder sustituirlo, eso es imposible, pero tampoco podemos dejar que un recinto tan emblemático como el Coloso de Cerro se quede callado. La entusiasta afición industrialista necesita seguir siendo una de las más exigentes y respetadas.

¿Cuán difícil le resulta seguir a Industriales en otras provincias?

Voy a las provincias que puedo, pues lo hago con esfuerzo propio, con dinero de mi bolsillo o mediante favores de algunos conocidos o personas que se solidariamente me tiran el cabo. De aquí de La Habana salen guaguas y ninguna me recoge, porque pertenecen a una u otra peña deportiva – como si seguir a un equipo fuera exclusivo de unos pocos-.

A mí eso no me afecta, sigo en lo mío. Aunque a veces tenga que dormir en parques, terminales (de ómnibus o ferrocarriles) siempre hay quien te adelanta en lo posible y así voy saltando de provincia en provincia, empatando una subserie con otra. Los aficionados necesitan sentir la unión entre todos y eso, al menos en el Latino, no ocurre.

¿Qué se necesita para levantar un estadio y que la gente te siga?

Primero hay que ser líder. Hay que tener bien claro que las personas que vienen al estadio buscan no solo ver el juego en vivo, sino, a divertirse y disfrutar, apoyar a su esquipo. Esto es un espectáculo.

¿Se ha perdido en Cuba ese espectáculo en las gradas?

Sí, se ha perdido. Recuerdo que durante los partidos de la Liga Mundial de Voleibol que se desarrollaban en La Habana éramos considerados la mejor afición del mundo, incluso, en varias ocasiones las personas no podían entrar al Coliseo porque este se llenaba, lo mismo pasaba con el boxeo, el baloncesto, etc. Ahora cualquiera de nuestros equipos nacionales enfrenta un partido internacional en casa y en las gradas hay un silencio total. El espectáculo se ha ido apagando poco a poco.

Tu mejor experiencia y la peor…

Ganar esos tres campeonatos con Anglada como mánager, luego con Germán Mesa. Y la peor es cuando veo que nadie me sigue, que la gente está aburrida y no quiere gritar.

¿Cómo lo ven la afición y los peloteros?

Lejos de lo que se piensa que los atletas rivales se molestan con lo que les digo, resulta todo lo contrario. No se trata de faltarles al respeto u ofenderlos como personas, se trata de sacarlos de concentración e intercambiar un poco con ellos, porque algunos son miembros del Equipo Nacional y respetados por toda Cuba. Tengo las mejores relaciones con ellos.

La gente me ve como ese hombre que siempre está en los juegos, con el silbato, confiado de que el equipo se lleve la victoria. Siempre trato de estar riendo o con cara de felicidad. En ocasiones es difícil. Todos tenemos problemas, a veces me río por fuera, pero por dentro me siento fatal.

Desde su punto de vista ¿Cuál es la situación actual del béisbol cubano?

Por ahí he escuchado que está en decadencia, yo digo que tiene salvación. Creo que la famosa consulta popular del béisbol no cumplió ningún objetivo, personalmente nunca me enteré de cuándo o dónde podía ir y dejar mi criterio. No estamos escuchando la voz de los periodistas especializados, – en vez de eso los sancionamos -, la del aficionado tampoco; en fin, hacemos caso omiso a los puntos de vista de quienes siguen nuestro deporte nacional. A veces, entre la misma gente se encuentra la solución de los problemas.

¿Cómo pudiéramos ayudar al béisbol?

Entre los factores que se deben tener en cuenta resalta el apoyo a los peloteritos desde la base, desde el comienzo mismo de su formación; darles implementos, oportunidades de desarrollo. Se torna muy caro practicar béisbol en Cuba y por eso veo que ahora se está jugando más fútbol, sobre todo entre los jóvenes. Antes perdíamos jugadores que tenían cierto trayecto en las Series Nacionales, pero actualmente están abandonando el país talentos casi adolescentes, en edades juveniles, sub-23 y ya ni llegan a jugar a primer nivel en este país y emigran en busca de mejores oportunidades.

Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Foto: Jorge Alfonso.

¿Consideras que la salvación pudiera ser contar con un Equipo Nacional que incluyera a peloteros que juegan actualmente en las Grandes Ligas?

Veo mucho béisbol internacional, sigo la MLB, la liga japonesa, las del Caribe y en todas hay, al menos, un beisbolista de origen cubano. Eso te da la medida del nivel de nuestra pelota. Aquí se forman jugadores de tremendo nivel y con un talento nato, lo que pasa es que fallan dos cosas: no se explota su talento ni se estimula como se debe. El mundo ha cambiado mucho y los países donde se practica esta disciplina marchan siempre en busca de mejorar. Nosotros nos hemos quedado rezagados en este sentido.

En estos momentos, la única forma de retomar ese respeto que hemos perdido constituye el poder contar con dichos peloteros, los que tienen la experiencia de haber chocado con otra filosofía de juego. El que está en Estados Unidos, en Canadá, en Japón, en Venezuela o en Cuba, pero que lo haga bien, ese es el que tiene que hacer el grado y llevar las cuatro letras al pecho.

¿Le gustaría dedicarse a esta labor de forma profesional, o sea, que le paguen por animar en el Latino o en algún otro estadio?

No sabría responder esa pregunta. Lo hago porque me gusta. En estos años se me han acercado personas interesadas en contratarme en el extranjero, como en Panamá, en México también, la gerencia de los Piratas de Campeche mostró interés en mí, pero hasta el momento he rechazado las ofertas. No sé, quizás si lo tomo como un trabajo más serio pierdo mi esencia, mi forma de ser. Tendría que llegar ese momento para decirte. Mientras quisiera seguir así, apoyando a Industriales, luchando por levantar el deporte en el país donde nací.

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