El atletismo cubano actual atraviesa por un momento complejo derivado de la salida de importantes figuras jóvenes y el ocaso de otras que una vez triunfaron, pero hoy se encuentran alejadas de la élite. El recién concluido Memorial Barrientos demostró la “ausencia” de grandes marcas en la nómina de atletas de la selección nacional cuando resta menos de un mes para iniciar el campeonato mundial que acogerá la ciudad estadounidense de Oregon del 15 al 24 de julio.

El panorama evidencia una realidad que pudiera llevar a quedar fuera del podio de premiaciones por primera vez en la historia, pues Cuba acumula preseas en todas las ediciones de los eventos del orbe, desde la primera en Helsinki 1983, siendo el mejor acumulado en la versión de Sevilla 1997 con cuatro de oro y una de plata y bronce, respectivamente, para el tercer puesto por países.

Como prueba de la decadencia del atletismo cubano tenemos que, de los medallistas en citas olímpicas y mundiales de 2015 a 2021, solo compiten aun por la Federación Yaimé Pérez, Maykel Massó y Denia Caballero, aunque esta última lleva tiempo desaparecida de los escenarios competitivos.

Si extendemos la lista a los finalistas, solo se suman Luis Enrique Zayas, Yorgelis Rodriguez, Liadagmis Povea, Lázaro Martínez y Roxana Gómez. En tanto, dentro de las ausencias podemos mencionar a Juan Miguel Echevarría, Cristian Nápoles, Jordan Díaz, Yarisley Silva, Andy Díaz, Pedro Pablo Pichardo y Leonel Suárez.

Por otro lado, en cuanto a composición de las delegaciones, Cuba intervino en Doha 2019 con 17 contendientes, por 24 en Londres 2017 y 34 en Beijing 2015. Entretanto, 18 viajaron a Tokio 2020 y 39 a Rio de Janeiro 2016.

En este momento, la Mayor Isla del Caribe contabiliza solo siete representantes con las marcas mínimas exigidas por la World Athletics (Federación Internacional de Atletismo) para tomar parte en la liza, teniendo en cuenta que Zurian Echevarría se encuentra en recuperación de su lesión y Juan Miguel Echevarría solicitó la baja, en tanto el relevo femenino 4×400 tampoco concurrirá.

Todavía resta agregar a los clasificados por ranking, pero en cualquier caso, el total estaría en el entorno de los 15. Hablemos de los que están y sus posibilidades de cara a la lid planetaria y comenzamos por Yaimé, quien defenderá la corona conquistada en Doha 2019.

Aquel año resultó el mejor en la carrera de la discóbola, pues desde febrero su implemento volaba hasta más allá de los 65 metros (m) y sobrepasó en siete ocasiones los 67m y en dos los 69m, incluyendo el disparo de 69,17m para el oro en la capital qatarí.

En este 2022, la oriunda de Santiago de Cuba no posee ningún registro por encima de 65m en seis competencias realizadas y ocupa el noveno escaño en el listado universal. Una posible medalla se antoja bastante difícil, porque las favoritas, Valarie Allman, Sandra Perkovic y Kristin Pudenz, mantienen actuaciones estables por encima de los 66m.

Por otro lado, el triplista Lázaro Martínez cuenta con papeletas para colgarse una presea, sobre todo por la disyuntiva que presenta esta especialidad en la temporada, donde no hay un claro dominador, pues las marcas líderes están en poder de dos antillanos (Jordan y Andy Díaz), quienes se ausentarán del mundial.

En tercer puesto aparece el cubano-nacionalizado portugués, Pedro Pablo Pichardo, con 17,49 metros y Lázaro en cuarto con 17,30. No es una campaña prolífica en resultados excelsos, por lo que los favoritos son una incógnita y estelares de la talla de los norteamericanos Cristian Taylor o Will Claye pueden sorprender como otras veces lo han hecho.

La otra opción de Cuba radica en el triple femenino con Leyanis Pérez y Liadagmis Povea, aunque aquí sabemos que el oro tiene casi estampado el nombre de Yulimar Rojas. Povea desconoce lo que es estirarse por delante de 14,50m en este año.

En 2021, cuando terminó quinta en los juegos de Tokio 2020, tuvo brincos estables superiores a esa cifra. Leyanis, con solo 20 “primaveras”, intervendrá en su primer certamen de este tipo y constituye una de las principales, y casi únicas, promesas del atletismo nacional.

Tendrá que superar esos 14,58 que acredita como sello personal en este 2022, para aspirar a un premio. Considero que en los anteriores cuatro representantes se resumen las pocas probabilidades de la Mayor de las Antillas para acceder a un podio en la ciudad estadounidense de Oregon. Del resto se puede esperar alguna sorpresa como incluirse en la final, para el caso de Roxana Gómez, pero no mucho más.

Esta es la realidad por muy dura que sea. Se ha perdido demasiado y falta mucho para volver a la gloria del pasado. El atletismo debe revisarse por dentro, como el deporte en sentido general, e indagar en las causas de porqué los abandonos o pobres resultados. Ese ejercicio debe incluir a atletas, entrenadores, federativos y dirigentes superiores del INDER en un diálogo abierto y sincero.

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