El villaclareño Jesús Manso es miembro de un grupo de privilegiados que han sido campeones nacionales en la pelota cubana, primero como jugadores y después como entrenadores, en su caso, de picheo.

En su currículo de ocho series nacionales compartidas entre Cienfuegos y Villa Clara destaca el hecho de que fue integrante de los tricampeones de esta última novena durante la época dorada de los 90, como serpentinero de la escuadra que dirigió Pedro Jova.

Pero después llegaría para Jesús Manso nuevamente la gloria, pues el derecho del poblado de Vueltas en Camajuaní, devenido entrenador de picheo, en 2013 logró coronarse en esa nueva faceta bajo la dirección de Ramón Moré como director del conjunto.

Además de las ocho series en las que participó, asistió a una Copa Revolución, una Superselectiva con Centrales y en el plano internacional, a topes en Nicaragua y EEUU.

Jesús Manso fue el entrenador de picheo del Villa Clara que en 2014 representó a Cuba en la Serie del Caribe en Isla Margarita tras lograr el campeonato doméstico.

Su realización profesional le ha llevado a tierras aztecas, en donde ha dirigido a los monticulistas de los Rieleros de Aguas Calientes, Cañeros y en estos momentos, se encuentra con los Algodoneros Unión Laguna.

De sus vivencias, inconformidades, desavenencias y decepciones en Cuba, además de satisfacciones de su presente como entrenador en el béisbol mexicano profesional, Jesús Manso conversó con Play-Off Magazine.

¿Cómo fueron los inicios de Jesús Manso como atleta?

Comencé a jugar el béisbol en mi poblado de Vueltas en ligas infantiles a la edad de cinco años, aproximadamente. Mi papá era el mánager y en aquel momento había un mar de niños practicando en el estadio. Se jugaba en varios lugares, pues había mucha vida beisbolera.  

Transité por todas las categorías desde 9 y 10 hasta 15 y 16 años en el área especial. Ese último fui llamado a la academia provincial. Allí estuve en un curso y después me trasladé para Cienfuegos a un politécnico en Espartaco y fui con los cienfuegueros a dos nacionales juveniles. También fui integrante de la preselección nacional juvenil a Barquisimeto.

Me trasladé para jugar la provincial en Villa Clara y me dejaron fuera del equipo y entonces, volví de nuevo para Cienfuegos. En las temporadas 89-90 y 90 -91 jugué con los Elefantes.

Retorné para Vueltas en el 92 e hice la selección villaclareña que dirigió Pedro Jova. Participé en las cinco finales con Villa Clara y fuimos campeones tres veces. En el 96 fue mi último campeonato y jugué en Colombia y Nicaragua, pero al regreso, dije que no jugaba más y comencé mi vida de entrenador de picheo en la academia provincial de béisbol.   

Sentiste la grandeza de un colectivo que ganó tres campeonatos en nuestras series nacionales. ¿Qué sensaciones se experimentan?

Las atenciones fueron muy modestas, con solo tres días en el motel “Las Tecas” o cuatro en “La Hanabanilla” se resumía todo. No había atenciones extras, era otro momento: la gente jugaba por amor y no se miraba tanto lo material, aunque todos teníamos necesidades. Alguna que otra casa le dieron a Eddy Rojas en Encrucijada. Víctor Mesa tenía su casa. El caso más llamativo fue el de Jorge Luis Toca que vivía frente a la casa del atleta, en un cuartico donde casi no cabía siendo jugador del equipo Cuba.

No nos dieron muchas cosas. Nunca apareció un carro o una casa, sin embargo, nos derretíamos en el terreno. Íbamos 15 días a trabajar a Jibacoa y a los cayos de Caibarién; era una labor tremenda, no había que empujar a la gente, eran otros tiempos, pero las atenciones eran muy pocas, era la realidad.       

¿Siempre se le vio talento para convertirse en buen entrenador de picheo aun cuando no fuese ese gran lanzador?

En los años 90, cuando Pedro Jova dirigió, los coach de picheo eran Chinea y Pedrito Pérez. Ellos, casi siempre, estaban en giras con el equipo Cuba y los apoyaba Luis Hernández. Yo era atleta, pero fungía como líder que ayudaba a Luis a entrenar a los muchachos. Empezó a picarme ese bichito. No había cumplido ni 30 años cuando regresé de Nicaragua y Riveira el exlanzador zurdo, que en paz descanse, me dijo qué iba a hacer, y le dije que entrenador.

Comencé en la academia provincial de béisbol. Yo era Licenciado en Educación en la especialidad de Ciencias Agropecuarias y el jefe de actividades deportivas decidió ponerme ocupando una plaza fija de entrenador siendo de otra especialidad. Comenzamos un trabajo con Ediasbel García, Luis Borroto, Yoandri Ruiz, Yuliet López, Alain Sánchez, Diosdani Castillo y muchos con los que logramos resultados.

Estando ya en la academia, empiezo a estudiar la carrera de Cultura Física por dirigido y me gradué de Licenciado. Estuve trabajando y aprendiendo mucho con Pedrito, sus metodologías, sobre cómo preparar a los pícheres, la parte psicológica. Le debo mucho a ese señor de lo poquito que soy en esta vida.      

Cuando regresé de Colombia y Nicaragua de jugar profesional soñé con ser entrenador de picheo del Villa Clara. Pasaron directores como Luis Jova, Roberto Rodríguez y Víctor Mesa, este último fue el que más tiempo estuvo, siete años, pero ninguno me dio la oportunidad pues ellos tenían a su grupo.

Víctor decía que yo era de la gente de Jova, por eso no me llevaba al equipo y se llevaba a Luis Hernández solamente. Yo me identifico con mi trabajo, no con los mánager. He tenido muchos, pero no soy “jovista” ni “moreista” ni de Víctor Mesa; lo que pasa es que cada uno tiene el derecho de pensar como quiera y en esos años él pensaba que yo era de la gente de Jova. ¿Por qué? ¿Porque fui pícher con Jova? ¿Qué motivos tenía para pensar eso?

Me dolía en esos tiempos, porque yo preparaba a veces hasta al equipo cuando Luis estaba en Italia y nunca fui entrenador de Villa Clara. Lo sufrí en silencio, pero siempre pensé que me iba a llegar la oportunidad y me llegó y le ganamos al mánager que nunca me llevó a mí.       

¿Qué le parecen las actuales Series Nacionales con relación al tiempo en que usted lanzó y al que estuvo como entrenador de picheo? 

Creo que ha bajado un poco el nivel, es lógico. Se nos han ido los mayores talentos peloteros en los últimos diez años. ¿Cómo vamos a pensar que tendremos una serie nacional fuerte? Vamos a traer a todos los que se han ido para que veamos qué clase de equipos de pelota se formarían en Cuba. Dentro de la isla ha disminuido un poco la calidad, pero a nivel mundial, no, somos protagonistas en todas las ligas donde jugamos.

A veces cerramos los ojos y no lo queremos ver. ¿Dónde se formaron esos muchachos? En Cuba vamos a tratar a las personas, vamos a abrir para nuestros jugadores como se está haciendo últimamente, para que jueguen en las diferentes ligas del mundo y ayuden a sus familias y no estén pensando en si tienen para comer, o no tienen gas en la casa. Es importante que la gente tenga lo que necesita para vivir modestamente.

He oído que hay convenios con las universidades en la parte científica para ayudar al beisbol, pero ¿a qué beisbol van a ayudar si para que se ponga en práctica lo primero es tener jugadores? Si no lo forman, no lo van a tener. El paso entre juvenil y primera categoría, más los que vienen de la calle, lo logra la academia.

Me da mucha nostalgia cuando uno no está y nuestro equipo no tiene resultados [Villa Clara]. Me hago una pregunta: ¿cómo es posible que el Sandino, un estadio de béisbol, esté lleno de oficinas de todo tipo y deportes y no haya un albergue para una academia de béisbol?

Hace más de quince años que nosotros, Pedrito Pérez, Roberto Pupo, Luis Enrique Kiki González y muchos más, estamos abogando para que la Academia de Béisbol de Villa Clara sea un punto fijo, no puede haber nada primero que albergues. En esta provincia todo se vuelve oficina; hablas a los que nos atienden por el Partido y el INDER sobre la necesidad de la academia y nada. Que se fijen en Santiago de Cuba y Cienfuegos, que se han desarrollado.

Hay equipos que van creciendo porque tienen academia, pero nos escuchan a nosotros que somos técnicos de béisbol. Los técnicos como nosotros no entendemos por qué el estadio “Augusto César Sandino” de Santa Clara está lleno de oficinas de todo tipo y no hay un albergue para que exista una academia de béisbol. El Sandino existe por el béisbol y el INDER existe por todos los deportes, pero la pelota es la punta de lanza de la provincia.

También hay que quitarse el igualitarismo que tenemos en el béisbol cubano. En rósteres de 40 peloteros, el último gana lo mismo que gana el primer pícher o el cuarto bate del equipo y hay que diferenciarlo: que cada cual gane por lo que hace. Que de una temporada a la otra no se haga por historia. Cuando eso se logre, la gente crecerá, y trabajará de más para poder tener los resultados, y seguro que el nivel va a levantarse.                               

Con respecto a los demás países del área y el mundo, nos estamos quedando atrás. No se trabaja en la base porque realmente no hay recursos. Recuerdo en años anteriores cuando iba al área especial de Vueltas con mis entrenadores, desde que yo entraba tenía mi guante colgado, mi bate y mi pelota: eso no faltaba.

En Cuba no hay ningún tipo de recurso para que los entrenadores de la base puedan desarrollar un muchacho, es muy difícil y conocido por todos. Primero, hay que garantizar el trabajo en la base, los recursos para que haya un desarrollo. Los muchachos tienen que estar más en los terrenos y jugar en todas las ligas como hacen todos los países del mundo.         

Usted fue entrenador de picheo del equipo Villa Clara campeón de la Serie Nacional del año 2013. Hábleme de esa experiencia

En 2006, salí de colaboración para trabajar en Italia, estuve durante seis años y acabando, Ramón Moré y el comisionado provincial, me dijeron que, si quería, yo era el entrenador principal del equipo. Rápidamente, interrumpí la colaboración y acepté, porque era la única forma en que podía probarme: se me dio la oportunidad y no quería despreciarla.

Fue en 2012, mi primera serie como entrenador de picheo, y ocupamos el quinto lugar. Fuimos eliminados por Granma en un séptimo juego en el que Ciro Silvino Licea nos ganó 2 por 1. Antes de comenzar, me presentaron el grupo y la dirección anterior nos decía que no contáramos con Alain Sánchez, Diosdani Castillo, Misael Siverio y Yasmani Hernández Romero. Le dije a Moré, el director, que les diéramos una segunda oportunidad porque podían ayudarnos, y así fue.

Durante esos tres años siguientes todos tuvieron muy buenos resultados. Alain fue líder de los pícheres en Cuba con 12 ganados, mientras que Yasmani y Misael integraron el equipo Cuba. Eso quiere decir que a las personas hay que darles una segunda oportunidad.

Comencé a trabajar con el Villa Clara con la idea de hacer las cosas bien. Todo el mundo piensa en ganar, pero haciendo las cosas bien los resultados podían salir. Recuerdo que ese año que ganamos todo estaba difícil en la primera etapa, y de 15 juegos ganamos 12; entonces, me la empecé a creer.

En aquel momento, el secretario del Partido era Julio Lima Corzo y le dije: deja un espacio aquí en el Partido provincial para colgar el cuadro de Villa Clara campeón y así fue. Esa temporada fue espectacular, después de 18 años la provincia ganó, se cumplió. Fue una etapa muy importante donde comenzamos mal, fuimos de menos a más y terminamos excelentemente. Nuestro picheo fue el mejor del campeonato y en los playoffs nuestro as principal, Freddy Asiel, se echó el equipo al hombro. La dupla de Freddy y Jonder Martínez era increíble, no perdían: con una confianza tremenda nos llevaron al triunfo.

Tuve el honor de participar con Villa Clara en la Serie del Caribe en Isla Margarita en 2014, después de muchos años sin que Cuba participara en una lid de ese tipo. Terminé mi relación de trabajo con la provincia y comencé en la liga profesional de México.

¿Por qué dejó Jesús Manso de ser trabajador del INDER en Cuba?

No fui yo quien rompió el contrato con el INDER, fue el INDER el que rompió el contrato conmigo. Cuando salí a trabajar con Piratas de Campeche fue por CUBADEPORTES, pues era entrenador en plantilla de la Academia Provincial de Béisbol de Villa Clara. El jefe de actividades deportivas en aquel entonces me trasladó para el CVD sin que yo lo supiera, y me bajaron el salario. Falsificó la firma como si yo hubiera firmado el traslado.

Yo no iba a trabajar. ¿En natación un entrenador de béisbol? Esa fue una de las cosas que hicieron que yo rompiera. Fui a CUBADEPORTES y pregunto. La funcionaria que nos atendía me dijo que mi contrato había expirado, que ya no tenía trabajo. ¿Qué iba a hacer? ¿Perder 100 pesos de salario cuando aquello? Decidí irme por mi cuenta.   

¿Qué cree sobre las decisiones que toman muchos atletas y entrenadores de dejar el país?

Hay dos razones principales: para mejorar económicamente y otra, para probarse en un mejor béisbol. Eso no significa que dejen de representar a Cuba ni dejen de ser cubanos. Yo siempre estaré de acuerdo con que puedan representar nuestra bandera. Lo he defendido siempre porque la pelota es un deporte y une lazos y pueblos.

Ahora que ve el béisbol profesional, ¿cómo se siente en su puesto?

Cuando un cuerpo técnico está al frente de la conformación de un equipo hay que darle la mayor confianza del mundo. Los directivos están para apoyar, pero con los recursos y todo lo demás: la parte técnica tienen que dejársela al cuerpo técnico. En el nivel profesional nosotros decidimos y respondemos por ello.

El gerente no está metiendo mucho la mano, él escucha lo que nosotros le decimos. Si nos equivocamos, la pagamos; aquí no es como en Cuba que comienzas la serie nacional y la terminas: aquí comienzas, pero no sabes si la terminas. Si no tienes resultado te pueden dejar libre rápidamente. En Cuba los directivos del INDER dan opiniones de mucha fuerza y no lo veo correcto. El béisbol es un imperio aparte donde hay que respetar lo que los técnicos digan.

Estoy muy agradecido de la formación que he recibido en mi país, gracias a eso he logrado perdurar en el profesionalismo. Para trabajar en estas ligas profesionales hay que dedicarle tiempo, hay que superarse y el empeño es grande, pero los resultados se ven. No es un secreto para nadie que el salario es muy diferente a lo que uno gana en nuestro país.

Se me ha dado la oportunidad y la estoy aprovechando, siempre extrañando a mi equipo. Cada vez que estoy en Santa Clara voy por el Sandino a ayudar en lo que puedo, pero estoy aprovechando el momento para que mi familia pueda tener un futuro más seguro.   

¿Cree que los entrenadores cubanos están al nivel de otros del mundo?

Están bien formados, preparados, tienen nivel, y deseos de trabajar: tienen necesidad. ¿Qué si tienen o no tienen interés? A veces se pierde un poco porque si no tienen materiales y recursos, es difícil. A ellos no les dan mucho tiempo de trabajo con los niños. En las categorías inferiores, los atletas están más tiempo en las escuelas que entrenando.

Voy mucho al poblado de Vueltas y veo a los entrenadores, que tienen que ir a buscar a los niños a las 4 de la tarde cuando acaban las clases y a las 6 ya se acabó; tal vez, tres veces a la semana. Cuando yo era pequeño, estudiábamos por las mañanas y las tardes eran para la pelota. Tenía que haber beisbolistas. Ahora pasa en todos los deportes.

De las cuatro de la tarde a seis no se puede formar un atleta, con tres o cuatro sesiones semanales. Es preferible que los hijos vayan por la tarde completa al deporte a que estén repitiendo teleclases de lo que dieron por la mañana. Los entrenadores están atados de pies y manos.

¿Qué es para Jesús Manso lo más importante en su vida?

La familia es muy importante, no para mí que estoy en el béisbol, creo que para todo el mundo. Ellos han tenido que sacrificarse y yo también. He estado lejos de mis hijos desde el año 94. La familia sabe que todo este sacrificio es para que ellos puedan vivir mucho mejor. Vivo en Santa Clara, tengo que trabajar en el extranjero como muchos cubanos, pero en aras del mejoramiento.

Todo es para garantizarles modestamente un futuro. No es fácil, pero ya se han adaptado, no solo mis hijos, sino mis hermanos, mis padres, y todos en general. Es difícil, pero es lo que toca. Ojalá las cosas en la vida no hubiesen resultado así, pero estoy satisfecho y todos están contentos. El ser humano en cualquier país vive, aunque sea para tener una casa o tal vez un carro, que no son lujos, sino cosas necesarias. En Cuba hemos vivido toda la vida humildemente, pero los puedo ayudar a vivir un poquito mejor.

Lo otro es que el béisbol es la vida. En el transcurso de varios años en estos menesteres como jugador y entrenador son muchos más los momentos felices que los que no han sido así. Estoy contento con lo que hago, me siento feliz, hay responsabilidades, pero he logrado las metas que me he propuesto. No veo cosa de la que tenga que arrepentirme en el béisbol.

¿Cambiaría algo de su pasado si pudiera?

Si fuera joven ahora, la vida sería la misma, porque para qué decir que iría a perseguir un sueño en el béisbol si yo, cuando era lanzador, no tenía condiciones para imponerme en ningún béisbol, solo para jugar series nacionales. Seguiría con las mismas cosas, siempre pensado en que iba a tener un futuro mejor como entrenador que como jugador.

¿Qué quiere para su país y su futuro?

Quisiera que en mi país existan las cosas y que los peloteros ganen su dinero y con lo que ganen, puedan comprar lo suyo. Esa palabra, “estímulo”, en el béisbol, es complicada. En el profesionalismo no existe estímulo, aquí te pagan y tú compras; si no resuelves, no te pagan. 

Me he adaptado bien en México, he tratado de ser yo mismo, tener criterios. Me ha ayudado la preparación que tuve en Cuba. No es que sean resultados muy altos, pero siempre estamos en la media. Aquí es trabajar con claridad, decir las cosas como son y tener opinión.

No soy de los que dan muchos criterios en la calle. Me gusta decir las cosas como las pienso. Cuando me entrevistan las digo en aras de ayudar a que nuestro béisbol crezca. Yo soy un cubano al que le gusta que nuestro país y nuestra pelota salgan bien.

Cuando llego a Vueltas siempre estoy rodeado de la gente que le gusta el béisbol y también en Santa Clara. Siempre hacemos como una peña deportiva y es mucho el tiempo que pasamos juntos, son los que me han conocido de toda la vida y que me llaman Jesusito: los que me vieron crecer y que me van a ver morir.

No te digo que recalaré en Vueltas, pero mi futuro me veo vinculado a la pelota y llevando a mi hijo más pequeño de seis años al beisbolito, cayéndole atrás a mi hijo y soñando en grande.     

Tengo que decirte de personas que me ayudaron a ser humilde dentro del deporte, como Alberto Tresorejas -fue como un padre mayor-; Pipo Ariosa, de Zulueta; Abel Carrazana, El Remediano; entre otros, por los que uno se vestía rápido para ir al estadio a donde estaban ellos. El rey de todo eso fue mi papá, un cortador de caña que ya no está, pero sigue entre nosotros. Nos inculcó el deporte. Fue el cabeza de todo lo bueno que nos están pasado. 

Nunca pensé llegar a lo que he llegado: un guajirito de Vueltas que lo que hacía era entregarse totalmente al béisbol sin muchas condiciones. La entrega y el tesón sí me ayudaron a hacer algo por la pelita, y como entrenador he aportado a nuestra provincia y el país.

He puesto en alto lo que es ser un entrenador cubano aquí en México. Llevo ocho años trabajando y hemos estado en una final y cuatro semifinales. Hemos entrado seis veces a playoffs. He tenido la fortuna de trabajar con varios lanzadores talentosos mexicanos como Oliver Pérez, Sergio Romo o Roberto Osuna, y otros cubanos. Estoy orgulloso de mi trabajo.      

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