El atletismo cubano de la década de los 80 y 90 se prestigió con un corredor de fondo que hizo historia: las mejores marcas y resultados de un atleta de esta especialidad en la isla, dentro y fuera de las fronteras, las logró Alberto Cuba.

Para alcanzar las grandes distancias maratónicas con alto nivel internacional tuvo que atravesar por muchos obstáculos y sacrificios en su vida, incomprensiones, injusticias y amarguras.

Después, como entrenador, vivió momentos agobiantes que llenaron la copa de las decepciones. Decidió no regresar a su vida en la capital habanera, tras una misión en África, para adaptarse a una nueva cultura, en Holanda.

Alberto Cuba, el campeón panamericano de La Habana 91, conversó con Play-Off Magazine acerca de todo lo que, por más de veinte años, sintió como deportista en las pistas y carreteras.         

¿Cómo llega Alberto Cuba al deporte?

Nací en el reparto Condado de Villa Clara, pero nos mudamos para la Habana, siendo yo pequeño. Me gustaba mucho la pelota como todo cubano desde muchacho. Veía todos los juegos. Me inicié con 10 añitos en el judo en el Príncipe, cerca del Latinoamericano, en el Cerro. Estuve también en Nuevo Vedado en el barrio La Timba, pero no di en ese deporte de combate y me dijeron: ¡lo tuyo es correr!

Fui a entrenar para la Ciudad Deportiva con Juan Gualberto Bacallao Ramos. Tenía trece años, me fui desarrollando poco a poco hasta que llegué de 17 para 18 años, a competir con el equipo nacional, mi hermano Alexis y yo. Bacallao tenía un gran potencial de muchachos, era muy profesional como profesor del Fajardo de la Cultura Física.

Tenía condiciones para correr, mis padres y yo nos dimos cuenta; éramos un grupo de futbolistas, peloteros, corredores, de todo un poco y decidí por el atletismo, que me gustaba bastante. En 12 y 13 años corríamos 60, 150 y 600 metros planos y yo corría 600 y 1200. Después, con 16 años, empecé a competir en 5 mil, mil 500 y en algunas carreras de calles de 10 o 15 kilómetros.

corredor Alberto Cuba
Foto: cuenta de Facebook de Alberto Cuba El atletismo cubano de la década de los 80 y 90 se prestigió con un corredor de fondo que hizo historia: Alberto Cuba.

¿Cómo fueron las primeras confrontaciones?

En los maratones LPV, los primeros que se hicieron en Cuba, del Capitolio a la Ciudad Deportiva, fue donde comencé en serio. Corrí con el veterano Luis Felipe Chaviano. No lo conocía, era un muchachón de 16 para 17 y él me ganó llegando a la meta, pues cogí para un lado equivocado y me pasa, pero me dieron el galardón a mí porque yo era aficionado y Chaviano era profesional.

Corríamos  carreras de fondo de 10, 15 y 21 kilómetros en todo el país, tremendo desarrollo en esa etapa de los 80 al 98, más o menos. Los entrenamientos eran bastante científicos, empezaban las investigaciones con esta especialidad y teníamos mucha información de los países socialistas y lo que se hacía en el mundo. Nosotros fuimos los Conejillos de India de esa gran hornada, más los del equipo nacional.    

Las carreras de fondo necesitan buenas condiciones en todos los sentidos. ¿Qué tal sus tiempos de atleta?

Entrenamientos fuertes, pero bien dosificados. Las condiciones de vida en Cuba siempre han sido malas y hay pocas atenciones a los atletas, lo que sí había muchas competencias en el atletismo completo, velocidad, lanzamientos, fondos, semifondos.

Con relación a la alimentación, siempre fue por parte de nuestros difuntos padres, se encargaban de mi hermano y de mí. Ellos iban a la plaza de Cuatro Caminos a buscarnos carne de res, de caballo, hígado, el arroz y todo: la comida no me faltaba, pero las condiciones no eran buenas.

¿Cómo logró mantenerse Alberto Cuba en una especialidad deportiva tan exigente en cuanto a logística?

Voluntad, voluntad y más voluntad, apoyo familiar y del barrio. Después fui madurando a través de los años, con la resistencia. Mientras más viejo eres en el fondo, comienza una madurez, porque las paredes del corazón y los pulmones se fortalecen y te adaptas a las carreras largas con dosificación. Puedes tener buenas condiciones, pero si no tienes un entrenador bien ubicado, te vas del aire.

Nunca tuvimos dietas, lo de los maratonistas era comer y comer porque se gastaba muchas calorías. Son 180 o 200 kilómetros semanales según la etapa. Primero, empecé a entrenar en la Ciudad Deportiva y a dormir en mi casa, pero al llegar al equipo nacional, me iba a dormir con mi hermano para mi casa.

Nosotros corríamos prácticamente al pecho, como se dice del deportista cubano: con agua y con azúcar. Pasa demasiado trabajo en la selección nacional o fuera. El deportista cubano siempre ha pasado mucho trabajo y sacrificio.

Cuba tiene el defecto de que es un ambiente muy tropical con humedad muy fuerte con mucho calor, a más de 31 grados. Pese a eso, los cubanos podíamos haber sido una potencia mundial, lo que pasa que no nos daban las condiciones a los atletas, no nos sacaban a viajar, y sí había posibilidades en aquella época.

Todos nos impusimos por la manera de entrenar y la voluntad, el día a día, no faltar a los entrenamientos, respeto a los entrenadores. Doy gracias por haber caído en buenas manos de entrenadores en Ciudad de La Habana y Cuba. Cuando empecé, dije que me iba a colar entre los seis primeros y que iba a correr 50 minutos en 15 kilómetros. Cuando aquello, esa marca era algo grande y decían que era mentira por lo flaco que yo era. Corrí 50.09, fueron a felicitarme y empecé a conocerme más en Cuba.  

¿Cómo comienza a tener resultados internacionales?    

La primera competencia internacional fue después de ganar en Sancti Spíritus y el LPV: nos llevaron a  un topecito en Mérida, México y corrimos 15 kilómetros en carretera;  ahí empecé y a los dos años nos subieron a la selección nacional a mi hermano y a mí, además de un grupo grande de fondistas de la calle.

¿Tienen los fondistas características diferentes a otros atletas? 

Unos dicen que si somos locos, pero no tenemos de locos: eso es cosa de los cubanos, que somos más locos todavía. Mira en las competencias internacionales a los fondistas que son muy tranquilos, personas serias, muy trabajadores y profesionales. Hay que estudiar como un médico de tu organismo y, en general, del deporte, que es como una ciencia.  

Corriendo se piensan muchas cosas porque a veces es una hora y hasta dos horas haciendo entrenamientos. Piensas en la familia, en cómo vas en los entrenamientos. Tienes que organizar bien la mente y estar concentrado. Por ejemplo, yo hacía tramos de 400 metros en la Ciudad Deportiva, me llamaban y a veces no oía porque estaba totalmente concentrado en lo mío. El prearranque siempre es difícil, pero yo tenía dominio total desde muchacho, aunque después fui un corredor más hecho.

En cuanto al cuidado, como atleta teníamos que hidratarnos antes de las carreras. En cuanto a la alimentación, velar por los carbohidratos, glucosa, frutas, dulce. En Cuba existen los medicamentos mientras entrenas. Había todo tipo de medicamentos en los años 80 hasta los 90, llegados del campo socialista, y entrenábamos muy fuerte mañana y tarde.

La gran competencia de Alberto Cuba fue en la que ganó el oro panamericano de la Habana 1991. ¿Cómo la recuerda?     

Ese día fuimos para el estadio y yo tenía diarrea, parece que del prearranque, antes de empezar la carrera. Cuando arrancó la competencia se me quitó todo, todito y pa’ alante y pa’ alante como un tren. Tuve apoyo de Cuba entera, de mis hermanos, de mi familia, de la gente del barrio: todo el mundo me apoyaba. La Habana completa estaba dándome ánimo y apoyo, que fue lo que más fuerza me dio para ganar el panamericano.      

Los mexicanos me temían porque yo competí mucho allá en la altura y en el llano. Yo era demasiado guapo. Los contrincantes en todas las competencias me tenían mucho respeto igual que yo a ellos, pero en mi país más todavía. Yo no era fácil tampoco, había que matarme en la carretera o en la pista hasta el final.  

Cuando ganó la histórica medalla dorada en los Juegos Panamericanos de La Habana 91, ¿cómo fue la acogida?

Cuando gané los panamericanos no me dieron nada. Si yo no le escribo al gobierno no me dan una casa. Me la dieron en el Vedado, en 17 entre 20 y 22, y desarmada, te lo digo sin pelos en la lengua: ahí vive la madre de mi hijo y mi familia. No tuve ningún beneficio, me llevaron demasiado recio en el deporte. Nosotros éramos esclavos, lo veo como esclavitud porque no tenía esa visión de ahora que tengo 58 años. 

Después del 91 seguí compitiendo, hice buenas marcas, como un 2.10 en maratón y competí internacionalmente. Ganamos bastante dinero porque nos pagaban bien en los maratones en el extranjero, pero éramos muy maltratados. Ellos decían que el dinero era para la Revolución, para comprar medicinas.

Había competencias a las que no podías ir porque decían que no había dinero. Con tu propio dinero sí, pero el INDER no te ayudaba. Si no te mandaban el pasaje del exterior no podías viajar, en ocasiones; en otras, te lo mandaban y no te autorizaban. Nos daban dos dólares diarios cada vez que viajábamos, así ganáramos miles y miles. Traía televisor, video para mis comodidades; en Cuba compraba batidora, lavadora para mi mama y familia. Se iba el dinero en ellos y la comida.

Como atleta de alto rendimiento en Cuba, ¿fue Alberto Cuba bien atendido? 

No fui bien atendido cuando fui atleta. Demasiadas injusticias y cosas malas nos hicieron a todos los fondistas, a mi hermano Alexis y a mí. Falta de competencia, alimentación, calzado, ropa, medicamentos, falta de atención total.

Pasa en el deporte en general, pero el fondo en Cuba tuvo que bailar con la más fea. Cuando salíamos era a comer, por ejemplo, íbamos de estancia a México a la altura dos veces al año. Era lo mejor que nos pasaba y aprovechábamos y nos alimentábamos bien, comíamos de todo. Cada vez que llegabas a otro país había que comer de todo porque en Cuba no había la atención requerida.

Antes había más de 100 personas en una preselección de atletismo en el Cerro Pelado cuando estaba Molina, el mejor comisionado que tuvo nuestro deporte. Para mí, como jefe de área Wuilian Díaz porque era parejo ya que había que eliminarse para cualquier competencia: con él no había puesto fijo.

A los juegos panamericanos de México e Indianápolis no me llevaron injustamente porque tenía que ser oro, teniendo yo buenas marcas en 10 mil y 5 mil y ahora van hasta sin marcas. Tenía calidad para ir a cualquier a competencia, aunque no terminara entre los tres primeros, pero sí cuarto o quinto cuando corría pista. Ocurría hasta con tiempos olímpicos. Por eso, empezó a bajar el atletismo.

¿Qué otras competencias y fondistas cubanos fueron sobresalientes en su tiempo?

En los Marabana, mi hermano Alexis y yo hicimos las mejores marcas de Cuba. Yo siempre iba punteando la carrera hasta la meta. Vi que mi hermano me iba a dejar botado en el kilometro 41 para 42 y le dije: “coñoo, tuve la oportunidad de dejarte botado y te esperé”. Le dije: “ahora espérame para llegar juntos con 2 horas y 13 minutos”. Mi hermano tenía tanta calidad como yo.

Había otro corredor muy bueno que se llama Ángel Rodríguez, entrenador ahora. Los había buenos y regulares, estaban el keniano, Irán Truquié, Diodado Morfa, Aguelmis Rojas, entre otros.

Yo decía: ¡Oye, aquí no hay pa’ nadie, voy a repartir los lugares! En el medio de las competencias hablábamos. Me acuerdo de que en Madrid mi hermano y yo íbamos conversando, los españoles no nos entendían mucho. Los corredores de la élite tampoco entendían lo que decíamos. Llegando al final, todos anunciaban que venían dos cubanos. Nunca se había visto en Europa eso y ganamos el maratón de Madrid, mi hermano y yo. Yo respetaba bastante, pero cuando me ganaba, le decía: ¡en la otra te cojo!

¿Se retiró por decisión personal?

Me retiré con 40 años y en buenas condiciones, corriendo en el Marabana con una hora y seis minutos en 21 kilómetros. Tengo malas opiniones de los organizadores del Marabana, de Gattorno y ese grupo. Es mucha manipulación la que hacen con los corredores de fondo, él y los de la comisión nacional, los de mi época: no sé si habrá cambiado la cosa. 

Me retiré también porque no me daban mucha atención ni nada de eso. Cuando ya estaba fuera del equipo nacional, que era el mejor corredor de fondo, decían que estaba viejo, cuando el fondo es de veteranos, mira las edades de Kell, también el campeón olímpico de Portugal, Carlos López, y otros corredores viejos del mundo.

Tenía 35 o 36 años, corría durísimo y no me querían en la selección nacional porque decían que yo estaba viejo. Cosas de locos, de los dirigentes dementes de Cuba. Cuanto te digo demente, en la mayoría en el deporte, es porque no son profesionales totalmente, no piensan nunca en los pros ni en los contras y no miran la vida útil del atleta.

De ese mismo modo han hecho con miles de corredores en Cuba. Todo porque uno puede tener un año o seis meses malos, pero el otro año es bueno y tienen que verlo como una escala de rendimiento, sube y baja. Hay que seguir el rendimiento del atleta. Tienes un año malo y te dicen: ¡fuera pa la calle, estas matao, viejo y te vas! La mayoría no piensa. Después de que Molina se fue, no ha habido un comisionado de atletismo que sirva en Cuba.

Tras su retiro, ¿a qué se dedicó Alberto Cuba?

Me dediqué a desentrenarme para mi salud, como ahora que hago pesas, corro y hago gimnasio y me dediqué a entrenar muchachos en la Ciudad Deportiva. Tuve resultados como entrenador con Richard Pérez Cobas, campeón panamericano, en las categorías 12 y 13, 14 y 15, cadete, juveniles y mayores también. Tuve logros con los de velocidad, de fondo y de todo, desde la calle, no de la EIDE.

Las condiciones eran demasiado malas. No hay implementos, hay que buscar y comprar las cosas. Yo tenía como entrenador que comprar las pesas, mandaba a hacer balas, a arreglar el cajón de saltos. Hacía miles de cosas para tener resultados, era sacrificado con el poco sueldo que me daban de 500 pesos, que lo cogía para invertir en implementos deportivos, comprados por fuera, y los mandaba a hacer a la fábrica de acero. Los padres ayudaban mucho en el apoyo para entrenar.

¿Buenas y malas acciones que vio?

Cuando fui atleta y viajábamos a otros países decían: profesionales de estado, por ahí vienen los cubanos, con tremendo respeto, porque estar en una delegación deportiva cubana tenía mucha calidad.     

Me satisface que fui buen entrenador, buen amigo y tenía buenas relaciones con los padres y compañeros de trabajo. Siempre me buscaba problemas porque tenía la lengua dura. Había comisionados ladrones que pasaron por la comisión nacional como Santiesteban y otros más. No me callo y se lo digo en Cuba, y fuera de Cuba se lo digo igual: oportunistas es lo que son.

En Cuba se pasa mucho trabajo para entrenar y hacer atletas. Allá son vitalicios y hay muchos que saben más que los que están en el equipo nacional. No avanzan tampoco porque educación y el INDER más nunca se han amigado. No hay horarios fijos para entrenar a los muchachos. Salen a las cinco de la tarde y les mandan muchas tareas y no pueden entrenar. A los entrenadores, si no tienen las horas, los mandan a dar clase de Educación Física para una escuela, eso es una falta de respeto. Si no hay convenios entre Deportes y Educación y áreas especiales, ESPA provincial de calidad, jamás habrá resultados.

Nunca vi nada de donación, el INDER está lleno de delincuentes de cuello blanco. Siendo gloria deportiva tampoco recibí nada. Ni un colchón, que nunca me dieron. Yo dormía en uno al que los muelles se les salían, y nunca me dieron nada, solo un televisor por el trabajo, que tuve que pagar. Con todo y eso, nos robaron dinero del banco a mi hermano y a mí. Casi todos los que dirigen el INDER en su mayoría, no todos, te repito, son ladrones de cuello blanco porque han robado mucho y nunca han ido presos.

Te pongo un ejemplo: Richard Pérez Cobas, de equipo nacional, ahora está viviendo en México. Ganaba 400 dólares en Panamá, le fueron a pedir el dinero y se negó porque ese dinero era de él, que se lo había ganado. Cuando llegó a Cuba, el comisionado lo sancionó un año. Un hombre que además había sido director del Cerro Pelado, del club central de las FAR. Hizo cosas desastrosas.

¿Por qué abandono a Cuba?

Me fui de la misión a Yubuti, África, cerca de Etiopía, donde estaba, porque a mí no me puede mandar un embajador ni decirme lo que yo tengo que hacer ni darme una evaluación de lo que tengo que hacer. Yo no soy político, soy entrenador, me quería obligar a ir a la embajada a las actividades: solo fui a cumplir una misión de colaboración.

Persiguen a los médicos y a todo el mundo. No puedes hablar con este ni con el otro: hablo con quien me dé la gana, yo soy un hombre libre. Ese es el problema de las misiones fuera, además de que no vas con tu familia, te sacrificas mucho. Se me murió mi papá y no me dejaron ir a Cuba y muchas cosas más. 

En Yubuti me querían mucho en ese país, hasta los directores del deporte, porque tuve resultados, fueron al campeonato de África y lo ganaron, también medalla de bronce en Mundial juvenil. Todavía los atletas que tenía allá  me escriben y me quieren mucho.

Pedí asilo en Holanda, llevo ocho años fuera de Cuba, no he ido jamás, pero no tengo miedo ir allá. Cuba es de todos, como dicen los cubanos, de todas maneras, yo no he hecho nada malo. ¿Qué me pueden decir? ¿Que vire para atrás? ¡Viro para atrás! Quiero ir a la tumba de mi mamá y mi papá. Deserté porque no me gusta el sistema, quiero ser hombre libre de pensamientos, porque en Cuba nadie es libre, por lo demás, no me interesa la política.    

¿Qué le parece el futuro de los atletas de fondo en Cuba?

En Cuba no hay fondistas porque no hay competencias, eso es en primera: no hay condiciones de ningún tipo, ni médico, ni calzado ni alimentación. Entrenadores de fondo ya no hay en Cuba; los atletas que quieran correr no pueden desarrollarse porque no hay competencia. No hay una organización estable como era en los años 80 y 90.

Los atletas culminan a los 18 años y no hay academia ni centro al que entren para que les den desayuno, almuerzo y merienda, aunque sea para que entrenen y por las tardes, vayan a las escuelas. Con mínimas condiciones, el cubano camina porque somos atletas de agua con azúcar. El cubano es el deportista mas sacrificado del mundo. No quieren verlo mucha gente y hay que verlo así, es atleta sin nada.

¿Cómo actuaría actualmente si fuera joven?

Te digo que si fuera atleta otra vez, más rápido desertaba de Cuba por las cosas que yo vi, lo que pasa que estaba aferrado y ciego. Es un sistema muy malo y con lo que estaba perfecto, lo acabaron con todo el gobierno, los dirigentes del INDER. Piensan que el deportista es como una fabrica, quita una pieza y pones otra como un carro… ¡no, no, no! Acabaron con todo el sistema deportivo en Cuba desde la base.

Lo que no me ha gustado del deporte lo he dicho, pero no le digo a nadie que se quede ni que esté en contra del sistema ni nada: cada cual es un mundo. No quiero buscarme problemas ni buscárselos a nadie, ni que digan Alberto Cuba dijo esto: yo no me meto en nada, solo doy mi opinión. Lo único que te digo en esta entrevista es patria y vida, siempre.

Estoy tranquilo con mi esposa en su casa. Trabajo, pero no en el deporte, porque no domino el idioma. Hago ejercicios, me siento bien, converso con mi familia y no los involucro con mis problemas. Aquí en Holanda hay que trabajar como en todas partes y trabajar de verdad. Empecé en la construcción, después en negocios de cafetería con mi mujer. Ahora todo está cerrado por el coronavirus.  

¿Qué no ha perdido, aun viviendo en otra europea?

A mí me gusta mucho el ron, el baile, la pelota. Soy industrialista, mi pelotero favorito es Víctor Mesa y el número 36, Rey Vicente Anglada; en fin, toda la cubanía: eso yo lo llevo en la sangre y soy muy religioso también.

¿Cómo ve su futuro Alberto Cuba?

Quiero poder hablar bien el holandés para volver a mi trabajo en el deporte. Quiero ser entrenador aquí, es mi mayor sueño. No tengo problemas de ningún tipo, solo es por la comunicación porque el holandés es un idioma muy difícil y si no lo hablas correctamente, no entienden los atletas. Estoy feliz y satisfecho.

Quiero decirles a los seguidores míos que sigan, que el deporte es salud, no se detengan y a los niños, que nunca pierdan las esperanzas de ser un gran campeón: a los adultos, correr y correr, que es vivir.  

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