La historia de Fernando González Cruz pudiera clasificar como un guion bien escrito para cualquier filme clásico donde se pondere la capacidad del ser humano para triunfar en la vida.

Cuando siendo un adolescente de 16 años se paró en la puerta de entrada del gimnasio dirigido por el mítico Rafael “Feluco” Marrero, en las Palmas, nunca imaginó que encima de uno de esos cuadriláteros donde los púgiles cruzaban golpes, encontraría el mapa que lo guiaría al éxito de su carrera profesional.

Había llegado hasta allí después de haber alcanzado la cinta marrón en el gimnasio Judo Club de su Telde natal, donde había matriculado dos años antes, y motivado por el célebre entrenador José “Kid Telde” Santana, que un día le vio condiciones para este deporte y le propuso trasladarse hasta allí.

Inquieto, con unos ojos hambrientos de experiencias, y el ímpetu normal de los muchachos de su edad, Fernando cruzó el umbral del recinto decidido a canalizar sus energías entre las cuerdas sin saber que tiempo después el boxeo lo impulsaría a entrar de nuevo en el enigmático mundo de las artes marciales y moldearía su personalidad para que años más tarde se convirtiera en un exitoso hombre de negocios.

“Allí entrené mucho, hice mucho esparrin y adquirí la destreza y concentración necesarias que me permitieron salir en busca de los secretos que esconden las artes marciales, algo que desde niño siempre me había gustado practicar”, le confiesa a Play-Off Magazine en entrevista exclusiva.

“Entre el boxeo y las artes marciales hay mucha semejanza porque para practicarlas tienes que estar en excelentes condiciones físicas y mentales y ambas nos enseñan a ser disciplinados con nuestra mente y cuerpo para lograr nuestras metas”, señala.

Por aquellos tiempos Fernando era peso welter, pero producto de su propia constitución física le costaba mucho mantener el peso, hasta que un día tomó la decisión de regresar a las artes marciales.

“Me resultaba difícil mantener en el peso. En una oportunidad dejé de comer mucho y me dio una anemia muy grande que no me dejaba mantenerme en pie y hasta dejé de dormir. Tenía tres peleas pactadas que se tuvieron que suspender. Eso me hizo enfadar y regresé a las artes marciales”, explica.

Así comenzó una extensa carrera que lo convertiría en una artista marcial al dominar una impresionante cantidad de 39 modalidades en deportes de combate y defensa personal, que lo llevarían a recorrer el continente asiático y “bailar en casa del trompo” por aquellas tierras obteniendo títulos internacionales, certificado internacional de honor, el carnet profesional y pasaporte, y varios trofeos importantes, entre muchos reconocimientos.

La lista de las disciplinas artísticas y deportivas que domina a la perfección es muy extensa, pero sobresalen los diferentes Dan alcanzados en las escuelas del Bujinkan (Ninjutsu y Bujutsu), linajes marciales antiguos que desarrollan las técnicas y tácticas utilizadas por los Ninjas y el arte de la guerra.

También obtuvo varios Dan en el Jiu-Jitsu (arte basado en la defensa sin armas), el Shorinji Kempo (híbrido entre el Shaolín y el Kung-Fu), el Muay Thai (boxeo tailandés), y es monitor deportivo en el Kempo Da (puño método).

Entre sus títulos meritorios encontramos los de Vigilancia de Seguridad Operativa, Técnicas de Defensa Personal y de Intervención, profesor de Taichi Chuan, Instructor de Sistema Policial de Defensa Personal y Técnico Deportivo Básico en Sistemas de Autoprotección.

“Todas estas artes marciales han sido muy importantes para mí porque he logrado en ellas casi el máximo de grados y eso requiere de un enfoque y una preparación intensa que me ha dado muchas satisfacciones. En el Bujikan Ninjutso y Bujutsu me he sentido más cómodo porque estas se adaptan más a mi personalidad porque requieren mucha concentración y firmeza”, confiesa Fernando.

Todos estos logros en el deporte y en las artes de defensa y combate no fueron obstáculos para que este canario construyera una carrera paralela en el mundo empresarial que lo llevó a la temprana edad de 29 años a recibir el Máster europeo por el Gran Empresario más joven.

“Desde que tenía 19 años comencé a sentar las bases y logré graduarme con título técnico de formación profesional de electricidad y electrónica. Llevé esta carrera con mucha discreción y modestia porque son dos mundos totalmente diferentes”, explica.

Fue cumpliendo con el Servicio Militar cuando se le ocurrió la idea de fundar su primera empresa. El destino quiso que lo designaran a hacer guardias en un centro electrógeno y allí comenzó a familiarizarse con la energía eléctrica.

“Me llamó mucho la atención el valor, las funciones, y la necesidad de la misma. Allí tuve tiempo para pensar y adquirir conocimientos y un año después de cumplir con mi compromiso militar, fundé mi primera empresa”, comenta.

“Mi experiencia en el deporte me había aportado mucho para desarrollar la capacidad de concentración, la habilidad y la destreza, características que se necesitan también para triunfar en ese campo”, añade. 

Los secretos para ir creando empresas exitosas y convertirse en un gran gestor de sus logros económicos solo los sabe Fernando. Para llevar las discrepancias, los méritos, triunfos y decepciones, que siempre acompañan a un deportista de nivel, con los reportes, diferentes reglamentos, y la complejidad que lleva controlar la dirección de empresas y sus gestiones, hay que tener ciertas habilidades y una capacidad tremenda de adaptación que no es común en la mayoría de los mortales.

A lo largo de los años este increíble emprendedor ha logrado crear con notable éxito un total de siete empresas diferentes que poco se relacionan entre sí: empresas de electricidad, ingeniería, energía fotovoltaica y eólica donde fue uno de los primeros de Europa, promotora inmobiliaria, alimentación, modas, servicios, y hasta una cuadra hípica de caballos de carrera, competitiva a nivel nacional e internacional.

En 2012 regresó de nuevo al boxeo para convertirse en un profesional, entrenado por grandes figuras de este deporte como el cubano Diosbelis Hurtado y el estadounidense Mikel Alvarado, ambos ex-campeones mundiales, el reconocido preparador Toty Aguilera, y Juan Manuel Gómez.

En la actualidad Fernando González se mantiene aún activo a la edad de 49 años y entrena en un campamento privado que creó él mismo a título personal.

“Sigo entrenando aparte de todo para mantener y conservar las habilidades que he adquirido durante tantos años”, dice.

Ejemplo de lucha y superación, este hombre de espíritu guerrero vive rodeado de grandes amistades y de su querida familia, mantiene también plenas actividades empresariales en un mundo tan competitivo y disfruta como nadie de una preparación física que le permite mantener su estilo y el dominio de las modalidades ancestrales que un día lo hicieron famoso.

Con respecto a Cuba, nos dijo al final de nuestra conversación: “El deporte cubano en general es muy bueno, sobre todo por las bases técnico-tácticas que veo en sus boxeadores. Nunca he considerado invertir en la isla, pero en la vida nunca se sabe”.

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