Cuando se habla de grandes atletas que han dedicado su vida al deporte, hay que señalar con mayúsculas al baloncestista cubano Andy Bofill. El lobo mayor supera las 20 temporadas con los quintetos de Villa Clara y Centrales en los Torneos de Ascenso y Ligas Superiores de baloncesto.

Fue integrante de la selección nacional hasta los 30 años, cuando decidieron apartarlo. Pero continuó hasta lograr dos coronas doradas con los villaclareños y demostrar que han sido injustos con él.

Andy Bofill, después de haber sido excluido del equipo nacional cubano, ha logrado varios lideratos individuales, entre los que destaca mejor defensa y ha sido varias veces integrante de los quintetos estrellas del país con magnífica forma física.

A sus 39 años se mantiene como capitán de los Lobos anaranjados para continuar en venideras lides domésticas. De anécdotas vividas durante más de dos décadas en el baloncesto cubano, de promesas, mentiras, decepciones y sus ideales como atleta y persona comentó a Play- Off Magazine Andy Bofill.

¿Cómo llega al deporte Andy Bofill?

Lo primero que hice en los deportes fue jugar pelota siendo un muchachón, después llegó el voleibol y más tarde me incliné por el baloncesto, aunque lo que me seguía gustando era el beisbol, pero quedaba muy lejos el estadio y mi mamá no me dejaba ir. Los amigos del barrio me empezaron a embullar con el básquet.

Me integré con un entrenador ya fallecido que me vio talento. Me hicieron pruebas y comencé en la EIDE. Estando ahí con 12 años fui mejorando porque no sabía casi nada. A partir de ese tiempo participé en todas las competencias escolares. Yo soy de Caibarién y era muy difícil estar en Santa Clara. Íbamos y regresábamos los fines de semana y así.

Siempre estuvimos del uno al tres. Fuimos varios años subcampeones, pero no tuve resultados individuales realmente en mi etapa en la EIDE. Carlos Valle y Reinaldo Corrales fueron mis entrenadores y también actualmente con los Lobos que hemos sido campeones dos veces. Ellos eran los que rotaban, después llegó Jorge Luis Moré. Todos han coincidido desde mi niñez hasta ahora. Cuando pasé para la ESPA fue cuando empecé a pensar más o menos, porque antes no tenía ni idea de mi futuro.

Andy Bofill
Play-Off Magazine Andy Bofill

¿Cómo fueron esos tiempos como atleta escolar y juvenil?

Eran condiciones difíciles, estábamos en tiempos duros, lejos de la familia, bloqueados. La comida en las escuelas no era la más ideal. Éramos unos muchachos con una vida dura. No era fácil, pero los albergues, dentro de lo que cabe, no estaban malos, estaban buenos. La comida, imagínate tú.

Eran muchos alumnos en una situación adversa para la situación y qué podíamos hacer nosotros que éramos unos niños. Para qué hablar de la comida de los tiempos de la EIDE: era algo fuerte, había hambre, era período especial, estaba malo eso.

Las madres nuestras cogían guaguas con jabas para llevarnos comida, a puro sacrificio. Así sobrevivimos en ese tiempo. No teníamos más nada que hacer que esperar por las madres.

¿Cómo fue el tránsito para la primera categoría de Andy Bofill?

El salto a la primera llegó porque fui tres años líder anotador del juvenil. La primera categoría no era como ahora, antes estaban Orientales, Centrales, Occidentales y Capitalinos; solo cuatro equipos, era más difícil. Caí en la preselección con 15 años, pero no hice equipo. Ya con 16 fue que integré Centrales. Se seleccionaban quince jugadores entre Camagüey, Sancti Spíritus, Cienfuegos y Villa Clara.    

Yo me veía bien porque era el uno en Cuba en el juvenil, no era de los mejores, pero tampoco de los peores. Eran hombres hechos y derechos como Yudi Abreu, Borrel, pero disfruté mis primeros partidos, aunque no jugué mucho, pero cuando salía lo hacía bien. Me acogieron bien porque en el básquet hay que tener valor para enfrentar a cualquier equipo y dar el paso al frente.

El segundo año mío fueron palabras mayores, empezamos a hacer cosas. Fuimos campeones cinco años consecutivos. No había playoff, era de cuatro cero para todo el mundo. Estaban en aquel tiempo Yoel Cartas, Liván Rodríguez, Alfredo Molina, Arzola, Maikel Guerra, Haití, Lara: jugadores de equipo nacional.    

Con 18, 19 o 20 años ya teníamos cuatro campeonatos en el bolsillo con la concentración de todas las fuerzas de Cuba. En nuestro equipo había plazas para dos o tres jugadores de cada provincia.

¿En esos años cómo era la vida de un basquetbolista?    

Nos hospedábamos en hoteles que no eran de primera, pero sí bastante aceptables y se podía descansar bien porque estábamos dos por habitaciones. La alimentación y el transporte eran buenas. Daban tenis, maletines, cuatro trajes. Ahí sí estaban todas las condiciones creadas para entrenar y jugar.

De ese tiempo nadie se puede quejar de los cuatro equipos que jugaban. Empezaron a empeorar cuando cambiaron el sistema. Dijeron que volverían los campeonatos nacionales y los torneos de ascenso. Ya aquello cambió: dormíamos con colchones en el piso, sin ventiladores, no tenía nada que ver con lo anterior pese a que eran los mismos tiempos, solo que comenzaron a hacer torneos y era muy duro, duro; por eso muchos atletas se alejaron.

Las cosas estaban bien y de pronto, mal. Hemos pasado por etapas buenas y malas. A veces, achacaban la culpa a las sedes o a que el dinero que mandaban no alcanzaba.

Desde hace dos años, las condiciones sí son las que lleva la Liga Superior de básquet. Nos estamos hospedando en hoteles Isla Azul. Hay comodidades como la comida y el transporte, que son buenas, ha mejorado. Lo que no acaba de cuajar es que hay muchos partidos seguidos, debemos cuidar los jugadores. Se juega martes, miércoles, viajas el jueves y el viernes, a jugar otra vez. Debe haber más margen de tiempo.

Dentro del seleccionado Cuba se hacían las cosas en una etapa dura, pero con bastante amor. Nos atendían bien, los cuartos chocaban mucho, pero se desayunaba y comía bien. En momentos no había agua, nos bañábamos en pozo. No había nada, pero era parejo para todos y cuando es parejo, realmente, hay problemas.

¿Le ha traído problemas a Andy Bofill su forma de ser directo?

En Villa Clara tuve muchos problemas por eso. Allá en el equipo nacional no tanto porque estaba con el objetivo de competir con mi país; dos, estar bien como atleta y tres, disfrutar lo que yo sé hacer. Al final no tenía por qué criticarlo todo porque era algo parejo, pero no me quitaba el sueño que siempre tuve.

Los entrenadores tienen sus características. Una que otra vez tuve que molestarme porque querían llevar a otra persona a un torneo cuando yo rendía en todos. No era tanto discusión como reclamar los derechos de lo que yo me ganaba. Había jugadores que no rendían allá afuera, no jugaban. Aquí hacían una que otra cosa, pero no eran la principal carta de su equipo. Yo era la principal carta de mi quinteto en mi provincia y cuando salía fuera del país lo hacía bien.

Nunca tuve problemas con ninguno, aparte, que no era mi estilo. Mi estilo era hacerlo bien y hacer lo que tenía que hacer para mí mismo y para el equipo Cuba. Pero el problema más grande fue con lo del premundial. De hecho, no participé porque no me querían después de que pasé los 30 años. Me daban por terminado, y decían que yo no estaba para ningún ciclo olímpico ni nada.

Me hizo ser más fuerte, entrenar más y lograr ser campeón con mi equipo de la provincia, que no lo había logrado. Fui protagonista de eso junto al colectivo y los entrenadores. Después de los 30 dolía escuchar cuando decían que no aguantaba carga de entrenamientos: yo lo que tenía mi propio entrenamiento, por eso pudimos ser campeones y con mi rendimiento. Esas son todas las cosas que a uno le duelen.

¿Como atleta que satisfacción ha tenido?

Los resultados míos fueron buenos en el equipo Cuba porque yo hacía lo que había que hacer. Cuando el entrenador me decía que había que defender, lo hacía bien. Cuando había que anotar, lo hacía. Daniel Scott, Leonardo Pérez y Trujillo pocas veces me tuvieron que tocar la tecla de decirme algo malo o negativo. Yo era un jugador completo, lo hacía todo. Así me considero a pesar de mi edad y es lo que he demostrado a través de los años y quiero demostrar.       

Hay cosas que no se hablan: nosotros clasificamos para un premundial y cogimos cuarto en el centrobásquet donde se participó. Todos los que siguen al baloncesto que lo busquen. Fue el único equipo que clasificó para ese evento, y de eso no se habla. De hecho, se fue al premundial. Que busquen en las estadísticas, que parece que no se acuerda nadie.

Fui a centroamericanos, a torneos del Caribe. Hemos caminado, con resultados y contentos. Eran campeonatos cerrados, con mucha fuerza.

¿Se ha visto usted con mayor madurez y buen físico al pasar los años?

Cada vez que salgo a la cancha es a hacerlo bien y para que vieran que estaba bien preparado. Muchos me decían que a pesar de los años me veían bien. Ahora tengo 39, me ven preparándome y sigo. Yo le digo al que ame el deporte y se sienta bien que lo disfrute, que al final, es una sola vez.

La única respuesta para excluirme que recibí era que tenía 30, que si el ciclo olímpico. Esas cosas solamente las siento yo. No pasó nada porque he podido restregar muchas cosas en la cara como cuando jugamos en el torneo de ascenso en Camagüey. El público criticaba a los entrenadores, le decían cosas desde la grada sobre el porqué no me tenían en el equipo nacional. Después, en Ciego de Ávila, en otro torneo de ascenso, pasó lo mismo. Siempre di el paso adelante y siempre gané, como protagonista. Ha habido que contar conmigo.

Al final, digo que el atleta se busca su espacio. El entrenador no tiene que buscarle espacio a nadie. A veces creemos que un muchacho joven con 22, a los 26 va a ser el mejor, y no va a ser el mejor porque hay otros que se están preparando mejor y hay otros con más experiencia.

No digo nada de nadie, pero hay que revisar y si no, que alguien me pueda demostrar lo contrario, y que alguna persona que esté en el equipo nacional me diga que tiene más resultado que yo, y que por eso no estoy en la selección. No existe.

Miren el ejemplo de Mijaín López, campeón olímpico con 39 años. ¿Qué pasó? No pasa nada. Estaba ahí, se preparó bien y ahí está.  Me fijo mucho en lo que le pasó a Ariel Pestano. Hay personas que tienen que irse porque les caen mucho encima y se van en plenitud de forma y eso yo lo hice. Me baso mucho en los mejores del mundo, como Cristiano Ronaldo, Messi, que están ahí. Es solo prepararte y que te guste lo que estás haciendo. 

¿Qué le parecen las actuales selecciones nacionales de baloncesto en Cuba?

Son otros tiempos. El único baloncestista que salió desde el principio fue Jasiel Rivero, que jugaba con capitalinos. Justiz no era aquel gran jugador y mejoró después, pero de ahí para allá yo dudo y no quiero menospreciar a ninguno: hay muy buenos jugadores como Yankiel de Matanzas, Osmel Oliva y otros que se lo han ganado con amor y dedicación a su equipo. No quiero que se me quede ninguno.

A veces, ves personas en un equipo nacional que no juegan la Liga Superior. ¿Qué pasa? Faltan complementos. A veces comparan mucho. Unos juegan ligas normales como la de El Salvador  de menos nivel que la cubana.

Que lleven a los que mejor estén, los que mejores resultados tienen. Que revisen el básquet cubano porque si llevaran un complemento de los atletas que juegan -no yo, lo hago porque me gusta y lo voy seguir haciendo bien mientras esté jugando, lo juro por mi niña-, pero hay jugadores que están en una selección porque supuestamente les ven talento, pero sin jugar nada, no demuestran nada y ni siquiera juegan de titulares en sus equipos.       

¿Cómo se le puede llamar a eso?: un regalo. Yo fui líder anotador muchas veces y nadie me dijo nada. Si yo no me lo gano y me lo busco, defiendo y entreno, no podía estar en ninguna selección. Sin embargo, ya hoy en día no tiene que ser un talento.

Todo esto ocurre así año tras año, es como se hacen los equipos. Para eso existe una base con los muchachos más jóvenes que entrenan y si está listo para un equipo Cuba, que lo demuestre.       

¿Ha quedado solo para jugar con el quinteto de Villa Clara?

Me hicieron propuesta para ir para Ecuador, cosa que no se dio, y no sé el motivo tampoco. A mí no se me ha dado nada. No he tenido la suerte, parece, de que se me den las cosas. Después, tenía un contrato para Bolivia y se perdieron los documentos. Yo sigo con mis rendimientos. Pasa un año de pandemia y aquí estoy preparándome. No voy a dejarme caer.

Ni tan siquiera pueden decir: ¡Vamos a ver si Andy va a una liga! Es algo que pueden hacer para, por lo menos, contrarrestar todas estas cosas que están pasando. Lo dije en una entrevista, quien merece no pide. Tal vez lean y se rían o digan que Andy está loco. No tengo que esconder nada. Estoy bien plantado, bien firme, bien seguro en lo que estoy diciendo. Sigo rindiendo con los años y no han podido decir: ¡Andy Bofill no tiene rendimiento! Ni lo van a decir.

¿Cómo ha sido atendido en los más de veinte años como jugador?

El carro que tengo lo compré con mi propio esfuerzo de los viajes que di, con la ayuda de la que era mi señora, una alemana. Gracias a eso era todo, ha sido difícil a base de sacrificio. Sé que no soy el mejor, ni olímpico, pero ser campeón nacional dos años es algo que se debe respetar. Porque, si no juego aquí, ¿dónde voy a jugar? Todo tiene valor.

Quedaron en que me iban a ayudar a dar los materiales de la casa y otras cosas. Estamos esperando a que pase la pandemia o se estabilice todo y veremos para el techo al menos.  Llevo como tres o cuatro años en eso de los papeles. Son cosas que a uno no le gusta hablar, pero son muchas mentiras y puedo desmentirlas todas, de todo el que me dijo que me iba a resolver los problemas y actualmente no se han resuelto. Estoy esperando a que llegue el momento. Después informaré de las otras cosas, sin ofender a nadie ni esconder nada. Pienso que ya nosotros estamos en un mundo de decir la verdad dondequiera sin ofender a nadie.

Andy Bofill
Foto: Carolina Vilches Monzón
Foto: Carolina Vilches Monzón

Tiene en su hombro derecho un tatuaje de Fidel Castro y debajo un pensamiento. ¿Qué significa esa impresión para usted?

El tatuaje de Fidel me lo hice porque me ha inclinado mucho a ser más fuerte. Porque digo estas cosas sin esconderme de nadie y  enfrentarme a lo que sea. Fidel era un revolucionario y realista. Nunca tuvo miedo decir lo que pensó. Sé que es para toda la vida y ese es mi ídolo desde siempre por decir la verdad y así estoy haciendo yo.

Creo que estoy haciendo bien las cosas, decir la verdad delante de quien sea aunque otros lo quieran tomar a mal. Me lo tatué y bien grande con la frase que él dijo: un hombre debe ser comprometido, consagrado y estar convencido del valor de lo que hace. Camino con la frente en alto dondequiera.

Soy revolucionario cien por ciento y explico por qué. Nosotros fuimos a España, unas doce personas y regresamos seis. Entre esos seis viró este revolucionario, a quien después del regreso le han sucedido esa serie de cosas mencionadas en el deporte. Aparte de todas las adversidades, estoy luchando para seguir siendo bueno y ayudar a la provincia en lo que pueda. Soy quien no ha podido ir a contratos ni nada. Ese soy yo.   

Si de doce personas que se quedaron en el extranjero en aquel momento viré entre los seis, eso es ser revolucionario. Eso es ser patriota y mil cosas, sin embargo, estoy pagando aquí como si estuviera en otro lugar y traicionando a la patria, y no es así. Las cosas me están pasando aquí.

Yo no estoy confundido, he visto las palabras de Díaz-Canel. Puede ser o quizás, hay personas confundidas. Solo pienso una cosa: hay que darle valor a los que realmente han hecho por esto. Hay veces personas que dicen, pero no son tan revolucionarios como uno que vivió la realidad.

Por lo menos, la viví como les dije, como los cinco héroes, esos son revolucionarios de verdad. Le digo todas las mentiras delante del que sea porque estoy probado. A veces no te valoran tal como eres y duele luchar tanto por tu familia, sacrificándose y es difícil.

¿Incluso así no piensa Andy Bofill en el retiro?

No sé si un año o dos, no sé. Ya tengo 39. Voy a poner de mi parte, de hecho, lo estoy poniendo para durar un poquito más mientras pueda, no es que sea obligatorio. El cuerpo me dirá hasta dónde. Mientras tanto, tengo que hacer dos o tres cositas antes de retirarme como salir a jugar a otra liga si se me da la posibilidad por el alto mando del básquet cubano y quieren darme un contrato, para jugar unos meses para poder retirarme bien, no como cualquiera.

¿Qué lo hace feliz?

Caibarién me llena, fue donde nací, donde fueron mis inicios en una familia humilde, y que me apoyó con lo que tenía, para decirte que casi nada, pero sí con muchos deseos de ayudarme para yo seguir. A veces las ideas no eran las mejores. Mi tierra me gusta y sé que me quieren. A pesar de mi carácter me doy a querer. Me considero una persona buena de barrio, de Caibarién siempre.

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