Yudi Abreu dejó su nombre grabado en la historia del baloncesto cubano. El número 5 de los históricos Lobos de Villa Clara tuvo una carrera de ensueño en la Isla, pues fue campeón nacional ocho veces. Además, el santaclareño fue miembro de la selección de Cuba por más de una década, cuando el baloncesto cubano era reconocido por su calidad en la arena internacional y sus buenas actuaciones.

Tras su retiro, Yudi Abreu se convirtió en un excelente entrenador y con el tiempo, tomó la difícil decisión de abandonar su país debido a las decepciones que sufrió.

Sobre su trayectoria deportiva dentro y fuera de la isla; sus logros en Chile, país donde reside actualmente y su vida, conversó esta gloria del baloncesto cubano con Play-Off Magazine.

¿Cómo fue que Yudi Abreu sintió la necesidad de jugar baloncesto?

Me inicié a los ocho años, cuando vivía en el reparto Condado, en Santa Clara. Estudiaba en la Escuela Orestes La Torre. Por las tardes, practicaba baloncesto en el área más cercana, que era el Palacio de Pioneros, con mis primeros entrenadores, Arsenio Rodríguez y El Rufo.

Tuve la dicha de crecer con basquetbolistas muy buenos. Fui medallista de oro en las categorías 13-14 y 15-16 años. Tuve también una etapa como juvenil en la que siempre estaba en el podio. Conté con entrenadores como Cesar Valdés, Carlos Valle y Jorge Luis Moré. Todos eran jugadores de los flamantes Lobos, pero ellos daban sus primeros pasos como entrenadores.

Mi cambio a la primera categoría ocurrió cuando era juvenil. A mí me abrió las posibilidades Jorge Luis Moré, y llegó un momento en que le dijo a Conrado Pérez, el DT, que yo debía jugar en el quinteto regular. Recuerdo que estando en una final contra Santiago de Cuba le pidieron a Conrado que me pusiera, aceptó, y a partir de ahí, quedé como titular.

Al integrarme al equipo de los Lobos estaban Pedro Abreu, Leonardo Pérez, Jorge Luis Moré, Manuel Mestre, Borges. Después vino otra generación grande que le dio otro ingrediente ganador y tuve la posibilidad de formar parte de ellos. Fuimos campeones en 1984 con Los Lobos.

De los campeonatos no olvido a la final que llegamos con Centrales en la Liga Superior de Baloncesto en el 1996, cuando se repletó la sala Amistad de Santa Clara. Aquel año nos sentíamos a la par del beisbol. Estábamos discutiendo con Capitalinos y los peloteros villaclareños lo hacían contra Pinar del Río. Recuerdo que fueron Lazo y Víctor Mesa a vernos. Había mucha efervescencia.

¿Cómo fue la llegada a la selección nacional?

Me costó mucho trabajo llegar a la selección nacional. Había muchos talentos, los hermanos Caballero, Raúl Dubois, Adalberto Rodríguez, Lázaro Negrín, todos de La Habana. Convencí a Carmelo Ortega y José Ramírez, que eran los entrenadores de ese momento. Me ayudaron porque crecí con aquella fuerte generación de basquetbolistas. Si bien estaba entre los tres mejores delanteros de mi época, no tenía buen lanzamiento, mis facultades fueron debajo del canasto, la defensa, la agresividad. En los eventos internacionales sí me destaqué mucho.

Me atrevo a decir que después de la generación de Múnich 72 los que más resultados le dieron al baloncesto cubano fuimos nosotros, los de la década de los 90, sin menospreciar a los del 80. Fue un baloncesto más moderno. Eran fiestas con orquestas, hubo una revolución total. Llegamos a ser campeones en el Centrobasket por tres años consecutivos. Clasificamos para el Mundial del 94 en Canadá; participamos en panamericanos, en centroamericanos.

¿Tuviste decepciones?   

Cuando estaba en la categoría 13 y 14 años casi dejo el baloncesto. Hicieron una selección Cuba, en La Habana, para un torneo que sería en República Dominicana y me dejaron fuera. Yo había tenido resultados excelentes ese año como campeones nacionales. Fui llorando desde la capital hasta Santa Clara. Le dije a mi familia que no practicaba más deportes. Estuve aquellas vacaciones sin salir de mi casa. En septiembre no me incorporé y a los 15 días vinieron de la EIDE y me convencieron, y de ahí en lo adelante, forjé mi carrera.

Recuerdo una anécdota: Ángel Caballero y yo llevábamos años dominando, él en la posición dos y yo en la tres. Entonces Miguel Calderón, el DT de la selección de Cuba, retó a los jóvenes que venían detrás de nosotros a que se impusieran. Eso nos hizo más fuertes para seguir demostrando que podíamos seguir hasta que decidiéramos por nuestros esfuerzos.

En 2001, llegan Daniel Scott y Ernesto Díaz a la dirección de la selección y no me dan el trato correcto. Me excluyen. Si querían sacarme era mejor que se hubiesen sentado a hablar, pero fue una falta de respeto. Se lo voy a reprochar toda la vida a Ernesto Díaz. Creo que Scott se dejó guiar por él. Yo hubiera jugado 2 o 3 años más para ayudar a Los Lobos. No lo hice, porque fue mucha la decepción para mí.

Yudi Abreu con el equipo Cuba
Foto: cortesía de Yudi Abreu Yudi Abreu con el equipo Cuba femenino. Foto: cortesía de Yudi Abreu

¿Cómo era la atención a ustedes como jugadores?

Las condiciones en la década de los 80 eran diferentes. Había ganas y condiciones mejores porque se quería crecer. La convivencia era espectacular y acogedora. Nunca la voy a olvidar, aunque los terrenos eran de cemento y al aire libre. De esa zona del Condado salimos grandes como María Elena León, La Lupe, al igual que su hermana; los Borrell, Sergio Ferrer y yo.

Las condiciones de vida eran pésimas. Había que viajar hasta Guantánamo, en los ómnibus llamadas Camberas o Leyland. Dormíamos en los estadios. No había villas y estábamos en albergues por ahí. Hicieron algunas villas después. Así salía el deporte, por los esfuerzos de los deportistas que tenían deseos, junto a sus entrenadores, pero las condiciones dejaban muchísimo que desear.

En las selecciones nacionales teníamos buen acople y nos llevábamos muy bien como equipo, pero mientras los demás países llegaban con 30, 40 o 50 partidos internacionales en el año, nosotros solo habíamos jugado 27 cuando más: los de la Liga Superior cubana solamente. La superación era contigo mismo. Cuando tocabas el techo en Cuba, ya te aburrías.

Siempre íbamos en desventajas. Nunca se dio ninguna posibilidad. La alimentación no era la adecuada. Haciendo pesas solamente y entrenando, no bastaba. Aun así, teníamos resultados dentro del área. Siempre estábamos en desventaja, pero había muy buenos jugadores. Cuando salíamos del área, ya sí no podíamos.

Estábamos pendientes de lo que íbamos a traer para la casa. Nos pagaban 2 dólares diarios. Teníamos que vender los monos deportivos, cajas de tabaco y otras cosas para resolver los problemas. Era la necesidad, ahora me percato de que hubiésemos ganado más partidos, pero realmente no estábamos concentrados totalmente en la competencia. Si no era así, ¿cómo íbamos a ayudar a la familia?  

 ¿Qué sucedió después con Yudi Abreu?

Empecé a trabajar en Villa Clara y estuve con el 13 y 14 femenino en Santa Clara. Ese año las llevé a ser campeonas nacionales. Estuve tres años y me convierto en buen entrenador y la federación se da cuenta de mis condiciones y me proponen en 2005 ir a Moscú. Viajamos con dos atletas de la selección nacional. Nos quedamos la temporada completa. Fui ganado espacio y me fue gustando y me quedé como entrenador.    

Cuando regresé a Cuba me llamaron para formar parte de la preselección nacional en el colectivo de entrenadores, junto a Alberto Zabala y Eduardo Moya. A la vez, comencé una maestría de Psicología aplicada al baloncesto, la cual terminé. Todo eso fue en dos años y medio en el Cerro Pelado. Siempre iban de viaje los mismos, solo dos. Siempre por el mismo tema, el económico. Me desmotivé, regresé a Santa Clara y dirigí un año más con muy buenos resultados.                           

Se fueron juntando muchas cosas. Nunca me dieron casa. Solicité una carta para comprar un automóvil después de haber trabajado un año en Moscú como entrenador, autorizado por el INDER. Estuve una temporada completa ganando más de mil euros mensuales y llegué a Cuba con el dinero más que justificado y Carlos Lage y la Ministra de Finanzas en aquel momento me denegaron la carta, cosa que me dolió mucho y lloré muchísimo.

Las cosas suceden por algo. Gracias a que no me firmaron esa carta y nunca me dieron casa, me fui llenando, no de odio, pero sí sentimientos negativos hacia mi país, hacía mi ciudad; no hacia la gente ni a los fanáticos, pero sí hacia los dirigentes. Por eso llevo 10 años fuera de aquello, no quiero recordar nada. Amo a mi país, amo a mi tierra, pero fue muy desagradable. 

¿Por qué entonces decides abandonar Cuba?

Mi hermano había salido en balsa hacia los Estados Unidos desde 1994, cuando yo era miembro de la selección nacional y mi hermana vive hace 22 años en Canadá. Estuve allá, en los Panamericanos de Winnipeg, y pude quedarme, pero nunca lo hice, pese a tantas veces que pude hacerlo. Hablo de mis hermanos de sangre. Preferí regresar y representar a Cuba dignamente como correspondía porque fueron los valores que me dieron mi madre y mis abuelos.

Esperé el momento para hacerlo legalmente hasta que, en 2010, por una carta de invitación, vine a Chile y ya sí, a los 11 meses, seguí y me quedé. Diez años después de estar en Chile me di cuenta de que Moya y Zabala siguieron dirigiendo la selección nacional y no le dieron oportunidad a nadie más de crecer como entrenadores, ni salir del país.

Quizás fue tarde mi decisión porque muchos de mis compañeros se quedaron cuando eran atletas, y otros al término de su carrera. Tal vez yo me demoré: quise ayudar más y aportar un granito de arena al desarrollo del básquet en Cuba. Pero hay un dicho que dice que nunca es tarde si la dicha es buena. Fue en el momento justo y hasta ahora me ha ido muy bien.

¿Qué sucedió al llegar a Chile?

En Chile me dieron trabajo al momento. Decidí trabajar porque iba a tener más campo laboral en mi vida como entrenador. En 2011, empecé en un colegio privado en la séptima región de Maule, Talca. Al año, me contrata la federación de baloncesto y voy como entrenador de la selección nacional femenina. Estuve en Brasil, en gira por los EEUU en 2012 con las mujeres. En 2013, cambió la presidencia y trajo a su nuevo cuerpo técnico. Me dirijo a la ciudad de Talca con la selección masculina, en el campeonato Domani, el más importante de sub-19 en Chile.

Quedo campeón en el 2014 con ese equipo. Dirijo después el Español de Talca, con el cual alcanzo un segundo lugar. Perdí en el cruce con el que salió campeón nacional, Colocolo. Estuve ahí hasta el 2016, con buenos resultados.

Mas tarde me traslado al sur, a la ciudad de Osorno, en una zona donde muy cerca hay lagos, volcanes y nieve, y mucha efervescencia por este deporte en la zona. Me exigía mucho más como entrenador. Estaba en un colegio Jesuita y volví a salir campeón nacional sub-14. Fui a Juegos Suramericanos en Perú. Fuimos ganando y llegamos a la final suramericana y alcanzamos segundo lugar.

Repetí al otro año y perdí contra Brasil, una potencia internacional, con el grupo de niños. Estoy a cargo del baloncesto, soy el jefe encargado de la filosofía del club. Los resultados me han sido muy reconocidos a nivel del país por los logros en el área internacional. También fuimos campeones de clubes y campeones nacionales juveniles, todo en 2019.

Las diferencias en las condiciones de trabajo de aquí, con relación a las de Cuba, son abismales. Tenemos un gimnasio para nosotros solos, los niños tienen dos balones para cada uno. Tienen las zapatillas, hay que comprarlas, pero las hay. El material humano está y las competencias también. Juegan como mínimo, todas las semanas tres partidos, durante todo el año.

Tengo a mi hijo que nació en 2004 y vive conmigo. Debe estar midiendo entre 1.97 y 1.98 de estatura, casi de mi porte. Empezó tarde en el básquet, pero va a crecer rápido porque como va a tener tantos partidos y campeonatos, eso permitirá mejorar como jugador en este deporte. Dios quiera que sea tres veces mejor que lo que fui yo en el baloncesto.

Tengo muchos estudios y títulos logrados, me he superado mucho más. Estoy en el nivel tres como entrenador para dirigir a nivel internacional. Me gustaría, el día de mañana, dirigir la selección cubana. Ojalá que entrenadores como yo pudiéramos regresar y ayudar, aunque sea como asistente para apoyar a todo el trabajo.

¿Qué cree del baloncesto cubano actual? 

Sigo al baloncesto cubano. La diferencia para mejorar está en crecer como atleta, en estar en las ligas buenas, profesionales. No es que los manden para El Salvador, Nicaragua o Costa Rica. Para superarse como baloncestistas y selección esas ligas no sirven, son muy pobres. Si es para que tengan su dinerito, está bien. Que me digan para Brasil, Argentina y Europa, es otra cosa.

Ojalá, Cuba hubiese podido tener antes jugadores como los que actualmente se desarrollan en otras ligas. Por ejemplo, Ismael Romero; Yorman Polas; Jasiel Rivero y Javier Justiz. ¿Qué pasaría si a otros basquetbolistas cubanos les dieran la oportunidad de salir a ligas profesionales?

Estoy seguro de que rescatarían los resultados internacionales. En ambos sexos pudiera ayudar más. Regresarían a Cuba, tendría más desarrollo el deporte y no solo el básquet sino todas las disciplinas. Esto ayudaría a que los atletas no deserten. Desertan por un problema económico, no por otra cosa. Todos los cubanos desean volver a Cuba, estar con su familia, visitar sus raíces, su tierra, su barrio.

Cuba necesita de jugadores que estén fuera. Nos pusiéramos de tú por tú con cualquiera, con un salto cualitativo. En la NBA hay dos jugadores jóvenes, los hermanos López, hijos de cubanos. Declararon que les gustaría representar a Cuba. ¿Imaginan a la selección cubana con esos dos que miden 2.10 y 2.11 metros de estatura dentro de la cancha? Mientras se siga jugando entre los mismos equipos, en el país, no se logra nada. Hay que dar un paso más adelante.

Lo otro es que si están contratando atletas en el exterior con ese porciento que les quitan se puede recaudar para mejores condiciones dentro de la liga cubana con buenas comidas y buses, y comprarles zapatillas nuevas y balones a los jugadores. Los campeonatos están de regular para malos si no se atienden a los jugadores.     

Ojalá que Cuba pudiera tener el baloncesto de Chile. Los resultados mandan porque se juega mucho. Tienen muchos jugadores en el exterior. Hay como 20 en Europa y otros 15 en Argentina, más los de las ligas internas. Se puede traer a tres jugadores extranjeros. Se ha disparado el nivel de acuerdo con el rendimiento. A mí me tiene muy actualizado y me voy nutriendo del básquet moderno.

Yudi Abreu, coach
Foto: cortesía de Yudi Abreu Foto: cortesía de Yudi Abreu

¿Qué haría si pudiera echar el tiempo atrás?

En el preolímpico del 92, tenía 23 años cuando jugábamos contra el Dream Team. No se me olvida que el entrenador Julio Toro, el puertorriqueño que era DT de Venezuela en ese momento, nos quería en su equipo, a Ángel Oscar Caballero y a mí. La inmadurez y los pocos conocimientos no nos dejaron abrir los ojos y la mente.

En el año 94, en Toronto, en pleno Mundial, Ángel Oscar y yo dormíamos juntos en el cuarto. Nos pasaron invitaciones por debajo de la puerta de la habitación para jugar con selecciones universitarias. Además, pese a todos los eventos y giras a las que fuimos a EEUU y Puerto Rico, nunca abandonamos. Con la experiencia y los conocimientos que tengo ahora, hubiera sido muy diferente.

¿Qué es lo que más extraña de Cuba?

Lo que más extraño es mi gente, mi tierra, mi barrio, El Condado. Estuve el año pasado antes de la pandemia en Santa Clara, en Varadero, y en La Habana, cerca de El Cerro Pelado. Me da mucha tristeza, mucha tristeza estar lejos de mi gente, pero en el curso de la vida, a muchos nos ha tocado abandonar la isla. Reprocho que no me hayan atendido como merecía.

No pedía una mansión ni un palacio: solo una casita o un apartamento, o que me ayudaran con algo y comprar mi propio auto. Lo quería comprar con mi dinero, comprarlo porque no lo quería regalado, sino con el dinero del sudor de mi trabajo, con lo que me gané como entrenador y bien justificado. Nada fue concedido.

Les reprocho mucho a Carlos Lage y a Georgina Barreiro, quien era la Ministra de Finanzas y Precios en aquel momento. También a los dirigentes del INDER de aquel momento de Villa Clara que nunca apoyaron y a otros para no darme mi casa. A lo mejor me hubiese ido, pero tal vez no, y estuviera en Cuba.

Las cosas suceden por algo. Gracias a esas cosas que no se me dieron estoy en Chile y soy un entrenador reconocido nacional e internacionalmente, con resultados. Tengo a mi familia acá y tengo muy pocos familiares en Cuba. Tengo gran parte de mi corazón con ustedes. Le pido mucha fuerza a los que están luchando y a toda la generación de los deportistas. Ojalá que esos cambios que dije se den en favor del beneficio social.

¿Qué espera para su futuro?

Por hacer, siempre hay que hacer cosas. Hasta que uno cierre los ojos para siempre, quedan cosas por hacer. Mi sueño es que mi familia tenga salud y que me hijo pueda ser un gran jugador de baloncesto; que, si se dan las condiciones, pueda dirigir una selección cubana, de cualquier sexo; que los deportistas cubanos tengan la libertad de salir a donde deseen y jugar y después regresar para representar a Cuba.

A pesar de que tengo a mi hijo conmigo y mis hermanos están separados, están bien porque salimos a buscar un futuro mejor. Soy feliz, pero siempre a uno le queda la amargura de dejar lo de uno para buscar la felicidad en otro lugar, pudiendo ser feliz dentro de mí propio país.

Le deseo muchos éxitos a mi tierra y a mi país, y a todo el mundo en Cuba. Sé que sufren mucho porque somos muy luchadores y aguerridos. Esperamos que esos cambios que se están dando poco a poco, se den de una vez y por todas.

Un mensaje para los cubanos

A los seguidores del baloncesto, a los seguidores de los Lobos, a los de Villa Clara, a los fanáticos, quiero decirles que los quiero mucho. A pesar de que no nos mencionen mucho en el ámbito del periodismo sabemos que el pueblo nos tiene en el corazón. Lo importante es que, como gloria deportiva, les deseo el cariño recíproco.

Voy todos los años a Cuba y trato de compartir con todos los amigos y excompañeros. Voy a la sala Amistad a hacer algunas piñas. Los sigo queriendo porque soy cien por ciento cubano. Les deseo lo mejor y mucha salud.

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