Por Adonay Villaverde y Arian Castro

Una trayectoria tan brillante como fugaz marcó a este excepcional púgil cubano que, dotado de una técnica difícil de ver en el deporte de los puños, pudo alcanzar todos los títulos que confería la AIBA en ocho años de trayectoria internacional.

Una corona olímpica y una mundial, además de varios reinados en los Torneos Playa Girón y Giraldo Córdova Cardín en las divisiones de 48 y 52 kgs figuran en el aval de Maikro Romero Esquirol, quien vivió un retiro prematuro provocado por un ligero descenso en su rendimiento, y ahora permanece lejos de la palestra pública.

Después de salir del deporte activo, se gestionó un contrato de trabajo por su cuenta en el extranjero para entrenar a un equipo nacional, una decisión con un costo futuro grande para él. De regreso a su país, Maikro todavía esperara que le paguen los 300 CUC que las autoridades cubanas entregan a los campeones olímpicos, pero nadie le ha brindado respuesta.

En la actualidad, el titular bajo los cinco aros mudó de oficio. De alcanzar la gloria olímpica en Atlanta 96 y ser el mejor en su división a nivel mundial, el guerrero pasó a ser un agricultor que pelea con la tierra, lejos del cuadrilátero.

El camino a la gloria

Maikro tuvo como padre a un boxeador de pocos resultados que despertó en su hijo el amor por el deporte de los puños, pero no fue fácil el camino del campeón para abrirse paso en la pirámide de alto rendimiento. Sus inicios fueron en la EIDE Mártires de Barbados en el año 1983 y al no ser tomado en cuenta por las escuadras nacionales juveniles pasó a la Academia Provincial de la capital en 1989.

Sus pobres resultados en sus primeras incursiones en los torneos nacionales Playa Girón, en una época marcada por una situación económica difícil, sumados a un matrimonio prematuro, pusieron en duda su continuidad en el deporte de alto rendimiento.

“Me casé con solo 16 años y en mis dos primeros Playa Girón perdí en la primera pelea. La situación económica era difícil y mi papá me dijo que dejara el boxeo y empezara a trabajar y Manny Echazabal, que era el comisionado provincial, le pidió que me dejara pelear en el Girón del 92 y si no obtenía buenos resultados, él acataba esa decisión”, cuenta.

“Yo había ganado 10 de 12 peleas en el torneo por equipos de ese año contra los mejores de Cuba y antes del Girón le había ganado dos veces a Rogelio Marcelo en sesiones de sparring, quien era el mejor en esa división, así que sabía que tenía posibilidades. Me preparé bien y cuando llegó el Girón cogí medalla de oro ganándole en la final otra vez a Marcelo. Luego vino el Cardín y le volví a ganar en la final y entré a formar del equipo nacional”, recuerda.

Ante resultados de tal magnitud en un año olímpico Maikro, figuraba para competir por un puesto en la escuadra que asistiría a Barcelona, sin embargo, la dirección técnica decidió optar por Marcelo.

“Además de en el Girón y el Cardín, le había ganado a Marcelo en el match de retadores, que supuestamente era para definir quién iba a las Olimpiadas y siempre le gané fácil. Esa decisión se tomó casi a las tres de la mañana y decidieron que Marcelo era el que debía ir porque era el que se había preparado para ese ciclo olímpico. Ahora que soy entrenador entiendo. De hecho, Marcelo fue campeón olímpico, no los hizo quedar mal, pero en aquel momento no lo entendía. Me disgusté tanto que me fui de vacaciones y Alcides, que estaba en Pinar del Río con el equipo nacional, nos manda a buscar a Eddy Suárez y a mí para eliminarnos en 51 kgs pero yo ya me había ido. Ahora me arrepiento de esa decisión, porque podría tener tres medallas olímpicas. Al final Eddy fue en 57 kgs y en 51kgs fue Raúl González”, continúa.

“Al otro año le volví a ganar a Marcelo cuatro veces. En el Girón, el Cardín, el match de retadores y en un torneo que se hizo en Matanzas, sin embargo, lo llevaron a él al mundial. La explicación que me dieron era que iba él porque era el campeón olímpico, pero en el mundial perdió en su primera pelea y entonces me llevan a mí a los Centroamericanos de Ponce, pero me costó hacer el equipo, tuve que esperar a que Marcelo se retirara. En los Centroamericanos cogí bronce. Perdí con el dominicano Joan Guzmán, que en ese momento era el mejor de la división. Pero yo me sentí mal porque fui el único que no ganó”, dice.

Maikro Romero
Maikro Romero.

De la sanción injusta al triunfo definitivo

El año 1994 estuvo marcado por un momento oscuro en su carrera durante la celebración de la Copa del Mundo en Tailandia, el cual derivó en una dura sanción que la mantuvo apartado del equipo nacional, que considera fue muy injusta.

“En esa Copa del Mundo todos los cubanos perdimos, ahí solo ganaron Félix Savón y Roberto Balado. Pero yo tuve un altercado con Ramón Garbey. Nosotros a esos eventos llevábamos equipos de video para estudiar los contrarios y un día estábamos en esa función y cuando nos íbamos a Garbey se le ocurrió la brillante idea de que yo, que era el más chiquito, cargara el televisor. Le dije que no, que cargaba cosas livianas, pero no el televisor. Empezamos a discutir y nos fajamos a los piñazos. Es verdad que él era más grande, pero yo le di primero”.

“Alcides no dijo nada, esperó que terminara el torneo y cuando regresamos me sancionó dos años fuera del equipo nacional y a Garbey no le hizo nada. A mí no me dio ni la oportunidad de contar mi versión, solo escuchó a Garbey que era su alumno. Considero que se fue injusto conmigo porque en esos casos hay que sancionar a los dos o por lo menos, escuchar a los dos. Pero creo que la vida se la cobro a Alcides porque luego de que no lo sancionó, Garbey se quedó en México”, cuenta.

A pesar de estar suspendido de los eventos internacionales se mantuvo compitiendo en los eventos nacionales con buenos resultados. Luego de cumplir la sanción, le llegaría su momento de consagración en la edición olímpica de Atlanta 96.

“Esos Juegos Olímpicos fueron sin dudas mi momento más feliz en el boxeo, cuando gané la medalla de oro contra Bulat Dzumadikov que en ese momento era el mejor del mundo. Ese día de la final estaba tranquilo porque lo había estudiado y a la hora de la pelea me subí al ring pensando solo en brindar un buen espectáculo, pero nunca pensé que le pudiera ganar. Al empezar el último asalto, él me iba ganando por dos puntos y Alcides me dijo: ‘Ve pa’ allá y tírale patadas, piñazos, muérdelo, lo que sea, pero trae la medalla de oro’. En ese último asalto fui a fajarme, me salió bien, le gané por un punto”.

“Cuando sonó la campana yo no sabía que había ganado, pero cuando miré para la esquina vi a Alcides celebrando y a los cubanos en las gradas también. Fue entonces que me di cuenta y empecé a celebrar también. Fui para la prueba antidoping y ahí nos daban cerveza sin alcohol para que orinara y me tomé unas cuantas. Después nos fuimos para la Villa a compartir y los directivos del INDER nos regalaron una botella de ron. Me la tomé completica, no fuimos ni a la Clausura que era esa misma noche”, narra.

Luego de ese momento cumbre llegaría el título mundial un año después en Budapest, pero una serie de resultados posteriores por debajo de sus expectativas provocarían su retiro de forma prematura.

“En 1999 vamos al famoso mundial de Houston y ahí los jueces empezaron a quitarle peleas a los cubanos. A mí me quitaron la pelea con Bryan Viloria, los jueces la votaron 9-2 en favor de él, en una pelea en que le caí a golpes. Luego vino Kindelán y ganó de forma arrolladora, los jueces ahí sí que no pudieron hacer nada y luego viene la pelea de Juan Hernández Sierra contra el ruso y el ruso no le tocó ni los guantes y la votaron 5-3 a favor del ruso. Ahí es cuando Alcides explotó y Fidel llamó para allá y le dijo a Alcides que retirara la delegación del evento. Ese era un mundial que los americanos lo tenían que ganar como fuera y la AIBA es una mafia”.

“En las Olimpiadas del 2000 fui en 48kgs y perdí con el francés Aslouh en la semifinal, que era un boxeador que yo no conocía. Ellos vinieron a prepararse aquí, pero nosotros no los vimos porque en ese tiempo Alcides no permitía que los extranjeros entrenaran junto con nosotros para que no nos estudiaran. Esa pelea me la quitaron también, fíjate que yo combatí pensando que iba ganando, pero bueno, él tuvo un buen torneo, le ganó a Viloria, me ganó a mí y en la final le ganó al español Lozano”.

“Luego viene el mundial del 2001 y ahí perdí con Sidorenko, que era el mejor del mundo y me quedé sin medallas y ahí mismo le dije a Sarvelio Fuentes que no peleaba más. Veía que mis resultados iban en descenso. Ese mismo año perdí la final del Girón con Osvaldo Liranza, un hombre al que le había ganado 9 veces consecutivas. También ese día nació mi hijo y quizás la alegría no me permitió concentrarme, pero no justifico mi derrota. Luego vuelvo a pelear contra él en San José, en un cartel por el 26 de Julio y ahí me dio una paliza. Luego peleo en 54 kilos contra Eduardo Aces en un cartel y le gano, pero el público chifló la decisión y ahí le dije a mi papá, que era mi fanático número uno, que no quería pelear más”.

“Fuimos a casa de Manny para decírselo y él no se opuso. Se lo comuniqué a Sarvelio y él me dijo que no me apresurara, que me tomara par de meses y luego volviera, pero no volví más. Me retiré oficialmente en el Mundial Juvenil del 2002 en Santiago de Cuba junto con Ariel Hernández y Juan Hernández Sierra”, recuerda.

Maikro Romero
Foto: Hansel Leyva

La vida de un campeón olímpico cubano después del retiro

Su vida más allá del deporte estuvo marcada por un contrato de trabajo gestionado de manera independiente que le provocó sus primeros roces con las autoridades deportivas del país.  

“Después de que me retiré, automáticamente empecé a trabajar en la ESPA nacional como auxiliar de Pedro Roque hasta que me fui para Arabia Saudita por un contrato independiente. Ellos vinieron aquí buscando entrenadores de atletismo y boxeo. Yo vi las ventajas y pedí la baja, me fui a entrenar el equipo nacional de Arabia Saudita. La adaptación fue difícil, las costumbres de ellos son muy chocantes para nosotros, así que decidí regresar a Cuba, donde siempre he querido vivir, pero fue una bonita experiencia”.

“Uno de los problemas que esa decisión me acarreó fue que perdí el estipendio de 300 CUC que nos dan a los campeones olímpicos por orden del Comandante. Desde de que llegué, presenté toda la documentación que me pidieron para volverme a pagar ese dinero, pero todavía no me han pagado nada. He ido hasta el Consejo de Estado y ahí me remitieron al INDER, pero ellos no me han dado respuesta. A lo mejor, alguien más está cobrando ese dinero”, explica.

Varios púgiles cubanos de esa época decidieron abandonar el país para incursionar en el boxeo profesional. Sin embargo, esta idea nunca pasó por su cabeza.

“No pensé en pelear profesional porque nunca me interesó irme de Cuba. Yo provengo de una familia revolucionaria y siempre me he sentido identificado con esos principios. Pero me siento muy orgulloso de los éxitos que han alcanzado los boxeadores cubanos allá y estoy pendiente de sus resultados. Al final, esos muchachos nos representan, se formaron aquí y ponen en alto el nombre de Cuba”.

Una vida actual tranquila, junto a su familia, así como una faceta como pequeño agricultor marcan su presente.

“Me siento feliz con mi vida actual. Llevo 25 años de matrimonio y tengo un hijo de 20 años. Me siento además satisfecho con el reconocimiento del pueblo. Además, tengo una finca de dos caballerías y estoy enfocado en ella. El principal cultivo que he trabajado es el café, por un plan que hay de desarrollar su producción aquí en La Habana. También tengo animales y quiero incursionar en la cría de peces pues tengo una presa que me lo permite”.

“Me encuentro a la espera de algún contrato de trabajo. He gestionado con varios países como Gran Bretaña, Francia, México o Rusia para entrenar a sus equipos olímpicos y ahora, estoy en espera de una decisión de ellos”, manifiesta.

¿Le interesaría entrenar en el boxeo profesional?

“No, porque no tengo esa experiencia. El boxeo profesional es muy diferente al amateur. El boxeo profesional es un deporte que busca más el espectáculo, donde los boxeadores salen a castigar al contrario y el boxeo olímpico es más estilista, más de técnica y de desplazamientos y yo, si voy a entrenar, voy a hacerlo en lo que conozco y en lo que me preparé, que es el boxeo olímpico”.

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