Cuando en la jornada del domingo fue presentado Higinio Vélez como una de las autoridades asistentes al segundo juego de la semifinal entre los conjuntos de Industriales y Camagüey, quizá por primera vez en la historia se dejó escuchar el descontento -en un estadio cubano- de todo el respetable que colmaba el Latinoamericano.

Para más INRI, el mencionado desafío tuvo otra particularidad. Rafael Serrano, con esa voz que siempre le ha caracterizado, daba lectura a la nota de la Federación Cubana de Béisbol, donde de manera oficial se daba a conocer para nosotros, los cubanos de a pie, que Colombia reemplazaría a Cuba en esta edición de 2020, lo que desde la jornada anterior parecía un suceso consumado.

En la nota del día 4 de enero, de la Federación Cubana, se dice que “la decisión de la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe se produce cediendo a las presiones arbitrarias del gobierno de Estados Unidos y se suma a otras acciones engañosas de su Comisionado (se refieren a Juan Francisco Puello), quien también ha obstaculizado la membrecía plena de Cuba en esta organización genuinamente caribeña”.

Arrastradas por esto, llegaron las manifestaciones, incluso del Presidente de la República, contra la “oprobiosa injerencia imperial”, victimizando nuevamente al deporte cubano en el medio de la habitual refriega que supone el tira y encoje del bloqueo y las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Asimismo, el tema central de las entrevistas de la transmisión del desafío de pelota fue el pronunciamiento de los atletas de Camagüey e Industriales en contra de la hasta el momento “arbitraria medida”. A esa hora, y quizás con la verdad a medias en su conocimiento, ya sabemos sobre qué giraron las declaraciones de los interpelados.

Pero sin haberse completado 48 horas de la escalada entre la Confederación y Cuba, su presidente, Juan Francisco Puello, salió al paso a cortar rumores, puesto que era su obligación defender el ente que dirige y a sí mismo de las acusaciones que desde nuestro país le llovían.

El ofendido se defendió con pruebas que ponen en entredicho la versión cubana. «El consulado norteamericano aquí en República Dominicana nos dió todas las facilidades para que el equipo cubano y los jugadores venezolanos que no tuvieran visas, vinieran a obtener sus visas aquí en la República Dominicana. Eso fue en septiembre», apuntó Puello citado por ESPN Deportes.

Agregó además que el tema fue tratado con un ejecutivo de nuestro béisbol, al que no quiso identificar (supongo que por razones de respeto y poniendo la otra mejilla luego del trato que recibió en la nota de la parte cubana) y que dicho “ejecutivo” se comprometió a obtener esas visas. En el mes de noviembre, contó, se volvió a comunicar con Cuba para reiterarles que todo el personal de la Confederación estaba listo para asistir a los cubanos en el empeño de obtener los visados.

«Quien tenía que obtener esas visas era ese ejecutivo del béisbol cubano, que se comprometió a obtenerlas. Hace dos meses le reiteramos a la federación cubana que había que resolver ese problema y que poníamos a su disposición todo el personal de la confederación para asistirlos a que vinieran a Santo Domingo en enero a buscar las visas», expresó.

De esta forma, conocimos la parte de la versión que cuenta Puello y que, al parecer, no tenían nada que ver con lo que aquí nos habían dicho. Lo más alarmante es que, en las primeras horas desde que Puello desmintió y expuso a ese “ejecutivo”, la misma Federación Cubana, que tan diligente fue en preparar una declaración oficial nada más se confirmó la exclusión de nuestro país, se mantenía en silencio. Y como dicen por ahí, el que calla, otorga.

El nuevo capítulo del tradicional secretismo alrededor del béisbol en Cuba parece haberse cerrado, entonces, sin una respuesta de Higinio Vélez y la organización que dirige hasta este momento. En este maremágnum, destinado a esconder la morosidad a la hora de resolver una situación determinada, el tiro salió por la culata, pues se encontraron con un “oponente” que respondió con rapidez, y que devolvió la bola a nuestro terreno.

Debemos recordar que Puello fue uno de los artífices del regreso cubano a estas lides, cuando decidió invitar al campeón de la Mayor de las Antillas para que retornara, a la vez que nunca cejó en el empeño para que volviéramos a ser miembros plenos de la lid. Pero el una vez voceado como héroe por ser tan temerario en sus intenciones, ahora es el villano, por la gracia y facilidad con que se firma un papel en la mañana y se lee frente a miles de aficionados en la tarde.

El hombre es tan condescendiente que incluso reitera que, para la edición de Mazatlán 2021, Cuba está invitada, pero que nuestra asistencia ya dependerá de los directivos del deporte nacional acá. Otra vez poniendo la otra mejilla. Este aspecto me parece determinante en el comportamiento del béisbol caribeño hacia Cuba, que poco o nada tuvo que ver con el desdén expresado desde acá.

¿Qué conclusiones podemos sacar?

Pero, mirando hacia adentro, ¿qué conclusiones podemos sacar? En primer lugar, Cuba quedará sin la posibilidad de un buen tope previo al preolímpico de Arizona, el “ahora o nunca” de Cuba para llegar a Tokio 2020.

En segundo lugar, parece que el béisbol aquí seguirá siendo tratado como un asunto de estado, o top secret, con entresijos que al parecer los fanáticos, quienes disfrutamos de las buenas y las malas, no tenemos derecho a conocer con total honestidad, o nos tienen que dorar la píldora como si fuéramos una manada de enfermos de nervios al borde de un brote esquizofrénico.

Y esto lo digo porque varios medios han dejado entrever que desde el 31 de diciembre esta situación se conocía, pero apenas el cuarto día de enero se vino a hacer algún pronunciamiento oficial, donde para colmo, le exigimos a la Confederación que resolviera el problema. “La FCB hace un llamado al Comisionado de la CBPC para que se realicen las diligencias necesarias que garanticen la participación de nuestra delegación”, algo que, afirma Puello, es nuestra responsabilidad.

Tercero: sin pronunciamiento alguno de esta parte, todo da margen a pensar que la negligencia, efectivamente, salió de aquí. ¿Cómo es posible que Venezuela, que se encuentra en una situación similar o peor que Cuba en cuanto a tensión en sus relaciones diplomáticas con Estados Unidos si haya seguido con sus trámites en orden y tiempo e incluso conseguido que equipos que tenían conflictos con la OFAC aseguraran su presencia en San Juan y nosotros, estando incluso más cerca geográficamente, no?

Curiosamente, en la jornada de ayer, en ninguna de las transmisiones se volvió a hacer alusión a la exclusión de Cuba. Fue como si el tópico lo borraran de la noche a la mañana de la agenda informativa de todos los medios, del conocimiento colectivo de todos.

Cuarto: que a pesar de que decimos que deporte y política no tienen que ver, somos los primeros en usar los mismos discursos, contra el mismo “enemigo” para legitimar todo lo malo que le sucede al deporte cubano. La tentación de una carrera profesional, las ganas de un mejor futuro, el abandono de los deportistas, todo es culpa de la “codicia y egoísmo” promovidos desde el Imperio.

Quinto: que la lápida en la tumba de nuestra pelota está puesta. Ya no es una cuestión de que nuestros peloteros no le ganen a nadie cuando salen fuera, ni de que nuestra Federación ha hecho hasta lo imposible por marginar toda opción que incluya a quienes, sin jugar en la MLB, no están bajo el amparo del INDER, cosas que conocíamos.

Es que la burocracia y las ganas de tirarnos a esperar con los brazos abiertos que todo nos caiga del cielo ya han llegado al punto de afectar nuestra participación en un evento en el que al menos en el área parecía que estábamos tocando las puertas de ganar otra vez.

Tenemos que revertir esta situación. Y para revertir las cosas, todo empieza por un cambio. Si a la Comisión Nacional se le culpa por los desatinos de nuestra Serie hacia adentro, la Federación ha llevado la voz cantante durante casi 15 años en el deterioro de nuestra imagen beisbolera hacia afuera.

Si el señor Juan Francisco Puello tuvo la decencia de no decir quien era el “ejecutivo”, nosotros le seguiremos la corriente a sabiendas, como buena parte de nuestro pueblo conoce, del nombre del responsable, del que pedimos su dimisión sin notas rimbombantes del INDER reconociendo un progreso y estabilidad inexistentes y más insuficiencias de las que querríamos enumerar.