Santo Domingo (R.D). -Cuando Osvaldo “Ozzie” Virgil se convirtió en el primer pelotero dominicano en jugar en las Grandes Ligas de Estados Unidos, con los Gigantes de Nueva York, en 1956, rápidamente serviría de inspiración a decenas de jóvenes en su país para acceder al mejor béisbol del mundo. Dentro de aquella efervescencia surgiría un talento muy especial en estas tierras: Juan Antonio Marichal Sánchez, quien fuera descubierto por Ranfis Trujillo, hijo del entonces dictador y Presidente de la República Dominicana Rafael Leónidas Trujillo.

Gracias a excelentes demostraciones con los Leones del Escogido, en la Liga Dominicana, los Gigantes de San Francisco lo firmaron en 1960 y debutó con el equipo el 19 de julio ante los Filis de Filadelfia, siendo el segundo lanzador quisqueyano con participación en la “Gran Carpa”.

Una blanqueada que casi fue un no-hitter, permitió un solo hit después de ocho capítulos, y 12 ponches, serían sus cartas credenciales para una carrera legendaria que tendría un destino en el templo sagrado de Cooperstown en 1983 (83.7% de votos). En 16 temporadas en las Mayores (Gigantes, Medias Rojas y Dodgers) dejó extraordinaria foja de (243-142), 2.89 PCL, 2303 K y WHIP de (1.101).

El denominado “Monstruo de la Laguna Verde” es considerado por especialistas y fanáticos como el mejor monticulista latino que ha jugado en las Grandes Ligas. En la década del sesenta ningún brazo fue tan dominante ni ganó tantos juegos en el Viejo Circuito. Lideró la Liga en victorias en 1963 (25) y 1968 (26).

Sandy Koufax (Dodgers de Los Ángeles) y él fueron los dos únicos lanzadores en tener una temporada con 25 o más éxitos. Sin embargo, jamás fue reconocido con el Premio Cy Young a pesar de haber finalizado, en ese período, entre los 10 primeros en los principales renglones del pitcheo: (JG, K, PCL, EL, JC, L).

De acuerdo con baseballreference.com, Marichal se sitúa entre los 20 mejores serpentineros de todos los tiempos, por delante de leyendas como Bob Gibson, Nolan Ryan, Steve Carlton, Sandy Koufax, Don Drysdale, Walter Johnson y Roger Clemens.

Exhibió el menor número de (BB/9) en cuatro ocasiones, y se ubicó segundo en tres. Permaneció un total de once años en el top-10, al mismo tiempo que terminó en el top-10 de más ponches durante seis. En seis oportunidades ganó más de 20 juegos, de ellas cuatro de manera consecutiva (1963-1966). Fue seleccionado 10 veces al Juego de las Estrellas y fue el MVP de la cita de 1965.

La edición 64 de la Serie del Caribe, celebrada en el Estadio Quisqueya, entre el 28 de enero y el 3 de febrero, propició un emotivo diálogo con él. “Yo siempre he admirado mucho al béisbol cubano y a sus grandes jugadores”, expresó Juan Marichal.

-Usted ha sido el lanzador latino más relevante en la historia de las Grandes Ligas, ¿cómo ha asumido esta condición a lo largo de su vida?   

-Soy privilegiado por haber jugado en una etapa muy bonita del béisbol. Fue una era muy romántica y se vivía muy diferente al béisbol actual. También tuve la suerte de tener un brazo saludable para poner buenos números y ganar partidos, pero ha habido otros muy buenos como Pedro Martínez, Mariano Rivera, Luis Tiant, Denis Martínez, Fernando Valenzuela, Johan Santana, Félix Hernández, Bartolo Colón, entre otros. Así que pienso que sólo fui un precursor, una inspiración para las nuevas generaciones y esa es mi mayor satisfacción.

– ¿Qué diferencia el béisbol actual con aquel que usted formó parte?

-Han cambiado muchas cosas. Los contratos televisivos, los de los jugadores, el manejo de los equipos, las métricas modernas…En fin, son muy diferentes. Mi época fue muy especial porque el béisbol se jugaba en un estado más puro y los peloteros nos entregábamos muchísimo. También creo que los lanzadores teníamos los brazos más fuertes. Yo devoraba las entradas. Recuerdo que una vez lancé 16 capítulos (1963) seguidos frente a Warren Spahn y los dos estábamos enteros. Por suerte Willy Mays dio jonrón y lo decidió en la parte baja de ese inning porque habríamos seguido lanzando…

– ¿Cuál es su opinión sobre el béisbol cubano?

-Cuando yo era niño soñaba con jugar béisbol en Cuba. Yo escuchaba la pelota cubana desde pequeño. Lamento que no pude ir a Cuba a jugar, pero siempre seguí el béisbol cubano y a sus jugadores, aunque no conociera a la mayoría. Hay una anécdota con Julio “Jiquí” Moreno, que fue un gran lanzador, y llegó a ser uno de mis ídolos sin yo conocerlo. Después que me retiré formaron unos equipos en Miami de las glorias del pasado y me invitaron para que participara en los juegos. Lo primero que pregunté cuando llegué fue que me presentaran a “Jiquí” Moreno. Lo hacía un hombre grande y moreno. Sin embargo, cuando lo conocí era un hombre blanco y pequeño. En esa primera etapa Cuba era lo que es ahora la República Dominicana. La mayoría de los peloteros latinos eran cubanos y muy buenos.

-Usted fue el primer pelotero dominicano admitido en Cooperstown, ¿de qué manera recibió la exaltación -por el Comité de la Era de los Días Dorados- de los cubanos Tony Oliva y Orestes “Minnie” Miñoso?

-Muy merecida. Creo que esperaron mucho tiempo para que eso sucediera. De verdad que me alegro muchísimo por ellos porque fueron grandes jugadores y grandes seres humanos también. “Minnie” jugó en cinco décadas, algo que nadie más ha podido hacer, y fue el primer latino de raza negra en Grandes Ligas. Así que tenía muchos méritos para estar en el Salón de los Inmortales. Una lástima que no fuera reconocido en vida.

– ¿Considera que otro excelente jugador cubano como Luis Tiant también debería ser incluido?

-Por supuesto que sí. Luis ha sido uno de los mejores lanzadores latinos que han jugado en las Grandes Ligas. Él puso números muy importantes en su carrera que merecen ser premiados en el Nicho de los Inmortales.

– ¿Qué piensa acerca de la polémica que mantiene fuera del Salón de la Fama -por el uso de esteroides para mejorar el rendimiento deportivo- a Manny Ramírez, Sammy Sosa, Barry Bonds, Mark McGwire y Roger Clemens?

-Eventualmente llegarán porque fue una era donde usar ciertas sustancias no estaba prohibido. Todos estos jugadores tenían una calidad extraordinaria y pertenecen a lo más alto de este béisbol. Ojalá puedan estar alguna vez en el Templo de los Inmortales.

-Cuando usted se detiene frente a la estatua, con la pierna izquierda en busca del cielo, que se erige en su honor en el Estadio Quisqueya, ¿qué sentimientos le invaden?

-Una emoción muy particular por lo que representa para mi país. El número 27, mi peculiar forma de lanzar y también que el estadio lleve mi nombre es una satisfacción indescriptible. Con respecto a la estatua yo hice una recomendación y es que se sustituya el nombre de Gigantes por el del Escogido porque ese fue el equipo donde inicié mi carrera como lanzador.

-Por último, este año David Ortiz se convirtió en el cuarto pelotero dominicano en ingresar al Salón de la Fama. Si realizáramos un ejercicio de imaginación y hubiese tenido la oportunidad de lanzarle, ¿cómo habría hecho para sacarle out?

-Te digo que contra los zurdos fui bastante efectivo porque aprendí a utilizar el screw-ball. Había un lanzador puertorriqueño llamado Rubén Gómez que tiraba el mejor screw-ball de las dos Ligas y me interesé muchísimo en aprenderlo. No te puedo decir que alcancé su nivel, pero lo dominé bastante y eso me ayudó a permanecer 16 años en Grandes Ligas. Cuando lanzaba había equipos como Filadelfia y los Dodgers que colocaban hasta siete u ocho bateadores zurdos. Tenían a muchos ambidextros, pero con el screw-ball logré sacarle una buena cantidad de outs. Con respecto a Ortiz creo que hubiese utilizado la misma estrategia. Le lancé a grandes bateadores zurdos como Carl Yastrzemski y Mickey Mantle, en los Juegos de Estrellas, y no recuerdo que ninguno de ellos me haya dado un hit.  Así que quizás habría tenido la suerte de que “Big Papi” no me lastimara mucho (risas). 

Estadísticas: www.baseballreference.com

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