El fútbol cubano parece tener alergia hacia el profesionalismo. O mejor decir, quizá, las autoridades que lo rigen y quienes tienen algún tipo de poder de decisión sobre este, por más que parezca que comienzan a destrabarse mecanismos.  

En una información titulada Caminos y encrucijadas del fútbol cubano, la publicación toca lo que llama el “viacrucis del fútbol cubano en este 2020”, que no es más que la proyección internacional de un deporte muy seguido entre los fanáticos de la Isla, pero no precisamente por los resultados de sus selecciones nacionales.

Resulta que, una de las grandes aspiraciones de sus seguidores parece dificultarse, si atendemos a lo publicado por JIT: nos referimos a la convocatoria de los llamados “legionarios”, los jugadores profesionales cubanos que militan en otras ligas del mundo sin ser contratados por intermedio de la Asociación Cubana de Fútbol.

Días atrás, se desató el júbilo entre la fanaticada cubana, porque durante la sesión del Congreso de la Asociación de Fútbol de Cuba se habló de la posibilidad de reinsertar en la selección nacional a partir de marzo próximo a jugadores que juegan y residen en otros países.

Cuba pudiera tener un equipo con talento y mejores posibilidades, si llamara a Onel Hernández (Norwich City), Jorge Luis Corrales (Montreal Impact), Marcel Hernández (Club Sport Cartaginés), Joel Apezteguía (Tre Fiori), Alberto Gómez (Atletico Vega Real), Carlos Vázquez (Unionistas de Salamanca) y Raico Arozarena (Venados de Mérida), por ejemplo.

Pero qué significan, entonces, las palabras del conocido semanario deportivo cubano, publicación del INDER, cuando anuncia que “en cuanto al llamado a filas de otros jugadores internacionales, solo puede hacerse según lo dispuesto en la política aprobada para el sistema deportivo cubano. Hasta ahora esta disciplina no ha vivido ese beneficio”.

La afición desconfía porque la experiencia ha enseñado a hacerlo. No olvidemos el famoso incidente que ocurrió con Onel Hernández, cuando el club inglés Norwich City lo felicitó por su llamado a la selección nacional, para una supuesta participación, en 2018, en un partido de la Liga de las Naciones contra República Dominicana, algo que nunca se concretó.

Cerca hay experiencias que indican alguna posible apertura: como el regreso de Robertlandy Simón a la selección nacional de voleibol -aunque se pensó en un momento en más incorporaciones-, y de representantes del béisbol. Pero estos casos no se han convertido en norma, y pudiera pensarse que tampoco ocurrirá en el fútbol.

Ariel Saínz, vicepresidente del INDER, habló entonces de que “no existe ‘ningún impedimento orgánico’ para la convocatoria de los legionarios en el fútbol, aunque llamó a los entrenadores a hacer una valoración de los jugadores y ver si sus contratos ‘se ajustan a nuestras necesidades”, escribió Oncuba.

Aquí, en estas palabras, podrían rastrearse algunas claves al respecto. Si no hay impedimentos orgánicos, ¿qué sucede entonces? ¿Hay otras razones más allá de acatar “lo dispuesto en la política aprobada para el sistema deportivo cubano”?

No olvidemos las palabras del Director Jurídico del INDER, Ramiro Domínguez, en entrevista concedida al colega Eduardo Grenier, cuando dijo: “Pudiera suceder que entre nuestros jugadores y los que supuestamente se incorporarían, provenientes del exterior, surgiesen diferencias al interno del elenco, marcadas por la ideología que puedan tener unos y otros. Esas diferencias pueden atentar contra la armonía y el buen desempeño como equipo.”

Ocurre que en Cuba se violan los estatutos FIFA, repetidamente. El más evidente de los estatutos transgredidos es el apartado 14, en que la FIFA expresa claramente que todas las asociaciones y federaciones afiliadas están obligadas a “administrar sus asuntos de forma independiente y procurar que no se produzca la injerencia por parte de terceros en sus asuntos internos.”

Pero resulta que es el propio INDER quien otorga el visto bueno a las convocatorias de la selección nacional, de las cuales se excluye a los jugadores con nacionalidad cubana nacidos o formados en el extranjero. Y, con igual criterio, se descarta a aquellos futbolistas formados en Cuba, pero con contratos profesionales autogestionados.  

Entonces, queda esperar para ver si, verdaderamente, en venideras fechas FIFA serán convocados los legionarios. Por lo escrito por JIT, que se titula a sí misma como “Publicación del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación”, hay muchas razones para esperar que no.

¿Por qué no avanzan las contrataciones?

Entre estos aspectos, el fútbol cubano se ve lastrado por el movimiento lento, burocrático y poco provechoso hacia el profesionalismo, marcado por pocas contrataciones a través de la Asociación y la fuga de mucho talento para labrarse su propio camino.  

¿Cuál es la dificultad principal para que existan más contratos en el exterior? Según Jit, “el principal escollo para las contrataciones pasa por no disponer de un registro jurídico en los equipos provinciales, algo exigido por la Fifa. Los contratos alcanzados hasta ahora han sido asumidos por la Asociación Cubana de Fútbol”.

Y los resultados de la gestión de la Asociación no son, a simple vista, muy halagüeños como informa el mismo sitio web, porque solo cuatro atletas poseen ese estatus: Yosiel Piedra (Guatemala), Sandro Cutiño (Nicaragua), Luis Javier Paradela (El Salvador) y Maikel Reyes (Dominicana).

La burocracia, hemos explicado muchas veces, hace acto de presencia constante en el fútbol cubano. El debut de Sandro Cutiño al Managua FC de la Primera División del fútbol nicaragüense, en enero pasado, se vio retrasado por demora en el envío de los documentos necesarios por parte de las autoridades futboleras cubanas.

“La federación y la comisión no tienen ningún tipo de interés en gestionar contratos, tienen mucha dejadez al respecto -comentó días atrás a Play Off un futbolista que prefirió guardar anonimato-. Incluso, los jugadores son los que están gestionándolos y se los ponen en las manos a ellos para el papeleo. Entonces, definitivamente, ellos no gestionan nada.”

Ejemplos de estos fallos orgánicos del sistema de contratación hay muchos. Miremos a la Liga Dominicana de Fútbol. Cada año vemos fluir con total naturalidad las renovaciones allí de jugadores desvinculados de la Asociación de Fútbol de Cuba como Alberto Gómez, Eugenio Palmero y Jorge Luis Clavelo; mientras, sufrimos los estira y encoge de la burocracia cuando clubes esta misma liga han lanzado ofertas por jugadores de la selección nacional.

Fue el caso de Daniel Luis Sáez en 2019, cuando el entonces campeón Atlético Pantoja —que buscaba reforzarse para disputar la Liga de Campeones de la CONCACAF— formalizó interés en hacerse de sus servicios. Los desacuerdos en algunas cláusulas por la parte cubana hicieron mella en esta posibilidad, y el espigado volante defensivo terminó jugando en Delfines del Este, club sotanero en aquella edición del torneo. Meses más tarde, Daniel abandonaría la delegación cubana durante la Copa de Oro en los Estados Unidos.

Lo cierto es que una oleada de futbolistas cubanos ha decidido buscarse la vida lejos del amparo de la federación. Sólo en Antigua y Barbuda la cifra esta temporada asciende a 22. Entre los nombres cubanos que destacan allí están exmiembros de nuestras selecciones nacionales como Renay Malblanche, Yoandir Puga, Armando Coroneaux, Yaisnier Nápoles, Eddy Gelkis Olivares, Jorge Kindelán, Yusvany “Pulla” Caballero, Julio Pichardo y Jesús Rodríguez.

¿Algún día el fútbol -y el deporte cubano en general-, mirará sin recelos al profesionalismo? ¿Se actualizarán los mecanismos de contratación? ¿Se quebrará el muro de la burocracia? ¿Dejarán de pensar los decisores en lo que llaman diferencias ideológicas?

¿Serán llamados los atletas en el exterior, como cubanos que son? O seguiremos viendo como el deporte dentro de la Isla pierde talento y retrocede inevitablemente, mientras sus hijos triunfan por el mundo, sin poder responder al llamado de su selección.

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