El joven lanzador espirituano Pedro Álvarez se pronunció tras conocerse la desconcertante decisión de las autoridades beisboleras de su provincia, que lo condenan a no poder pasar a los Industriales y, de paso, estar al menos dos años sin jugar béisbol.

“Hoy llegué a la casa y mis padres esperaban ansiosos un “sí” para poder cumplir mis deseos de volver a jugar béisbol y les borré la sonrisa cuando dije que no me habían autorizado”, comenzó su explicación el deportista en redes sociales, con palabras que apuntan al dolor familiar por una medida que, a todas luces, se antoja como un abuso del poder.

Las autoridades deportivas de su provincia han reaccionado de forma absurda ante los deseos del deportista -quien cuenta con el beneplácito de la directiva de Industriales para integrarse a su nómina-, pero en su territorio optaron por aplicar la injusticia de retener su baja por dos años.

Según la Comisión y la Dirección del INDER, la decisión hacia Álvarez se justificaría porque este “no hizo la solicitud en el tiempo reglamentario, no han recibido solicitud oficial de la provincia interesada y la variante del reglamento que dice que lo pueden retener hasta dos años”.

“Mi madre rompió en llanto, mi papá se contuvo, pero tenía el corazón hecho pedazos y ni decir cómo estaba yo, con mis sueños convertidos en pesadillas, mis metas afectadas y en mi casa todo un caos en la familia”, añade el joven.

Ante semejante atrincheramiento de los directivos del deporte -que mandan como si fundaran un campamento, parafraseando a José Martí-, Pedro Álvarez reacciona con un estupor justificado y vistas las duras circunstancias, con bastante ecuanimidad ante la injusticia.

“Ahora me pregunto: ¿estoy pidiendo tanto con jugar béisbol en mi país?, ¿acaso es un delito no ser compatible con una dirección y querer cambiar de aires?, ¿acaso es malo querer ser feliz y jugar cómodo al beisbol?”, expresa.

“No estoy pidiendo nada solo pido jugar pelota porque amo lanzar, amo estar en un terreno, amo ver que mis padres estén felices sobre todo mi papa y cuando pedí la baja de la pelota no volvió a sonreír hasta que Anglada ‘un caballo, un hombre’, me llamó para decirme que jugara que él me ayudaría y cuando le comenté a mis padres fue que lo vi sonreír de verdad como hacía meses que no lo veía”.

“Parece que en mi provincia los directivos del INDER olvidaron las veces que pedí la bola, las veces que me importó más el resultado de mi equipo que mi brazo de lanzar. ¿Acaso olvido que estuve en los EE. UU, Canadá, México y no me interesó quedarme? Viré para mi Cuba, para mi tierra, para mi casa con mis viejos y ahora soy el malo porque quiero jugar en otra provincia que pertenece a Cuba.  

Creo que están siendo injusto conmigo”, concluye Pedro Álvarez.

En vez de apelar a la cordura y dar la libertad al pelotero para marchar a la capital y volver a los terrenos después de tanto tiempo de inactividad, las autoridades deportivas de la provincia prefirieron aplicar la justicia ciega, sin medir las consecuencias.

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